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Expediciones de Pepe Domenech

POR EL SUR DE ÁFRICA
1.- De Johannesburgo a Suazilandia. Recibido el 26 de septiembre de 2008.
Es la primera vez que hago un vuelo de 10 horas sin tener que tocar el reloj, y eso se nota. Conseguí sacarle al Airbus 340 seis horitas de sueño, lo que nos permitió pillar un Yaris en el aeropuerto y salir escopeteado hacia Nelspruit, a 400 km dirección este. Provisto del GPS de Ramón nos resultó facilísimo encontrar la ruta que, por cierto, está muy bien. En ningún momento tenía la sensación de estar en África y el paisaje se asemejaba al de nuestro suelo patrio.
Como habíamos desayunado en el avión, no paramos hasta las 4 en una especie de área de servicio junto a un lago. Dimos cuenta de unas bacon-cheese-burguer impresionantes. A partir de aquí el paisaje cambió y aparecieron las acacias que se asomaban sobre la carretera como dándonos la bienvenida, junto a un mar de lilas (que no, que no estaba en Chueca) que salían de enormes arboles dando al paisaje un colorido acojonante. Después llegábamos a nuestro destino y en apenas 15 minutos teníamos habitación. El Road Lodge está bastante bien. Sencillo pero acogedor y con todo lo necesario para estar a gusto. Nelspruit es una de esas ciudades anglosajonas como las de EEUU, Australia o Canadá, llena de Centros comerciales y en la que no llegas a saber dónde cojones vive la gente. Lo que si averiguamos es donde comen y nos metimos en una especie de Romerijo africano en el que servían frituras varias, que no estaban mal y a unos precios que ya podía aprender el hijoputa del Puerto de Santamaría.
Nuestra intención era pasar 4 días en Mozambique pero, ni nos daban el visado en sábado, ni nos dejaban sacar el coche de Avis a ese país. Así que cambiamos los planes y… a Suazilandia. Para los no muy iniciados en geografía he de decir, primero, que Suazilandia existe, segundo, no es un parque de atracciones si no un país que se encuentra al este de Sudáfrica, entre esta y Mozambique. Poco más de 120 km separan Nelspruit con Mbabane, la ciudad Suazi donde pernoctamos. Al más puro estilo de Medina, cogí el mapa y busqué la ruta más recta que uniera ambas ciudades. Estos jodios sudafricanos están en obras por todas partes, debe ser para el mundial, y la carreterita empieza a subir por unas montañas en las que según aparecen las nubes desaparece el asfalto. Menos mal en que los últimos kilómetros el tráfico era inexistente. De hecho cundo llegamos al pulcro puesto fronterizo los agentes sudafricanos nos miraban como a marcianos, preguntándose como habríamos llegado hasta allí en semejante vehículo. Unos metros más adelante nos encontramos el de Suazilandia y al momento te das cuenta de que estás África, el continente más pobre del mundo.
PD: Para los curiosos de los precios os adjunto nota de gastos.
Nota de gastos
Viaje a Sudáfrica
Fecha:
19/09/08
RANDS EQUIVALENCIA comentarios
Alquiler vehículo 3,200 Rands 278.26 € Toyota Yaris 5 días
Comida 85 Rands 7.39 € 2 hamburguesas y coca-colas
Cena 260 Rands 22.61 € frituras vadiadas y 4 cervezas
Copas 44 Rands 3.83 € 2 Johny Walker dobles
Hotel 480 Rands 41.74 € desayuno y parking incluido
Total 4,069Rands 353.83 €
2.- El mayor país del mundo. (Recibido el 29 de septiembre de 2008).
Suazilandia tiene 17200km2, es decir, tres veces la superficie de la actual Euskalerria (incluyendo Bilbao), o lo que es lo mismo, lo que Euskadi tendrá cuando se anexionen Navarra.
Suazilandia tuvo su particular plan Ibarretxe hace cuarenta y tantos años, de donde salió el reino que nos ocupa. Su monarca es igual de impresentable que el resto de los monarcas que en el mundo han sido, despilfarrando lo que sus súbditos incorporan en sus reales arcas para divertimiento personal. Este elemento ha contraído catorce matrimonios que le han obligado a construir otros tantos palacios y adquirir los mismos bemeuves con sus correspondientes choferes. Nada de consideración si el país del que hablamos no fuese uno de los más pobres del mundo y que los caprichitos reales salen de las poco más de un millón de almas que forman el reino. Los pobres súbditos han decidido desquitarse de estos abusos dedicando su tiempo libre a follar como si se fuera acabar el mundo. Claro que con tantas estrecheces no adquieren los condenes que serian recomendables por lo que han conseguido figurar en las listas mundiales como Nº1 en porcentaje de SIDA. EL 40% de los súbditos del polígamo padecen dicha infección.
Quizá tras esto no resulte apetecible visitar el pequeño reino africano, al menos yo no lo habría hecho de haber conocido estos datos. Pero en este caso la ignorancia me ha permitido conocer este maravilloso lugar. El país, rodeado de montañas, es una especie de suiza africana (por el paisaje, no por la renta per cápita) con lagos, ríos, reservas naturales con animalitos africanos… y negros, porque en Sudáfrica aún no habíamos visto más que blancos en los hoteles, restaurantes y cafeterías, con unos cuantos negros sirviendo. Pero aquí todo el mundo es negro y eso te hace sentir más en África. La primera noche dormimos en Mbabane, la ciudad más grande del país, en un hotel básico lleno de hombres de negocios locales. Cenamos en La Caserole, un francés que no estaba mal. El día no pudo ser más desapacible con una insistente lluvia torrencial que no invitaba al paseo.
Al día siguiente, con el clima más favorable, nos fuimos a ver un poblado típico, con danzas y cantos populares incluidos, y luego a pernoctar a la Reserva nacional de Milwane, donde tras ver bichos varios, llegamos a nuestro alojamiento que era una cabaña de paja, como las del pueblo típico, pero con cuarto de baño y luz eléctrica. La verdad es que de cine, con un bar junto a un lago para ver más bichos mientras envasas una birra local.
Esto también es una buena idea para Ibarretxe, hacer una reserva donde meter a toda la fauna abertxale con sus legins, sus chirucas y sus camisetas pro-amnistía, unos trocos y unas piedras para que se entretengan y los turistas pasando al lado en un Land-rover tirándoles txuletones y botellas de txacolí.
El lunes volvimos a Sudáfrica, esta vez tras preguntar a los locales cual era el camino más razonable.
3.- El Parque Kruger. (Recibido el 29 de septiembre de 2008)
El Kruger es la mayor reserva animal del continente africano. Comparte territorio de Sudáfrica y Mozambique aunque la mayor parte de las instalaciones y puertas de acceso se encuentran del lado Afrikáner. Como no es temporada alta ni fin de semana y haciendo caso a las guías, nos plantamos, sin reserva previa, en la puerta Malenane, provistos de un magnífico mapa y con las ideas bastante claras de dónde y cuándo queríamos dormir. Y así se lo hicimos saber a la enorme y oscurísima encargada que ocupaba la oficina. Nos miro con cara de pocker y tras teclear en su ordenador “Lower Sabie Rest Camp” dijo “full booked”. Coño, mala suerte. El campamento que habíamos elegido está lleno. Pues otro. Pero la respuesta fue la misma “full booked”. Y como la moza me dijo que solo podía mirar campamento por campamento, me dediqué a seguir el mapa con mi dedo y a dictar el nombre de uno tras otro. Cuando llevaba 12 me rendí, le di las gracias (aunque más me apetecía darle una hostia) y nos fuimos pensando…¡la gran cagada! Pero yo que aunque no soy creyente creo en la red, me puse a buscar conexión como loco, lo que aquí es más difícil que ver un blanco barriendo.
Por fin un cibercafé y… bingo… Hotel Protea Kruger Gate. Junto la puerta Paul Kruger y por un precio extrañamente razonable. Como la puerta en cuestión estaba a más de 100 km por fuera del parque, pues atajo medinense por el medio del Kruger. Nos ahorramos 20 km y nos costó 3 horas llegar a la puertecita de los cojones. Pero como el tema era ver animalitos por el camino pues no problem. No os voy a enumerar la cantidad de mamíferos que pueden cruzar esas carreteras. Pero he de decir que ver cómo pasa una manada de elefantes a 1 metro de tu coche acojona un poco.
Por fin en el Hotel, este resultó ser uno de esos lodge de lujo con mucha decoración africana, mucha pasarela de madera, y un estupendo bar frente al parque donde puedes ver unos elefantes rebozándose mientras te tomas una Castle (aunque eso también se puede hacer en cualquier chiringuito de playa español, eso sí, con una Maho). Cómo no habíamos parado a comer, dimos cuenta de la opípara cena que incluía el precio del hotel.
Al día siguiente contratamos un safari de 6 a 10, (que terminó a las 11:30). Como los del hotel estaban llenos llamaron a otra empresa que nos mandó un vehículo (un Toyota vestido como para un encierro sanantolinero) en el que la maciza y yo éramos los únicos ocupantes (en los otros iban 10). El safari se debía llamar “En busca del león”, porque todos los conductores de todoterreno se dedicaban a preguntarse, los unos a los otros, si habían visto alguno de esos bichos. Y mientras buscas al león te hinchas a ver animales más interesantes que el felino en cuestión. El motivo de lo del león es que es uno de los big five (león, leopardo, búfalo, elefante y rinoceronte) que hay que ver. Como lo del leopardo es casi imposible y los otros tres es casi seguro, pues el león marca la diferencia, para los fotografiadores-disfrazados-del-Coronel-Tapioca, entre el éxito y el fracaso. Y por la tarde repetimos coche y chofer y nos cascamos otras 4 horas de polvo y bichos aunque sin divisar ni uno solo de los felinos.
Cuando volvimos al hotel, un leopardo había colgado un impala en las ramas de un árbol para zampárselo por la noche. Y doy fe de que lo hizo porque por la mañana el antílope había desaparecido y seguro que no fue por su propio pié.
gasolina 270 23.48 € 9,2/litro
entrada parque 264 22.96 €
hotel 1850 160.87 € Lodge con media pensión (mucho lujo para uno
de Medina)
vino 90 7.83 € Nederburg Merlot
cervecitas 42 3.65 € 2 pintas, viendo elefantes, impalas y otros animalillos
2616 227.48 €
23/09/08
Safari 1700 147.83 € 9 horas y media de safari en 4x4 con chofer. Incluida
propina
Hotel 1850 160.87 € Lodge con media pensión (mucho lujo para uno
de Medina)
cervezas 33 2.87 € 2 latas en el mirador de los bichos
Vino 155 13.48 € Durbanville Hills
3738 325.04 €
LA PROXIMA ENTREGA CON FOTOS.
4.- Ciudad del Cabo (Recibido el 3 de octubre de 2008).
Pensábamos llegar a Ciudad del Cabo de día pero un aterrizaje de emergencia en Johannesburgo, para reparar alguna chuminez, nos hizo llegar a nuestro destino con más de dos horas de retraso. Para cuando habíamos recogido el equipaje y alquilado el coche, ya había anochecido. Y además era fiesta local en Ciudad del Cabo, así que no había ni ratas por la calle.
Enseguida llegamos al hotel. El Mandela Rhodes es un 5* de puta madre, junto a Long St, la calle de más lío del Cabo. Teníamos un estudio de la hostia con todo lo imaginable y más. Tan pronto como dejamos el equipaje nos fuimos a menear el bigote a Long St, más concretamente a Mama Africa, un sitio famosísimo con lleno hasta la bandera, música en directo (unos elementos que tocaban unos xilófonos africanos, muy chulos, con un tío que cantaba que te cagas) y una cena bastante rica con mucho bicho africano (cocodrilo, impala, ciervo, avestruz…) y vino estupendo.
Por la mañana, sin pasar por vicaría, nos fuimos al Cabo de Buena Esperanza. La ciudad está en un entorno privilegiado, con montes muy verdes y playas y acantilados, a las afueras, que adornan un paisaje ya de por si imponente. De camino Begoña me dice “Pepe, hay unas ballenas en esa playa”, y yo pensé que eran los efectos secundarios del vino local. Pero no, media docena de ballenas chapoteaban en la pequeña bahía de Simon’s Bay como niños en bañera. Yo no había visto una en directo jamás y me encantó que mi encuentro con el enorme cetáceo fuera espontaneo, sin la movida turística programada habitual. Luego la visita obligada de Buena Esperanza y más bahías y playas preciosas con verdor asturiano.
Ciudad del Cabo no tiene ningún atractivo turístico mencionable y lo que la hace bonita es su situación geográfica incomparable. Recorrimos sus calles a pie y en coche, hicimos unas compras, comimos y bebimos y bebimos. El vino en este país está riquísimo. En el super es difícil encontrar vinos de más de 10 euros, la mayoría cuestan menos de la mitad.
Nos despedimos del Cabo y nos encaminamos a la zona de viñedos, pero antes pasamos por Hermanus, una ciudad que tiene una bahía con la mayor densidad de ballenas del planeta. Allí estaban, tan cerca que no parecía verdad. A medio día llegábamos a Franschoek, el pueblo más francés de la zona. Paramos en La petite Farme, un restaurante de los mejores del país que no da cenas el muy cabrón. Así que nos quedamos con las ganas. Pero a cambio nos dio alojamiento. Mientras esperábamos a la house keeper, una chica me pregunto que si podía atendernos. Yo le expliqué la situación a lo que ella me contesto “lo siento, solo hablo inglés”. Begoña todavía se está riendo…Les quedaba un cotagge, un pequeño chalet entre viñedos y frutales con unas vistas al valle, espectaculares. Un nidito de amor, para nosotros solos, en medio del campo, con flores en la cama y hasta en el wáter…dueño gabacho... Fuimos a comer algo al pueblo y a beber vinito. Cuando llegamos a casa tras la cena, habíamos hecho una buena ruta y dado cuenta de dos botellas fantásticas. Y una vez en el nidito, encendimos la chimenea y abrimos una de Cabernet Sauvignon. Luego, cuatro horas de amor desesperado como no había conocido la parte austral del continente africano.
Por la mañana nos deleitaron con un estupendo y copioso desayuno inglés servido en la mesa, nada de buffets macarras…
COMENTARIO DE BEGOÑA:
Ya le he dicho a Pepe que deje de usar esos relojes de la medina que cambian de hora cada 30 minutos. La cosa duró poco más de dos horas… los vinos, eso sí, muy ricos.
Recibido el 25 de octubre de 2008
Como no me fué fácil conectar en Sudáfrica me deje
unos cuantos mails en el tintero...
5.- La ruta 62 y la ruta Jardín
Lo teníamos poco claro pero sabíamos que haríamos, al menos en parte, la Ruta 62 que va desde Ciudad del Cabo hasta Oudtshoorn por el interior, y la Ruta jardín, desde Mossel Bay hasta Port Elizabeth, por la costa. Begoña había apuntado varios sitios para ver e incluso pernoctar, así que el sábado por la mañana partimos por la montañosa ruta interior. El paisaje apabullante, con una carretera con buen firme y trazado que discurría siamesa a un rio truchero. La primavera en plena explosión llenando de flores y yerbas aromáticas la ruta. Una verdadera delicia. La pena es que los destinos anotados se encontraban asolados. Domingo de rigor. Ni las tiendas de souvenirs estaban abiertas. Al final llegamos a Oudtshoorn (famosa por sus avestruces) con un día de adelanto y como tampoco había nada, recorrimos los 200km que nos separaban de la costa y llegamos a Mossel Bay. Encontramos un estupendo alojamiento, una Guest House muy coquetona. Cañitas frente al mar en un chiringuito oxidado de los que, lamentablemente, ya no se ven por España, cenita y a dormir.
La ruta jardín es un poco timo. Si bien es verdad que el paisaje es precioso, la carretera no te permite arrimarte al mar. Y cuando lo haces en alguno de sus pueblos o ciudades, resulta que la costa está tomada por una panda de cabrones que han edificado sus hoteles junto a la playa, por lo que para ver costa tienes que retratarte es uno de sus bares.
Dedicamos varios días a recorrer la famosa costa con éxito en los alojamientos y menos en el papeo. Si estás en la costa el cuerpo te pide pescado, pero siendo español el comer pececillos fuera de nuestro territorio es un fracaso seguro. O te gusta el Sushi, que eso sí que hay en todas partes, o te sacrificas a comer pescado achicharrao , con un dedo de cremosa y asquerosa salsa. Menos mal que un buen vino arregla una mala cena. Aunque he de reconocer que la carne la preparan de cojones. Una noche en un restaurante de Plettenberg bay, nos pedimos unos caracoles de primero, un curry de callos y un rabo de toro. El mejor estofado de rabo que he probado en mi vida (lo había escrito distinto pero sabiendo el hijoputismo que hay en la viña del señor…). La camarera asustada me pregunto de dónde éramos.
Por otro lado la gran cantidad de actividades que proponía El Cabo, desaparecen en esta parte de la costa. Solo vimos a unos piraos haciendo un puenting de doscientos y pico metros y algunos surfistas pillando olas en Supertube, la famosísima playa de Plettenberg bay.
Cuando llegamos a Port Elizabeth, una ciudad horrorosa, pensábamos dejar el coche y volar a Jo’burg (como llaman aquí a Johannesburgo). Pero cambiamos de plan y decidimos completar los 1100 km en el Yaris. Así al menos veríamos el paisaje, los pueblos y el sin fin de animalitos que pululan por estas tierras.
6.- Jo’burg. Recibido el 25 de octubre de 2008
Dividimos los 1100 km que nos faltaban para llegar a Johannesburgo en dos etapas. Paramos en Bloemfontein, la ciudad más importante de la zona, que por la puta ley de Murphy estaba sin una plaza hotelera por culpa de una convención. La amable africanner que trabajaba en la oficina de turismo, finalmente nos encontró una habitación a 25km de la ciudad, en medio del campo. Nos dirigimos al guest house Wen-do-lin donde nos esperaba Mark, un simpático californiano cincuentón que hablaba por los codos y mientras nos contaba su vida nos iba abriendo cervezas. Mark me hizo sentir algo que no había sentido desde los 14 años… chato. Que pedazo de berenjena tenía el tío. El sitio de cine, con ponis pastando, un rio junto a la enorme casa y una fenomenal habitación que daba al jardín.
A medio día ya estábamos en Jo’burg, dispuestos a buscar un alojamiento en el único barrio recomendable, en el que viven los blancos y algunos negros adinerados. Los africanners han creado un mundo hacia dentro formado por centros comerciales, plazas, mercados… todos interiores, con puerta y portero. Johannesburgo es, de largo, la ciudad con más movimiento y mezcla, ¡hasta parejas mixtas!. El down town, impecable desde fuera, resulta ser como el de Los Angeles, tremendos edificios con los bajos comerciales ocupados por tiendas de ultramarinos, de ropa de ocasión, o de oscuros bares tipo peña sanantolinera. Había prometido no bajarme del coche en ninguno de esos lugares marcados en las guías como “peligrosos”, pero cuando quisimos darnos cuenta ya estábamos andando por las calles, primero de Johannesburgo, luego de Soweto y más tarde de Pretoria, preguntando direcciones a la gente sin la menor sensación de peligro. Una vez más el ángel de la guarda, al que algunos hacemos trabajar más de la cuenta, nos presto sus silenciosos servicios y volvimos a casa sin el menor incidente.
Empleamos el último día en visitar los bastante macarrónicos lugares de interés, en menear el bigote y en bebernos las últimas botellitas del extraordinario vino del país.
7.- United colours of South Africa. Recibido el 2 de noviembre de 2008
Los paisajes sudafricanos son impresionantes. La paleta de colores, al menos en esta incipiente primavera, es completísima. Se unen y mezclan formando unos cuadros cromáticos insuperables. Bueno todos menos dos: el blanco y el negro.
Mucho debe haber cambiado este país desde que en el ’94 se acabara, por fin, con la segregación y la mayoría No blanca pudiera empezar a gozar de sus derechos civiles. Pero a la vista de un turista como yo, el país sigue dominado abrumadoramente por una minoría que es mayoría en tiendas, restaurantes, centros comerciales y lugares de ocio.
Saliendo de Hermanus nos encontramos, de frente, con una larga caravana que pretendía entrar en la ciudad para pasar el fin de semana. La lenta carretera me permitió observar los pálidos rostros de los ocupantes de los coches. Cuando, de repente, me sorprendía el rostro de un negro, este conducía un vehículo de reparto.
Hemos visto muchas excursiones de estudiantes visitando los mismos lugares que nosotros, de ambos colores, pero no revueltos. El colegio de la excursión o es de blancos o lo es de negros.
Por la carretera, al divisar uno de los pueblos agrícolas que salpican el país, ves un montón de casetas iguales, con sus tejados de chapa, en calles sin asfaltar. Un par de kilómetros después, aparece un nuevo pueblo, el de verdad, con sus calles con árboles, bien pavimentadas, sus casitas unifamiliares con jardín y un coche en la puerta. Los señores han construido las casetas para sus empleados lo suficientemente lejos como para que no se les vea.
Es justo reconocer que en algunos sitios puedes ver gente de todos los colores cenando, tomando una cerveza, o comprando en algún mercado. Lo que es más difícil es ver esa mezcla en la misma mesa.
Los blancos aquí no son blancos, son blanquísimos y rubísimos. No sé de donde provienen porque en Holanda e Inglaterra algún moreno o castaño hay. Aquí han debido hacer una selección genética del copón o el agua oxigenada corre por las cañerías. Los negros, sin embargo, son de una variedad tremenda, incluyendo a mulatos, mestizos, indios (de la india)… en fin, todos los que no son paliduchos. Por eso, para aclarar un poco el tema, en época pre-Mandela sus carteles discriminadores separaban a los “blancos” de los “no blancos”. Y estos primeros parecen aferrarse a su estilo de vida con uñas y dientes, mientras el resto van tomando el centro de las ciudades e imponiendo el suyo: el de la supervivencia.
Ya me conozco el royo de que si no fuera por los blancos este sería
otro país africano de mierda . Quizá si los jodios europeos hubiesen
sido un poco menos hijoputas y se hubiesen mezclado con los locales, hoy disfrutaríamos
de bellas mulatas y de un país más justo con un futuro menos incierto.
Tal vez este sea el mejor país del planeta, pero el irresoluto conflicto
racial parece a punto de explotar en cualquier momento y le quita atractivo
a un lugar tan privilegiado. Les deseo, de corazón, mucha suerte.
Propuesta Puente del Pilar: Viaje al desierto. Recibido el 2 de octubre de2007.
Queridos amigos,
El fin de Ramadán coincidirá con el puente de la Hispanidad. Por
eso hemos pensado hacer una escapadíta al desierto, más concretamente
a Merzouga a dormir en el hotel que nuestro amigo Alí "el cojo"
tiene junto a las dunas. El viaje desde Casablanca es precioso, cruzando el
Atlas desde Marrakech hasta Ouarzazate, una ciudad que ha servido de escenario
para numerosas películas.Luego desde allí hasta Erfoud y Merzouga
la carretera discurre junto las gargantas del Todra con unos palmerales alucinantes.La
vuelta por Erachidia hasta Meknes por un enorme bosque de cedros poblados por
monos. El plan es salir el jueves 11 por la tarde o el 12 por la mañana
y volver a Casablanca el lunes 15. Como Easyjet ha puesto unos billetes baratísimos
desde Madrid a Casablanca, creo que es una buena oportunidad para aquel que
quiera hacer un viaje diferente. Si alguien se anima que me lo diga cuanto antes
para organizarlo. Seguro que no os arrepentiréis.
Un fuerte abrazo:
Pepe
EMBAJADA DE MEDINA DEL CAMPO EN MARRUECOS Recibido el 17 de
septiembre de 2007.
La muy elegante, a la par de sencilla, Embajada de Medina del Campo en Marruecos,
tiene el honor de invitarles al Megaeftor que se celebrara, Alá mediante,
el martes 18 de septiembre, a partir de las 16:30 en el domicilio de la embajada
situada en el 60 de Taha Houcine (antes Galillé) 5º piso.
Marisa (como representante del país vecino) Begoña y Pepe prepararán
el fabuloso y mundialmente conocido Cocido Medinense que, estamos seguros, supondrá
una experiencia gastronómica inolvidable para todos los afortunados asistentes.
Se agradece confirmación al
¡Viva San Antolín!