Recibido el 24 de abril de 2007

Me explota, explota, me expló…
Por Pepe Domenech

Javier y Agniesca nos habían invitado a acompañarles a Oualidia. Unos amigos suyos habían venido a visitarles y querían enseñarles la ciudad de las ostras. Pero estaba tan a gusto en pijama, viendo en el discovery channel un programa cacoso de unos tíos que pretendían hacer una segadora con un Ford Mustang, que lo que menos me apetecía era meterme 190 kilómetros marroquíes.

El sonido atronador hizo vibrar los cristales. En otras circunstancias habría tenido alguna duda pero tras las inmolaciones de esa semana parecía evidente que se trataba de una bomba. Llamé a Begoña pero se estaba duchando así que salí a la terraza y me asome para ver como la gente correteaba dirección a Moulay Youssef, a escasos 200 metros de nuestra casa y donde se encuentra los consulados de Bélgica y Estados Unidos. A los pocos segundos otra explosión. Esta vez al estar fuera el sonido resultó más cercano. En vista del tema decidí meterme en casa no fuera que me salpicara algún trocito de integrista.

Aisha llegó muy alterada. Dejo el bolso y bajo corriendo a ver que se cocía. Volvió a los pocos minutos dando toda clase de detalles escabrosos sobre lo que había visto antes de ponerse manos a la obra con sus quehaceres domésticos. Pronto empezaron a sonar las sirenas y a cortar las calles de la zona, por lo que cambié de parecer y le propuse a la maciza irnos a Oualidia a comernos unas ostritas y huir del desastre de controles que prometía convertirse Casablanca este fin de semana.

Llamamos a “los Agniescos” para decirles que les acompañábamos. Ellos viven a escasos 100 metros de nosotros, por lo que habían oído todo perfectamente. Y los invitados que más podían pedir, vacaciones con inmolaciones integristas en directo…

El viaje hacia la costa sur ha mejorado bastante con la inauguración de la autopista de El Jadida. Eran los 100 km más peligrosos de Marruecos que, difícilmente se hacían en menos de 90 minutos y que ahora se recorrían en la mitad.

Nos alojamos todos en L’aragneée gourmande, un hotelito muy básico y económico en el que te puedes hinchar a marisco y pescado por poco dinero. Y eso hicimos, y pasear por la playa y comprar unos centollos, los de Oualidia son cojonudos, para dar cuenta de ellos en Casablanca.

El terrorismo marroquí es ejemplar. Lejos de preparar cerracinas tipo 11-M, los terroristas se alejan de la gente para no herir a nadie. O eso, o una falta de eficacia sin parangón, más aun cuando la comparas con la eficiencia oriental mostrada en las aulas americanas. Para obtener el mismo resultado que el hijoputa coreano, los integristas marroquíes habrían necesitado la colaboración de 200 capullos dispuestos a morir…

Aunque resulta bastante extraño que en año electoral, los integristas decidan quitarse votos en unas elecciones que tienen ganadas. Porque cada unos de estos gilipollas que deciden ponerse un cinturón y explotar frente a la poli, le quita unos miles de votos a su propio partido. Aunque para comprender esto, habría que entender como funciona este país, más concretamente los servicios de inteligencia, y hasta donde está dispuesto a llegar el estado para no dejar gobernar a los islamistas que se han tragado demasiados pucherazos.

Amigos de la Alubia