EL PERRO Y EL HENO
Un perro tomo la costumbre de subirse a lo alto de un pesebre repleto de heno para, mostrando sus colmillos y ladrando con rabia, ahuyentar a los bueyes que pretendían acercarse hasta el pesebre para comer.
- ¿Por que eres tan perverso? - le pregunto uno de los bueyes -. Anida tanta maldad en tu corazón que te adueñas del heno que nos prepara el amo pese a que no puedes comerlo.
- Me causa placer vuestro miedo - replico el perro.
A la mañana siguiente, cuando el amo había llevado los bueyes al campo, hambriento ya, el perro salió en busca de algún hueso que roer. En el corral de la casa, un gigantesco mastín, harto de comer, tenia sus patazas recostadas sobre un hueso que ya no podía comer.
- Déjame ese hueso puesto que tu no lo puedes comer - le dijo el perro que había pasado la noche sobre el pesebre.
- ¡Comete el heno que no has dejado comer a los bueyes! - le replico el mastín.
MORALEJA
Quien ni come ni deja comer, quien no usa una cosa pero no deja que otros lo hagan, merece encontrarse con otro que le haga otro tanto.