EL BUEN HUMOR DE LA ALUBIA
COPRÓGENAS
¡Oh plato sin igual, tierna habichuela,
sustancioso manjar, barato y sano,
orfeón vegetal, a quien mi abuela
llamaba de los pobres el piano;
llena, llena mi panza,
ya que mi cesantía a más no alcanza!
Con esta invocación, todos los días,
saludaba Don Paco a las judías;
y concluyeron por gustarle tanto,
que, en época de lluvias,
rezaba tres novenas a su santo,
para que no se ahogasen las alubias.
Llegaba, en sus festines,
a devorar, con ansia verdadera,
un par de celemines;
mas un día pescó tal cagalera,
que saliendo, a la tarde, de paseo
a distraer sus horas de recreo,
abonó, sin ser visto, diez jardines.
Para atajar del manantial las fuentes,
ensayó toda clase de astringentes,
las píldoras, los sellos..., ¡mas en vano!
y llevando hasta el colmo el sacrificio,
aunque tenía dolorido el ano,
cerró, con un tapón, el orificio.
¡Precaución ilusoria! La avenida
descerrajó el tapón con la embestida.
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¡Oh, los que atesoráis bienes terrenos,
y nunca quedáis llenos;
leed en el trasero de Don Paco:
¡La insaciable codicia rompe el saco!.
Un cuento de alubia
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Antología de El pedo