Recibido el 13 de febrero de 2006

Apenas nos quedan unos días en la India y se me han quedado un monton de vivencias en el tintero.
Y no me veo capaz de contarlas una vez que salga de aquí. Hace falta un poco de tufo indio para poder explicar como es esto.

Para cuando tegáis un rato...

Jaipur
Por Pepe Domenech

La carretera desde Gurgaon a Jaipur es la NH8 , unas de las National Highways que hay en la India. El viaje de 220 Km. nos costó tres horas y media. Eso a pesar de tratarse de una autopista de peaje. Pero se entiende mejor cuando se ve el letrero que se encuentra en el peaje con el dibujo de una bicicleta, un carro tirado por camello, una moto y un elefante, no para indicar que esos medios de transporte tienen vedado el derecho de circular por la autopista sino, por el contrario, que su uso es gratuito para los tripulantes de semejantes bólidos. Así la autopista se convierte en una especie de romería con más animalitos que en un capitulo del Hombre y la Tierra.

De este modo, esquivando camellos, elefantes y burros, nos lanzamos a la aventura del Rajastan, posiblemente la zona del subcontinente mas visitada por los turistas, en su ciudad mas conocida: Jaipur. Pero antes de llegar a Jaipur hay que hacer una obligada visita al Amber Fort. Este fuerte se encuentra a unos 10 km de Jaipur por la carretera en la que vamos. Aparcamos el coche y cruzamos un dique que une la carretera con la muralla del fuerte Amber. En el lago un grupo de elefantes se refrescan nadando tranquilamente sin más compañía que las carpas a las que los indios dan de comer pan bimbo y masa de harina en barras que los vendedores ambulantes ofrecen para este cometido.

Es curioso ver como en un país en el que hay gente que se muere de hambre, los ciudadanos disfrutan dando de comer a todo bicho viviente, menos a sus congéneres… Una vez en la muralla, un enturbantado conductor de elefantes nos ofrece sus servicios por 450 rupias, 50 más de los establecido. Por fin nos montamos sobre el animalito, en una especie de sofá con barandilla y nos dirigimos a la parte alta del fuerte. Allí se encuentra una plaza llena de guiris y vendedores que te ofrecen todo sus productos de artesanía a precios de locura. Una vez apeado del elefante, anotamos el número para poder volver y nos dirigimos al palacio , tras el pago de entrada (180 rupias para los guiris, 30 para los indios, más 50 rupias por la cámara) subiendo unas escaleras que te llevan a las, muy bien conservadas, estancias llenas de mosaicos, espejos y filigranas en unos muros de mármol labrado de alucinar.


De vuelta hacia el coche, montados en nuestro elefante, sufrimos el asedio de vendedores de tallas de madera, de esas que no pondría encima del televisor ni la madre de Tamara, marionetas y otras gaitas. Ahora los precios han sufrido una rebaja del 80% y el vendedor sigue gritando, en español, que ahora, por el mismo precio, te da dos, que digo dos, tres o cuatro. Por fin te bajas del orejudo, no sin discutir con el conductor que pretende sacarte 50 rupias más por no se que motivo, y te montas en el coche para salir zumbando hacia Jaipur, porque ya se sabe que cuando se va de turista no se puede perder tiempo.

Por fin en Jaipur (capital de Rajastan con una población de unos 2 millones y medio) comprobamos que la ciudad es del mismo color, entre rosa y teja, que Marrakech. Y esta no es la única similitud entre ambas ciudades. La ciudad esta dividida en dos zonas perfectamente diferenciadas: la exterior a la muralla un ensanche del silo XIX con grandes bulevares y bonitas estatuas , palacios y monumentos, y la de muralla para dentro, que es una especie de medina pero mas abierta, con muchos bazares en los que se vende de todo, sobre todo artesanía local que es la mas famosa de la India. Para los que tenéis la suerte de conocer Marrakech no hace falta que os explique la similitudes. Para los que no, ya es hora de que os acerquéis a un lugar tan cercano y fantástico. Os garantizo que por mucho que atraveséis el mundo no encontrareis nada mas exótico y emocionante que la ciudad marroquí. Pero volvamos a la India; pues Jaipur es verdaderamente impresionante. Tiene todos los alicientes para no dejar indiferente a nadie.

Una vez atravesada la muralla nos acercamos al hotel LMB (Perdonad la macarrada anglófona de las siglas, pero el nombre completo es totalmente impronunciable e intranscribible). Es el paraíso de la comida vegetariana de Jaipur. El comedor estaba hasta la bola y nos sirvieron con rapidez y eficacia una comanda consistente en: Malai Kofta, que es una especie de masa de harina frita (como la masa de las gambas con gabardina del Mónaco) y guisada en salsa con especias. Muy rico y no muy picante. Shaai panner, queso fresco guisado en una salsa parecida a la anterior. Dal Makhini, dal es como se llama a las lentejas y otras legumbres pequñas en hindi. El makhini es una alubia roja y negra muy pequeña (poco mas que un grano de arroz) con un sabor muy contundente. Dejo para el final el Navratan Korma, auténtica delicia elaborada con 5 frutos secos, uvas y flor de cardamomo, cocido durante muchas horas con leche. La pasta resultante se guisa con tomate y guisantes. La pena es que, como en todos los vegetarianos, no venden alcohol por lo que te toca tragarte todo esto con la ayuda de agüita fresca…Por el banquete pagamos 600 rupias incluyendo el 10% de propina habitual.

Después buscamos hotel, labor no muy fácil por tratarse de un día de fiesta nacional, el cumpleaños de Krisnha. Tras unas cuantas llamadas a la lista de los recomendados por los expatriados, compañeros de fatigas, encontramos habitación en un Haveli: el Mandawa Haveli. Los havelis son casas, del siglo pasado, de comerciantes acaudalados, de dos plantas, con uno o más jardines, ahora convertidas en hoteles. Sería la versión India de los Riads marroquíes pero más lujoso, ya que las habitaciones son autenticas suites con salón, aire ac. tele, baño completo. Además tienen piscina a todo trapo y restaurante de comida local. Los precios varían entre las 1500 y 5500 rupias la noche por habitación doble. El nuestro nos costo 2100 con desayuno y estaba muy bien. También se puede dormir en palacios convertidos en hotel. En este caso los precios son más altos, siempre a partir de 6000 rupias hasta lo que quieras. Por ejemplo en el Rambagh Palace las habitaciones cuestan entre 14000 u 120000 rupias. Pero, si no quieres romper tu economía durmiendo aquí, al menos es recomendable visitarlo, tomar una cerveza o comer allí. Sitios así no se ven todos los días. Otro muy conocido, a unos kilómetros del centro, es el Chokhi Thani. Por lo que me han dicho esta formado por una serie de cabañas muy típicas pero con interiores muy lujosos. También lo recomiendan para menear el bigote por la noche.

En la ciudad es de obligada visita el City Palace, palacio convertido en museo, el Jantar Mantar, un observatorio astronómico construido en 1728 y que es un lugar curiosísimo, lleno de preciosos y gigantescos instrumentos, que no se puede dejar de visitar. Y por supuesto, Hawa Mahal (Palacio de los vientos) uno de los edificios más famosos de la India.

Claro que hay que lidiar con toda la panda de vendedores callejeros y después discutir con el conductor del Rickshaw para que no te lleve a una puñetera fábrica de artesanía. Pero te puedes dar por jodido porque no conseguirás evitarlo.
La vuelta la hicimos en el Shatabi Express, un tren “rápido” que hace le viaje hasta Delhi en “solo” cuatro horas y en el que, si pagas primera, se va cómodamente. Además te sirven una comida incluida en el precio del billete, que está mucho mejor que la mayoría de la que te dan los cabronazos de los catering de los aviones.

Jaipur - Shimla - Kalka - Salt Lake City - Travesía EE.UU. - San Francisco - Oeste EE.UU. - Los Ángeles y Hollywood - Fitji - Christchcurch a Westport - Glaciares y Queenstown - La Isla Norte - Melbourne - Withsunday a Brisbane - Sydney - Singapur - Vietnam - Saigon - Tailandia - Regreso a Delhi - Más sencillo de lo que parece -

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