El sueño de un balance universal
Los auditores debaten las reglas contables del futuro
LA VANGUARDIA - 05.00 horas - 24/11/2002
La quiebra de Enron ha causado una revolución en el mundo de la auditoría
Piergiorgio M. Sandri
Después de la quiebra de Enron, hace casi un año, el mundo de la auditoría se está lamiendo las heridas. En el congreso mundial de contables, celebrado esta semana en Hong Kong con la participación de más de 5.000 profesionales, el colectivo entonó un profundo mea culpa y algunos afirmaron sentirse "avergonzados".
En efecto, su imagen salió comprometida por los escándalos financieros. René Ricol, presidente de la Federación Internacional de Expertos Contables (IFAC), admitió que "hay que incrementar los esfuerzos en términos de control interno, gestión de riesgos y control de calidad".
La necesidad de introducir cambios ha sido motivada también por las profundas repercusiones económicas que tuvieron las quiebras de Enron, Tyco y WorldCom. Paul Atkins, miembro de la SEC, la comisión bursátil estadounidense, afirmó que causaron sólo en Estados Unidos un recorte de 5 billones de dólares en capitalización bursátil, lo que representa un daño medio de 60.000 dólares para cada hogar. En estos meses, las primeras reacciones del mundo político y empresarial han tenido como blanco los auditores.
Las modificaciones introducidas en distintos países han seguido unas tendencias comunes: restricciones a la captación de nuevos clientes, aumento del régimen de incompatibilidades, rotación periódica de los auditores, mayores obligaciones de certificación y de conservación de los registros. Y si, tal como dice un experto, "bastan un buen contable y un buen abogado para que se violen las normas", para reforzar el control también se ha endurecido el régimen sancionador. Por ejemplo, las penas para el delito de falsificación en balances en Estados Unidos se incrementaron en 25 años.
Ahora bien, no deja de ser curioso que, mientras se ha intervenido sobre los encargados de aplicar las reglas (los auditores), la disciplina contable se ha dejado sin variaciones. Ignacio Casanovas, socio de Mazars Auditores, dice que tras lo de Enron "en Europa se ha seguido con más convicción el camino para la adopción de las reglas contables IASC, cuya introducción en la UE se prevé para el 2005".
Por su parte, Estados Unidos sigue defendiendo su propio sistema contable, más rígido y complejo. Pero en ambos casos no se realizaron cambios sustanciales.
Entre la contabilidad europea y estadounidense existen aún diferencias. La primera es más flexible y adopta conceptos como el "valor razonable". La segunda es más reglamentista, aunque, como decía un experto, "cuando se intenta lograr mucho, se logra el efecto opuesto". Ahora se empieza incluso a barajar la
posibilidad de una armonización entre los dos sistemas.
Sir David Tweedie, presidente del International Accounting Standards Board (IASB), aseguró esta semana que "se va a coger lo mejor de cada norma nacional y dar lugar así a una norma mundial". Esto evitaría que la empresas se aprovechen de la duplicidad de los sistemas para eludir la ley. Pero el proyecto queda de momento en propósito de buenas intenciones. Algunos incluso opinan que sólo solucionaría una parte del problema.
En este sentido, Miguel Trias, catedrático de Derecho Mercantil y socio director de Landwell-PWC, sostiene que, más que reformar la auditoría y la contabilidad, habría que replantear el actual modelo de gobierno corporativo. En su opinión, en casos como los de Enron "fallaron todos los sistemas de control y además los consejeros delegados actuaron con absoluta impunidad". Viene al hilo la célebre frase pronunciada por un alto ejecutivo estadounidense cuándo se le acusaba de irregularidades: "¿Cómo se puede pensar que yo me entere de más de 700 páginas de reglas contables? Es más, no tengo por qué hacerlo ya que yo sólo me ocupo de contestar a las preguntas importantes".
Así, por mucho que se quiera intervenir o reglamentar, el problema de los escándalos parece ser el fruto sobre todo de una falta de ética. Ahora las empresas están redescubriendo los llamados "códigos de buen gobierno". En España, el Círculo de Empresarios recomienda a las empresas que las adopten "no sólo por razones éticas". ¿Bastará?