Recibido el 31 de marzo de 2006
El puñetero paraíso.
Por Pepe Domenech
Eran las tres de la madrugada cuando llegamos al aeropuerto de Nadi, en Fitji.
Yo había hecho la reserva de dos noches en el Horizont Beach Backpackers
resort, un hostal de mochileros, como su nombre indica. (Como dice Carlitos,
en la vida hay que probarlo todo menos el incesto y los bailes regionales).
Y allí estaba la furgoneta del hostal esperando para llevarnos al establecimiento.
El problema es que yo, muy listo, había hecho reserva para el día
22. Y el día 22 llegamos, pero a las 3:30 de la mañana, y claro,
las habitaciones te las dan, en el mejor d e los casos, a las 12:00. Pues nada,
a esperar en recepción. Siesta en el sofá, paseo por la playa
y, a las 7:30 nos dieron la habitación. De cine, con su tele, su aire
acondicionado, su frigo, su baño completo, muy limpia y por 55$ de Jitji
(23 Euros) la noche. Con piscina y desayuno incluido. Cenamos una noche por
30$ (15 Euros) los dos, muy, muy bien. El sitio tiene mucha gracia, lleno de
gente joven de todo el mundo, con tirilla de calzoncillo de marca a la vista,
y de algunos carrozas, no me refiero a nosotros que estamos hechos unos chavales
(yo incluso enseño la marca falsa de los míos de Derbghalef),
si no a algunos de 60 que van de enrollados y se sientan a cenar con las macizas
a ver si pillan. No sé si tendrán éxito, pero si me entero
os lo cuento para que vayáis reservando pasajes. A vosotras no os digo
nada, que bastante tenéis con esos cuerpos alubieros que residen en vuestra
casa y con los que el destino os ha obsequiado.
A las 9:00 tras haber desayunado, duchados y equipados con nuestros bañadores
y crema solar, nos fuimos a la agencia turística del hostal y preguntamos:
¿Qué se puede hacer aquí? Nos miraron como a marcianos.
Pues nada, aquí la gente viene a no hacer nada. ¡Pues menudo coñazo!
Sería muy injusto deciros, sabiendo como sé que alguno de vosotros
no disfruta unas vacaciones como dios manda desde hace tiempo, que un lugar
con playas de blanca arena y calidas y cristalinas aguas, rodeado de palmeras
y vegetación, es un coñazo. Pero, desde luego no es lo que andamos
buscando. Así que alquilamos un coche, tras un regateo que me río
de la medina de Marrakech, y nos hicimos un tour por la isla. Hay dos opciones,
o Resort tipo caribe, con sus playas, sus bares, sus canoas… o playa virgen,
a la que debes ir preparado con todo el equipamiento de nevera, comida, esterilla…
¿Dónde está ese chiringuito?, ¿Y esos niños
jugando con las palas?. Nada de nada. Lo que os decía, un coñazo.
Cambio de playa y a un resort, donde nos colamos por el morro, nos fuimos a
la playa, con gente y bar, nos comimos unas cochinadas típicas, nos bebimos
unas birras y otro día de playa.
Por cierto, cuando te sales de la Highway (perdonad que me descojone), te metes
por unos caminos que hasta las cabras se lesionaban.
Al día siguiente, viendo que el asunto está muy malito, nos apuntamos a una excursión en velero, a una islita chachi, con canoas, gafas de buceo, barbacoa, cervezas, jodia música en vivo (cuatro jetas que cantaban como el novio de Karina) y curso de cómo abrir un coco… Pero bueno, no estuvo muy mal, por 47 euros por barba con barra libre.
No os llevéis a engaños, el país es caro, está poco desarrollado y tratan a los turistas como si fuésemos gilipollas. Viven de las lunas de miel y de las vacaciones familiares de neozelandeses, australianos y americanos. Vamos, es como la República dominicana, pero sin salsa, sin ron y más caro. Ahora me doy cuenta el chollo que son los “todo incluido” del caribe.
Al día siguiente, nueva excursión, esta vez truncada por
un aguacero que produjo un accidente múltiple (el peor parado, el 4X4
en el que nos llevaban) y vuelta a casa con dolor de cuello, Begoña;
y de pescuezo, yo.
Nueva intentona, un día más tarde, esta vez con un precioso día.
Bonito paseo por la selva, con baño en cascada y comida tradicional en
un poblado, que no estuvo mal y donde Adriá sacaría alguna idea
para la próxima temporada.
Hay que reconocer que el lugar cumple todos los estereotipos del paraíso,
las playas, el verde, las cascadas… de lo más fotogénico.
Cuanta peli de Polinesia nos hemos tragado, embobados, con sus paisajes y sus
chicas cariñosas con cocos como sujetador. Cosas de Holliwood. Aquí
ni cocos, ni top-less, y las chicas tienen una cara de brutas que Cristina Almeida
parece femenina.
Chavales, que bien estáis en el infierno… Menos mal que al fin
llegamos al paraíso, al de verdad: Nueva Zelanda. (Me va a dar para mucha
letra).
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