Al recibir palabras dolorosas

emprenderemos, ¡Ay!, la perdida huida,

sentiremos el alma escapar, ida

en mecánicas formas tan hermosas.

Y nos vienen sesgadas, son odiosas

las prisas, disimulan y no olvida

lo simple, lo complejo de la vida;

y es cuando vemos otras mariposas,

en ocasiones incluso reír;

entonces los amigos de ahí

cantan, en los momentos de más calma,

lloran, cuando presentimos el hambre,

viven, sin derramar muerte ni sangre.

Y queremos que nos oigan el alma.

 

 

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