La Asamblea Es Nuestra Escuela

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na sana asamblea neotestamentaria debe ser un lugar excelente donde aprender la Palabra de Dios y crecer espiritualmente.Decían de la iglesia apostólica: “perseveraron en la doctrina de losapóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones” (Hch. 2:42). Había una pluralidad de maestros desde el principio. Después leemos: “Había entonces en la iglesia que estaba en Antioquía, profetas y maestros” (Hch. 13:1).

No hubo la estructura rígida de clero-laicos que tan comúnmente marca muchas iglesias en nuestros tiempos. Hubo oportunidad para participar y esto animó el desarrollo de varios dones. “De manera que, teniendo diferentes dones, según la gracia que nos es dada, si el de profecía, úsese conforme a la medida de la fe” (Ro. 12:6).  La práctica de la iglesia primitiva invitaba la participación. “¿Qué hay, pues, hermanos? Cuando os reunís, cada uno de vosotros tiene salmo, tiene doctrina, tiene lengua, tiene revelación, tiene interpretación” (1 Co. 14:26). Si uno sabe que tiene oportunidad para participar, esto le anima al ejercitarse de corazón y estudiar la Palabra.

            El escuchar la Palabra enseñada por varios hermanos contribuye a un equilibrio en la enseñanza. De esta manera Dios da diferentes observaciones y percepciones a Su pueblo. Además, la enseñanza compartida así tiende a ser práctica, porque es preparada en la práctica de la vida cotidiana, no en un aula de seminario. Es triste que el Espíritu Santo sea tan a menudo apagado por el sistema de clero-laico. “Porque podéis profetizar todos uno por uno, para que todos aprendan, y todos sean exhortados” (1 Co. 14:31). Los que tienen dones para enseñar y predicar la Palabra de Dios deben tener oportunidades para hacerlo, guiados y animados por los ancianos (1 Ts. 5:12-13).

La asamblea debe reconocer que todos han recibido un don espiritual, pero que los dones son distintos, y deben emplearse para la bendición de los santos y la proclamación del evangelio. “Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho” (1 Co. 12.7). De nuevo, una sana iglesia neotestamentaria hará todo lo posible para desarrollar y madurar cualquier don que tenga cada uno. No existe ningún hijo de Dios sin un don espiritual; cada uno debe reconocer su valor y la necesidad de que funcione en el cuerpo de la iglesia local. No escondas tu talento; úsalo para la gloria de Dios. Un querido amigo mío dijo: “creo que Dios me ha dado el don de ayudas”. Siempre estaba ocupado ayudando a los demás, como siervo de todos. Gracias a Dios por tales dones.

Una asamblea neotestamentaria enfatiza la adoración. Pero hoy en día es popular organizar y dirigir la adoración. Las iglesias más formales emplean una liturgia bajo liderazgo del ministro de culto, y el pueblo responde debidamente en el momento oportuno. A menudo tales cultos son leídos, porque todo está programado de antemano. Por otra parte, las iglesias contemporáneas tienen un “equipo de adoración” con una banda y conductor para comenzar las reuniones. Puede parecerse a unos animadores en un evento deportivo, con mucha repetición, y el aumento de volumen según progrese la sesión. Hay mucho entusiasmo, pero a los participantes no les es necesario pensar mucho ni preparar de antemano. Todo es planificado por el equipo de adoración.

La Cena del Señor está centrada en la Persona de Cristo, no en experiencias personales. Recordar a Cristo es algo que requiere pensamiento, meditación y contemplación. Debe haber una atmósfera de reverencia, porque Dios es santo, inmortal, invisible, sabio y todopoderoso (1 Ti. 1:17). Cda creyente debe estar preparado espiritualmente para estar en la presencia de Dios. “Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma así del pan, y beba de la copa” (1 Co. 11:28).  Venir a la presencia del Dios viviente no es nada para hacer a la ligera. Recordar la muerte, sepultura y resurrección de Cristo es asombroso y maravilloso. Nuestra adoración se centra en el Cordero de Dios, como también hacían los de Israel.

Es importante hacer memoria de Cristo en el partimiento del pan cada domingo, tal como hacía la iglesia primitiva (Hch. 20:7). Una vez al mes o cada trimestre no es suficiente. Pero muchas iglesias hacen esto, y en muchas es un rito sin vida, sin sentido, porque además de convertirlo en un ritual, participan personas inconversas que son “miembros” de la iglesia, porque si son “miembros”, tienen el “derecho”. Esto no es según el patrón del Nuevo Testamento.

En la iglesia primitiva la Cena del Señor no era un rito presidido por un pastor, sino una reunión de la iglesia en torno a la Persona de Cristo. Es Su cena, no la nuestra. Preside Él, no los hombres. Y en la iglesia en los tiempos del Nuevo Testamento había oportunidad para la participación audible de los varones (1 Co. 14:34). Esto prevenía que se estancara la adoración. Los creyentes jóvenes deben sentir libertad total para expresar su amor al Señor y lo que aprecian de Su persona y obra redentora. Los himnos espirituales, ricos en teología, informan la mente y calientan el corazón, estimulando la adoración. Aquí la mente y el corazón crecen juntos en amor y devoción a Dios. Esto, a su vez, debe conducir al pueblo de Dios a mayor consagración y obediencia.

Sea cual sea la educación del hijo de Dios, debe reconocer que la iglesia local es el lugar principal y fundamental para aprender la Palabra de Dios, para desarrollar su don y aprender a adorar. La iglesia local es lo único que establecieron los apóstoles. “Y constituyeron ancianos en cada iglesia, y habiendo orado con ayunos, los encomendaron al Señor en quien habían creído” (Hch. 14:23). Salvos por la gracia de Dios, dotados de dones espirituales por el Espíritu Santo, y guiados por ancianos espirituales, los santos crecen y progresan. Pablo dijo: “Y ahora, hermanos, os encomiendo a Dios, y a la palabra de su gracia, que tiene poder para sobreedificaros y daros herencia con todos los santificados” (Hch. 20:32).

Donald Norbie, de la revista Precious Seed, mayo 2003