Bogotá
Por Pepe Domenech
Hay una enorme y congestionada mancha gris en la verde Colombia.
A 2500 mts de altitud, la capital colombiana da cobijo a 8 millones de seres humanos, incluyendo narcos, guerrilleros y políticos corruptos. Y contra lo que se pudiera pensar, esto último es lo que más preocupa a los colombianos; pintadas, manifestaciones y carteles dan fé de ello. “Este país de mierda esta lleno de políticos corruptos” me dijo un italiano dueño de un hostal en Bogotá. Pero los políticos corruptos no dan el apelativo “de mierda” a un país, en ese caso deberíamos hablar de mundo de mierda. Y en Colombia, al menos, están metiendo en la cárcel a algunos de ellos, mientras en los países chachis, como el nuestro, se van de rositas.
La ciudad tiene unas dimensiones tremendas. En vez de metro el alcalde (uno de los que están en el talego) montó el transmilenio, una red de autobuses que circulan por carriles especiales y con unas estaciones parecidas a las de tranvía que hay en otras ciudades. Y claro 8 millones de almas no se mueven tan fácilmente. Así que el caos circulatorio es monumental y al invento le han cambiado el nombre por Transmuylleno.
Aunque la Candelaria, centro histórico de la ciudad es muy bonito, no se puede decir que Bogotá lo sea. Y la continua capota gris que la cubre tampoco ayuda. Si Medellín es la eterna primavera, Bogotá es el eterno otoño, con máximas de 18º y mínimas de 9º. Aunque el 95% de las capitales europeas firmarían por ese clima y esa capota.
Tras casi un semana en la capital colombiana hemos recorrido todo lo “interesante”, que es una franja que recorre de norte a sur el oriente de la ciudad, y que supone un 10% de su extensión total.
Laura, una amiga colombiana de Casablanca, me había dicho que no era Europa pero se le acercaba.
Claro que habría que preguntar qué Europa, la de Oslo o la de Nápoles, la de Bucarest o la de Paris.
Bogotá no es Europa, ni falta que le hace. Tiene el movimiento y la vida de las ciudades “menos avanzadas”, y el comercio y el aspecto en gran parte de ella de una de esas ciudades top fashion. Además de los museos y teatros, los innumerables centros comerciales con Zaras y Mangos (me refiero a las tiendas) y las zonas de restaurantes de todo tipo, tiene ese mercadeo callejero que caracteriza a países más pobres. Pero Colombia no tiene aspecto de pobre. Bogotá está repleta de universidades con miles de chavales y chavalas (que no me riña la Pajín) que abarrotan, calles, bares y cafeterías desde las 6:30 de la mañana.
La oferta gastronómica es amplísima, pero diferente a la de otros lugares. Los restaurantes con más prestigio son los peruanos. También hay montones de argentinos, mexicanos e italianos. Algunos franceses y españoles completan la oferta junto con unos pocos orientales y árabes. Aunque la comida es mayoritariamente colombiana a la que han incorporado recetas vecinas como las arepas y los cebiches. Comer es muy barato tanto comparado con España como con Casablanca. Hay montañas de garitos decentes en los que comer por unos 4 euros. Y en los buenos no sobrepasas los 20 euros a no ser que te pases con el vino.
Recomendables: 80 sillas, peruano en Utarqué. Los tiraditos de tilapia, entre carpaccio y sushi pero mucho mejor que ambos, con tomatitos asados y un papillote de corvina sabrosísimo. Vía María, en la zona Rosa. El arroz meloso de mariscos está fantástico. El Gato Negro en el parque 93 ofrece una carne muy buena (pedirla un punto menos del que te gusta) en un ambiente agradable, con música en vivo. El Son de los Grillos, antigua casa en La Candelaria, con decoración decadente música clásica y platos ricos y abundantes. El Gaudi, en La Macarena, unos de los españoles más recomendados. Los platos no son realmente españoles, con mucho cilantro e ingredientes locales. Aún así, tuvimos suerte porque los martes hacen un 30% de descuento por pagar con Visa???. América dulce América, con platos de todo el continente de norte a sur. Muy rico el salmón de Alaska sobre lentejas.
Dicen que hay que tener cuidado por la noche. Que aún hacen algún “paseíto” (secuestro express) en el que te llevan en taxi de cajero en cajero hasta que te dejan limpia la Visa. Pero no hay ninguna sensación de peligro.
A una hora en bus está Zipaquira un bonito pueblo con casas coloniales y una enorme mina de sal en la que han hecho una catedral subterránea. Una pijada. Aunque el pueblo merece la pena.
Si quieres gastarte la pasta de compras, Bogotá te ofrece una oferta interesante. Además de los mencionados centros comerciales, tienen montones de tiendas de artesanía, anticuarios... Si te gustan los mercados el de Palo quemado está de cine, con mucho género apetitoso y bien separado por secciones lo que siempre es agradable. Tanto la carne como el pescado y las frutas y verduras tienen un aspecto fantástico.
El barrio de San Andresito es una especie de Derbghalef pero en limpio y ordenado. Para lo que aún no conocen Casablanca, que no será porque no les hemos invitado, se trata de montañas de tiendecitas en las que comprar de todo, desde electrónica, informática o telefonía móvil, a ropa de deportes, maletas o jugutes. Más de 2000 tiendas forman este mercado colombiano.
La gran mancha gris esta llena de puntos de color que ofrecer al viajero.