NO TENER ENEMIGOS
“Dicen
que triste cosa es no tener amigos,
Pero más triste es no tener enemigos.
Porque quien enemigos no tenga,
Es señal de que no tiene,
Ni talento que haga sombra,
Ni bienes que se le codicien,
Ni carácter que impresione,
Ni valor temido,
Ni honra de la que se murmure,
Ni ninguna cosa buena que se le envidie”.
José Martí (1853-1895)
Y mejor todavía es lo que el Señor Jesucristo declaró: "¡Ay de vosotros cuando todos los hombres hablen bien de vosotros! porque así hacían sus padres con los falsos profetas". Lucas 6:26
Uno de los grandes defectos del evangelicalismo es su deseo de ser popular, respetado y aceptado. El Señor Jesucristo dijo claramente a Sus discípulos:
"Si el mundo os aborrece, sabed que a mí me ha aborrecido antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso el mundo os aborrece. Acordaos de la palabra que yo os he dicho: El siervo no es mayor que su señor. Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán; si han guardado mi palabra, también guardarán la vuestra" (Juan 15:18-20).
"En en mundo tendréis aflicción" (Juan 16:33).
Luego, en Santiago 4:4 leemos esto:
"¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios".
Es un desvío y un peligro buscar la aprobación del mundo o la popularidad. Lo importante es amar a Dios y serle fiel, andar en comunión con Él. Necesitamos la aprobación de Dios, no los aplausos de los hombres, ni siquiera de los hombres evangélicos. El eco de sus aplausos pronto desaparecerá, pero la aprobación de Dios, "bien hecho siervo fiel", es para siempre.
Carlos Tomás Knott
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