Agradecimientos a D. Pablo Saiz de cuya página web hemos tomado parte de "COPRÓGENAS". No se la pierdan: http://www.geocities.com/marmoloff

C O P R O G E N A S

I
A su esposa reprende Don Torcuato
porque rompió la pobrecilla un plato.
Y olvida ese censor intransigente
de la torpeza ajena,
que él mismo, en la comida antecedente,
estrelló, por descuido, una docena
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Qué bien dijo Platón: -¡Todos tenemos
pelitos en el culo, y no los vemos!

II
Lamentábase el pobre Don Servando,
porque cagaba blando.
Y a los diablos se daba Don Arturo,
porque cagaba duro.
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En el mundo, ¡oh lector! -es cosa fuerte!-
ninguno está contento con su suerte.

III
Solazábase Rufo, una mañana,
ante unas rosas de encendida grana.
Mas sintió un apretón..., ¡y entre esas rosas
tuvo que echar al aire entrambas posas!
¡Y, ay, esas flores de color de fuego
quedaron del color del ojo ciego!
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Sin duda aquí se inspira
aquel antiguo adagio tan profundo:
Las cosas de este mundo
son del color del ojo que las mira.

IV
A Don Félix Trombón, que es una fiera,
le rompió la criada una sopera.
Y Trombón, con el ímpetu de un mulo,
le dio un tremendo puntapié en el culo.
Mas la criada, entre el dolor y el miedo,
en la misma nariz le soltó un pedo.
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A veces, al que más se envalentona,
le sale la criada respondona.

V
Purgose, cierto día, Don Balbino,
con tres vasos de aceite de ricino.
Bien sabe Dios que el pobre no abusaba,
al beber el aceite como el vino.
Eso, y a veces más, necesitaba
para poner el vientre en movimiento;
pues, según él contaba,
ya desde su lejana adolescencia,
padecía un atroz estreñimiento.
¡Oh, vosotros, espejo de decencia,
los que vais diariamente al excusado,
compadeced al hombre, que obligado
a conservar el bien de la existencia,
da entrada a la comida,
y no puede al residuo dar salida!
Como era Don Balbino muy galante,
y, aunque parezca extraño, muy corriente,
despreciando la fuerza del purgante,
marchó tranquilamente
a la tertulia donde pasa el rato,
encantando a las damas con su trato.
¡Pero ya le pesó!... La activa purga
su efecto preludió con ciertos ruidos;
como, del cornetín con los sonidos,
preludia sus tocatas una murga.
Soltó un pedo, dos, tres ... Se puso el pobre
más encendido que el rojizo cobre;
y cuando más luchaba y reluchaba,
temiendo al proyectil, que ya asomaba,
allí, de las señoras en el corro,
soltó de mierda un chorro,
que, aunque salió de incógnito, sobraba
para que sus vecinas infelices,
tuvieran que taparse las narices.
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Enseña la experiencia
que, en los casos de purga y de conciencia,
el que se mete en la ocasión la paga.
La ocasión es traidora ...., ¡al fin la caga!

VI
Por no gastar, Don Desiderio Angulo
no usa papel para limpiarse el culo.
Pero de la camisa en los faldones,
pinta, en cambio, al pastel, constelaciones.
Y en lejía, en jabón y en lavandera,
consume Angulo su fortuna entera.
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Como ves, el apólogo es muy claro:
lector querido, lo barato es caro.

VII
A Recaredo, joven de buen talle,
un pisotón le dieron en la calle.
Y el fiero pisotón trajo por cola
un desafío, a muerte y a pistola.
Marró el tiro el imberbe Recaredo,
y, al mismo tiempo, se cagó de miedo.
Y excusando su mala puntería,
-no le maté- decía
en tono de bravata-,
porque el tiro salió por la culata.
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No laváis el honor, ¡oh valentones
que del duelo ensalzáis la conveniencia!
antes bien, añadís a sus borrones
la mancha de la culpa en la conciencia,
y, en muchas ocasiones,
la mancha de la mierda en los calzones.

VIII
Por entrar Don Venancio, a la carrera,
en inmundo y oscuro cagadero,
metió el pie en el pestífero agujero,
y de mierda manchose la pernera.
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Con calma todos tus negocios trata;
si te apresuras, meterás la pata.

IX
Hablando a Elvira su galán Arturo
sintió en el vientre colosal apuro.
Y aguantando, aguantando, lanzó un pedo,
que apenas si sonó quedo, muy quedo ...
Y rojo como un pavo, dijo a Elvira:
¿Oyes?... ¡Mi pecho por tu amor suspira!
Y Elvira, ¡oh cuanto su candor admiro!
legítimo creyó el pseudo suspiro.
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Según la tradición del arte griego,
¡oh amor!, te pintan los poetas ciego;
pero después de quid pro quo tan gordo,
deben pintarte sin olfato y sordo.

X
Sorprende a Don Amós, sin darle espera,
el ciclón de una horrible cagalera.
Veloz, como un relámpago, se mete
en el ansiado puerto del retrete.
Y al quitarse convulso los botones,
se cagó, con la prisa, en los calzones.
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¡Ay, de las ilusiones la barquilla,
naufraga muchas veces en la orilla!

XI
¡Oh plato sin igual, tierna habichuela,
sustancioso manjar, barato y sano,
orfeón vegetal, a quien mi abuela
llamaba de los pobres el piano;
llena, llena mi panza,
ya que mi cesantía a más no alcanza!
Con esta invocación, todos los días,
saludaba Don Paco a las judías;
y concluyeron por gustarle tanto,
que, en época de lluvias,
rezaba tres novenas a su santo,
para que no se ahogasen las alubias.
Llegaba, en sus festines,
a devorar, con ansia verdadera,
un par de celemines;
mas un día pescó tal cagalera,
que saliendo, a la tarde, de paseo
a distraer sus horas de recreo,
abonó, sin ser visto, diez jardines.
Para atajar del manantial las fuentes,
ensayó toda clase de astringentes,
las píldoras, los sellos..., ¡mas en vano!
y llevando hasta el colmo el sacrificio,
aunque tenía dolorido el ano,
cerró, con un tapón, el orificio.
¡Precaución ilusoria! La avenida
descerrajó el tapón con la embestida.
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¡Oh, los que atesoráis bienes terrenos,
y nunca quedáis llenos;
leed en el trasero de Don Paco:
¡La insaciable codicia rompe el saco!

XII
Por tirarse una pluma,
se cagó en los calzones Moctezuma.
En caso igual, Napoleón primero,
en pura mierda se manchó el trasero.
Y otros muchos, sin ser Napoleones,
se han cagado también en los calzones.
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¡No aflojes nunca a la pasión la cuerda!
Lo que empieza por pedo, acaba en mierda .......

XIII
Jugaba con las ondas,
a la orilla del mar, Epaminondas.
En la arena sentado,
para burlar del agua la embestida,
echa los pies por alto, y así cuida
de evitar mojaduras al calzado.
Mas, por salvar las botas, el muy mulo,
una y cien veces se remoja el culo,
pescando tan feroces almorranas,
que por muchas semanas
¡oh tristes consecuencias de aquel juego!
vio las estrellas con el ojo ciego ....
---------------------
Entre personas cuerdas,
este aforismo desde entonces rige:
¡Preserva el culo, aunque las botas pierdas!
O entre dos males, el menor elige;
o juegas con las ondas,
como jugaba el pobre Epaminondas.

XIV
Don Tomás, glotonazo sin dinero,
devoró de castañas un puchero.
Mas las castañas son, como es sabido,
inyecciones de viento comprimido.
Y el pobre Don Tomás, la noche entera
la pasó en detonante pedorrera.
Y entre aquel disparar ventosidades,
clamaba el desdichado:
¡El castigo es la sombra del pecado!...
¿Siembras vientos?... ¡Recoges tempestades!

XV
Con ser muy viejo, se arriesgó imprudente
a cagar, en cuclillas, Don Vicente,
recordando que allá, cuando mancebo,
nunca de otra manera puso el huevo.
Mas cayó ¡desdichado! en su obra misma
y se puso de mierda, hasta la crisma.
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La verdad del adagio se asegura:
Distingue tempus, concordabis jura!

XVI
Proclamaba Juan, con varonil denuedo,
la libertad para emitir el pedo.
De aquí Benito, discurriendo, saca
la libertad para emitir la caca.
Y llama a Juan cangrejo reaccionario,
porque niega tan justo corolario.
Que es peer, sin cagar, un paso nulo
en el proceso lógico del culo.
--------------------
¡Oh vosotros, los hombres de la izquierda,
que defendéis el libre pensamiento,
y el anarquismo condenáis violento:
¿queréis el pedo y rechazáis la mierda?...

XVII
Se peía, con ruido Baldomero,
y todos le tenían por grosero.
Se peía, sin ruido, Bernardino,
y todos le tenían por muy fino.
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Dijo bien un filósofo profundo:
¡Todo es cuestión de formas en el mundo!

XVIII
No hay pueblo alguno donde no se encuentre
como ley anterior a todo Estado,
la carga de marchar al excusado
cuando, a su modo, lo reclama el vientre.
La siempre fiel naturaleza avisa
de cacas o de culpas la presencia,
llamando al cagalar, o a la conciencia,
con angustiosa prisa,
lo mismo en el anciano, que en el niño,
para que brillen, con albor de armiño,
el alma y la camisa:
y echarla de valiente,
desoyendo su aviso, no es prudente.
Pero al valor audaz se opone el miedo,
siendo los dos de la prudencia escollos;
pero que, si siempre que al salir del ano
cante su dulce libertad un pedo,
recelas ulteriores desarrollos,
y corres al retrete mas cercano,
querrás cagar, y sudarás en vano;
que no está siempre el horno para bollos.
En este abuso irracional tropieza
el pulcro Don Matías,
por su excesivo amor a la limpieza.
¡No hay hombre que no tenga sus manías!
Aun de noche, tan sólo sospechando,
por tal cual pedo tísico y mezquino,
que viene el desembarco de camino,
ya se figura que se está cagando...
da vueltas sobre vueltas, pierde el tino,
y lo mismo en verano que en invierno,
saltando de la cama, va al retrete,
donde, entre terno y terno,
sólo lanza algún mísero cohete;
sin que, después de trasudores grandes,
y de hercúleos trabajos,
ponga una pica en Flandes,
quiero decir ..., en los países bajos.
-----------------
¡Toda exageración es siempre mala!
¡Ni audaz ante el peligro, ni miedoso!
La loca audacia, en la ocasión resbala;
y el miedo vergonzoso
se espanta de cualquier pedo sin bala;
y se resiste a comprender que a veces,
es mucho más el ruido que las nueces.

XIX
Como ocurre aun al hombre más decente,
se le ocurrió cagar a Don Clemente.
Y esperando, en el parto, un buen suceso,
decía, sonriéndose, el muy pillo:
¡No hay placer tan honesto y tan sencillo,
como aliviar al vientre de su peso!
Mas -¡oh desilusión!- era tan gordo
el nonnato mokordo (1),
que se negaba a abandonar sus lares;
tan rebelde, tan sordo
a todos los esfuerzos musculares,
y aun a la entrometida lavativa,
que, ni hacia dentro, ni hacia fuera, iba.
------------------
En negocios que son de algún cuidado,
es siempre conveniente hilar delgado.

(1) En vascuence excremento humano duro. Quizá se derive de MOKOL
(tronco grande de árbol).

XX
Tiene loca pasión por el tresillo
el coronel Bombarda, hombre iracundo,
que, al sufrir la derrota de un codillo,
suelta la riendo a su dolor profundo,
botando de su asiento,
y armando un zipizape tan violento
de golpes, de porvidas, de clamores,
que meten menos bulla los tambores
con que marcha, al compás su regimiento.
Su constante adversario es Don Procopio,
Don Procopio Cienfuegos, que echa lumbre
cada vez que se encuentra sin un fallo,
y tiene la costumbre
de desahogar la hiel de su amor propio
con una interjección que yo me callo.
Sobre si era legítima una puesta,
riñeron, con tan fiera trapatiesta,
que a gritos, Don Procopio, hecho una furia,
llamó al adusto coronel, fullero;
y el coronel le devolvió la injuria,
dándole una puntera en el trasero.
Como era inevitable,
siguiose un desafío, que fue a sable;
y de Bombarda el vengativo brazo
saltó un ojo a Cienfuegos de un sablazo.
--------------------
Aquí se ve, a ojos vistas,
que esos pobres monotes de duelistas
el sentido común tienen perdido;
porque, dime, lector, ¿no es cosa rara
que si el ojo del culo es ofendido,
cueste el vengarle un ojo de la cara?

XXI
Preciábase, el ilustre Columela,
de ser habilísimo artillero,
que apagaba la vela,
con el primer disparo del trasero.
Mas, ¡ay!, un día aciago, Columela,
quemose el culo al apagar la vela,
resultando el incendio tan violento,
por la furia del viento,
y lo velludo que era,
que no quedó un solo pelo que no ardiera,
en toda la extensión del campamento,
de la revuelta y sucia pelambrera.
_________
No quieras emplear, como soplete,
lector querido, el tubo del ojete,
que es peligroso juego,
como dice el refrán: jugar con fuego.

Agradecimientos a D. Pablo Saiz de cuya página web hemos tomado parte de "COPRÓGENAS". No se la pierdan: http://www.geocities.com/marmoloff

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