En un pequeño pueblo llamado Albanta, rodeado de árboles y montañas, y atravesado
por un pequeño río de aguas cristalinas que cada principio de otoño empezaba
a congelarse ocurrió un suceso muy extraño que ahora os vamos a contar.
Una mañana de domingo, cuatro niños del pueblo: Mari Carmen, Blanca, Nathan
y Manuel habían quedado para ir a patinar sobre la superficie del río congelado
en el que se lo pasaban pipa.
Estaban preparando un circuito: colocando ramas, formando un camino, poniendo
hierbas para saltarlas, y muchas más cosas. Empezó la competición y la verdad
es que todo parecía estar preparado para pasarlo super bien, cuando oyeron un
ruido que venía del cielo. Todos dejaron de patinar y buscaron entre las nubes
blancas el origen de ese extraño zumbido que llegaba incluso a obligarles a
taparse las orejas con las manos, y eso que estaban llenas de agua fría de tanto
rozarlas con el hielo.
De pronto, Nathan vio algo entre dos nubes grises:
-¡Mirad allí! ¡Allí hay algo que da vueltas!
No podían creerlo, pero un objeto volador se acercaba hacia ellos y terminó
estrellándose contra la capa de hielo. El golpe fue tremendo y se abrió un agujero
cayendo al agua helada que comenzó a soltar humo y a derretirse.
Los niños, asustados se fueron lejos de aquel extraño objeto. No sabían lo que
era pero debía pesar varias toneladas, pues con el golpe el hielo se rompió
como si fuera una tableta de chocolate.
Mari Carmen, armada de valor, se acercó al gran agujero cogida de la mano de
Blanca y de los otros niños, por si se resbalaban.
Era increíble, bajo el hielo se veía un gran trineo enganchado a varios vagones;
y un señor de cabello blanco y traje llamativamente rojo estaba inconsciente
en la parte delantera del trineo, y con las manos agarradas a las riendas. Los
niños empezaron a ponerse nerviosos:
-Se ha debido caer de un avión -decía Manuel-
-Pues yo pienso que no...que es Papá Noël en persona -dijo Blanca-
-No sé, pero a mí me parece que puede ser un extraterrestre -comentaba Nathan
con los ojos abiertos como platos.
Blanca entonces puso un poco de orden en el tema:
-¡Escuchadme!. Sea quien sea debemos ayudarle, así que vamos a buscar a la gente
del pueblo.
-No, eso no. Pues si tardamos un poco más se pueden llegar a morir congelados.
-¿Entonces tú qué propones?
-Podríamos tirar entre todos de esa cuerda. Parece que está sujeta a la parte
delantera del tri-tri-tri neo. -Tiritaba Blanca desesperada-
Nuevamente surgió un gran ruido en el cielo. Era parecido al anterior y los
niños creyeron que otros objetos extraños iban a caer sobre ellos.
Corrieron a esconderse entre las ramas que había a las orillas del río y desde
allí observaron muertos de miedo.
Eran tres camellos con tres señores que venían preocupados buscando no se sabe
qué. Se posaron sobre el hielo suavemente y luego empezaron a buscar bajo la
capa de hielo, pero se iban lejos de donde todo había ocurrido. Sus figuras
eran gigantescas al lado de los niños que se quedaron totalmente paralizados
al ver ...¡A los mismísimos Reyes Magos paseando por su pista de patinaje!
Sin esperar un segundo, Mari Carmen se armó de valor y les llamó:
-¡Eh! ¡Vosotros! ¡Tenéis que ayudarnos!
Los tres jinetes se dieron la espalda y miraron al sitio de donde venía la voz.
De repente desaparecieron ante los ojos de los propios niños que se quedaron
asombrados.
-¿Habéis visto? ¡Ya no están!
Nathan que era astuto en esto de los fenómenos extraños y tenía alma de detective
dijo:
- Sí están. Lo que pasa es que no los vemosssss. Fíjate en los arañazos que
tiene el hielo a partir de ahí.
- ¡Es verdad!
Entonces empezaron a buscar huellas en la nieve.
Siguieron a una de ellas. Se trataba de las más profundas. Claro, era el camello
de Baltasar, cargado de miles de regalos mágicamente colocados en las alforjas.
Entonces, Blanca se armó de valentía y se colocó frente a las huellas que iban
hacia el lugar donde estaban escondidos. Saltó entre las ramas y dijo:
-Necesitamos ayuda. ¡Alguien está debajo del hielo y no podemos sacarle!.
Los tres camellos y los reyes fueron apareciendo a medida que se acercaban a
la niña. Melchor le preguntó:
-¿Dónde ha caído? ¡Rápido! ¡Es muy importante!
-¡Allí! ¡Allí! -gritaba Nathan señalando el agujero a lo lejos-.
Los siete se acercaron al agujero, Melchor sacó una cuerda larguísima y con
un toque mágico la cuerda cobró vida. Entró en el agua y rodeó a Papá Noel.
En ese momento Melchor pidió ayuda:
-¡Vamos! ¡Agarrad fuerte y tirad hasta que le saquemos!
El hielo resbalaba pero los siete comenzaron a tirar a un tiempo. Bueno, en
realidad los nueve, pues los camellos también ayudaban con su enorme cuerpo.
Por fin salió Papá Noel del agujero y todos se dispusieron a ayudarle.
Los niños no podían creer lo que veían. ¡Estaban con los Tres Reyes Magos y
Papá Noel juntos!
Blanca, siempre tan curiosa, después de que lo más grave hubo pasado y Papá
Noel ya pudo hablar le preguntó:
-¡Por qué caíste aquí? ¿Cómo sabían los tres Reyes Magos que estabas en el río?
-Verás pequeña -dijo Papá Noel con voz grave- es que todos los años es lo mismo.
Los Reyes Magos se quejaban de que siempre les llevaba yo a los niños y niñas
los mejores regalos, y que ellos llegaban más tarde.
-Sí,-dijo enfadado Gaspar- siempre ocurre igual. Tú les das regalos el día veinticinco
y nosotros ya llegamos demasiado tarde, o cuando los niños y niñas están hartos
de jugar.
-Bueno pues como te decía -continuó Papá Noel- decidimos echarlo a suertes en
una carrera por el aire con nuestros respectivos vehículos: camellos voladores
y trineo. Y ya ves, me salí en aquella nube y caí al río. Menos mal que estabais
vosotros aquí jugando que si no...
-Pues creo que la solución ya está dicha. -comentó Mari Carmen- Que todos los
niños y niñas reciban los regalos según vayáis llegando vosotros. Así tendremos
doble regalo y así lo pasaremos mejor.
De este modo en aquel pueblo llamado Albanta, por primera vez se dieron cita
en la misma navidad Papá Noel y luego los Reyes Magos y los niños y niñas siguieron
siendo felices en el río helado, pues antes de despedirse de ellos con un abrazo
mágico reconstruyeron el enorme agujero que hizo Papá Noel al caer.
Desde entonces, en algunos países los niños tienen que escribir dos cartas:
una a Papá Noel y otra a los tres Reyes Magos: Melchor, Gaspar y Baltasar.
Este cuento ha sido realizado con las ideas que llovieron en la clase de Quinto
A en el COLEGIO PÚBLICO MIGUEL HERNÁNDEZ
El día 4 de Diciembre de 2002.