"En Tartaloetxeeta vivía el rey de los Tártalos, que tenía una hija. Esta hizo un amigo. El padre dijo a su hija que exigía un yerno que fuese más fuerte que él en tres cosas.
La hija le respondió que su amigo podía tanto como eso y que le señalara las tres labores. La primera cosa era a ver quién arrancaba a mano un haya.
El rey agarró por el tronco una corpulenta haya y la arrancó entera en el hayedo de Izarra.
El yerno pretendiente tomó un bramante y con él rodeó todo el hayedo.
- ¿Qué vas a hacer con eso? -le preguntó el rey.
- Arrancar todo el hayedo -le contestó el otro.
- No lo hagas; ese bosque nos hace falta dijo el rey.
- La segunda cosa era a ver quién jugaba más a la palanca.
El rey lanzó lejos la palanca. El futuro yerno, con su palanca en la mano, empezó a gritos: ahí va la palanca hasta Salamanca.
- No hagas tal -le dijo el rey-, pues tengo en Salamanca toda mi parentela.
La tercera cosa era a ver quién lanzaba más lejos la piedra.
El rey lanzó muy lejos la piedra.
El pretendiente sacó de la mano un tordo y lo envió. El tordo desapareció hacia el lado del caserío Arakamu.
Entonces el rey otorgó a su hija permiso para casarse con aquel su amigo.