CRÍTICAS

ROBERTO DELGADO.- Pintor y grabador   (2006)

Si hubiera que poner título a la obra de Charo Vaquerizo, esta sería sin lugar a dudas y a pesar de parecer tópico: “la luz y el color”. Su paleta vitalista y su pincelada nos sumergen en un mundo ricamente iluminado y de gran contenido cromático.

Conocedora de los expresionistas alemanes y de los fauvistas franceses, Charo Vaquerizo asume una línea propia que desarrolla de una manera ecléctica pero con absoluta libertad, lo que supone que su crecimiento como artista no tenga límites y que sus exposiciones siempre nos sorprendan gratamente.

EL PUNTO DE LAS ARTES –(nº 820 –marzo 2006)

“Charo Vaquerizo, color y emoción plástica”

Una nueva exposición individual de  Charo Vaquerizo ocupa en esta ocasión las paredes de la galería Duayer de Madrid. Veterana de los pinceles y el lienzo, la pintora ofrece una muestra alegre y desenfadada sobre el campo y la ciudad, dando muestras de un realismo que no pretende encasillarse dentro de ningún estilo, antes bien, que se entiende como muestra de vitalidad y armonía.

Sus pinceladas, exentas de normativas, describen en ocasiones largas lenguas de color, creando troncos de árboles en los que prima una concepción fauvista del cromatismo. Otras veces, casi como signos de corta pero expresiva rotundidad, éstas determinan flores y pavimentos, construyen un espacio siempre cercano a pesar de la lejanía, porque el cromatismo cálido y hedonista que aplica favorece la inmediatez de lo representado.

Charo Vaquerizo busca con su pintura agradar a la vista, hacer que la mirada encuentre un punto de anclaje y el alma se inunde de serenidad y belleza. Jardines, parques y vistas de ciudades de sabor tradicional un tanto grequianas son sus apuestas para deleitar y transmitir la vitalidad que ella misma encarna.

Además, en esta ocasión se observa una nueva vertiente en sus creaciones. Obras más desechas y fluidas, en las que la pincelada se ve inmersa en una suerte de neblina atmosférica intensa, de ocres y doradas luces.

El edificio Metrópoli de la Gran Vía Madrileña presenta así un aspecto nuevo, misterioso y elegante, al igual que lo hace su “Ciudad tras el puente”.

Almendros en flor y viñas, muestras de una primavera eterna inmortalizada en cada uno de sus cuadros, son los protagonistas de sus paisajes, combinándose de forma sorprendente con glaciares helados bajo celajes profundos. Y de pronto, casi sin darnos cuenta, la figura humana reaparece en sus composiciones. Lo hace de forma discreta, a través de pequeños formatos con bailarines de tango o, de manera aún más discreta, colándose en la conversación de dos amigas.

Las obras de Charo Vaquerizo beben de la poesía de Alberti cuando escribía en “A la pintura”: “La vida de la vida es promoverte/ Tu victoria, la muerte de la muerte”

                                                                                          Sela del Pozo Coll

ANTONIO ESCOBAR.- (Pintor).- 2006.

“Que si al rojo le gusta el verde, que si al verde el amarillo”

Charo Vaquerizo hace del color su fortaleza, castillo rodeado de textura con foso de aguarrás. Al asalto por ahí afuera, por el lienzo, líneas como dardos, flechas que se traban y se cruzan hasta componer el cuadro.

Árboles, áridos páramos castellanos. Paisaje interior de vivencias de evocaciones, a los que da forma la materia que se adensa.

Y es que Charo Vaquerizo pone al servicio del paisaje todo su talento. Ejercicio vital al que se aplica cada día con mayor rigor.

EL PUNTO DE LAS ARTES.-(nº 784 Mayo 2005)

“Charo Vaquerizo, el color del paisaje”.

Charo Vaquerizo posee, en su personalidad artística, una cualidad que salta a la vista para cualquiera que se acerque a contemplar su obra. Ésta es, ante todo, muestra de un profundo vitalismo, unas ganas de vivir que derrocha sin cesar a través de cada una de sus creaciones, haciendo de esta nota su particular cualidad distintiva del quehacer plástico.

En esta nueva individual, la pintora articula mayoritariamente su discurso en torno al género paisajístico, ya sea en su vertiente urbana o en la natural. Así, los campos de las tierras castellanas discurren sin cesar a través de sus pinceles, que optan por las pinceladas largas y empastadas de clara tendencia neoimpresionista. La expresividad que les confiere la técnica viene reforzada a su vez por el empleo del cromatismo, siempre restellante de fuerza vital y rotundo, capaz de transformar la realidad circundante en un festival de luz que imprime a los campos y árboles colores intelectualizados y llenos de emotividad.

En este sentido, cada uno de los surcos con que describe sus formas plásticas nos muestra contornos llenos de movimiento. La estructuración de sus composiciones tendentes a las líneas diagonales convergentes, suelen favorecer la participación visiva con lo representado, penetrando así en sus pinturas de forma inmediata.

Aunque sus lienzos no estén habitados, la huella de lo humano en tanto que hacedor plástico o habitante del paisaje urbanita, -competencias ambas de la pintora-, es más que evidente. Charo Vaquerizo transmite siempre sensación de calidez, desde sus plasmaciones de puertos con tintes luministas hasta, incluso, en los lienzos en los que muestra vistas heladas de los pueblos segovianos y toledanos que han acogido en tantas ocasiones exposiciones suyas.

Su deseo por explorar las posibilidades de su pintura le llevan en ocasiones a variar la pureza del óleo, introduciendo tierras y contornos con los que juega más lúdica que empíricamente, intentando encontrar así nuevos modos de expresión. Temas taurinos y bodegones florales acontecen entonces con premura. También alguna alusión a sus madriles de origen se abre sugerente en la plasmación del edificio Metrópoli en “Acariciando el cielo”.

En suma, color y vitalidad en una pintura ante todo alegre, sin otro fin que deleitar la sensibilidad  que  con ella empatice.

                                                               Sela del Pozo Coll

MARIA MATEO.- (REVIST-ART. Nº 97- 2005)

Charo Vaquerizo nace en Madrid, donde cursó estudios universitarios. Su preparación artística la inició en la Universidad Complutense con estudios de Historia del Arte continuando posteriormente en diferentes estudios y talleres. Su trabajo se relaciona mucho con el impresionismo porque tiene su pincelada esta misma energía sobre la tela que los maestros antiguos.

La pintura de Vaquerizo es una explosión de color o una magia de color como lo titulaba anteriormente en una exposición del año 2003. Posee una relación con la naturaleza que nos cautiva y nos proyecta en un mundo luminoso, expresivo y espontáneo.

Sus colores son las guías de una experiencia para todos los sentidos. Su obra refleja lo que el artista vive, siente y experimenta. Es un diálogo directo con la vida propia, una ofrenda dedicada a la belleza de la Naturaleza.

GAL-ART.- (Septiembre 2004. Nº 246)

La personalidad interpretativa marca la obra de Charo Vaquerizo; sabe unir la fuerza, el gesto pictórico, la intensidad cromática con la riqueza del color. Su obra es densa y al tiempo ágil, en un recorrido que va desde el neoimpresionismo al expresionismo. Sabe eliminar lo accidental, sabe conferir fuerza a sus visiones urbanas, a los paisajes que contempla. Charo Vaquerizo mantiene un diálogo pictórico marcado por su visión con profundo acento propio, lo que le permite seguir un camino personal que le va ofreciendo nuevas posibilidades al recorrerlo.  M.N.

G A L  - A R T .- (Diciembre 2003- Nº 237)

Hay una comunicación total entre Charo Vaquerizo y la naturaleza; pintarla, convertirla en su tema, es una necesidad para la artista. Y lo hace, pero con personalidad, con fuerza, sabiendo eliminar lo accidental, confiriéndole fuerza a los trazos, sintetizando, dejando que el cromatismo se adueñe de sus telas y discurra como un manantial constante. Obra armoniosa en la que sabe hermanar tonos contrastantes, la materia en un empaste generoso. Es un placer dejar perder la mirada por los extensos campos que nos ofrece. M.N.

MARIO NICOLAS.- Crítico de Arte (Octubre 2003. Nº 235)

Capas superpuestas de materia; grosores conseguidos a base de acumular y también sacar materia, hasta convertir la tela en algo vivo y cromáticamente intenso, con gran riqueza de gamas alcanzadas a través de veladuras, de la recuperación de tonos depositados antes. Y esta técnica, muy bien utilizada por Charo Vaquerizo, puesta al servicio de una temática preferencial, el paisaje contemplado desde la realidad pero también con marcado acento intimista, personal. Todo en su obra está muy bien logrado.

EL PUNTO DE LAS ARTES.- (17 Octubre 2003)

La Galería Duayer, calle Alcántara 7 de Madrid, muestra óleos de Charo Vaquerizo hasta final de octubre; paisajes y composiciones estructuradas a través de un dibujo medido, que ordena y recrea factores naturales o mentales, a los que la materia cromática agrega luz y sentido creativo.

EL DIA.- (Toledo 7 Septiembre 2003)

En la Sala de Exposiciones de la calle Méjico se presentan una serie de trabajos de la pintora Charo Vaquerizo, que utiliza en sus cuadros diferentes técnicas como óleo, acuarela o dibujo. En esta exposición nos muestra paisajes manchegos con tintes impresionistas y permanecerá abierta hasta el próximo día 13 de Septiembre.

DIARIO DE TOLEDO.- (5 Septiembre 2003)

Charo Vaquerizo presenta en Caja Rural de Toledo una muestra de paisajes llenos de color. Misterio, luz y color, un cóctel mas que atrayente para iniciar la temporada de exposiciones en Caja Rural.

MIGUEL REVUELTA.- (crítico de Arte Fundación Progreso y Cultura. Julio 2003)

Explosión de Color: En luminosa coincidencia con el verano adelantado llegaron a nuestros espacios expositivos los vibrantes colores con los que la pintora madrileña Charo Vaquerizo inundó durante la segunda quincena de junio nuestro local.

“La magia del color” era el más que adecuado y definitorio título de la exposición de esta artista que “ve” en la naturaleza y en el paisaje su rasgo fundamental, que no es otro que esa combinación de colores que asalta e impregna las retinas. Un trazo vigoroso y una muy empastada pincelada son la base sobre la que crea Charo una sinfonía pictórica que, a partir de motivos y epígrafes que pudieran parecer convencionales – “Tarde de Paseo”, “Vista de Toledo”, “Cerca de Segovia”, “Agosto”, “Un paseo por el pueblo”, “Por tierras castellanas”, “Pueblos Rojos”- , es capaz de sintetizar el mundo en el color, en la impresión que producen sus variaciones, matices o tonalidades. Se diría, contemplando la obra de Vaquerizo, que sin el color nada existiría, porque cuando esta artista reduce su atención a lo esencial de un paisaje o de un accidente atmosférico –“Caminos de tierra”,-“Vendaval”, “El Sur”- alcanza directamente una abstracción definida por la pureza de sus elementos. Es una experiencia visual muy directa la que proponen los cuadros de esta autora y, además suponen un pequeño, pero muy ilustrativo y didáctico viaje por la historia de la pintura, desde aquel arrebatado impresionismo, tan reconocido y reconocible, hasta las vanguardias abstractas, hoy no menos asimiladas. Explota el color a nuestro alrededor y sabemos, por tanto, que la pintura de Charo Vaquerizo esta cerca, nos inquiere y reclama.

MARIO NICOLÁS.- (Crítico de Arte. Marzo 2003)

La densidad matérica se aposenta en la obra de Charo Vaquerizo; discurre por ella como en oleadas que arrastran el color, como vendaval cromático creando espacios, situando planos, desparramándose en los cielos que ofrecen la mancha blanca de las nubes.

Charo Vaquerizo encuentra en el paisaje su camino expresivo, marcado por su capacidad de síntesis, en busca de la esencia. Tierras profundas, bañadas por la luz, explicadas desde impactos portadores de una gran carga lírica y de intensidad emocional, plasmadas con fuerza, con seguridad y conocimiento

GAL – ART .- (Enero 2003, nº 226)    

La pintura de Charo Vaquerizo se adscribe a la escuela impresionista; con energía, la pincelada discurriendo sobre la tela va marcando espacios descriptivos y depositando la materia con grosores vibrantes. Charo Vaquerizo se enfrenta al paisaje, también al tema floral, y se rinde ante la belleza de la naturaleza, la atrapa y le da vida, sabiendo dejar en el camino lo accidental para encontrar lo fundamental. Diálogo conciso, con las justas palabras pictóricas, con las que consigue su objetivo.

El color, rimado con valentía, recorre un amplio y rico espectro, gobernado por una técnica profundamente conocida. M.N.

MARIO NICOLAS.- (Crítico de Arte – 2003)

En la pintura de Charo Vaquerizo, destaca sobre todo esa forma tan valiente de aplicar la materia sobre el soporte, con esa garra que hace que el paisaje parezca surgir de la nada y que esa luz propia le de vida.

Profundidad en la imagen pero vida en los primeros planos, sabiendo captar la realidad con la retina de sus ojos. Cuadros vivos y originales, fiel reflejo de su sensibilidad que ha encontrado en la pintura su cauce para dejar su impronta

CARMEN ALCAIDE.- (Doctora Bellas Artes- Universidad Complutense- 2003)

La pintura de Charo Vaquerizo nos enfrenta al constante y personal diálogo de la artista con una naturaleza que la sorprende y conmueve. Esa Naturaleza que impacta sus sentidos y reaparece transformada en sus lienzos, cargada de luz y ricos cromatismos.

Toda la energía vital de esta pintora se desprende de su forma directa y espontánea de aplicar la pincelada de empaste sustancioso. Y, más allá de cualquier moda o tendencia, a través de sus paisajes de colorido brillante nos deja la impronta de su persona, de su particular manera de observar el mundo y entender la vida

REVIST- ART.- (nº 73-XI. 2002)

Durante el pasado mes de noviembre, la pintora Charo Vaquerizo expuso parte de su obra más reciente en el Centro de Arte Danzón de Alcobendas, actual lugar de residencia de la artista. Su pintura nace desde la honestidad de su planteamiento, siguiendo las premisas del impresionismo más ortodoxo, a lo que añade su sello personal.

EL PUNTO DE LAS ARTES.- (29 noviembre 2002)

En el Centro Sociocultural Mariano Muñoz, se presentan pinturas de Charo Vaquerizo con expresiones de una naturaleza que plasma desde su orilla emocional, con colores plenos de pálpito.

ASOCIACION MADRILEÑA CRITICOS DE ARTE.- Isabel López Palacios (2002)

La pintura de Charo Vaquerizo comunica inmediatamente, capta el entorno y nos lo hace sentir. Su obra es espontánea, expresiva, cálida y colorista.

Nos comunica el frío de una tarde inverniza de Riaza, el fulgor del mediodía en un árbol, en el campo, en el cielo luminoso y rico en la gama de azules. O la explosión de color en las frutas, los bodegones de su cocina.

En su última exposición tiene obras en la vía de la abstracción, en donde todo el protagonismo lo toman la línea y el color; el puntillismo, el uso de nuevos medios mas matéricos, como las tierras, eran ya pasos en ese sentido.

Refleja lo que vive: su entorno, su casa, los montes, los campos y los cielos próximos. Está llena de entusiasmo, de alegría y de interés por esta forma de comunicación y expresión que lleva dentro, de lo que nos quiere decir.

Con un particular impresionismo,  nos expresa el paisaje como estado de ánimo en el momento en que lo vive consiguiendo con esa difícil armonía de colores la contemplación serena de la Naturaleza en todo su esplendor. Un regalo para los ojos y un canto a la vida.