Ayuda a los Necesitados
“En todo os he enseñado que, trabajando así, se debe ayudar la los necesitados, y recordar las palabras del Señor Jesús,
que dijo: Más bienaventurado es dar que recibir” (Hch. 20:35).
Hermanos, hay alguien necesitado, y parece que nadie está haciendo nada para ayudarle. Tengo entendido que de veras, a veces lo pasa francamente mal. Además, es alguien conocido, cercano y querido. Tiene necesidad, pero no se queja, y parece que los demás no se dan cuenta. Si le nombráramos, todos dirían que le quieren, desean que le vaya bien, oran y piden a Señor que le ayude. Hay unos pocos que aparentemente se están dando cuenta, porque dicen: “alguien debe hacer algo”. Pero el problema es que no arriman el hombro para ayudar, o si lo hacen, es de vez en cuando y no de forma regular y consistente. Así es que nuestro ser querido sigue necesitado. ¿Quién es que tiene tanta necesidad y no le ayudamos?
Es la iglesia, el cuerpo de Cristo (1 Co. 12:27). Ella necesita a cada uno de sus miembros para trabajar y ayudar. Pero muchos miembros se sirven a sí mismos y no a ella, y esto hace que la iglesia sea débil; le quita fuerzas. Pablo lamentó por escrito a los filipenses: "todos buscan lo suyo propio", y si esto fue un problema en los tiempos de los apóstoles, ¡cuánto más ahora! ¡Que pocos se preocupan por las cosas del Señor, y por la salud y el bienestar de la iglesia. No basta el desear que todo vaya bien, ni basta decir que estimamos a la iglesia. No es suficiente pedir al Señor que Él la ayude, aunque es bueno hacerlo, pero debemos reconocer que Él quiere emplearnos para ayudar a la iglesia. “Alguien debe hacer algo”, es verdad, pero ese “alguien”, hermano, hermana, somos nosotros, tú y yo. Permíteme preguntarte como me pregunto a mí mismo: ¿Ayudas al cuerpo, o esperas que el cuerpo te ayude?
¿Sabes la diferencia entre un tumor y un miembro? Ambos pueden estar en un cuerpo, pero el tumor no sirve al cuerpo, sino sólo toma para sí la vida del cuerpo. No realiza ninguna función útil al cuerpo. Produce dolores, quejas, malestar, y todo lo hace con la fuerza que toma del cuerpo. Pero el miembro, sea grande o pequeño, visible o invisible, es útil al cuerpo. Funciona, no para su propio bien, sino para el bien del “los demás”, esto es, el cuerpo. Toma vida y fuerza del cuerpo, claro, porque lo necesita para vivir. Un miembro no puede vivir fuera del cuerpo por mucho tiempo. Pero la vida y fuerza que recibe del cuerpo, las usa para edificar al cuerpo. Los tumores no contribuyen al cuerpo, sino sólo hacen bulto y se sirven a sí mismos. Pero cada miembro contribuye según como Dios le haya diseñado, puede parecerle mucho o poco, pero es importante al cuerpo. Cada uno debe examinarse para saber si actúa más como tumor o miembro, pues la iglesia padece de demasiados "tumores". Que el Señor nos ayude a servir en nuestra congregación y hacer bien a ella.
Mis hermanos, quedamos así, que la iglesia, la asamblea donde nos reunimos y donde estamos en comunión, nos necesita, y no sólo durante las reuniones. El mundo y la sociedad realmente no nos necesitan, aunque digan lo contrario, pues ya tienen a miles de milones de personas. El Señor nos ha puesto en Su cuerpo, y quiere que funcionemos allí para el bien de los demás hermanos. Sí, cada uno de nosotros es útil y hace falta precisamente donde Dios le ha puesto, y en nuestra propia asamblea hay bastante que hacer.
Debemos hacer más que orar por nuestra asamblea; hay que arrimar el hombro, dar de nosotros mismos y de lo nuestro: el tiempo, las fuerzas y los recursos para ayudarla. Si damos estas cosas a otros en otros lugares, estamos privando a nuestra asamblea de ellas. Es bueno que oremos por la iglesia como necesitada, pero hay que hacer más que orar. Romanos 12:1-2 nos exhorta a presentar nuestros cuerpos a Dios en sacrificio vivo. Mateo 6:33 nos exhorta a buscar “primeramente” (Nº 1 en la lista) el reino de Dios y Su justicia. Claramente no podemos cumplir esto simplemente asistiendo a las reuniones un par de veces cada semana. Como dicen los apóstoles: “se debe ayudar a los necesitados, y recordar las palabras del Señor Jesús, que dijo: Mas bienaventurado es dar que recibir”.
Carlos Tomás Knott