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¿Por
qué estamos contra Saddam?
Razones para una
guerra
Al
hilo del debate que recorre el mundo no hemos podido resistir la
tentación de dar nuestra opinión de esta guerra en curso y que, por
impopular y manejada políticamente, parece tener una sola y exclusiva
respuesta: No.
En
El liberal, donde nos las pintamos solos en esto de llevar la contraria,
queremos contribuir a romper una lanza a favor de la intervención internacional
en Irak. Muchos pensarán que estamos locos, otros que somos unos
belicistas redomados enemigos de la especia humana, y algunos, los más
tontos, que Washington se ha acordado de nosotros y nos ha untado
debidamente tal y como anunció hace cosa de dos meses. Ninguna de estas
suposiciones es cierta. Decimos lo que pensamos y como la cosa está muy
malita y no se debe bromear con las desgracias ajenas allá va un puñado
de razones que se salen del SI y del NO que tanto se lleva en las
encuestas de las últimas semanas.
1.- La guerra contra Irak no ha terminado, se encuentra en fase de alto el fuego desde 1991, un compás de espera hasta que Saddam demuestre a la ONU que ha destruido todo su arsenal químico
y bacteriológico. Luego no habría que iniciar ninguna guerra sino terminar la que empezó hace 12 años.
2.- Derrocar a un tirano es legítimo.
Ójala se hubiese intervenido sobre la Alemania de Hitler, la Rumania de
Ceaucescu o la Uganda de Idi Amín. Saddam Hussein no es un dictadorzuelo cualquiera, es un genocida en toda regla que tiene tiranizado y muerto de hambre a su propio pueblo desde hace más de 20 años.
El balance de dos décadas de desgobierno de Saddam han sido dos guerras
consecutivas, hambre, calamidades sin cuento y represión sistemática. Si
no conseguimos levantar a este señor de la poltrona podemos decir con
amargura que no hemos aprendido nada del infausto siglo XX. Dios nos pille
confesados para el XXI.
3.- Los vínculos entre el régimen asesino de Saddam y
el terrorismo islámico son tan evidentes que sería un error imperdonable
que la comunidad internacional mirase a otra parte. Para cuando Luego
vengan las lagrimas y los crujidos de dientes más triste será saber que
se le pudo poner remedio y no se hizo.
4.- El pueblo
iraquí merece todo nuestro respeto y comprensión y merece también una
vida digna, un sistema jurídico que le permita prosperar, educar a sus
hijos y vivir en paz. Por ello el mejor regalo que el mundo civilizado
puede hacer a este desdichado pueblo es la intervención y la
restauración de la soberanía en un marco democrático.
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