Recibido el 30 de junio de 2007

Aire fresco
Por Pepe Domenech

Marisa nos invitó a comer un cuscús, el sábado, en su casa y tras el atracón, nos convenció para que el domingo por la tarde fuésemos a ver a su hija Bárbara (menos mal que le salió guapa, que con ese nombre te sale un callo y haces un ridículo del copón) que hacía los coros en uno de los grupos que tocaban en el Boulevard, un concierto multitudinario, de música fusión. Aunque la criatura ya ha cumplido los 31, la madre, con más marcha y mejor culo que su hija, aún no ha perdido el instinto maternal. Marísa se merecería una biografía de dos tomos y una serie televisiva, de horario nocturno, dirigida por Almodóvar.

La de Iscar aprovecho lo de ser rubia para colarnos por la entrada VIP, con la soltura de los que tienen tablas.

Unos 18000 jóvenes saltaban y bailaban como posesos al ritmo de Macaco, que era el plato fuerte del concierto. Eran chavales normales, sin barbas ni velos. Con camisetas con hojas de maría, vaqueros, gorras, sombreros… Supongo que esto no es noticia para nadie, a no ser que se recuerde que el hecho sucedía en un país en el que los integristas ganan las elecciones.

Al final no vimos ni a la hija ni a la madre, pero nos fuimos a casa con una bocanada de aire fresco.

Y es que a veces el aire fresco huele a sudor y porro

 

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