Fusilamiento (Punto de vista del capitán)

El capitán del pelotón se erige frío cuan témpano de hielo frente al soldado que tiene que disparar. Tiene en el rostro un talante muy serio, sabe que alguien va a morir y aunque ya está acostumbrado a estas cosas, cada nuevo fusilamiento es nuevo para él. Sabe que los hombres están destinados a matarse los unos a los otros, así que, nervioso, mira el reloj. Faltan 3 minutos para dar la orden mientras el reo es colocado frente a una pared que refleja el paso del tiempo con desconchones en el muro parecidos a llagas en la anatomía de un leproso, causa de cientos de disparos procedentes de otros tantos fusilamientos.

Ummm... este soldado creo que es demasiado cobarde para disparar, no se si tendrá el valor suficiente para hacerlo, aunque alguna vez tendrá que ser y esta es su oportunidad para saber por fin lo que es matar a un hombre. Estamos adiestrados para eso, tristemente, para matarnos los unos a los otros, además, a un hombre que es culpable de un delito tan grave se le pega un tiro y no te da tiempo ni a pensar lo que has hecho, en fin, espero que cumpla con su deber y lo mate como debe.

  El tiempo corre en contra del reo y ya sólo falta medio minuto para que el capitán, ahora más firme si cabe, dé la orden fatídica. Mira al soldado con un rostro que refleja una mezcla de tristeza y autoridad y lanzando una última y breve mirada a su reloj hace una seña al soldado quien con un pequeño movimiento de su dedo índice regala al reo un pasaje  al descanso y bienestar que culminarán en un sueño eterno.

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Fusilamiento (Punto de vista del soldado)

El soldado, con su rostro bañado en un sudor frío, mira nervioso a su capitán.

Está esperando simplemente una señal, un gesto, un movimiento... para acabar cuanto antes con su fatal tarea. Sólo faltan 3 escasos minutos para el momento, pero a él le parecen horas interminables.

Por fín, van sacando al reo y lo colocan frente a la desconchada pared.

El soldado cada vez más inquieto mira sin parar a su capitán para que de una vez le de la maldita señal y acabe con esa situación tan angustiosa cuanto antes.

El instante se acerca y el capitán mira serio y autoritario al soldado. Le hace la señal definitiva.

El soldado ahora armado de valor, pone toda su atención en el dedo índice que con una pequeña presión hace que el fusil se convierta en el medio de transporte que llevará a aquel pobre hombre con los ojos vendados y el alma partida a un viaje sin retorno.

Autor (Zimpatico)