Recibido el 4 de septiembre de 2010

Naivasha, Aberdares y Sweetwater
Por Pepe Domenech

4 días son muchos días cuando se trata de pillar el punto a un vehículo. Y ya se lo he pillado al Mitsubishi. Ya tiemblan las gacelas y los búfalos y hasta los leones se estremecen cuando oyen el rugido del motor del Pajero. Joel ya no es guía de parques sino copiloto a los Luis Moya. Por eso la vuelta del Mara ha resultado algo más corta. Luego la carretera al lago Naivasha está de cine. Incluso he puesto el auto a 100. Lo del consumo es otra historia; 145 l en 780 km lo dicen todo. Aunque 300 han sido en el parque en un total de 24 horas de conducción. Ahora con mil kms en mis hue… huesos, solo me faltaban estos últimos 10 para llegar al Malu. No me lo podía creer. Este Curro se está vengando de alguna botella de vino picada. En primera, con el velocímetro a cero y cogiendo a Begoña por un brazo para que no salga disparada por la ventana. Cuando puse pié en tierra esperaba un recibimiento como el del Papa. Pues nada, un paisa rollizo con chaleco de rayas ofreciéndonos la comida. El sitio es bonito; el cotage, un chalecito para nosotros solos, con mucho verde y buen paisaje, con una estancia muy acogedora, con una cama con dosel como para cuatro, todo muy bucólico y romántico. Muy tranquilo. Demasiado tranquilo. Pero después de la soba tremenda del Mara un par de días de relax no están mal. Aunque me duelen los huevos solo de pensar en el camino de vuelta.

Del nidito de amor nos dirigimos a Aberdares, a un hotel mítico llamado The Arc, porque tiene la forma del barquito de Noe. De camino pasamos por Nakuru, donde teníamos que parar a comprar la Smartcard para entrar en algunos parques. Pero en Kenia nada es tan fácil como parece. Así que de camino al parque donde venden la tarjeta una manifestación con barricadas y unos tíos oscurísimos tirando cosa ardiendo a la poli. La misma poli que nos dice que va a estar chungo pasar y que nos demos la vuelta. Por fin aparece un poli como dios manda, como de Medina, que nos dice que esta manifestación es una mierda, que los, manifestantes son uno maricas y que si la rodeo por la barriada de al lado que solucionado. Chavales no voy a describiros la barriada ni al paisanaje de la misma pero habría preferido cambiar las 4 ruedas del pajero rodeado de leones que pedir allí la hora. Y cada vez que intentábamos volver a la carretera nos salían unos manifestantes tirando cosas y media vuela a toda hostia. Compramos la puta tarjeta, llegamos a Aberdares al hotel famoso donde se quedaron acojonados cundo les preguntamos por el parking; al parecer ni su prima va por allí en su coche. Así que los camareros nos decían “ah, son ustedes los del coche”. El hotel no tendría nada que mencionar si no fuera porque tiene una charca justo enfrente, con unos miradores del copón, llena de bichos, fundamentalmente elefantes y búfalos, a escasos metros. Y tras unas birras observando a los animalitos puedes escribir un tratado de etología viendo lo cabrones que son los paquidermos y como se joden mutuamente.

Al día siguiente, dimos una vuelta al parque para amortizar los 100$ de entrada, pero como había más barro que bichos nos dirigimos al siguiente objetivo: el sweetwaters camp, al que no llegamos sin cambiar otra rueda… Está en otro parque, en el mismísimo ecuador y tiene su charca llena de animalitos y sus tiendas de campaña. Nos vieron y nos dieron la última desde la que el único animalito que podía ver Begoña era yo. Unos cuantos cagamentos en hebreo y, mano de santo, como no tienen más putas tiendas de campaña libres nos cambian a una suite del Ranch. Uno que está ya muy escamado, dice que no se mueve ni Cristo sin ver previamente la suite. La suite no era tal, era el mismísimo Taj Mahal. El baño era como el salón de una casa chula, con 18 cuerpos de armario, y el dormitorio con una cama de 3x2.5m. Si, si 3x2.5. Como se que alguno dirá que soy un exagerado de la leche, y yo pensaría lo mismo, os mando todo el reportaje grafico para que veáis lo que digo…3x2.5 metros de cama. Tienes que llamar por teléfono a tu señora para ver si tiene ganas de lio y quedar a mitad de camino. Ahora estamos de vuelta a Nairobi después de una entrada en la capi que te ríes de los peces de colores. Casablanca es Ginebra. No es la guerra, es peor. He visto dos furgonetas apoyadas una contra la otra por un lateral sin ceder ni un ápice. ¡Una gozada!

Mañana partimos para Tsavo, a ver más bichos