Laodicea y el Amor Propio

 

            De las siete iglesias mencionadas en Apocalipsis 2 y 3, al menos las últimas cuatro son características de las iglesias en nuestro tiempo. De todas ellas, Laodicea es la que más debe gustar a los psicólogos, porque tenía muy buen concepto de sí misma, muy buena auto-imagen. Laodicea, la que tanto disgusta al Señor que la vomita de Su boca, se cree bendecida y preparada, no padece de ninguna duda ni complejo de inferioridad. El Señor hace resaltar la diferencia entre lo que ella cree (positivamente) acerca de sí misma, y lo que realmente es:

 

            Su Concepto De Sí Misma:                                             La Realidad Espiritual:

            Tú dices:                                                                         No sabes que tú eres:

            Yo soy rico                                                                      tibio (v. 16)

            me he enriquecido                                                           un desventurado

            de ninguna cosa tengo necesidad                                     miserable    

                                                                                                  pobre

                                                                                                  ciego

                                                                                                 desnudo

                                                                                                 la vergüenza de tu desnudez (v. 18)


    El amor propio ha sido un problema siempre, dondequiera que estén los seres humanos. Nació en el corazón de Lucifer, produjo su caída, y de pronto apareció en Adán y Eva. ¿En qué libro de la Biblia no se ve los problemas causados por el amor propio? Pero, si en toda la historia de la Iglesia ha habido un cumplimiento destacado de este texto, es ahora, en la cristiandad de nuestros tiempos. Estamos viviendo en los tiempos de Laodicea.

            Sí, es verdad que en un sentido la Iglesia Católica representa Laodicea, porque siempre se ha creído rica, y porque Cristo está fuera de ella. En estos sentidos ella es como Laodicea.

            Pero si seguimos mirando, veremos que las iglesias protestantes y evangélicas ahora están plagadas de la misma actitud de Laodicea. Incluso algunas reciben dinero del estado, y otras quieren hacerlo, codician el dinero del gobierno y lo quieren “ordeñar”. Pueden decir: “nos hemos enriquecido”.

            Pero también a nivel individual y congregacional, los síntomas de Laodicea son las cosas que cada vez más los líderes y supuestos maestros enseñan y apoyan: que hay que tener un buen concepto de uno mismo, apreciarse, realizarse. En la medida que sea así, es el liderazgo de las iglesias evangélicas quien lleva la culpa por este desvío anti-bíblico, por conducir al pueblo hacia Laodicea.

            Los llamados “psicólogos cristianos” han conseguido criar a una generación de evangélicos que creen en el amor propio y lo cultivan sin vergüenza. A través de seminarios, institutos y libros han conseguido corromper a los pastores y ancianos en muchos lugares con la psicología pastoral. De modo que ahora la psicología, que es la filosofía y sabiduría del mundo, parece a muchos “cristianos” la cosa más normal del mundo. Los nacidos en los últimos veinte o treinta años no tienen la perspectiva histórica necesaria para saber que antes se predicaba que el amor propio era un pecado. Ahora enseñan lo contrario.

            ¿Y el fruto? Laodicea. Ahora más que nunca las “iglesias” y los supuestos “cristianos” se alaban a sí mismos en lugar de alabar al Señor. El gobierno las reconoce como importantes, dignas de derechos, de fondos, etc. Tienen sus seminarios, y por supuesto, sus teólogos correctamente letrados, hombres  (y mujeres) titulados y también provistos de una licencia o carné de “ministro de culto”. Tienen sus congresos y sus declaraciones.

            He aquí su pobreza espiritual. Espiritualmente son iglesias tibias. Confunden los aplausos y las palmadas con el Espíritu.

            Son desventuradas, porque sus “bendiciones” vienen del mundo en lugar del cielo. Se han olvidado de personas como Moisés quien escogió sufrir con el pueblo de Dios y menospreció las riquezas de Egipto. Hoy en día casi el único que sufre en esas iglesias es el que intenta corregir algunas de sus doctrinas y prácticas mundanas.

            Son miserables porque no conocen ni el verdadero gozo de la salvación ni el que da servir a Cristo, sino sólo la alegría carnal de amarse a sí mismos y salirse con la suya, o la felicidad de ser populares y aceptados en el mundo.

            Son pobres, porque carecen, no de dinero sino de poder espiritual y bendición del Señor. Esto es porque no viven en santidad. Por ejemplo, ¿cuál es el “grupo de jóvenes” evangélicos (términos no bíblicos) que destaca la santidad personal, la separación del mundo y la devoción al Señor? Entre los que pretenden predicar el evangelio es difícil hallar a uno sin payasos, títeres, pantomima o roqueros. Se parecen más bien como los que salen en MTV o algo así, y tal vez esto sea porque miran con admiración e imitan al mundo. ¿Cómo puede el Espíritu SANTO bendecir a personas que piensan y proceden como la iglesia en Laodicea?

            Es difícil que haya avivamiento cuando no se quiere reconocer ni tratar el problema que lo impide: el pecado. Sin embargo, hay iglesias que declaran que no existe la disciplina eclesial. Al contrario, es justo lo que el Señor instituyó para preservar la pureza y el poder de la vida espiritual.

            Son iglesias ciegas, porque ante las afirmaciones claras de la Palabra de Dios se les oye decir muy a menudo: “no lo veo así”. Lo que antes se creía y practicaba, ahora la nueva generación pone en tela de juicio, y rehúsa creer. No ven la importancia de la doctrina de la impecabilidad de Cristo o la infalibilidad de las Escrituras. No ven la importancia de la separación del mundo. No ven por qué no puede integrarse la psicología y la sociología en la iglesia? No ven por qué el “marketing” (estrategias de compra-venta) no es para la iglesia, ni por qué no usar las diversiones y tácticas de las “bellas artes” para ganar almas. Y como no lo ven, no entienden por qué la Biblia es única, autoritativa y suficiente como guía para los creyentes. Probablemente muchos de ellos no ven porque no creen. Creer es ver.

            Pero como no se han convertido de verdad, están desnudas: no están vestidas de la justicia de Cristo, ni de Cristo mismo, ni de la armadura del creyente. Andan espiritualmente desnudas y enseñan la vergüenza de su desnudez. Además, hay  inmoralidad consentida en algunas congregaciones. Y hablando de cubrir desnudez, hay otras facetas del problema. Muchos “evangélicos” ya no se visten como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia. Las mujeres no se atavían con pudor y modestia, sino carnalmente siguen las modas del mundo y enseñan su cuerpo. Se parecen más como las mujeres que el Señor reprende en Isaías 3 que como mujeres que profesan piedad. Incluso algunas mujeres de pastores o ancianos, a quienes se les ha tenido que llamar la atención por la forma inmodestia y mundana de vestirse y presentarse en público. Pero lo tomaron a risa y respondieron sarcásticamente y con desprecio. El espíritu de Laodicea prevalece donde el amor propio es enseñado y permitido. 

            Todas estas cosas y muchas más, surgen cuando el yo es exaltado en lugar de ser negado. Nuestro Señor Jesucristo no dejó lugar a dudas cuando declaró: “si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día y sígame” (Lc. 9:23). Tengamos por cierto que sobre esto no ha rebajas, ni ahora, ni nunca. El cristianismo no es asistir a ciertas reuniones ni participar en ciertas actividades. El cristianismo es seguir a Cristo, y esto cambia toda la persona y toda la vida. Pero, ¿quién va a hacer esto en congregaciones donde se enseña ahora, en lugar de negarse a sí mismo, amarse a sí mismo? Ahí está gran parte del problema.

            A los que no quieren verlo así, ni piensan cambiar su proceder, el Señor les reprende y castiga, y les llama al arrepentimiento. ¿Qué dices? ¿Arrepentirse las iglesias evangélicas? Sí, comenzando con los líderes que las han desviado del buen camino (ver Jer. 6:16). Porque si no, como pasó en Laodicea, dentro de poco serán vomitadas de la boca del Señor, y rechazadas con violencia justo antes de Su venida para arrebatar a los Suyos. Esto sabemos porque el Señor lo promete, y Él no habla por hablar. Tales personas e iglesias laodiceanas sólo podrán formar parte de la apostasía. No serán arrebatadas, porque ¿qué harían en un lugar tan santo y separado como el cielo? Lo suyo es la feria de vanidades, no las amables moradas de Jehová (Sal. 84).

            El misterio de la iniquidad ya obra en el mundo (2 Ts. 2:7), y cada vez obra con más ímpetu y alcance. El tiempo es corto (1 Co. 7:29), el fin de todas las cosas se acerca (1 P. 4:7). Seamos sobrios y velemos en oración. El Señor viene, y trae consigo Su recompensa (Ap. 22:12). Todo aquel que de veras le espera, se purifica a sí mismo así como Él es puro (1 Jn. 3:3).

Lejos de nosotros esté el espíritu de Laodicea. Como dice el himno: “Levántate, iglesia, sacude el sopor; que viene en las nubes, tu Esposo y Señor”.

Carlos Tomás Knott