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Si hubiera que poner título a la obra de Charo Vaquerizo, esta sería
sin lugar a dudas y a pesar de parecer tópico: “la luz y el
color”. Su paleta vitalista y su pincelada nos sumergen en un mundo
ricamente iluminado y de gran contenido cromático.
Conocedora de los expresionistas alemanes y de los fauvistas franceses,
Charo Vaquerizo asume una línea propia que desarrolla de una manera
ecléctica pero con absoluta libertad, lo que supone que su crecimiento
como artista no tenga límites y que sus exposiciones siempre nos sorprendan
gratamente.
“Charo Vaquerizo, color y emoción plástica”
Una nueva exposición individual de Charo Vaquerizo ocupa en
esta ocasión las paredes de la galería Duayer de Madrid. Veterana
de los pinceles y el lienzo, la pintora ofrece una muestra alegre y desenfadada
sobre el campo y la ciudad, dando muestras de un realismo que no pretende
encasillarse dentro de ningún estilo, antes bien, que se entiende
como muestra de vitalidad y armonía.
Sus pinceladas, exentas de normativas, describen en ocasiones largas lenguas
de color, creando troncos de árboles en los que prima una concepción
fauvista del cromatismo. Otras veces, casi como signos de corta pero expresiva
rotundidad, éstas determinan flores y pavimentos, construyen un espacio
siempre cercano a pesar de la lejanía, porque el cromatismo cálido
y hedonista que aplica favorece la inmediatez de lo representado.
Charo Vaquerizo busca con su pintura agradar a la vista, hacer que la mirada
encuentre un punto de anclaje y el alma se inunde de serenidad y belleza.
Jardines, parques y vistas de ciudades de sabor tradicional un tanto grequianas
son sus apuestas para deleitar y transmitir la vitalidad que ella misma encarna.
Además, en esta ocasión se observa una nueva vertiente en
sus creaciones. Obras más desechas y fluidas, en las que la pincelada
se ve inmersa en una suerte de neblina atmosférica intensa, de ocres
y doradas luces.
El edificio Metrópoli de la Gran Vía Madrileña presenta
así un aspecto nuevo, misterioso y elegante, al igual que lo hace
su “Ciudad tras el puente”.
Almendros en flor y viñas, muestras de una primavera eterna inmortalizada
en cada uno de sus cuadros, son los protagonistas de sus paisajes, combinándose
de forma sorprendente con glaciares helados bajo celajes profundos. Y de
pronto, casi sin darnos cuenta, la figura humana reaparece en sus composiciones.
Lo hace de forma discreta, a través de pequeños formatos con
bailarines de tango o, de manera aún más discreta, colándose
en la conversación de dos amigas.
Las obras de Charo Vaquerizo beben de la poesía de Alberti cuando
escribía en “A la pintura”: “La vida de la vida
es promoverte/ Tu victoria, la muerte de la muerte”
Sela
del Pozo Coll
“Que si al rojo le gusta el verde, que si al verde el amarillo”
Charo Vaquerizo hace del color su fortaleza, castillo rodeado de textura
con foso de aguarrás. Al asalto por ahí afuera, por el lienzo,
líneas como dardos, flechas que se traban y se cruzan hasta componer
el cuadro.
Árboles, áridos páramos castellanos. Paisaje interior
de vivencias de evocaciones, a los que da forma la materia que se adensa.
Y es que Charo Vaquerizo pone al servicio del paisaje todo su talento. Ejercicio
vital al que se aplica cada día con mayor rigor.
“Charo Vaquerizo, el color del paisaje”.
Charo Vaquerizo posee, en su personalidad artística, una cualidad
que salta a la vista para cualquiera que se acerque a contemplar su obra. Ésta
es, ante todo, muestra de un profundo vitalismo, unas ganas de vivir que
derrocha sin cesar a través de cada una de sus creaciones, haciendo
de esta nota su particular cualidad distintiva del quehacer plástico.
En esta nueva individual, la pintora articula mayoritariamente su discurso
en torno al género paisajístico, ya sea en su vertiente urbana
o en la natural. Así, los campos de las tierras castellanas discurren
sin cesar a través de sus pinceles, que optan por las pinceladas largas
y empastadas de clara tendencia neoimpresionista. La expresividad que les
confiere la técnica viene reforzada a su vez por el empleo del cromatismo,
siempre restellante de fuerza vital y rotundo, capaz de transformar la realidad
circundante en un festival de luz que imprime a los campos y árboles
colores intelectualizados y llenos de emotividad.
En este sentido, cada uno de los surcos con que describe sus formas plásticas
nos muestra contornos llenos de movimiento. La estructuración de sus
composiciones tendentes a las líneas diagonales convergentes, suelen
favorecer la participación visiva con lo representado, penetrando
así en sus pinturas de forma inmediata.
Aunque sus lienzos no estén habitados, la huella de lo humano en
tanto que hacedor plástico o habitante del paisaje urbanita, -competencias
ambas de la pintora-, es más que evidente. Charo Vaquerizo transmite
siempre sensación de calidez, desde sus plasmaciones de puertos con
tintes luministas hasta, incluso, en los lienzos en los que muestra vistas
heladas de los pueblos segovianos y toledanos que han acogido en tantas ocasiones
exposiciones suyas.
Su deseo por explorar las posibilidades de su pintura le llevan en ocasiones
a variar la pureza del óleo, introduciendo tierras y contornos con
los que juega más lúdica que empíricamente, intentando
encontrar así nuevos modos de expresión. Temas taurinos y bodegones
florales acontecen entonces con premura. También alguna alusión
a sus madriles de origen se abre sugerente en la plasmación del edificio
Metrópoli en “Acariciando el cielo”.
En suma, color y vitalidad en una pintura ante todo alegre, sin otro fin
que deleitar la sensibilidad que con ella empatice.
Sela
del Pozo Coll
Charo Vaquerizo nace en Madrid, donde cursó estudios universitarios.
Su preparación artística la inició en la Universidad
Complutense con estudios de Historia del Arte continuando posteriormente
en diferentes estudios y talleres. Su trabajo se relaciona mucho con el impresionismo
porque tiene su pincelada esta misma energía sobre la tela que los
maestros antiguos.
La pintura de Vaquerizo es una explosión de color o una magia de
color como lo titulaba anteriormente en una exposición del año
2003. Posee una relación con la naturaleza que nos cautiva y nos proyecta
en un mundo luminoso, expresivo y espontáneo.
Sus colores son las guías de una experiencia para todos los sentidos.
Su obra refleja lo que el artista vive, siente y experimenta. Es un diálogo
directo con la vida propia, una ofrenda dedicada a la belleza de la Naturaleza.
La personalidad interpretativa marca la obra de Charo Vaquerizo; sabe unir
la fuerza, el gesto pictórico, la intensidad cromática con
la riqueza del color. Su obra es densa y al tiempo ágil, en un recorrido
que va desde el neoimpresionismo al expresionismo. Sabe eliminar lo accidental,
sabe conferir fuerza a sus visiones urbanas, a los paisajes que contempla.
Charo Vaquerizo mantiene un diálogo pictórico marcado por su
visión con profundo acento propio, lo que le permite seguir un camino
personal que le va ofreciendo nuevas posibilidades al recorrerlo. M.N.
Hay una comunicación total entre Charo Vaquerizo y la naturaleza;
pintarla, convertirla en su tema, es una necesidad para la artista. Y lo
hace, pero con personalidad, con fuerza, sabiendo eliminar lo accidental,
confiriéndole fuerza a los trazos, sintetizando, dejando que el cromatismo
se adueñe de sus telas y discurra como un manantial constante. Obra
armoniosa en la que sabe hermanar tonos contrastantes, la materia en
un empaste generoso. Es un placer dejar perder la mirada por los extensos
campos que nos ofrece. M.N.
Capas superpuestas de materia; grosores conseguidos a base de acumular y
también sacar materia, hasta convertir la tela en algo vivo y cromáticamente
intenso, con gran riqueza de gamas alcanzadas a través de veladuras,
de la recuperación de tonos depositados antes. Y esta técnica,
muy bien utilizada por Charo Vaquerizo, puesta al servicio de una temática
preferencial, el paisaje contemplado desde la realidad pero también
con marcado acento intimista, personal. Todo en su obra está muy bien
logrado.
La Galería Duayer, calle Alcántara 7 de Madrid, muestra óleos
de Charo Vaquerizo hasta final de octubre; paisajes y composiciones estructuradas
a través de un dibujo medido, que ordena y recrea factores naturales
o mentales, a los que la materia cromática agrega luz y sentido creativo.
En la Sala de Exposiciones de la calle Méjico se presentan una serie
de trabajos de la pintora Charo Vaquerizo, que utiliza en sus cuadros diferentes
técnicas como óleo, acuarela o dibujo. En esta exposición
nos muestra paisajes manchegos con tintes impresionistas y permanecerá abierta
hasta el próximo día 13 de Septiembre.
Charo Vaquerizo presenta en Caja Rural de Toledo una muestra de paisajes
llenos de color. Misterio, luz y color, un cóctel mas que atrayente
para iniciar la temporada de exposiciones en Caja Rural.
Explosión de Color: En luminosa coincidencia con el verano adelantado
llegaron a nuestros espacios expositivos los vibrantes colores con los que
la pintora madrileña Charo Vaquerizo inundó durante la segunda
quincena de junio nuestro local.
“La magia del color” era el más que adecuado y definitorio
título de la exposición de esta artista que “ve” en
la naturaleza y en el paisaje su rasgo fundamental, que no es otro que esa
combinación de colores que asalta e impregna las retinas. Un trazo
vigoroso y una muy empastada pincelada son la base sobre la que crea Charo
una sinfonía pictórica que, a partir de motivos y epígrafes
que pudieran parecer convencionales – “Tarde de Paseo”, “Vista
de Toledo”, “Cerca de Segovia”, “Agosto”, “Un
paseo por el pueblo”, “Por tierras castellanas”, “Pueblos
Rojos”- , es capaz de sintetizar el mundo en el color, en la impresión
que producen sus variaciones, matices o tonalidades. Se diría, contemplando
la obra de Vaquerizo, que sin el color nada existiría, porque cuando
esta artista reduce su atención a lo esencial de un paisaje o de un
accidente atmosférico –“Caminos de tierra”,-“Vendaval”, “El
Sur”- alcanza directamente una abstracción definida por la pureza
de sus elementos. Es una experiencia visual muy directa la que proponen los
cuadros de esta autora y, además suponen un pequeño, pero muy
ilustrativo y didáctico viaje por la historia de la pintura, desde
aquel arrebatado impresionismo, tan reconocido y reconocible, hasta las vanguardias
abstractas, hoy no menos asimiladas. Explota el color a nuestro alrededor
y sabemos, por tanto, que la pintura de Charo Vaquerizo esta cerca, nos inquiere
y reclama.
La densidad matérica se aposenta en la obra de Charo Vaquerizo; discurre
por ella como en oleadas que arrastran el color, como vendaval cromático
creando espacios, situando planos, desparramándose en los cielos que
ofrecen la mancha blanca de las nubes.
Charo Vaquerizo encuentra en el paisaje su camino expresivo, marcado por
su capacidad de síntesis, en busca de la esencia. Tierras profundas,
bañadas por la luz, explicadas desde impactos portadores de una gran
carga lírica y de intensidad emocional, plasmadas con fuerza, con
seguridad y conocimiento
La pintura de Charo Vaquerizo se adscribe a la escuela impresionista; con
energía, la pincelada discurriendo sobre la tela va marcando espacios
descriptivos y depositando la materia con grosores vibrantes. Charo Vaquerizo
se enfrenta al paisaje, también al tema floral, y se rinde ante la
belleza de la naturaleza, la atrapa y le da vida, sabiendo dejar en el camino
lo accidental para encontrar lo fundamental. Diálogo conciso, con
las justas palabras pictóricas, con las que consigue su objetivo.
El color, rimado con valentía, recorre un amplio y rico espectro,
gobernado por una técnica profundamente conocida. M.N.
En la pintura de Charo Vaquerizo, destaca sobre todo esa forma tan valiente
de aplicar la materia sobre el soporte, con esa garra que hace que el paisaje
parezca surgir de la nada y que esa luz propia le de vida.
Profundidad en la imagen pero vida en los primeros planos, sabiendo captar
la realidad con la retina de sus ojos. Cuadros vivos y originales, fiel reflejo
de su sensibilidad que ha encontrado en la pintura su cauce para dejar su
impronta
La pintura de Charo Vaquerizo nos enfrenta al constante y personal diálogo
de la artista con una naturaleza que la sorprende y conmueve. Esa Naturaleza
que impacta sus sentidos y reaparece transformada en sus lienzos, cargada
de luz y ricos cromatismos.
Toda la energía vital de esta pintora se desprende de su forma directa
y espontánea de aplicar la pincelada de empaste sustancioso. Y, más
allá de cualquier moda o tendencia, a través de sus paisajes
de colorido brillante nos deja la impronta de su persona, de su particular
manera de observar el mundo y entender la vida
Durante el pasado mes de noviembre, la pintora Charo Vaquerizo expuso parte
de su obra más reciente en el Centro de Arte Danzón de Alcobendas,
actual lugar de residencia de la artista. Su pintura nace desde la honestidad
de su planteamiento, siguiendo las premisas del impresionismo más
ortodoxo, a lo que añade su sello personal.
En el Centro Sociocultural Mariano Muñoz, se presentan pinturas de
Charo Vaquerizo con expresiones de una naturaleza que plasma desde su orilla
emocional, con colores plenos de pálpito.
La pintura de Charo Vaquerizo comunica inmediatamente, capta el entorno
y nos lo hace sentir. Su obra es espontánea, expresiva, cálida
y colorista.
Nos comunica el frío de una tarde inverniza de Riaza, el fulgor del
mediodía en un árbol, en el campo, en el cielo luminoso y rico
en la gama de azules. O la explosión de color en las frutas, los bodegones
de su cocina.
En su última exposición tiene obras en la vía de la
abstracción, en donde todo el protagonismo lo toman la línea
y el color; el puntillismo, el uso de nuevos medios mas matéricos,
como las tierras, eran ya pasos en ese sentido.
Refleja lo que vive: su entorno, su casa, los montes, los campos y los cielos
próximos. Está llena de entusiasmo, de alegría y de
interés por esta forma de comunicación y expresión que
lleva dentro, de lo que nos quiere decir.
Con un particular impresionismo, nos expresa el paisaje como estado
de ánimo en el momento en que lo vive consiguiendo con esa difícil
armonía de colores la contemplación serena de la Naturaleza
en todo su esplendor. Un regalo para los ojos y un canto a la vida. |