La Pasión del Cristo
EMBELLECIMIENTO Y MARKETING
por Donald Norbie
Hace mucho tiempo, Pablo escribió: “No somos como muchos, que medran falsificando la palabra de Dios, sino que con sinceridad, como de parte de Dios, y delante de Dios, hablamos en Cristo” (2 Co. 2:17). La palabra griega kapeleuo significa “hacer comercio” o “vender”. El sustantivo se traduce como “buhonero”. Pablo advertía que habría aquellos que harían del Evangelio una mercancía. Si era necesaria esa advertencia hace 2.000 años, ¡hoy muchísimo más!
Recientemente, la revista Time publicó una columna titulada “Una Pasión Por Ganancias”. La columna afirmaba, “La película controversial de Mel Gibson, La Pasión del Cristo, ha hecho 250 millones de dólares en taquilla en tan sólo tres semanas. Los magnates piadosos de Hollywood ahora están registrando las Escrituras en busca de otros proyectos de temas religiosos” (Time, 22-3-04, p. 19). Ah sí, el dinero habla en Hollywood. La serie de libros y películas Dejado Atrás también ha recaudado millones para sus autores y editores. La profecía con sus especulaciones es un super-ventas en el mundo religioso. La religión es un gran negocio en el mundo de hoy.
¿Qué tiene de malo, entonces, recaudar unos céntimos si a la vez difundes la palabra? La verdad es que el Evangelio resulta tan difícil de aceptar para el mundo hoy como lo era en los tiempos de Pablo. “El hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente” (1 Co. 2:14). Hay quienes quitarían la necesidad del arrepentimiento del pecado y la realidad del infierno eterno para los perdidos. Dirían: “Predica un mensaje positivo; deja de ser tan negativo. Levántale a la gente su sentido de auto-estima. ¡No les digas que son pecadores!” Estando en el infierno, el hombre rico le rogaba a Abraham que enviara alguien a advertir a sus hermanos, “a fin de que no vengan ellos también a este lugar de tormento” (Lc. 16:28). Los que están en el infierno no dudan de su realidad. La realidad es que las películas religiosas producidas por Hollywood presentan una mezcla de verdad y ficción. Ahora bien, si delante de un tribunal mezclas verdad y ficción, eres culpable de perjurio. Tu palabra ya no tiene valor.
En sus películas religiosas, Hollywood sazona los guiones con mucho más sexo y violencia de lo que contenía el relato original. Esto es lo que emociona al público y les trae de vuelta a la pantalla. Las películas, con sus imágenes vívidas, dejan impresiones duraderas. Las escenas se graban en los archivos de la memoria y no se olvidan con facilidad. De aquí la necesidad de centrarse en aquello que es verdad y hermoso (Fil. 4:8). Las películas son una herramienta poderosa para la enseñanza. Santiago nos advierte a poner cuidado en lo que enseñamos; Dios nos juzgará por lo que comunicamos a otros (Stg. 3:1). El maestro se hace responsable no sólo por sí mismo, sino por las personas a quienes enseña. Mucho me temo que el único conocimiento de la Biblia que poseen algunos viene de Hollywood.
Se ha generado tremenda emoción en la comunidad evangélica con la película La Pasión del Cristo. Ha recibido alabanzas de todos lados, empezando por Billy Graham. Algunos dicen que es la película más grande sobre Cristo que jamás haya sido rodada. Hay una tremenda falta de discernimiento entre los creyentes sobre la cuestión. ¿Es conmovedora la película? ¿Absorbente y emotiva? ¡Sí! Lo más seguro es que te haga llorar. Es una representación espantosamente violenta. ¿Es verdadera? ¡No! Es una mezcla de verdad y ficción.
Se dice que es la película más católica romana jamás producida por Hollywood. Mel Gibson es un católico devoto. Se celebró misa cada día antes de empezar a filmar. También se ha llamado la atención al hecho de que la película se basa más en las Estaciones de la Cruz de la litúrgica católica que en los testimonios comedidos de los evangelios. Una imaginación vívida adorna la narrativa sencilla de los evangelios. ¿A Jesús se le azotó y maltrató después de Su arresto, en camino a la casa del sumo sacerdote? No. ¿María, la madre de Jesús, tuvo un papel destacado en los relatos de la crucifixión en los evangelios? No, sólo Juan le menciona, cuando Jesús le encomienda a su cuidado. ¿Limpió la sangre de Cristo con paños después de los azotes? No. ¿La mujer de Pilato le dio los paños? No. ¿Estaba cerca de Él mientras que llevaba la cruz? No. ¿Le besó los pies cuando estuvo en la cruz, manchándose la cara con Su sangre? No. ¿Ayudó a José y a Nicodemo a bajar Su cuerpo de la cruz, sujetándolo, frío y muerto, en sus brazos? No. Todos estos son mitos de la tradición católica que glorifican a María. ¿La película enfatiza la resurrección? No, pero es bueno ver que sí lo hicieron los apóstoles.
Así que ¿cuál es el problema? Es una buena historia, ¿verdad? ¿El fin no justifica los medios? A esto decimos, ¡NO! Deberían ponerle un aviso a esta película. “Esta película es una mezcla de verdad y ficción. ¡La verdadera historia se encuentra en los Evangelios!” Sin embargo, millones de personas salen creyendo que ésta es la verdadera historia de la crucifixión de Cristo.
¿La Biblia es inspirada por Dios? ¿Es verdad su mensaje? ¿Es adecuado, o debemos añadirle algo?“Toda Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra” (2 Ti. 3:16-17). Pablo afirma que la Escritura es adecuada para llevarnos a la salvación y para luego alimentar esa nueva fe hasta que llegue a la madurez. No hay otro libro en el universo que se le asemeje. ¿Creemos que el testimonio de los Evangelios de la vida de Cristo es suficiente, o ha de ser embellecido? ¿La santa reticencia en cuanto a los detalles de la muerte de Cristo es lo que Dios quiere? ¿Acaso no escondió el Espíritu de Dios de nuestros ojos parte de esa terrible escena cuando el Hijo de Dios sufrió una muerte agonizante por nuestros pecados? No vayamos más allá de lo que nos dice la Palabra. Añadir a ella es falsificar el mensaje. Esto también se aplica a los que especulan en el campo de la profecía. Al final de su vida, Juan nos da una advertencia solemne con respecto a la Escritura. “Yo testifico a todo aquel que oye las palabras de la profecía de este libro: Si alguno añadiere a estas cosas, Dios traerá sobre él las plagas que están escritas en este libro” (Ap. 22:18). Dios está advirtiendo a los hombres: “¡No manipuléis Mi libro!” Hemos de reverenciar la Escritura, estudiarla cuidadosamente y proclamarla fielmente. “Aquel a quien fuere mi palabra, cuente mi palabra verdadera” (Jer. 23:28). En sus últimas palabras a Timoteo, Pabló le exhortó:“¡Predica la palabra!” (2 Ti. 4:2). ¡Esa exhortación hace falta hoy más que nunca!