Los Neo-Hermanos
por William MacDonald y O. Jean Gibson
El mundo teológico ya está familiarizado con los términos
"neo-ortodoxo" y "neo-evangélico". Ahora podemos añadir un
tercer término, "neo-hermanos”. Todos ellos emplean un vocabulario
conocido y fiable, pero sus nuevas interpretaciones son de un significado
completamente distinto. En el caso de los neo-hermanos,
promocionan ideas nuevas, prácticas nuevas y cambios que dan algo muy distinto
a la línea fundamental de las asambleas. Si los hermanos de antaño pudieran
visitar algunas de esas iglesias de los neo-hermanos, es dudoso pensar que
encontraran muchas similitudes a lo que consideraban el patrón bíblico y
neo-testamentario de la iglesia.
Admitimos comúnmente que no hay necesidad alguna de estar
sujetos a prácticas que no tienen ninguna relación con la enseñanza del Nuevo
Testamento, es decir, con meras cuestiones de cultura o de tradición. No
obstante, ha llegado a ser una práctica común entre algunos de
los neo-hermanos considerar enseñanzas sobre las que las Escrituras
hablan claramente y etiquetarlas de “tradicional”.Vuelven a interpretar la
Biblia según su propia cultura, o según sus caprichos. Quieren aparentar como
que son fieles a los principios, pero los minan con sutileza y los cambian. He
aquí algunos de los temas generales de los neo-hermanos
sobre los que ellos hacen hincapié. Es obvio que no se puede aplicar cada punto
a cada iglesia o individuo entre ellos.
1. Ellos dan mucha importancia al número de
asistentes a las reuniones de la iglesia, y descuidan todo lo concerniente a
los preceptos bíblicos, o referente a cualquier cosa que pueda impedir el
crecimiento numérico de la iglesia.
2. El énfasis que siempre hemos puesto en la
Cena del Señor, ha sido reducido y debilitado por ellos, es decir: su
importancia, su frecuencia, la participación de los hermanos varones dirigida
por el Espíritu Santo. La reunión tiende a ser progresivamente más dirigida, es
decir: organizada, orquestada y controlada por los hombres.
3. Los temas de las predicaciones son
escogidos de acuerdo al interés o a la atracción que tienen para la gente. Lo
que el público quiere es lo que importa en vez de todo el consejo de Dios. Con
frecuencia los temas están basados en psicología secular y en frases y dichos
populares en lugar de ser una exposición sistemática de las Escrituras. Lo suyo
es un púlpito populista que emplea las tácticas del mundo de la diversión o de
los que montan espectáculos.
4. Hay una falta de atención a lo que
conduce a un avivamiento verdaderamente espiritual, como es la oración, la
convicción, la confesión, el arrepentimiento y la obediencia. Dependen de unas
estrategias eclesiásticas del “marketing”. Falta la ofensa de la cruz.
5. Algunos de los responsables en las iglesias
enseñan la igualdad de los varones y las mujeres con respecto a su posición en
Cristo (con lo cual todos estamos de acuerdo), pero no reconocen la enseñanza bíblica
que los varones y las mujeres, por la mano de Dios, tienen funciones distintas
en la iglesia y en el hogar. Cualquier otra posición la condenan
y la denuncian como tradicional y opresiva que roba a la iglesia los dones de
las mujeres y niega el sacerdocio de todos los creyentes. Muchas veces ellos
desaniman a las mujeres tocante al use del velo, porque creen que tal use podría
ofender a los visitantes.
6. El ministerio público de la Palabra de
Dios queda generalmente limitado a un solo hombre, y preferiblemente a uno que
haya recibido formación “profesional” (es decir, en un instituto o seminario).
Esta práctica dejaría descalificados a nuestro Señor y a sus apóstoles. Se da
poca oportunidad para que los hermanos más jóvenes vayan desarrollando sus
dones espirituales con respecto a este ministerio.
7. Con demasiada frecuencia hay una actitud
de burla o ataque hacia las asambleas y sus distintivos. Los preceptos de la
iglesia neotestamentaria son reducidos y simplificados hasta que llegan a unas
muy escasas enseñanzas, y son tan sencillas que casi cualquier tipo de iglesia
evangélica cabe en su definición, a pesar de lo que piense, predique y
practique. Tanto en público como en privado critican y censuran a los primeros
hombres claves del movimiento conocido como “los hermanos” (y especialmente a personas
como a Darby).
8. Los descritos en el párrafo anterior todavía
quieren clasificarse como “de los hermanos”. De esa manera ellos y sus iglesias
pueden seguir gozando del apoyo financiero y la asistencia médica provistos
para tales iglesias y sus obreros. Pero no tienen que demostrar una lealtad
verdadera a las asambleas y a sus distintivos.
9. La tendencia es centralizar todos los
ministerios importantes en manos de unos miembros con formación profesional,
que componen una especie de “facultad asalariada” en la iglesia. Hay muy poca
diferencia entre eso y el sistema de clero y laicos. Es bastante común verlos
delegar las funciones y las responsabilidades propias de los ancianos (pastores)
a psicólogos que por supuesto cobran por su “ministerio”.
10. Todo esto da como resultado la creación de
una división en las asambleas, separándolas en dos grupos. Esa división es
alimentada todavía más por la formación de asociaciones y las convocatorias de
conferencias especiales con el propósito de investigar y repasar la historia
del movimiento. A primera vista tales asociaciones y conferencias pueden
parecer inocuas, pero en realidad son empleadas para denigrar al movimiento y
promocionar las metas y los principios de los neo-hermanos
que hemos apuntado en los párrafos anteriores. El resultado es una polarización
entre las asambleas.
Sería mucho más honesto a íntegro si estos neo-hermanos se
separaran de las asambleas y formaran cualquier otro tipo de iglesias locales
como quisieran, pero fuera de las asambleas.
Es cierto que necesitamos ser avivados y necesitamos ver el
ministerio refrescante del Espíritu Santo entre nosotros. Hay mucho de qué
arrepentirse. No obstante, no necesitamos arrepentirnos de los preceptos
escriturarios ni abandonarlos. Necesitamos practicarlos mejor.
(traducido por Carlos Tomás Knott, con permiso, de la revista “Uplook”, marzo de 1991.)