Recibido el 26 de mayo de 2007
La Pastela.
Por Pepe Domenech
Nadia me dijo que tenía una bacalada de 5 kilos y que había que darle vidilla.
El bacalao es, sin la menor duda, mi pescado favorito y el que, me parece, ofrece más recursos culinarios. Y la idea de una pastela de bacalao se me antojaba perfecta.
Hacía unos años, ya le había propuesto la posibilidad de hacer una pastela de la maravillosa morcilla de Jaime “Lechacito” que yo custodiaba en mi congelador como un guardián del Prado lo hace con Las Meninas. Como Nadia es valiente se enfrentó al reto con un resultado espectacular. Para los que no lo sepan, la pastela es un maravilloso plato típico marroquí. Se trata de capas de pasta brik rellenas de almendra triturada con azúcar. Sobre este colchón de turrón se deposita un guiso de pichón y cebolla, mezclado con huevo cuajado. Tras hornearse, la cubierta de finísima pasta brik se espolvorea con azúcar glass y canela. Si no lo sabes, creerías que algo tan sofisticado es fruto de la invención de Ferrán Adriá, más que de un plato popular. En la creación de Nadia, se sustituye el pichón por la morcilla y, a gozar.
Lamento no poder expresar el inmenso placer que supuso comer la de bacalao. A estas edades uno cree que lo ha probado todo. Pero esto fue descomunal. Tanto que Begoña acepto llevarse las sobras en un Tuper sin ningún pudor.
Nadia, lamento haberte dejada colgada con la segunda pastella. Aunque gran parte de la culpa la tiene el cabronazo de Astorga, que se pasa meses embarcado, pero que luego le acojona un paseíto en autocar por Marruecos...