#ESPIRITISMO
"El nacimiento no es un comienzo; la muerte no es un final." CHUANG TZU
 
EL RENACIMIENTO
 
“No te maravilles de lo que te he dicho: es necesario renacer de nuevo”.  JUAN III-7
 
“El viento sopla donde quiere, y se oye su voz; pero no sabe de donde viene, ni para donde va: así es todo aquello que ha nacido del espíritu”.  JUAN III-8
 
(del libro, MUERTE, RENACIMIENTO Y EVOLUCIÓN, por HERNANI GUIMARAES  ANDRADE , ediciones CIMA)
 

 
ENCUENTRO CON LA REENCARNACIÓN
 
En 1969 hicimos contacto, por primera vez, con un caso de reencarnación. El hecho se dio casualmente.
 
Habíamos iniciado, en 1967, una relación epistolar con el Dr. IAN  STEVENSON. En aquella ocasión tuvimos conocimiento de su libro “Twenty Cases Suggestive of Reincarnation” y escribimos al autor proponiéndole traducir el libro al portugués. En una de las cartas intercambiadas a este respecto, el 25 de abril de 1969, él ocasionalmente nos consultó sobre la posibilidad de que investigáramos un caso de reencarnación ocurrido en Sao Paulo. Conjuntamente con la carta venía una fotocopia del relato sobre el caso publicado el 3 de septiembre de 1968, en la revista alemana “Die Andere Welt”. La única pista que el Dr. STEVENSON nos ofrecía era el número de un apartado postal en Sao Paulo y el nombre de la autora del relato divulgado en dicha revista. Sólo eso, nada más. El número del apartado postal debía pertenecer a la autora del artículo, pero ella no respondió las cartas del Dr. STEVENSON; razón por la cual él estaba haciendo este último intento por localizarla.
 
Quien conoce Sao Paulo sabe lo que significa descubrir, en esas condiciones a una persona determinada. Equivale a encontrar un alfiler perdido en el césped del estadio de Maracaná.
 
Aún así, nos pusimos en acción y nos dirigimos al Correo Central. Allí, fuimos informados de que el número nos pertenecía a los apartados de la oficina central. Se no sugirió buscar en la agencia postal de Brooklin. El número era de esa agencia, pero el nombre no correspondía. El propietario había devuelto la suscripción. Conseguimos su antigua dirección y fuimos a buscarlo. Llegando al lugar, fuimos informados de que la persona ya había muerto hacía un año aproximadamente. Los residentes eran otros. Empezamos entonces una búsqueda por tentativas, en la misma calle, esperando encontrar vecinos conocidos de la persona fallecida y que pudiesen darnos la dirección de la familia. Finalmente encontramos a la propia familia, que vivía cerca. Por coincidencia, quien nos atendió fue justamente la propia sujeto, que era nieta de la autora del artículo.
 
Hicimos el levantamiento del caso, registrando las declaraciones de la familia y de los testigos, obteniendo también las fotografías de todos los implicados  en el acontecimiento. Remitidas las informaciones al Dr. STEVENSON, recibimos de él una carta calurosa y estimulante, sellando así una sólida amistad que perdura hasta hoy.
 
Fue este nuestro primer encuentro con “un caso que sugiere reencarnación”.
 

 
PRUEBAS DE LA REENCARNACIÓN
 
No pretendemos ofrecer aquí alguna prueba de reencarnación. No esperen eso. Simplemente queremos exponer algunas reflexiones sobre el problema del renacimiento.
 
Presumimos que algunos de nuestros lectores creen en la reencarnación. Pero pensamos que no todos han podido tener la experiencia de observar un caso concreto de ese género. Alguno que otro probablemente habrá experimentado la rarísima oportunidad de recordar o de saber con certeza que ya vivió otra vida o que fue una determinada personalidad del pasado.
 
Cuando conseguimos encontrar el primer caso de reencarnación, ya llevábamos cuarenta años familiarizados con las doctrinas reencarnacionistas. Oíamos hablar de esos casos. Habíamos leído mucho sobre el asunto. Sin embargo, no habíamos tropezado, personalmente, con un solo caso que nos pareciese real.
 
Para nosotros fue una sorpresa y una experiencia inolvidable el encuentro con el primer “caso que sugiere reencarnación”. De ahí en adelante la cosa se soltó. Los casos comenzaron a surgir, y cada uno diferente al otro. Es difícil traducir en palabras la sensación que tal experiencia nos proporcionó. Todo hecho es, de por sí, contundente. Se hace necesaria una fuerte dosis de escepticismo o de insensibilidad para no rendirse ante lo real, lo verificable. Tal vez los cuarenta años de adoctrinamiento reencarnacionista nos hubiesen predispuesto a la fácil aceptación de esos hechos, llevándonos a una ingenua credulidad, a la actitud del experimentador inexperto, y no a la del analista frío, a la del científico positivista.
 
Sin embargo, aunque nos arriesguemos a faltar a la debida modestia, osamos aclarar que, posiblemente, no merecemos la clasificación de crédulo, o de inexperto. Durante aquellos cuarenta años no leímos sólo la cartilla del reencarnacionismo. Cultivamos  otras disciplinas a las que nos obligó nuestra carrera universitaria. La duda nos asaltó constantemente, cuando, a través de estudios extracurriculares, buscábamos solucionar algunos enigmas ligados a la naturaleza del hombre.
 
Aunque algún psicólogo pudiese opinar lo contrario, siempre nos sentimos razonablemente escépticos ante los “casos espíritas” y los llamados “fenómenos paranormales”. Actualmente después de tantos años de experiencia en el trato directo con los eventos de esta categoría, nos sentimos más escépticos que antes, más analíticos y fríos todavía. Pero podemos depurar, de la inmensa masa de ocurrencias extrañas o paranormales, investigadas por nosotros, una considerable cantidad de hechos, a nuestro parecer auténticos y difícilmente controvertibles.
 
Las pocas veces en que, personalmente, hemos expuesto algunos casos de nuestra colección, observamos curiosas y variadas reacciones. Es relevante notar que tanto las críticas favorables como las desfavorables parten de personas sin duda inteligentes, pero a veces no preparadas para una evaluación correcta de las evidencias ofrecidas por los hechos. Particularmente, los adversarios de la hipótesis de la reencarnación, o ignoran totalmente la cuestión (como es el caso de ciertos materialistas), o se basan en opiniones personales gratuitas, o en hábiles racionalizaciones sustentadas por doctrinas filosóficas o por dogmas religiosos. Algunos de esos críticos reclaman evidencias más rigurosas. Quieren una prueba que los convenza. Y las exigencias en este sentido, por regla general, son absurdas, pues preestablecen condiciones de control inejecutables, o demandan informaciones imposibles.
 
Por esta razón, consideramos inútil ofrecer pruebas acerca de la reencarnación. Preferimos referirnos a las evidencias a favor del renacimiento.
 

 
LA ACEPTACIÓN DE LAS IDEAS REENCARNACIONISTAS Y SU DISTRIBUCIÓN HISTÓRICA Y GEOGRÁFICA
 
Cada persona es más o menos sensible a un determinado tipo de evidencia, particularmente cuando se trata del problema de la reencarnación. Por ello no todas las personas aceptan la evidencia experimental, es decir, aquella que proviene de la investigación directa de los hechos. Aquellos que tienen mayor experiencia en el trato con las ciencias se muestran mucho más sensibles a esta categoría de comprobación. Sin embargo son más exigentes acerca de la calidad de la investigación. En los países en donde el dogma de la reencarnación forma parte de las creencias populares, constituyendo una idea  muy difundida , hay mayor sensibilidad para las evidencias de carácter histórico, religiosos o racional. La Doctrina Espírita codificada por ALLAN KARDEC ofreció al público lego esos tipos de evidencias, con apreciable éxito. Pero, en Europa su aceptación fue grande apenas en el inicio, reduciéndose más tarde debido a las presiones religiosas y a las influencias del materialismo en la Ciencia.
 
En Brasil se nota una acentuada aceptación de las ideas reencarnacionistas. Su difusión se debe sobre todo al Espiritismo. En Occidente, Brasil es tal vez el pueblo más reencarnacionista. Compite, en este particular, con los grandes orientales, sonde el Hinduismo y el Budismo se encargaron de difundir ampliamente la idea de la reencarnación.
 
La creencia en la reencarnación es muy antigua y bastante esparcida. Ella constituye el dogma básico de casi todas las religiones de la antigüedad.
 
“El mito de la transmigración de las almas es tal vez el primer sistema filosófico que se ha producid en el mundo sobre la inmortalidad del alma y el origen del hombre; está íntimamente ligado con aquel de la reencarnación de la divinidad, en las creencias hieráticas de la India antigua”, dice LOUIS JACOLLIOT. (JACOLLIOT L. “MANOU-MOISE- MAHOMET”)
 
Probablemente la fuente más primitiva de las creencias religiosas de la humanidad sea el “Manava Dharmashastra”. Conocido como el “Código de Manu”. Este Código ya era citado en el “Rig Veda” cerca de 1330 años antes de Cristo. En el libro XII Manu se refiere al destino de las almas de aquellos que mueren:
 
“Después de la muerte, las almas de los hombres que cometieron malas acciones toman otro cuerpo, para la formación del cual concurren a los cinco elementos sutiles, y que esta destinado a ser sometido a las torturas de las zonas inferiores.
 
Cuando las almas revestidas de ese cuerpo ya sufrieron las penas purificadoras, penetran en los elementos groseros, a los cuales se unen para retomar un nuevo cuerpo, volver al mundo y concluir su evolución”. (JACOLLIOT, L. Opus cit)
 
La creencia en la reencarnación era un dogma fundamental de la religión egipcia: así lo afirmaba MANETHON, sacerdote sebenita. De hecho el “Papiro Anana” (1320 a. C.) enseña lo siguiente:
 
“El hombre retorna a la vida varias veces, pero no recuerda sus previas existencias, excepto algunas veces en su sueño, o como un pensamiento ligado a algún acontecimiento de una vida presente. El no puede precisar la fecha o el lugar de ese acontecimiento, apenas nota que le es algo familiar. Al final, todas esas vidas le serán reveladas”.
 
Es interesante notar, en la cita anterior, la impresionante semejanza de las evidencias mencionadas por el autor, con aquellas obtenidas actualmente en la investigación corriente de la reencarnación. Él se refiere a los sueños, a las recordaciones espontáneas y al “déjá vu”. Esto conduce  a pensar que su creencia en la reencarnación tuvo fundamento en la observación directa de los hechos. Por lo menos el autor del “Papiro Anana” parece haber testimoniado personalmente algunos casos que contenían evidencias del renacimiento.
 
El libro de FONTANE sobre Egipto, menciona una referencia aún más antigua acerca de la palingenesia (3.000 a. De C.):
 
“Antes de nacer el niño ya vivió, y la muerte no es el fin. La vida es un evento que pasa como el día solar que renace.”
 
Aquí vale acotar la referencia al niño que “antes de nacer ya vivió”. Parece que el autor obtuvo su conocimiento observando los recuerdos manifestados por niños, acerca de vidas anteriores. Estos casos son los que ofrecen las mejores evidencias a favor de la reencarnación. El Dr. IAN STEVENSON y el IBPP poseen, en sus colecciones de casos que sugieren reencarnación, un gran número de ese tipo.
 
La doctrina del renacimiento debe haber pasado de Egipto a Grecia. El intercambio cultural entre aquellos países siempre fue intenso. Los antiguos sabios griegos buscaban, en el viejo Egipto, las mejores fuentes del conocimiento de aquel tiempo. PHEREKYDES y su discípulo PITÁGORAS (contemporáneo de BUDA) fueron los principales propagadores de las ideas reencarnacionistas que fluyeron de Egipto a Grecia. El propio PITÁGORAS era una de esas raras personas portadoras de recuerdos de vidas anteriores. Por lo que se sabe, él decía acordarse no de una, sino de varias encarnaciones anteriores. En cierta ocasión, viendo una coraza que perteneciera al soldado EUPHORBUS, la reconoció inmediatamente. ¡PITÁGORAS afirmaba ser la reencarnación de aquel héroe de la guerra de Troya!
 
A título ilustrativo, vamos a enumerar por orden de antigüedad, algunas de las encarnaciones recordadas por PITÁGORAS  (filósofo y matemático griego nacido en Samos, 580-500 a. C.):
 
1)      guerrero troyano, llamado EUPHORBUS, que luchó durante la guerra de Troya:
 
2)      profeta. Llamado HERMOTIMUS, el cual fue quemado por sus rivales:
 
3)      agricultor en Tracia;
 
4)      esposa de un comerciante en Lidia;
 
5)      No sabemos si él se prostituta en Fenacia. Parece que esta fue la reencarnación más remota recordada por PITÁGORAS.
 
habría referido a otras reencarnaciones más antiguas aún. Pero eso no implica que él no hubiese tenido otras más anteriores a éstas.
 
Como se ve, la aceptación de la palingenesia no era simplemente una cuestión de doctrina o de opinión. Ella se apoyaba también en los hechos observados constantemente, aquí y acullá, en todos los tiempos y lugares.
 
SÓCRATES enseñaba la doctrina de la reencarnación a sus discípulos (Diálogos, “Fedón”, “Banquete” y “República”).
 
BUDA (SIDHARTA GAUTAMA) vivió en la India, en los años 560-480 a. de C. Nació en  Kapilavastu, en las faldas del Himalaya y pertenecía a la tribu de los Sakyas. Su biografía está rodeada de leyendas míticas. Sin embargo, en base a lo que se le atribuye como enseñanzas, BUDA debe haber sido realmente un personaje extraordinario, maravilloso. Su doctrina tiene aspectos tan profundos que, hasta hoy, ejerce extraña fascinación sobre todos la que la estudian seriamente. La reencarnación y la ley del karma constituyen los postulados básicos del Budismo. El objetivo primordial del Budismo es la liberación del “Samsara”, o sea, del círculo vicioso de las reencarnaciones sucesivas. Según el Budismo, la vida y el sufrimiento están indisolublemente ligados entre sí. La eliminación del sufrimiento está condicionada a la liberación de la necesidad de renacer. Esto sólo se alcanzará mediante el auto-perfeccionamiento. Mientras seamos imperfectos e ignorantes, estaremos sujetos a la ley del karma y seremos arrastrados inexorablemente al renacimiento por nuestro propio deseo de volver a la carne.
 
Fundamentalmente el Budismo se divide en dos grandes sectas: el Budismo Hinayana y el Budismo Mahayana.
 
El Hinayana es también llamado el Pequeño Vehículo o Escuela Theravada (Escuela de los Mayores). Según esta escuela, aquello que se reencarna es una especie de energía que pasa de una a otra encarnación. En lugar del alma, existe Anatta (no yo). ALEXANDRA DAVID-NEEL informa que, en el Tibet, la secta Theravada admite un principio denominado Namshés, la “conciencia que trasmigra” (el jiva de los hindúes). (DAVID-NEEL, A.) –Las Enseñanzas Secretas de los Budistas  Tibetanos, Buenos Aires: Editorial Kier, S. A. )
 
El Mahayana, llamado también Gran Vehículo, admite que es el alma que se reencarna. Los adeptos de la escuela Mahayana creen en la metempsicosis. SINNET, sin embargo, afirma que en los escritos budistas auténticos no hay mención al renacimiento del hombre en la forma del irracional.
 
Los principales países donde el Budismo se instaló y floreció son: India, Ceilán (Sri Lanka), China, Vietnam, Corea, Japón, Birmania, Tibet, Camboya, Indonesia, Mongolia  y Tailandia. Por esta lista, que reconocemos incompleta, puede verse la extensión  de la creencia en la reencarnación en el Oriente.
 
Al referirnos a la influencia del Budismo en los diversos países mencionados anteriormente, no podemos dejar de aclarar que otros sistemas religiosos fueron igualmente activos en este sentido.
 
Señalamos como los más importantes el Hinduismo, forma moderna del Brahmanismo, y del Jainismo que sigue las directrices de MAHAVIRA (540 a. de C.). Ambos predominan en la India. La reencarnación es enseñada por ellos.
 
Otros pueblos deben ser incluidos entre los reencarnacionistas. Persia recibió la creencia en la reencarnación de ZOROASTRO (Zend-Avesta). Los Celtas, los Druidas de la Galia antigua y los Teutones eran reencarnacionistas cuando CÉSAR los encontró. La creencia en la supervivencia y en la reencarnación era enseñada por la hechicería en Inglaterra, antes del advenimiento del Cristianismo. Los Cátaros (S. XI y XII) en Francia, eran reencarnacionistas. En África esta creencia está generalizada entre los aborígenes. Es interesante saber que las experiencias de las recordaciones reencarnatorias mencionadas por los Bangogos, Bassongos y otras tribus cercanas al río Congo, se asemejan notablemente a aquellas que se observan en las investigaciones corrientes de los casos de reencarnación. Incluso hace referencia a las marcas de nacimiento (birthmarks) relacionadas con las heridas mortales  recibidas por los sujetos en la vida anterior. En Alaska, entre los indios Tlingit también es creencia general que las cicatrices o heridas mortales pueden reaparecer como señales en el cuerpo del renacido. STEVENSON alude a numerosos casos de este tipo observados en Alaska. Entre los esquimales hay también numerosos casos de personas con recuerdos de vidas anteriores. El Profesor P. RADIEU registró la creencia en la reencarnación entre los pieles-roja Winnibagos. Creencia idéntica fue señalada por F. COSE, entre los indios Chippeway. STEVENSON investigó muchos casos que sugieren reencarnación en Turquía y en el Líbano. La secta de los Drusos era reencarnacionista.
 
Nos parece cierto que los antiguos judíos admitían la reencarnación. En la obra del historiador judío FLAVIUS JOSEPHUS hay clara referencia al renacimiento, en sus severas recomendaciones a los soldados que preferían suicidarse para no dejarse capturar por los romanos.
 
“¿No os acordáis de que todos los espíritus puros que se encuentran de conformidad con la voluntad divina viven en los más humildes lugares celestiales, y que con el transcurrir del tiempo ellos serán de nuevo enviados de regreis para habitar cuerpos inocentes? ¿Y que las almas de aquellos que se suicidaron serán lanzadas a las regiones tenebrosas del mundo inferior?” (De Bello Judaico)
 
En el Viejo Testamento se encuentran alusiones a la reencarnación, en los siguientes capítulos: JOB, I: 21; JEREMÍAS, I:5; MALACHIAS, I:2; IV:5.
 
La tesis del renacimiento fue condenada en el Concilio de Constantinopla del año 553. Nos parece que ningún otro concilio de la Iglesia trató alguna materia semejante. El Concilio de Constantinopla no fue un concilio ecuménico general, por lo tanto su autoridad es local y no universal. Además, él no condenó propiamente la reencarnación sino la herejía de ORIGENES, según la cual todas las almas eran espíritus angelicales, preexistentes, surgidos en el inicio de la Creación. Habiendo ellos pecado, a pesar de esta condición, fueron obligados a sucesivos renacimientos en cuerpos materiales, a fin de que se purificaran..
 
En el Nuevo Testamento hay también varias alusiones a la reencarnación. Véanse los siguientes capítulos y versículos: MATEO, XI: 7-15; XVI: 13-14; XVII 10-13; MARCOS, VIII: 27-28; IX: 11-13; LUCAS, I: 17; VII: 24-28; IX: 18-19; JUAN, III: 1-13; VIII: 56-58; IX: 1-3; A los ROMANOS, IX: 13. (ver MALAQUÏAS, I:2-3);  A los EFESIOS I: 3-5.
 
Pero no queremos, con estas citas insinuar que la idea de la reencarnación tenga como principal evidencia las tradiciones históricas y su aceptación en una amplia área de la humanidad. La reencarnación es un hecho biológico que está siendo actualmente verificado rigurosamente por métodos científicos legítimos y absolutamente independientes de las circunstancias regionales e histórico-religiosas antes mencionadas.

 
LA REENCARNACIÓN, ¿UNA LEY DE LA NATURALEZA?
 
Los descubrimientos científicos anteceden en mucho a su divulgación, popularización y, finalmente, a su aplicación práctica. Por eso no es raro ver que ciertos beneficios del progreso científico y tecnológico fueron aceptados y utilizados muchos años después de su descubrimiento. Algunos de ellos fueron recibidos con hostilidad y tuvieron que enfrentar la reacción agresiva que normalmente parte de grupos institucionalizados, científicos o religiosos, cuya estabilidad se cree amenazada por la innovación. Es innecesario recordar los rasgos de la lucha entre GALILEO y la Inquisición, las dificultades enfrentadas pro PASTEUR, los problemas creados por la vacuna, la reacción a las teorías de DARWIN, FREUD y EINSTEIN, así como numerosos otros episodios semejantes. Algunos descubrimientos quedaron olvidados por muchos años, como el de MENDEL (genética). Otros sufrieron un período de incubación, como el de los transistores que nacieron de la Física del estado sólido. Del mismo modo, el aprovechamiento de la energía nuclear exigió varias décadas de lento y sistemático desarrollo de la física cuántica hasta hacerse efectivo.
 
El descubrimiento de la palingenesia se inició hace muchos milenios. Algunos historiadores admiten que la creencia en el renacimiento puede haber existido incluso en  los paleantropídeos   hace ya millares de siglos. MIRCEA ELIADE (Universidad de Chicago), comentando ciertos detalles de las sepulturas paleolíticas y de las posiciones de los cadáveres allí sepultados, en relación con la disposición de las osamentas dice lo siguiente:
 
“Por otro lado, nada impide que la posición curvada del muerto, lejos de indicar el miedo a los “cadáveres vivos” (miedo arraigado en algunos pueblos), signifique, por el contrario, la esperanza de un “renacimiento”; se conocen, en efecto, varios casos de inhumación intencional en posición fetal”.
 
A pesar de que su descubrimiento fue hecho hace tanto tiempo, sólo recientemente la reencarnación fue incluida en el programa de investigación de los casos paranormales hoy aceptados por la ciencia oficial.
 
Hay un interés creciente por el estudio de la reencarnación en los medios científicos, evidenciado en la admisión, cada vez más frecuente, de artículos que tratan de la reencarnación en revistas científicas de otras especialidades diferentes a la Parapsicología. Damos como ejemplo el Journal of Nervos and Mental Disease, publicación  de gran prestigio en los Estados Unidos, que ya incluyó en sus ediciones varios trabajos sobre reencarnación, escritos por el Dr. IAN STEVENSON, profesor de Psiquiatría de la Facultad de Medicina de la Universidad de Virginia, en los Estados Unidos. El propio departamento editorial de esa Universidad ya publicó cuatro libros sobre reencarnación, escritos por el referido psiquiatra.
 
En abril de 1981, recibimos, personalmente del Dr. IAN STEVENSON, un código para computación, relativo a casos de reencarnación. Él ya levantó cerca de 2000 casos de este género y pretende introducir los datos obtenidos en sus investigaciones en los computadores.
 
Actualmente, la investigación de la reencarnación ya está entrando en el terreno de la aplicación práctica en el campo de la Psicoterapia.
 
Muchos otros investigadores y el equipo del Instituto Brasileño de Pesquisas Psicobiofísicas –IBPP- prosigue activamente en busca de casos de reencarnación. Pensamos que, dentro de algunos años, la palingenesia dejará de ser encarada como creencia religiosa y pasará a ser estudiada exclusivamente como una ley de la naturaleza.