¿DÓNDE ESTÁ?

 

            Pensemos en esta pregunta hecha por los queridos Reyes Magos. Vinieron buscando al que había nacido. Los reyes querían verle, conocerle, y adorarle. Sí, llevaron muchos regalos, y buenos, pero no los dieron a nadie. Los reservaron para Él, y fueron preguntando: "¿Dónde está?" Para ellos, la fiesta no podía empezar antes de que Le encontraran. Para ellos Navidad no significaba nada sin Jesucristo. ¿Y hoy? Bueno, muy distintos somos de los Reyes Magos que nos gustan tanto. Ya celebramos, ya hacemos fiesta, ya disfrutamos sin encontrar al que ellos buscaron, casi como si Él no existiera.

            Celebramos de manera que los reyes no pudieron, la Navidad sin Jesucristo. Pero ¿qué sería la Navidad sin Cristo, a caso te has parado a pensar en esto?  Cada año millones de personas  contestan por la manera en que ellos celebran la Navidad. Para muchos la Navidad sin Jesucristo es Papá Noel, pinos, nieve, la cena de Nochebuena, turrón, figuritas de mazapán, luces especiales en la calle, velas, la misa del gallo, programas especiales en la tele, visitas familiares, vacaciones de escuela, viajes a esquiar, y por supuesto, los Reyes Magos cabalgan y traen muchos regalos... ¡REGALOS! Sí, ¡esto es Navidad! Pregunta a los comerciantes, y ellos te dirán que el verdadero sentido de la Navidad es que es la temporada del año cuando ganan más dinero. Pero la pregunta de los reyes surge otra vez: “¿Dónde está?”, como si nos quisieran decir: ¿Cómo puedes celebrar sin encontrarle?  Es una buena pregunta.

            "Un momento", argumentas "no seas un aguafiestas. Además, muchas de las cosas que mencionaste tienen un sentido religioso". Quizá algunas, pero la verdad es que ya es hora para dejarnos de tonterías y enfrentarnos con la realidad de que el llamado "sentido religioso" o es mera tradición, o simplemente no existe en muchos de los casos. ¿Quieres una prueba? Hela aquí. Literalmente millares de personas, aún llamándose católicos, cristianos, no creen que Jesucristo es Dios, no creen que Él fue concebido milagrosamente en la virgen María, y no creen que fue nada más que, como un español católico confirmado dijo: "fue algún hombre corriente como Felipe González o cualquier otro hombre". Lástima. Muchos, como éste, que no ven ningún sentido especial en cuanto al nacimiento de Jesucristo, ni menos creen realmente en Su muerte y resurrección, sin embargo, celebrarán Navidad. Cristo realmente no les importa tres pitos, y sin embargo, disfrutan la Navidad. No por lo de Cristo sino por las comidas, las loterías, los regalos y los días de fiesta. Hay otras personas que sí, son religiosas, y ponen el belén y la sagrada familia a la cual ponen velas. Hablan del Niño en el pesebre, como si todavía estuviera allí, pero no llevan ninguna intención de dejarle salir del pesebre para actuar como Señor de sus vidas personales. ¿Y el sentido religioso?...

            Y si te fijas, aunque todo esto es así, todas estas personas celebrarán la Navidad, el supuesto nacimiento de Jesucristo, aunque ellas a Cristo realmente no le quieren. ¡Claro! La celebrarán por diferentes razones, algunas por tradición, y otras para huir del aburrimiento. Y otras son cobardes, porque no tienen el coraje de ser coherentes con su incredulidad y decir que como son incrédulos, no van a celebrar el nacimiento de Alguien en quien no creen y no tienen interés. Son hipócritas. Los Reyes Magos preguntan "¿Dónde está?", pero es como si estas personas dijesen: "¡Déjate de historias! Esto no importa, vamos a celebrar Navidad sin Él, porque queremos. Declaramos fiesta, nos hartaremos de comida y los regalos serán para nosotros mismos". Otras la celebrarán por razones de negocio, porque, en fin, es la mejor temporada del año para vender, y los villancicos en el trasfondo de sus tiendas/almacenes añaden "ambiente" para producir más venta de género. ¿Y quién podría calcular todo el dinero que la gente gasta en regalos? ¡Vaya, imposible! Lo gasta todo, pero en serio, todo, y ya sabemos cómo vive en enero, la famosa "cuesta de enero", casas casi sin comida, ambiente de  tensión y mal humor, todo por causa de la barbaridad que han gastado para pasarlo bien y cumplir con sus exigentes tradiciones. ¿Es Jesucristo culpable de todo esto?  No, ni saben dónde está, y la pregunta de los reyes suena otra vez. Navidad ha llegado a ser un excusa para gastar dinero en nosotros mismos, y para impresionar a otras personas. ¿Realmente dónde está, dónde cabe el Señor Jesucristo en toda esta exposición de egoísmo y carnalidad?  Mirando a todas las luces especiales, la gente que se vuelca a las calles como tantos galeones en busca de tesoros, todo el montaje, uno bien puede preguntar como los reyes en S. Mateo 2:2, "¿Dónde está él?" y añadir "¿cómo pueden celebrar sin encontrarle?"

            En aquella primera Navidad los reyes tuvieron un solo propósito, el cual era hallar y adorar a Jesucristo. Muchas personas de nuestro siglo harían bien en solamente hallarle. Ya Le han perdido en medio de todas sus tradiciones y actividades frenéticas. Los reyes no se reunieron con sus familias para engordarse y recibir regalos que no necesitaban. Si miras, ves que hicieron lo contrario, practicaron auto-negación, viajando largas distancias sobre terreno difícil, dejando los intereses de sus familias para ir a la búsqueda de Uno que es más importante que la familia. Hoy en día oímos decir:" la familia antes que los demás". Pero los reyes no tuvieron una opinión tan egoísta, tan antropocéntrica. Aparentemente creyeron: Cristo antes que los demás, incluso la familia. La salutación que llevaron en sus labios era esta pregunta que quizá ya te cansas de leer: "¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido?...venimos a adorarle..." Para ellos, sin Jesucristo no hubo nada para celebrar. Y no se dieron los regalos a sí mismos "en honor de Cristo" (¿?) como algunos explican hoy, sino que dieron todo a Él. ¡Un rey es digno de tal honor! No trajeron regalos para otras personas y no esperaban recibir nada. La única estrella que fue mencionada no estaba encima de un almacén grande, ni en ningún árbol en la plaza central. Era una estrella celestial, dirigida y usada por Dios con el único propósito de dirigir a los hombres sabios a Su Hijo Jesucristo. Y como casi Le hemos perdido por completo en el mundo moderno, casi hace falta una estrella otra vez. Casi. Tenemos algo mejor si lo queremos usar, es la Biblia.

            Notamos en S. Mateo 2:11 que Dios ayudó a los reyes a cumplir su propósito de hallar a Cristo, adorarle, y presentarle sus regalos preciosos. Esto agradó a Dios Padre, porque Jesucristo, Dios el Hijo, es digno. Luego en S. Juan 5:23 leemos: "El que no honra al Hijo no honra al Padre que le envió". ¡Que recordemos esto esta Navidad, y siempre!

            ¿Qué haremos? Algunas personas seguirán su marcha, ignorándole, porque es su tradición. Otras sentirán culpa si no dejan un ratito en Nochebuena para ir a misa, encender una vela y rezar un poco, o leer en San Mateo o San Lucas sobre la primera Navidad. Para muchas personas sería una gran mejoría si incluyeran a Jesucristo de alguna manera en sus vidas esta Navidad.

            Pero, tal vez vendrá como una sorpresa saber que Dios nunca ha estado satisfecho con "estar incluido" (menos con estar ignorado). No quiere una pequeña parte en nuestros planes y arreglos. Las Sagradas Escrituras dicen que Dios es "celoso" (Deuteronomio 4:24). En Isaías 42:8 insiste que Él no dará a otro su gloria, ni su alabanza a esculturas. Navidad es Suya, no nuestra, porque es Su glorioso nacimiento, el misterio de La encarnación del Altísimo, cuando Dios se hizo hombre. No dará Su gloria a otro. Pero Le provocamos por nuestro comportamiento durante Navidad, haciéndola muy distinta a la primera Navidad, cuando todo estaba enfocado en Jesucristo y toda la gloria era Suya. Todos los regalos eran para Él. ¿De dónde hemos recibido autoridad para cambiarlo? ¿Cómo puede un cristiano celebrar e involucrarse en todo lo que el mundo alrededor hace sin querer saber nada de Jesucristo, y pensar que esto agrada a Dios?

            Algunos se disgustarán y dirán que aquí vamos otra vez, arruinando la Navidad, siendo aguafiestas con todo este fanatismo religioso. Aquí va la respuesta a tal tontería. El hombre es el que arruinó la Navidad por cambiarla y añadir tantas tradiciones y actividades que no son bíblicas y no tienen nada que ver con el nacimiento del pobre y humilde Salvador. Si los Cristianos alzamos nuestras voces insistiendo en que la gente dé a Dios lo que es Suyo, no estamos arruinando nada, ¡sino arreglando la ruina! Cuando tantas personas que ignoran y aun aborrecen a Dios y en particular no quieren oir nada de Jesucristo, cuando estas personas pueden estar felices durante Navidad y anticiparla con tanta ilusión, ya sabes, si quieres ser honesto, que Navidad ha perdido su enfoque y su sentido verdadero. "¿Dónde está?" Para los muchos, no está. El discípulo de Jesucristo no puede dar sentido a Navidad por guardar las mismas tradiciones y celebrarla como el mundo, pero pensando en el verdadero sentido de la fiesta. Si la Encarnación tiene sentido, y si las acciones de los Reyes Magos tienen valor para enseñarnos, hará falta más que un pequeño ajuste.

            Dios se complacerá con nosotros si dejamos la "Navidad tradicional" y volvemos a buscar, como hicieron los Reyes Magos, a Su Hijo Jesucristo, para hallarle y adorarle. Si Dios nos amó de tal manera que dio a Su Unigénito, ya es hora para arrepentirte del pecado. Esfuérzate para buscar a Jesucristo como los Reyes Magos te enseñan por su ejemplo. Determina que sin Cristo no vas a poder celebrar Navidad. Y mira más allá del pesebre para ver, con ojos de fe, a Jesús muriendo en la cruz por ti, por tus pecados. Mira más allá aún para ver a Jesucristo sentado en el cielo con poder único, como el único Mediador (1 Timoteo 2:5) entre Dios y los hombres, poder para perdonar todos tus pecados una vez para siempre y darte la salvación eternamente (Hebreos 7:25). Confía en Jesucristo como tu Señor y Salvador personal, único. No hagas nada que no dé gloria a Él durante Navidad. No des Su gloria a otro, ni a esculturas. Adórale en espíritu y en verdad. Dale tu posesión más preciosa, entrégale tu vida esta Navidad. Decide ahora, ¿Dónde está el Señor Jesucristo en tu vida? Encuéntrale, y como los reyes, tendrás razones para gozarte. Y una cosa más: por favor, no le llames más "el Niño", porque hace muchos, muchos años que no es niño. No le enjaules en un pesebre. Reconócele como quien es, el Señor Jesucristo, y ríndete a Él como Señor y Salvador tuyo. Tendrás no solamente una feliz Navidad, sino una feliz eternidad también, porque, curiosamente, acabarás recibiendo el mejor regalo: la vida eterna (Romanos 6:23).

 

            Carlos Tomás Knott

 

volver a la página anterior (lista de artículos)