F I N
Estoy aterrado. Lo que comenzó como un juego de mi mente y que creí que sería solamente eso, un juego muy divertido, ha resultado ser una realidad abrumadora. No sé exactamente cómo diablos he logrado encontrarme en las mismas y exactas situaciones que ya viví hace muchos años, no sé cómo lo hago, pero me acomodo en este sillón tan confortable y dejo que mis pensamientos y mis recuerdos fluyan libremente y, dejándome arrastrar por esos recuerdos, vuelvo a vivir con tremenda exactitud lo que ya viví años atrás. Creí al principio que era simplemente una ensoñación hasta que, un día, al despertar, encontré en mis piernas las marca rojizas y sangrantes de los correazos de mi padre. Mis recuerdos me habían trasladado a mi infancia y había vivido de nuevo aquella escena en la que me enfrenté a él y, mi padre, furioso y borracho por el vino y por la ira, me llenó el cuerpo de golpes y correazos. Y resulta curioso que, mientras me pegaba, yo sabía que lo estaba soñando y que solamente eran recuerdos y, mientras revivía esos momentos, me parecía increíble que pudiera mi imaginación rememorar tantos detalles, e incluso sentir en mis carnes el dolor lacerante que me causaba la correa.
Mi padre me pegaba y yo revivía aquella situación sin poderla remediar, pero al mismo tiempo, mi mente no dejaba de pensar en lo que me hubiera gustado decirle: papá, no sirve para nada que me pegues, ya ves, han pasado muchos años y nunca aprendí algo bueno por haberme pegado tanto, ahora tú estás muerto y ni siquiera por respeto a tu memoria puedo darte la razón. Pero me sentía incapaz de decírselo, y él me pegaba y yo traba de huir de sus golpes como si estuviese viviendo dos vidas al mismo tiempo. Y me daba cuenta de que era como si dentro de mi existiesen dos mentes; una era mi mente de niño que sufría y la otra mente era la que tengo ahora, actuando de observador. Cuando desperté de mi ensoñación me encontré dolorido. Me dolían las piernas y contemplé con asombro que las tenía llenas de marcas. Me levanté del sillón en el que había permanecido sentado y me dirigí al botiquín; impregné en algodón un buen chorro de agua oxigenada y me curé las heridas sin encontrar explicación a lo que había ocurrido. Yo mismo no podía creerlo pero las heridas eran muy reales. Aquello fue el principio de una larga cadena de recuerdos y sucesos inexplicables.
Tengo tantos recuerdos... algunos de los recuerdos que he rememorado no llego a comprenderlos, al menos no comprendo la importancia que pueda tener revivirlos al cabo de tantos años; como el de aquella mañana fría de invierno cuando, al dirigirme a la escuela, vi a un mendigo que me inspiró mucha lástima y le entregué el bocadillo que yo llevaba, envuelto en papel, y que mi madre me había preparado. El mendigo se sorprendió y me entregó a cambio... Ħun botón!. El mendigo estaba aterido por el frío y tenía la mano extendida pidiendo una limosna. Al ofrecerle el bocadillo, en un primer momento no se atrevió a cogerlo, pero terminó aceptándolo con una sonrisa. Enseguida rebuscó en sus bolsillos, sacó algo de uno de ellos e insistió para que yo lo cogiese. Y yo lo cogí y, al mirar lo que el mendigo me daba, vi que era un botón. Me entregó aquel botón como si en lugar de un botón fuese un tesoro, y quizá para él lo era, o pensó que para mi, un niño, ciertamente lo sería. Viví de nuevo todo eso y mi mente deseaba decirle: me acuerdo de ti, pero eres únicamente un recuerdo, no eres real. Al despertar en mi sillón me di cuenta de que mantenía una de mis manos fuertemente cerrada, ocultando algo dentro de ella y, al abrirla, Ħtenía en mi mano aquel botón!
Fue el principio. Después llegaron otros muchos recuerdos y, al despertar, siempre encontré pruebas reales de haberlos vivido de nuevo; pero nada de eso importa y nunca lo conté a nadie, pues nadie me hubiera creído. Luego, empezó lo más terrible y que me ha llenado de pánico, pues comencé a vivir lo que yo nunca había vivido. No lo había vivido porque era imposible que fuese así. Y supe que estaba soñando otra vez aquellos sueños de mi infancia que creía tener olvidados y que, ahora, al igual que en mis sueños de entonces, yo era un viajero del espacio infinito, recorriendo mundos ignotos. En éste último sueño me han raptado unos seres extraños, pertenecientes a uno de esos lejanos mundos; se han adueñado de mi y me han introducido en el cuerpo un dispositivo, un objeto que, según me han hecho comprender mientras se reían diabólicamente, estallará cuando me encuentre de nuevo en La Tierra, aniquilando a nuestra Humanidad. Desean apoderarse de nuestro Planeta y parece que en mi han encontrado la clave para poder conseguirlo. De todas mis ensoñaciones, ésta es la que importa, ésta es la más terrible de todas. Acabo de despertarme y me encuentro en mi sillón sin saber qué hacer; no me atrevo a moverme. Dentro de mi, noto y también oigo un débil sonido que va creciendo en intensidad y que me hace temblar. Todo mi cuerpo está temblando y, aunque trato de evitarlo, me resulta imposible. Ya no soy dueño de mi cuerpo. Debería llamar, avisar a alguien, pero no puedo dominar mis movimientos. Cada vez lo noto y lo oigo más fuerte, tan fuerte que está dominando mis sentidos, me martillea el cerebro y me nubla la visión. Es algo parecido a un tictac...