¿Dónde Está El Enemigo?

    En los primeros días de la iglesia no era difícil reconocer dónde estaba el enemigo. Estaba en todas partes alrededor de ellos, pero estaba fuera de la iglesia. Las autoridades religiosas del judaísmo no pretendían ser cristianas. De hecho, consideraban que el cristianismo era enemigo suyo y procuraban erradicarlo. Saulo de Tarso, enemigo jurado de los cristianos, fue descrito así: “respirando aún amenazas y muerte contra los discípulos del Señor” (Hch. 9:1). Cuando Ananías fue enviado a poner sus manos sobre Saulo para que recobrara la vista, dijo: “Señor, he oído de muchos acerca de este hombre, cuántos males ha hecho a tus santos en Jerusalén” (Hch. 9:13). La iglesia conoció y reconoció su enemigo.

    En el mundo de nuestros tiempos andamos frecuentemente sin saber dónde está el enemigo. Está dentro de las iglesias y finge ser uno de nosotros. En algunos de los libros postreros del Nuevo Testamento somos advertidos que esto va a suceder: “Habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras...” (2 P. 2:1). Judas también testificó: “Porque algunos hombres han entrado encubiertamente” [ganando entrada por una puerta lateral] (Jud. 4). Fuimos advertidos que esto iba a suceder, y ciertamente ha pasado. Hoy en día los mayores enemigos de la iglesia son los que están dentro de ella. Esto hace surgir tres preguntas interesantes: (1) ¿Cómo llegaron a entrar? (2) ¿Cómo podemos reconocerlos?  (3) ¿Cómo podemos combatirlos?

1. ¿CÓMO LLEGARON A ENTRAR?

Satanás los puso allí porque él sabía que sería un modo eficaz de estorbar el crecimiento de la iglesia. Puesto que no tuvo éxito con la persecución desde fuera, intentaría lograr sus fines mediante una perversión interior de la verdad. “Porque éstos son falsos apóstoles, obreros fraudulentos, que se disfrazan como apóstoles de Cristo. Y no es maravilla, porque el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz. Así que, no es extraño si también sus ministros se disfrazan como ministros de justicia; cuyo fin será conforme a sus obras” (2 Co. 11:13-15).  Puesto que la iglesia sufre tan poca persecución hoy en día, es ventajoso y aun atractivo a los falsos y pretenciosos avanzarse a posiciones de autoridad. Para algunos “el ministerio” es un modo de conseguir ganancias. “Se lanzaron por lucro en el error de Balaam” (Jud. 11). Para otros, es un modo de ganar popularidad, tener reputación de “bueno” o “honesto”, y en más de un caso, quizá ganar una elección y una posición de poder político. “Ellos son del mundo; por eso hablan del mundo, y el mundo los oye” (1 Jn. 4:5). Por esto necesitamos “buenos porteros”, y éstos son los ancianos. Un anciano que no está físicamente presente en la congregación, y visitando a los hermanos, no puede hacer este trabajo. Su compromiso imprescindible es con la asamblea, no con el ministerio itinerante, las conferencias, los viajes, etc. El pastor tiene que estar con el rebaño y conocerlo bien. “Sé diligente en conocer el estado de tus ovejas, y mira con cuidado por tus rebaños” (Pr. 27:23). Con las palabras: “sé diligente” se enfatiza el trabajo constante de pastoreo, y que no se puede hacer a ratos perdidos, ni dejar de hacerlo después de un tiempo, porque el rebaño no se cuidará a sí mismo, necesita atención y siempre tiene enemigos dispuestos a entrar cuando falte el pastor.

2. ¿CÓMO PODEMOS RECONOCERLOS?

Generalmente los falsos maestros intentarán emplear palabras que suenan aceptables a los creyentes. Han aprendido el “vocabulario evangélico”. Por eso una mera pregunta a veces sacará una respuesta “estandar”, ortodoxa, y el ingenuo se quedará contento. Pero hay que rascar bajo la superficie, y preguntar qué quiere decir con esto. Es necesario descubrir lo que realmente creen acerca de la Persona y obra del Señor Jesucristo. Ésta es la prueba definitiva. No pueden estar en lo correcto en ninguna otra doctrina si están equivocados en su modo de pensar acerca del Señor Jesucristo. “Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo. En esto conoced el Espíritu de Dios: Todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne, es de Dios; y todo espíritu que no confiesa que Jesucristo ha venido en carne, no es de Dios...” (1 Jn. 4:1-3). También para saber qué creen, a veces ayuda saber qué es lo que dicen a otros cuando los ancianos no están presentes. Porque a veces emplean dos juegos de palabras o enseñanzas, unas en público cuando están siendo vigilados, y otras aparte cuando sienten “más libertad de expresión”. A nosotros esto nos escandaliza, pues es deshonesto, pero el falso maestro lo hace sin parpadear, pues le parece totalmente normal y necesario. Por eso él puede aprovechar la ingenuidad de los hermanos para pasar desapercibido. Si sonríe y es amigable, esto desarma a los demás y gana amigos para futuros conflictos, así que no hay que dejarse llevar por la sonrisa y la amabilidad. Pueden ser meramente tácticas de “relaciones públicas”. Según 1 Pedro 3:15 debe estar preparado en todo momento a dar razones de sus creencias, pero pocas veces se le pregunta con precisión.

3. ¿CÓMO PODEMOS COMBATIRLOS?

Hay ciertas acciones que especialmente necesitan ser realizadas por los ancianos, los pastores del rebaño, porque a ellos se les ha encargado especialmente, por medio de Pablo, que protejan de error al rebaño. Si dejan correr el asunto, o no responden incisivamente, porque no quieren el conflicto, esto es lamentable, pues para eso el Señor les ha puesto. “Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre. Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán al rebaño. Y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos. Por tanto, velad...” (Hch. 20:28-31). Esta vigilancia es ejercida de tres maneras distintas:

    (1) TENER UNA ACTITUD DE VIGILAR Y SABER QUÉ ESTÁ PASANDO. Los falsos maestros son tan engañadores como lo es Satanás. No podemos tener la actitud de que: “esto nunca pasará aquí”. Puede suceder, y sucederá. Debemos estar constantemente en alerta para poderlo identificar y para al principio. “Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo” (Ef. 6:11). El buen soldado está preparado parar el combate al principio del conflicto. No espera hasta que el enemigo gane ventaja. Y si el enemigo se mueve, no se queda el buen soldado sin entrar en el conflicto, diciendo que no quiere “entrar en el juego”. Es su deber defender lo que está bajo su cuidado. Pablo tuvo que amonestar a la asamblea en Corinto porque no actuó tajantemente contra el pecado que había surgido, aunque en este caso no fue falsa doctrina, sino inmoralidad, pero el principio es el mismo.

    (2) EMPLEAR LA PALABRA DE DIOS COMO ARMA OFENSIVA CONTRA EL ENEMIGO. Toda otra arma será ineficaz. La Palabra de Dios es capaz de luchar efectivamente contra la falsa doctrina. “Y tomad...la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios” (Ef. 6:17). “Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo; para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error, sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo” (Ef. 4:11-15).

    (3) ECHAR FUERA A LOS QUE INSISTEN EN ENSEÑAR INCORRECTAMENTE DESPUÉS DE SER CORREGIDOS. “Mas os ruego, hermanos, que os fijéis en los que causan divisiones y tropiezos en contra de la doctrina que vosotros habéis aprendido, y que os apartéis de ellos. Porque tales personas no sirven a nuestro Señor Jesucristo, sino a sus propios vientres, y con suaves palabras y lisonjas engañan los corazones de los ingenuos” (Ro. 16:17-18). Deben ser señalados no sólo en privado sino también públicamente, en la congregación (1 Co. 5:4 “reunidos vosotros”). Cualquier tolerancia de esta clase de persona permite al cáncer crecer o a la levadura extenderse. Sólo necesita tiempo para hacer su obra, con que las ideas de esperar y ser más pacientes son conceptos utilizados por el enemigo para arraigarse todavía más en la congregación. Con tiempo, será todavía más difícil hacer la limpieza necesaria, y quizá imposible. No hay que esperar que un cáncer se dé cuenta de lo que es y deje de serlo, ni que la levadura reconozca que ha hecho mal y deje de hacerlo. Es su naturaleza, y no hará otra cosa. Es menester sacar fuera de la asamblea, para el bien de ella, a los que enseñan mal o causan divisiones o tropiezos en los hermanos en público o privado.

Robert Gessner

traducido y adaptado por Carlos Tomás Knott, con permiso, de Milk & Honey (“Leche y Miel”), Octubre 2000