Recibido el 25 de abril de 2006

La Isla norte.
Por Pepe Domenech

De vuelta hacia Christchurch, ciudad de donde habíamos partido, paramos en el lago Tekapo (tranquilos, sigo entero). Regresábamos a Christchurch con la idea de volar en globo por encima de la ciudad. Pero no pudo ser. No había plazas y además es como que te toque el cupón de la Once. Si no hace aire, no se puede volar, pero si hace mucho, tampoco se puede y si llueve o amenaza lluvia tampoco. Nos encaminamos hacia el norte para cruzar en ferry a la otra isla. El ferry salió de Picton a las siete de la tarde y tardó tres horas y media en llegar a Wellington. Se trata de unos de esos Ferry como los que usaba Hernán Cortes para llenar de banderines Nueva España.

Wellington es la capital financiera del país. Pero se trata de una pequeña ciudad (como todas aquí) con un centro muy manejable. Como no hay mucho que hacer, visitamos un museo (para que luego digáis que los de Medina somos rústicos) que anunciaban a bombo y platillo, el “Te papa”. Se trata de un museo interactivo. Voy a aclararlo: en un museo normal los objetos a mostrar están iluminados; en este están a oscuras y cuando aprietas un botoncito se iluminan. I-n-t-e-r-a-c-t-i-v-o. Dedicamos un par de horas a esta gilipollez y nos fuimos a envasar unas birras, que eso si que es interactivo.

Por la mañana, nos pasamos por uno de los centros de información que nos están arreglando el cuerpo y dejamos solucionado el alojamiento en Taupo y Auckland, y el alquiler de un vehículo para el viaje (esta vez un flamante Suzuki Swift). Habíamos decidido hacer el viaje a Auckland en dos etapas, haciendo una parada en el lago Taupo para no pegarnos una soba de 650 km de un tirón por estas carreteras. La primera etapa nos costó cuatro horas y 200 NZD en multas, por ir a 118 y 112 km/h respectivamente, más 40 puntos del carné neocelandés, que es lo que más duele. Vamos, que perdí más puntos en un día que el Bilbao en toda la liga. Está claro que esta isla es otra cosa. Tiene mucha más población y más picoletos. Eso si, te ponen la multa con tanta amabilidad que te quedas con ganas de darles un abrazo. El norte también es bonito y se merecería por si solo el viaje a este país, pero se nota más la mano del hombre, lo que le quita el encanto salvaje del sur.

Taupo es el mayor lago del país. Aprovechando la parada, al día siguiente decidimos probar suerte con la caña. El guía era un gilipollas de los de Yehaa, uhay, y otras americanadas, todo el tiempo. Nos puso al día en el tema de la técnica, pero no sacamos ni un jodio pececillo.

Tras las pesca nos encaminamos a Auckland, otras cuatro horas. Esta si que es una ciudad, con un centro, centro. Tiene 1,5 millones de habitantes (la población de NZ es de 4 millones) y, dicen aquí, que en un radio de 100 km vive el 60% de la población del país. También dicen que es la ciudad del mundo con más yates per capita. Y lo creo. Jamás he visto tanto veleros amarrados en ningún lugar, ni tantos navegando al mismo tiempo como en la imponente bahía de Auckland. Gastamos 2 días callejeando, a pie y en coche, descubriendo rincones y mirando con envidia, como viven estos cabrones. Un lujazo.

Y subimos al Skycity, la torre más alta del hemisferio sur y, pudimos disfrutar de la impresionante vista de la ciudad, su bahía, sus yates (eso que parece un ferry en la foto, es un barco de recreo,¡ te cagas!) y de los gilipollas haciendo Puenting desde la torre a 200 m, mientras nos tomábamos una cervecita.

Y cenamos en uno de los muchos puertos de yates (el más céntrico), rodeados de los cruceros que habían corrido la Copa América y de un montón de bares y terrazas de lío. Disfrutamos de un atún y unos langostinos a la piedra que, por fin, pudimos comernos sin achicharrar.

Finalmente, el sábado por la tarde nos montamos en el avión que nos sacaba de tan fantástico país para llevarnos a otro que promete ser no menos fascinante: Australia.

Voy a hacer un pequeño resumen:
Nueva Zelanda esta muy limpia y cuidada y cuenta con buenos servicios.
Los neozelandeses están orgullosos de serlo, llevan los símbolos del país por todas partes y son al Inglés lo que Butragueño al español.

Su religión mayoritaria es el All Blacks, que es como llaman a su equipo nacional de rugby.
Tienen restaurantes japoneses, italianos, japoneses, chinos, japoneses, coreanos…y japoneses.
En la mayoría de los restaurantes, debes ir a la barra, pedir, pagar y coger un número que pones en la mesa. Luego vienen y te sirven.

Producen y consumen un vino que no está nada mal.
El mayor acontecimiento histórico fue el rodaje de “El señor de los anillos”. Hay monográficos en los museos, excursiones a los lugares donde se rodó y puedes hacerte fotos con orejas de Delfo en estos parajes.

Debería llamarse Extremo Zelandia, por el amor que tienen sus habitantes a tirarse por cualquier sitio y pagar por ello.
Esta totalmente prohibido fumar en locales públicos (incluyendo Bares, restaurantes, hoteles…)
Hay más helicópteros que coches.

No se ve ni un pobre.
Tienes absoluta indefensión contra los radares. Te cruzas con un coche de la poli y se le encienden todas las luces. A los pocos segundos le tienes pegado a tu maletero diciendo que te pares.
No necesitas GPS, el mapa de carreteras es como el libro de instrucciones del papel higiénico. Y sus ciudades raramente superan las 5 calles.

Una birra (media pinta) cuesta entre 5 y 7 NZD (2,5 y 3 euros)
Hay más tiendas de mochilas y botas de montaña que supermercados.
No puede haber aguas más limpias y transparentes; en sus ríos, en sus playas. Pedir agua mineral aquí es como pedir zumo de arándano en mi pueblo.

Es parada obligada para todos los que dan la vuelta al mundo. Por cierto, vosotros debéis ser los únicos del planeta que no la estáis dando…

Es un lugar realmente maravilloso, donde me iría a vivir ahora mismo (Bueno, cuando acabemos el viaje…).

Amigos de la Alubia

 

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