En 1591, el Consejo de las Ordenes, preocupado por el trato que se da a los galeotes, acuerda enviar un juez visitador a Almadén, con el fin de determinar quiénes era culpables de los malos tratos, proponer remedios para que en lo sucesivo cesaran los daños, inconvenientes y desórdenes que hubiese habido.
Los Fúcares se oponen a que se lleve a efecto la visita. Se apoyan en ciertos principios legales derivados de los asientos, que fueron concertados con el Consejo de Hacienda y no con el de las Ordenes.
Desde 1566, año en que empiezan a llegar galeotes a
Almadén, hasta el momento en que Mateo Alemán (autor de la obra
picaresca “Guzmán de Alfarache”) realiza su visita, nada
iba a ser más cruel que el trabajo en el pozo de azogue. Galeotes condenados
por rufianes, otros por hurto o por robo, algunos por crímenes de sangre,
moriscos procedentes del Albaicín, gitanos perseguidos por ladrones,
bandoleros y esclavos van a arrastrar sus desdichas existencias en el sombrío
subsuelo de Almadén en el último tercio del siglo XVI.
Además, los Fúcares alegan su autonomía: tienen facultad de nombrar alcalde mayor y de administrar justicia en lo civil y lo criminal, dentro de los territorios que han arrendado para su explotación. Los 30 galeotes concedidos en 1566 ya se había elevado a 40 en 1583. ¿Afectaba al Consejo de las Ordenes realmente, el problema de los galeotes y la cuestión de un trato humanitario a los forzados? ¿O habría cierto interés en buscar un pretexto para censurar la orientación del Consejo de Hacienda? ¿Y por qué esa impaciencia por hallar precisamente los originales de los asientos entre la Corona y los Fúcares, documentos que deberían encontrarse más bien en el archivo de algún organismo real?
Tras una parada en Almagro, Mateo Alemán llega a Almadén el día 4 de Febrero.
A lo largo de sus interrogatorios a los presos se describen algunos hechos como el que sigue:
"En su declaración, Fray Juan de Pedraza habla, contestando a la pregunta de Mateo Alemán, sobre los tratos que daba a los forzados Miguel Brete: "en el tiempo que fue veedor andaba con un bastón hacía entrar a los forzados en el horno, estando abrasando, a sacar las ollas y que del dicho horno salían quemados y se les pegaban los pellejos de las manos a las ollas y las suelas de los zapatos se quedaban en el dicho horno y las orejas se les arrugaban hacia arriba del dicho fuego y que de la dicha ocasión habían muerto veinticuatro o veinticinco forzados... Entre los cuales han muerto en la dicha ocasión se acuerda este testigo de un esclavo de los Fúcares que se llamaba Francisco el morisco y otro esclavo de un vecino de Toledo que se llamaba Juan Bautista y el amo Francisco de Tapia, que era forzado, y el dicho esclavo servía en su lugar... y vio este testigo que morían sin juicio y haciendo bascas como hombres rabiosos... y otros fueron rabiando que era menester atarlos de pies y manos y aun las cabezas y sabe que algunos de ellos murieron sin confesión ni sacramentos..."
El "Informe Secreto" de Mateo Alemán sobre
el trabajo forzoso en las minas de Almadén.
German Bleiberg
Estudios de Historia Social
Revista del Instituto de Estudios de Sanidad y Seguridad Social
Número 2-3 Año 1977
Julio-Diciembre.