“Quisiéramos ver a Jesús”

Juan 12:21     

    Estas palabras, dichas a Felipe por dos griegos, expresan un buen deseo. No decían: “quisiéramos ver a la Virgen”, sino a Jesús. ¡Ojalá fuera el deseo de más personas! Hoy la gente quiere ver la tele, quiere ver diversiones, quiere ver cosas que no son para sus ojos, como por ejemplo la mujer del prójimo, y por eso en parte quiere ir a la playa, para ver a las mujeres media desnudas. Pero estos deseos y otros parecidos son malos y son pecados. En cambio, no es malo el querer ver a Jesús. ¡Sería la bendición más grande que pudiéramos tener! Estos dos griegos dijeron bien: “quisiéramos ver a Jesús”. Nosotros los que somos creyentes también le queremos ver. Pero no por lo que imaginamos es la cara de Jesús en las nubes, ni en un sueño, ni en el diseño de las quemaduras en una tortilla mejicana. Queremos ver a Jesús, cara a cara.

    Benditos los discípulos que anduvieron con Él y le vieron cada día, pero aun así algunos no se dieron cuenta de quién es Él. En Mateo 13:16-18 el Señor dijo a Sus discípulos: “Pero bienaventurados vuestros ojos, porque ven; y vuestros oídos, porque oyen. Porque de cierto os digo, que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron”. Ellos tenían el privilegio que habían deseado muchos profetas y justos a lo largo de la historia. Tenían delante suyo al Hijo de Dios, al Mesías, y le veían cada día. ¡Qué bendición, ver al Señor!

    Pero en Juan 14:9 el Señor pregunta a Felipe: “¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre”. Puede que sea así también con algunos de nosotros, porque el tiempo que llevamos en el Señor no es una garantía de conocerle como debemos. Ellos le veían, pero no acabaron de entender ni de apreciar Su identidad. Nosotros no le vemos, excepto a través de Su Palabra, y sin embargo, como los discípulos, muchos no pensamos en Él como deberíamos.

    En Lucas 19 Zaqueo quería verle. Había oído de Él, y ya que Jesús pasaba por Jericó, Zaqueo determinó que iba a verle. De modo que subió a un árbol, se puso alto para verle. Y vio al Señor, pero el Señor también le vio a él, y luego tuvo que bajar, porque el Señor le dijo: “Zaqueo, date prisa, desciende”. Pensemos en esto, que el Señor nos ve también a nosotros. Y aunque hayamos subido a un “árbol” de alta sociedad, intelectualismo, riqueza, fama, poder político u otra cosa, por altos que nos hayamos puesto, el Señor nos dice que si queremos verle a Él de manera personal, conocerle y tener comunión con Él, tenemos que descender. Para ver a Jesucristo así, hay que humillarse, hay que arrepentirse y creer el evangelio.

    En Juan 20:29 tenemos el caso de Tomás que no había estado con los demás discípulos cuando el Señor se les apareció, esta vez sí, estuvo, vio al Señor y creyó. Pero el Señor le comentó que creyó sólo porque había visto, y dijo: “Bienaventurados los que no vieron, y creyeron”. El deseo de ver a Jesús es bueno, pero no es necesario verle para creer. De hecho, después de Su ascensión vivo al cielo, no ha vuelto a manifestarse más. Muchos hablan de ver a Jesús en visiones, pero se equivocan.

    El apóstol Pedro dice en 1 Pedro 1:8, acerca del Señor Jesús: “a quien amáis sin haberle visto”, porque así es la condición de los creyentes después del tiempo de los apóstoles. Muchos han creído en el Señor y han recibido la bendición de la salvación por la gracia por medio de la fe, pero sin ver a Jesús. Todavía no le hemos visto, pero no es necesario verle para amarle. Cuanto más leemos acerca de Él en la Palabra de Dios, más le amamos.

    De momento nos quedamos con la esperanza de verle, y es una esperanza que un día pronto se cumplirá, porque el Señor ha prometido que vendrá a buscarnos y llevarnos a estar siempre con Él. Primero vendrá a arrebatar a la iglesia, ¡gloriosa reunión! “Y así estaremos siempre con el Señor” (1 Ts. 4:17). “Verán su rostro” (Ap. 22:4), no como juez, sino como su Dios, Señor y Salvador, su Compañero y Amigo eterno. Después vendrá a reinar en este mundo, y la Palabra de Dios dice: “He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá” (Ap. 1:7).

    Pero aquellos que no creen en el Señor Jesucristo, que no son Suyos, también le verán y le conocerán, no para bendición sino para maldición. Apocalipsis 20:11-12 dice: “Y vi un gran trono blanco y al que estaba sentado en él, de delante del cual huyeron la tierra y el cielo, y ningún lugar se encontró para ellos.  Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios”. Ellos también verán al Señor, pero Él será su Juez. Irán a la condenación eterna con la cara del Señor bien grabada en su memoria, habiéndole visto claramente, y siempre se acordarán del Hijo de Dios que murió por ellos pero que ellos rechazaron.

    Así que, todos veremos a Jesús, de una manera u otra. ¿Cómo le verás tú? ¿Es tu Señor y Salvador? ¿O sólo tienes curiosidad de verle y saber cómo parece? Prepárate ahora, porque quieras o no, pronto verás a Jesucristo.                                                                       

Cándido Gijón de Castro 27 agosto, 2006

El hermano, nativo de España, sirve al Señor en París, Francia, donde predica en dos congregaciones, una de habla francesa y otra de habla española.