¿Cuál
es la diferencia entre un mono...
y usted? (por favor, no se ofenda)
La enseñanza acerca de la evolución han tenido un impacto profundo en nuestra sociedad. La ingeniería genética, los abortos y la eutanasia radican en la opinión de que en la formula de la vida, realmente no hace falta un Dios.
Por “evolución” no debemos entender sencillamente “cambio”, sino más bien la idea de que las moléculas se transformaron en un ser humano (y en todo lo demás) simplemente por un proceso natural. La teoría que afirma que de alguna manera, al azar, puede surgir vida de algo inanimado, es francamente absurda. La generación espontanea ya fue demostrada falsa hace muchos años, por Redi, Pasteur, y otros. Pero este concepto ha sido entrado de nuevo, clandestinamente, por los que buscan una alternativa a Dios.
Aun más destructiva es la idea de que la materia impersonal y sin inteligencia haya podido producir de alguna manera al hombre con su personalidad, razón, y sus conceptos de moralidad. Esta teoría es en sí auto-destructiva. Darwin mismo dijo: “Conmigo siempre surge la duda horrible de que si las convicciones de la mente humana, la cual ha sido desarrollada de la mente de animales inferiores, tienen valor alguno o son realmente dignos de confianza. ¿Confiaría alguien en las convicciones de un mono, si en semejante mente hubiera convicciones?” Si su cerebro es un accidente, ¿cómo puede confiar en sus pensamientos?
Negando que Dios existe, el hombre acaba negando su propia humanidad. La verdad, la hermosura y el amor ya no tienen sentido. La Biblia afirma: “Dice el necio en su corazón, no hay Dios” (Sal. 53:1). No importa cuánto intente suprimirlo, aún surge desde lo profundo de cada uno aquella protesta que le dice que no es meramente un animal ni una máquina. Usted no debe esta forma de pensar a un ameba; pues la recibió de Dios, del Dios que le creó y que le llama a acercarse a Él. "Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna" (Juan 3:16).