Recibido el 3 de septiembre de 2010

Masai Mara
Por Pepe Domenech

Cuando en Narok me dijeron que solo faltaban 80 km para llegar a la puerta Sekenani del Masai Mara me puse más contento que si le meten 7 al Barca. Porque ya llevábamos 3 horitas de coche, contando una haciendo el gilipollas hasta que conseguimos salir de Nairobi, donde gastan menos en señales que en Marruecos en jamón. Y ya hacía 24 horas que habíamos salido de Casablanca.

El viaje había sido un suplicio chino. Más de dos horas de tocada de huevos en el Cairo hasta que el poli, uno de esos con cara de malo de las pelis, nos solucionó un problema con el billete. Después el avión de la Kenya Airways tiene unos asientos tan duros que estuve a punto de sentarme en el respaldo a comer pipas. Menos mal que pillamos salida de emergencia. Pero las 6 horas de vuelo, con paradita en Jartum, me dejaron el culo cuadrado.

Pero en Narok no me dijeron que los 80 km suponían dos horas y media de una “carretera” infernal. Gracias que a mitad de camino cogimos a un masai haciendo dedo, que nos sacó de la ruta metiéndonos por unos caminitos que, comparados con la principal, parecían highways americanas. Cuando llegamos al Ilkeliani Camp y me baje del Pajero que habíamos alquilado en Nairobi, entendí porque los japos le pusieron ese nombre: no por el gusto de conducirlo, sino por el de dejar de hacerlo. El Ilkeliani es un “hotel” que consiste en unas cuantas tiendas de campaña, imitación de la que el Gable usaba para trajinarse a la Gadner, o era a la Kelly, en Mogambo. Estas están instaladas junto al rio Talek, que con el Mara son los que riegan el famoso parque natural keniano, fronterizo con el no menos famoso tanzano del Serengueti.

Como sé que vosotros sois los únicos que no mentís en las encuestas y que realmente veis los documentales de la 2, no voy a meteros un rollo de animalitos, que, por otro lado es lo importante de este lugar, por no decir país. Solo lo anecdótico:

La primera noche calló una tormenta que dejo bastante embarrado el parque, por lo que si al suelo superdeslizante, a las ruedas más gastadas que los chistes de antena 3 y la absoluta falta de experiencia del que suscribe con este tipo de vehículos en estos terrenos, la excursión mañanera, acompañados por nuestro Masai particular (Joel), fue “emocionante”. Y claro en una indecisión me quede atrapado en un agujero de barro negro que pensé que nos iba a comer. Y el barro no, pero la familia de leones que se encontraban a pocos metros del coche sí que podrían haberlo hecho. Joel con más miedo que vergüenza, cortaba ramas que metía bajo las ruedas, pero nada. Suerte que llego un Land Rover a auxiliarnos y no tuvimos que salir en el telediario.

Al día siguiente cuando, ¡ole milagro!, divisamos un leopardo en un árbol, metí el coche bajo el arbolito para poder hacer unas fotos más chachis con mi casio de la risa (tendríais que ver que máquinas de retratar lleva aquí la peña). Y todo bien hasta que oigo como el Pajero silbaba. No, no era un músico masturbándose, sino la rueda trasera de Mitsubishi soltando todo su aire. Para más tranquilidad, el Leopardo se baja del árbol al ver que su compañera viene de visita. Ahí tienes a la pareja jotera y al masai preguntándonos dónde y cómo cojones íbamos a cambiar la rueda. Al final nos separamos unos 100 m y mientras la vigilanta iscariense no perdía de vista a los felinos, que según Joel tenían más hambre que yo después de una fiesta pija, el masaí y el de Medina, se dispusieron a cambiar la rueda.

Sirva como información que en estos safaris el éxito total se alcanza si se ven los Big five (León, búfalo, elefante, Leopardo y Rinoceronte). Lo del leopardo y el rinoceronte, en el Masai Mara, son la lotería (en al Kruger, en SA, son el leopardo y el león). Nosotros tuvimos la chorra de ver dos leopardos y montaña del resto de los “5 grandes”. Además vimos un trío de guepardos cazando un chacal (para los que han visto una carreara de galgos en la finca “el chucho” de Medina, pues parecido) y un Ñu ahogándose al tratar de cruzar el rio Mara. Os sitúo; el rio Mara es ese que habéis visto en los docus de la 2 con los cocodrilos enormes esperando que los ñúes, lo crucen a nado para preparar una escabechina. Pues unos de los jodíos ñúes se había quedado rezagado, mirando el culo a alguna ñu maciza, y cuando se puso a cruzar, se metió en una zona llena de hipopótamos enormes (casi como Cristina Almeida) que le rodearon e increparon de tal manera, que el bicho se empezó a ahogar. Yo que no disfruto nada de las desgracias animales y que lo que realmente quería es que un par de cocodrilos de 5 metros se jalaran al antílope, me retiré del lugar antes del ahogamiento.

 

Al que tenga niños, en vez de gastarte la pasta en llevarlos a ver animales de mentira (Micky, Donald y Pluto) tráelos al Mara. Si yo que soy casi un anciano me emociono y disfruto como un salvaje viendo las manadas de miles de ñúes, de impalas, de búfalos, de cebras, cruzando frente al coche. Viendo grupos de jirafas, de leones, de hienas… y de pájaros a los que no sé poner nombre. No sé cómo debe ser para un crio.