Alrededor de este nombre se han concentrado varios temas míticos de diversas procedencias. Jentil era el hombre salvaje, dotado de fuerza extraordinaria, que vivía en una montaña, en una lejana casa; el que lanzó diversos peñascos, muy conocidos en el país, a largas distancias; el pagano que generalmente vivía en paz con los cristianos.
Jentilarri. Con este nombre son designados algunos peñascos, que, según ciertas leyendas, ocupan los sitios actuales por haber sido lanzados de lejanos parajes por los gentiles. Tales son los del barranco de Urdiola (Arrancudiaga), arrojados a aquel lugar por los gentiles que jugaban a bolos entre la montaña del mismo nombre y el Castillo de Aracaldo; el de Markola (Carranza), que, al ser lanzado por un gentil, aplastó a un hombre y a su yunta de bueyes; el llamado Txoritekoa o Txoritegui (de Cerain), fue lanzado a honda desde Aralar; el peñasco existente junto a la fuente de Urdiain fue llevado allí por un gentil; la peña Saltarri situada en el prado de Alotza (en Aralar) fue lanzada por un gentil desde la montaña Murumendi (sobre Beasain e Isasondo).
Son también llamados Jentillarriak "piedras de gentiles" unos peñascos existentes junto a la ermita de San Martín (en Mañaria), y una cueva formada por ellos es considerada como antigua vivienda de gentiles.