LAS DENUNCIAS SECRETAS

El dicho: "tirar la piedra y esconder la mano" describe a aquellos que halagan por delante y ofenden por detrás, y que tampoco tienen valor para presentar sus quejas y críticas cara a cara, sino que desean involucrar a terceros como "agentes" suyos.

    Pero en Venecia, Italia, tendrían que decir "meter la denuncia y ocultar la identidad". Allí, en el palacio del Doge en la plaza de San Marcos, se encuentran unos "buzones" que antes servían para tales denuncias. Durante la edad media, la cuidad fue gobernada por el "Consejo de Diez". J. H. Plumb escribe en su libro sobre el Renacimiento Italiano: "Tan fuerte era el deseo de entremeterse del Consejo de Diez que colocaron las famosas "bocas de leones", que eran buzones por medio de los cuales los venecianos podían informar anónimamente al Consejo acerca de sus vecinos". Bajo la boca buzón una inscripción dice: "Denontie secrete contro chi occultera gratie et offici o colludera per nasconder la vera rendita d'essi". O sea, una verdadera institución hecha en piedra para denunciar anónimamente a cualquiera de los ciudadanos de la serenísima república veneciana. El denunciante sólo había de llegar hasta la piedra oculto entre las tinieblas de la noche y depositar en el buzón las pruebas, y a veces ni siquiera eso - que incriminaban a un vecino, a un funcionario o tal vez simplemente a un deudor moroso. Así podía poner en marcha el poder inquisitivo del Consejo, sin jamás tener que dar la cara. Dentro del palacio del Doge hay sala de juicio, sala de tortura, y celdas para los acusados y los condenados. El puente que pasa de las salas "investigatorias" a la cárcel subterranea se llama "el puente de los suspiros", por los suspiros de aquellos que cayeron en manos del "Consejo".

    Así era y así todavía son las cosas en el mundo en muchos lugares, pero "tirar la piedra y esconder la mano" y "meter la denuncia secreta" no es de cristianos. La Palabra de Dios habla en términos claros acerca de estas cosas:

Job ora así:

“Dame fianza, oh Dios; sea mi protección cerca de ti. Porque ¿quién querría responder por mí?  Porque a éstos has escondido de su corazón la inteligencia; por tanto, no los exaltarás.  Al que denuncia a sus amigos como presa, los ojos de sus hijos desfallecerán” (Job 17:1-5).

David, hablando del malo, escribe así:

“Se sienta en acecho cerca de las aldeas; en escondrijos mata al inocente. Acecha en oculto, como el león desde su cueva” (Sal. 10:9-10).

“Los malos tienden el arco, Disponen sus saetas sobre la cuerda, Para asaetear en oculto a los rectos de corazón” (Sal. 11:2).

Describiendo el carácter piadoso, dice: “El que no calumnia con su lengua, ni hace mal a su prójimo, ni admite reproche alguno contra su vecino” (Sal. 15:3).

Observa el daño hecho a una persona que descubre que otros le están criticando: “He venido a ser como un vaso quebrado. Porque oigo la calumnia de muchos” (Sal. 31:12-13)

  “Reunidos murmuran contra mí todos los que me aborrecen; Contra mí piensan mal, diciendo de mí” (Sal. 41:7).

“Escóndeme del consejo secreto de los malignos, De la conspiración de los que hacen iniquidad, que afilan como espada su lengua; Lanzan cual saeta suya, palabra amarga, para asaetear a escondidas al íntegro; De repente lo asaetean, y no temen” (Sal. 64:2-4).

"Contra tu pueblo han consultado astuta y secretamente” (Sal. 83:3).

  “Corazón perverso se apartará de mí; No conoceré al malvado. Al que solapadamente infama a su prójimo, yo lo destruiré; No sufriré al de ojos altaneros y de corazón vanidoso” (Sal. 101:4-5).

  “Perversidades hay en su corazón; anda pensando el mal en todo tiempo; Siembra las discordias” (Pr. 6:1).

"El hipócrita con la boca daña a su prójimo” (Pr. 11:9).

Acerca del calumnias, chismes y críticas secretas dice:

  “El que encubre el odio es de labios mentirosos; y el que propaga calumnia es necio. En las muchas palabras no falta pecado; mas el que refrena sus labios es prudente” (Pr. 10:18-19).

“Seis cosas aborrece Jehová, y aun siete abomina su alma...” (la séptima) “...el que siembra discordia entre hermanos (Pr. 6:16-19).

“El que anda en chismes descubre el secreto; No te entremetas, pues, con el suelto de lengua”. (Prov. 20:19)

“Ni aun en tu pensamiento digas mal del rey, ni en lo secreto de tu cámara digas mal del rico; porque las aves del cielo llevarán la voz, y las que tienen alas harán saber la palabra”. (Ecles. 10:20)

El proceder correcto es:

“La cordura del hombre detiene su furor, Y su honra es pasar por alto la ofensa” (Pr. 19:11). En primer lugar, debemos aprender a pasar por alto la ofensa. No debemos ser personas fáciles de ofender, primero porque no forma parta del carácter piadoso. Dios es paciente y misericordioso, y debemos serlo también. Además, como Santiago 3:2 dice: “todos ofendemos muchas veces”, y esto ciertamente nos incluye. Los que tienen deseo de guardar ofensas y no perdonar deberían pensar si les gustaría que otros hiciesen lo mismo con ellos.

En Levítico 19:17 leemos:

“No aborrecerás a tu hermano en tu corazón; razonarás con tu prójimo...” El que critica a su hermano a terceros o le denuncia secretamente está manifestando odio, no amor. Si alguien viene a nosotros con una queja, crítica o denuncia respecto a su hermano, debemos remitirle a su hermano y no escuchar excusas como “no me oirá” o “tengo miedo”. La Biblia dice:  

“ Trata tu causa con tu compañero, Y no descubras el secreto a otro” (Prov. 25:9). ¡Cuánta desobediencia hay a este consejo divino, y cuánto dolor y confusión causan los que no obedecen al Señor.

“Por tanto, si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano” (Mt. 18:15).

“Hermanos, no os quejéis unos contra otros, para que no seáis condenados; he aquí, el juez está delante de la puerta” (Stg. 5:9).

  “Mirad por vosotros mismos. Si tu hermano pecare contra ti, repréndele; y si se arrepintiere, perdónale” (Lc. 17:3).

    Si no estás directamente implicado, no te entremetas como tercero, porque esto es malo.

“Así que, ninguno de vosotros padezca como homicida, o ladrón, o malhechor, o por entremeterse en lo ajeno” (1 P. 4:15).

Si has hablado a terceros mal acerca un hermano, le has hecho daño, y es pecado. Debes confesar el pecado y restituir por entero al hermano el daño que hiciste con tu lengua,  añadiendo la quinta parte.

“Entonces, habiendo pecado y ofendido, restituirá aquello que robó, o el daño de la calumnia, o el depósito que se le encomendó, o lo perdido que halló ...  restituirá por entero a aquel a quien pertenece, y añadirá a ello la quinta parte” (Lv. 6:4-5).

Pero si has sido objeto de los abusos de la lengua, recuerda lo que el Señor nos manda.

“Bendecid a los que os maldicen, y orad por los que os calumnian” (Lc. 6:28).

Nadie fue tratado peor con la lengua que nuestro Señor y lo que tuvo que soportar de la boca de Sus criaturas.

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