Léo y escribo para saber que no estoy sola... Escribir es una buena forma de drenar emociones y también de utilizar el sentido del humor, haciendo sonreír a los amigos-as.
Mis "ripios" , por ejemplo, tenían ese objetivo concreto y siempre los escribí con sumo cariño hacia las personas. Son francamente malos, pero cumplieron su cometido de traer una sonrisa a los labios y con eso me conformo.
Ysabel
ESCRITOS DE UNA MUJER CANSADA
He llegado a unas alturas de la vida donde apetece tomarse las cosas con sosiego, reirse un poco de todo y de una misma. Hoy me he dicho que por qué no iniciar un nuevo capítulo en esta Web titulado ESCRITOS DE UNA MUJER CANSADA
¿por qué no?
El título me describe muy bien y, además, la idea me seduce porque tiene algo de "a calzón quitao", sin red, sin muletas, sin falsos pudores.
Intento una inmersión A PULMÓN -como ese viejo rockero que es Miguel Rios: "Todo a pulmón", ésa es la idea-
No quiero obligar a mis amigos-as a leer estas cosillas, de forma que las iré depositando aqui, en mi Web, por si alguien quiere echarles un vistazo, por si alguien quiere dejar de sentirse solo por un rato y compartir un trecho del camino conmigo. Soy buena conversadora ¡Adelante!
Para mi será como jugar con las palabras; una nueva forma de relación con esos símbolos del lenguaje que siempre me han apasionado.
Sé que a veces me enredo en ellas y me alejo de la realidad, de los hechos... Es un riesgo a correr. Pero deseo tanto bucear en mi interior que vale la pena intentarlo, aun sin bombonas de oxígeno, A PULMÓN.
Ojalá os interesen mis fragmentos. Si no es así, a mi me ayudarán a caminar. Machado dijo que "se hace camino al andar" y yo me permito parafrasearle añadiendo: "también se hace camino al escribir" (letra a letra... verso a verso)
VIAJE INTERIOR
Creí que nunca reuniría el valor suficiente para poner el pie en el estribo virtual del tren que ha de llevarme al interior del laberinto.
Sé que no puedes acompañarme en este viaje y lo siento porque tu sola presencia me daría fuerzas. También sé que me esperarás y que he de encontrarte aqui, sentado en este mismo anden, haga frío o calor... nunca he dudado de tu inquebrantable fidelidad.
Reconozco que esta es una aventura tardía. Pero alguna vez tenía que decidirme a cortar las amarras.
¿Lograré algún día convertirme en una mujer madura y sin miedos, seré capaz de renunciar a todas esas muletas y ortopedias que he venido utilizando a lo largo del tiempo...?
Gracias a ellas -es cierto- he logrado, al menos, “sobrevivir”; avanzar torpemente, como un viejo dinosaurio perdido, por caminos cuya orografía no ofrecía, en realidad, tantas dificultades.
He avanzado, si, pero no he sido feliz. He vivido de espaldas a la realidad, rechazando toda posible ayuda, cargando con ella, con esa niña triste y asustada que no quiere ser feliz y le tiene miedo a la gente y a la propia luz del día!
Sé que lleva años llorando sola, en el lúgubre trastero de mi mente, sin que nadie –ni yo misma- la comprenda o preste ayuda.
Hoy ha llegado la hora de enfrentarme a ella y soportar su mirada. Me pregunto si seré capaz de acogerla, aceptarla y hacerle comprender que somos UNA, y que sería bueno empezar a remar, juntas, en la misma dirección.
Cuando suba a ese tren, estaremos solas ella y yo.
Si vence, cabe la posibilidad de que descarrilemos y acabemos estrelladas en el fondo de un precipicio. Ella no teme al peligro ni a la muerte.
DE LAS MADRES...
¿Es tan difícil hablar con una Madre?
Te interrumpo ya. ¡Lo sé! No es facil, pero ... ¿Acaso es imposible? ¿Hemos de conformarnos con estereotipos, o quizás deberíamos tener el coraje necesario para ser nosotros mismos, tú y yo, unidos irremisiblemente por vínculos de sangre, de esa sangre que hemos compartido y que no me da derecho alguno sobre tí –lo sé-
Lo que hice lo hice con AMOR y generosidad... Entiende que esto no es pasarte una factura. Eso sería espantoso.
Nunca he sabido mercadear o vender mi amor... He ido siempre por la vida dándome sin estrategia alguna, sin mirar al horizonte o al futuro. ¿Ingenuidad, estupidez? No lo sé y ya poco me importa. Quizás tenía madera de “perdedora”. Sí, de esos seres débiles que tú tanto desprecias.
Sé que no soy una Madre facil, que no pudiste elegirme...
Quizas a tí, por ser el mayor, te haya tocado soportar más el peso de una mujer excesiva y neurótica...
Lo siento y te pido perdón.
Pero volviendo al leitmotiv de este mensaje ¿Dí, hablaremos tú y yo alguna vez?
Te quiere.
Mamá
DEL SUEÑO
Durante mucho tiempo me he acostado temprano. A veces, apenas apagaba la vela mis ojos se cerraban tan deprisa que no tenía tiempo de decirme:"Me duermo". Y media hora después, la idea de que era hora de buscar el sueño me despertaba.
Buscar el sueño en la guarida enigmática de la noche se convirtió en una obsesión, luego se fue transformando en un juego; un juego cruel en el que me fui involucrando, más y más, hasta convertirlo en reto, en desafío.
¡Qué mundo el de los insomnes! Lo conozco demasiado bien para ignorarlo.
Es como correr detrás de una figura evanescente, como intentar atrapar el viento entre tus dedos. Es rozar la costa del espanto, perderse en laberintos cada vez más complicados, cada vez más sinuosos. Perseguir tenazmente al sueño, sin descanso, hasta rozar la angustia, esa sensación afilada, hiriente, que, por fin, te hace reaccionar y pone algo de cordura en tu cabeza…
Pero no hay hilo conductor, no hay huellas que desandar. Sólo queda el miedo a no conseguir tu meta, el miedo a que la cabeza estalle en mil pedazos, el miedo a ese galope intenso del corazón, que ya retumba en la caja torácica…
¡Cuántas noches habré vivido esa misma pesadilla! Y sin embargo, lo espero, espero cada noche para echarle otra partida sobre el damero maldito de mi cerebro, aunque sepa por adelantado que persigo un Jaque mate y que él, vencedor incontestable, se hinchará, volará hasta quedar colgado de una estrella y me dejará aquí abajo, sola, agotada, vencida ante una pequeña caja de pastillas.
DE LA LUNA
La luna es hoy un inmenso disco nacarado en medio de la oscuridad del firmamento, un globo blanco e inmóvil, es un rostro redondo de mujer con sonrisa de Gioconda. La luna fue siempre su cómplice. La encontró siempre ahí arriba en los momentos de soledad, a veces envuelta en velos oscuros, otras diáfana, redonda y plena como el vientre de una embarazada, pero siempre al acecho de sus noches blancas, testigo mudo y quizás indiferente de un sufrimiento absurdo e inútil.
Absurdo e inútil como la vida misma, cuando todo te da la espalda, cuando todo se pone de manos como un caballo desbocado. Un caballo negro, reluciente, con sus cascos alzados, el belfo tembloroso, crines al viento... Absurdo e inútil como los esfuerzos, las renuncias, las ilusiones o el amor... Absurdo e inútil como el propio olvido, que dicen que todo lo cura... ¿Quizás no supe amarla? ¿Quizás no le tendí esa mano que ella tanto esperaba? ¿Quizás fui egoísta y cobarde?
NADIE estaba allí... ningún ángel vino a salvarla en su caída... Los ángeles dormían sin duda. ¿Acaso, de saberlo, no hubieran extendido sus alas para amortiguar el choque de su pobre cuerpo contra el suelo?
22 de Enero de 2006
Yo también estoy aqui, en el DESVÁN,
Mercedes.
Búscame, me he acurrucado debajo de esa vieja manta de viaje a cuadros... Sí, en
el rincón...
Deseaba dormir, deseaba olvidar. Olvidar es un poco como no vivir... Deseba unas vacaciones especiales, vacaciones de vida... cortar con el día a día, olvidar, olvidar la pesadilla cotidiana de la que una no puede escapar... Eso sería sentirme LIBRE... sin ataduras, sin pasado y sin futuro... Yo aqui y ahora...
He bebido... demasiado, diría yo... y ahora floto sobre un mar de vino blanco maravilloso, translúcido, que me deja como anestesiada, para no sentir dolor...
¡A la mierda el dolor! Ya he tenido suficiente en mi vida... Hoy no quiero sufrir más... quiero sentirme aceptada, no rechazada... aceptada con mis pros y mis contras... Soy una UNIDAD, ni blanco, ni negro, soy GRISSSSSSS brutalmente GRISSSSSS y si alguien me quiere ha de quererme así, de ese color indefinido, anodino... GRIS, GRIS como un cielo gris, despiadadamente gris y sin promesas...
Dios, Mercedes ¿sigues ahí?
"No te dejes arrastrar al fondo, que allí hace frío y se está muy sola".
Hola Clara, hola desvaneros-as,
Estas eran tus palabras de hace unos días, en un mail maravilloso, dándome ánimos, como siempre.
Es cierto que cuando te vas al fondo hace treméndamente frío y estás sola y ASUSTADA, añadiría yo... A mi me asusta mucho estar SOLA, me horroriza sentir FRÍO...
Todo eso lo tengo hoy al MENÚ... y por eso me pongo a escribir, a ver si alguien anda por el DESVÁN y me responde y entonces YA NO ESTARÉ TAN SOLA, ni tendré tanto frío…
Ya te pongo la vela, CLARETTA, con todo cariño para que apruebes, que sé que te lo has currado.
Ese es el problema, cuando te has currado algo mucho y luego... fracasas... Ese fracaso duele más cuando le has echado todo tu empeño...
Estoy fatal. Menos mal que he rescatado una buena copa de vino blanco y me la estoy atizando -como dicen los chicos jóvenes- ¡Qué absurdo el verbo ATIZAR para beber algo!
Por favor, si
alguien anda por ahí, que me haga señas....
Ysa

LA NOVELA GÓTICA: MARY SHELLEY (1797-1851)
También llamada “novela negra” -o “novela dark”- nace en 1765 con la aparición de “El castillo de Otranto” de Horace Walpole. Su primer exponente femenino fue la británica Ann Radcliffe (1764-1823) (“The mysteries of Udolpho”, “The Italian”) quien brilló con luz propia entre otros cultivadores, mucho más mediocres, del género gótico. A Radcliffe le siguió una pléyade de imitadores hasta que, en 1796, la novela gótica alcanza su apogeo con la publicación de “El monje” de Matthew Gregory Lewis. Pero es, finalmente, otra mujer, la británica Mary Shelley, hija del también escritor W. Reynolds, quien produciría una de las obras de “terror” más famosas de todos los tiempos: “Frankenstein, o el moderno Prometeo”.
La novela gótica empieza a decaer en 1815 y se marchita de la mano de Charles Maturin (“Melmoth, el errabundo”), perdiéndose en varias corrientes literarias, para volver a renacer de sus cenizas, ya en nuestros días, con el denominado estilo “dark” o “neogótico”.
Corrían los noventa, era un domingo cualquiera de invierno y en aquel cine de barrio proyectaban la película “Frankenstein” de Kenneth Branagh.
Yo ignoraba entonces que mi primer “encuentro” con Mary Shelley fuese a tener lugar en pocos instantes.
Sí recuerdo que me negaba –testaruda- a entrar a “una de miedo” (influida, sin duda aún, por las tragicómicas versiones que de un monstruo estrafalario en blanco y negro realizara Boris Karloff, años atrás).
Mientras mi marido se afanaba intentando convencerme que era mejor el calor de la sala que la triste calle gris, fría y lluviosa; el portero insistía:
-“Señora, si no es de “miedo” ... ¡Qué es una historia de “amor”!
En aquel momento, yo desconocía todo de la Novela Gótica y de la propia existencia de la Shelley. Sin embargo, al salir del cine, iba decidida a hacerme con su libro. Deseaba bucear en el texto original convencida -como lo estoy- que el celuloide sólo devuelve un pálido reflejo de cualquier obra literaria, una imagen tan pobre, que sólo deja adivinar.
Pero ¿Quién fue Mary Shelley?
MARY SHELLEY (1797-1851)
Hija de dos pensadores progresistas, William Godwin y Mary Wollstonecraft, su biografía pone al descubierto a una mujer igualmente progresista, precoz y nada convencional. Frecuenta desde muy joven a personajes fascinantes, como Lord Byron y bebe de las fuentes de la corriente romántica, que se enfrenta a un rechazo frontal por parte de la sociedad inglesa del siglo XVIII.
Dentro de ese momento histórico, Shelley aparece como una inconformista, incomprendida y marginada, que se recluye en lo que ha pasado a denominarse su “torre de marfil”: la compañía de un reducido grupo de amigos que se automarginan para salvaguardarse de una sociedad que ellos consideran ruin, sucia e inmunda (entre los que se encuentran Byron y el propio Shelley, del cual se hará amante, para acabar casándose, más tarde, con él).
Corre el verano de 1816, Mary tiene 19 años. El mal tiempo reinante en Suiza, donde pasan sus vacaciones, hace que el pequeño grupo de amigos se enfrasque en la lectura de historias de fantasmas. Para matar el tiempo, deciden escribir, cada uno, una historia, convirtiendo esa aventura en una especie de concurso.
Se cree que, tras largas conversaciones con Byron sobre los experimentos del Dr. Darwin y las diversas doctrinas filosóficas relacionadas con el principio de la vida, Shelley manifiestó haber tenido un sueño del que surgiría su “Frankenstein”.
Podríamos decir que Mary Shelley es a “Frankenstein” lo que Cervantes a Don Quijote. Autor y personaje han quedado tan íntimamente asociados que, para una inmensa minoría -forzosamente de lectores- decir Shelley es decir Frankenstein.
Bien es cierto que otra inmensa mayoría asocian a ese personaje con el ya mencionado Boris Karloff y con una larga serie de pésimas películas en las que el personaje del “monstruo” queda cuando menos ridiculizado.
Precisamente lo que me propongo en esta breve reseña es destacar que, si bien Shelley va asociada al Doctor Victor Frankenstein, su verdadera personalidad, su verdadero personaje, aquel donde todo autor se esconde, no es Frankenstein, el creador, sino el “el monstruo”, la criatura.
En efecto, una lectura atenta del texto descubre al lector que Mary va utilizando al “monstruo” para expresar sus propios sentimientos de tristeza, soledad, incomprensión...
Conociendo su biografía, cualquiera puede deducir que ella no se identifica con el aburguesado Victor, sino que utiliza la escritura para críticar a una sociedad –la de su época, la de siempre- que castiga al individuo que se atreve a mostrarse, o es, de alguna manera, “diferente”
Como el “monstruo” ella es también un personaje fuera de lo común; más aún si se tiene en cuenta su condición de mujer vanguardista y transgresora de normas.
Como el “monstruo” reclama el derecho a una identidad que la sociedad le niega de forma tajante agresiva.
El pide amor y comprensión, pero sólo percibe repulsa y rechazo. Rechazo y soledad que encajan muy bien con esa corriente romántica a la que Mary pertenece, que exalta y se apasiona por los temas lúgubres, depresivos y fatalistas, ignorándolo todo del moderno pensamiento “positivo”.
Ahí radica el verdadero drama de la novela que no es, en modo alguno, una típica historia de “terror”, tal y como se esforzaba en explicarme el portero de aquel cine.
Lo terrorífico está en la soledad, en el desamor, en el abandono que sufre la criatura por parte del creador.
Esa falta de eco vuelve malo al “monstruo” quien -al atravesar esa fina membrana que separa el amor del odio- se revuelve contra todo aquello que ama Frankenstein. Y mata brutalmente para hacerle sentir el mismo dolor que él experimenta.
Es un binomio perverso que se crea entre ambos personajes pero, de lejos, es el “monstruo” quien más conmueve al lector. Parece como si Mary Shelley le susurrase a esa criatura espantosa conmovedores párrafos llenos de ternura, en los que queda muy en entredicho quién es la víctima y quién el verdugo.
Al final -como en toda novela gótica- el terror queda circunscrito a las profundidades del subconsciente, a esos miedos íntimos que nos habitan: miedo al rechazo, miedo al qué dirán, miedo a no ser amados, miedo, en definitiva, al propio miedo.

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LITERATURA FINLANDESA
Arranco este pequeño periplo por la Literatura Finlandesa con un paisaje emblemático de la capital: Helsinki, de la cual es ciudadano, desde hace ya bastantes años, Gonzalo, mi hijo mayor.
La situación de mi primogénito, lejos de ser un problema, ser ha convertido en oportunidad, ya que, no sólo me ha permitido visitar y conocer más a fondo esas tierras lejanas, sino también llegar a amarlas
Helsinki en invierno es así... BLANCO, GÉLIDO, HIERÁTICO y SILENCIOSO...
En la foto aparece la Catedral Luterana –yo la llamo Catedral Blanca- con su cúpula que domina todo el horizonte y el puerto donde se instala el mercado ambulante (“kaupatori” creo que se dice en el idioma local) y del que zarpan pequeños barcos con destino a la Fortaleza de Suomelinna e incluso al otro lado del Golfo de Finlandia, cruzando el Báltico (Estonia, Lituania...)
Pero no quería hablaros ni de Finlandia, ni de su capital, sino de su Literatura, al menos de la que yo conozco. Y lo hago porque creo que vale la pena leer algunos de sus libros, conocer a algunos de sus autores.
Seguro que todos habéis leído “Sinué el Egipcio” del gran Mika Waltari. Pero os sonará menos otro personaje -que a mi me encanta- me refiero a: Arto Paasilinna (del cual estoy leyendo en estos momentos “El Molinero Aullador”)
Paasilinna (lo veréis más abajo en el resumen que os he copiado de una página web sobre la cultura finesa) es uno de los escritores escandinavos que ha logrado romper fronteras y ser traducido a varios idiomas.
Su biografía es apasionante: nacido en Laponia en 1942 ejerce, sucesivamente de leñador, agricultor, periodista y poeta... ¡Todo un personaje!
Su prosa es muy ligera, muy agradable... engancha perfectamente al lector desde las primeras líneas.
Así en “El molinero aullador” arranca con esta frase:
“Un hombre alto, venido del sur, que decía llamarse Gunnar Huttunen, llegó a la comarca poco tiempo después de que terminaran las guerras. No buscó trabajo de peón en la administración de las aguas, como solían hacer los vagabundos del sur, sino que compró un viejo molino en Suukoski, a orillas del río Kemi. La gente consideraba el negocio bastante insensato, pues el molino abandonado desde los años treinta estaba en un estado lamentable.”
Como todos los protagonistas de Paasilinna, el molinero Huttunen “rechaza la “normalidad” y la mediocridad, la renuncia a los sueños, el aceptar las imposiciones y los compromisos”, Huttunen es un rebelde al que todos empiezan a tomar por loco, a pesar del éxito rotundo en restaurar un viejo molino que compra en muy malas condiciones y que repara él mismo con su ingenio y sus manos.
Desgraciadamente nuestro molinero atraviesa por “momentos”... por situaciones extrañas en las que huye a los bosques y aúlla como un animal para alejar su tristeza y sus estados depresivos.
De Huttunen escribió Dominique Guión, en Le Fígaro: “... un nuevo tipo de héroe: el rebelde ecologista-maniaco-depresivo y su curioso aullido en el fondo del bosque”
Otro título muy atractivo de Paasilinna es “Prisioneros del Paraíso” (yo lo tengo en versión francesa “Prisonniers du Paradis” y supongo que en español habrán respetado el título)
En esta otra historia se trata de un avión que hace un amerizaje forzado en una isla. El artefacto va cargado de comadronas y de leñadores, náufragos todos ellos que se organizan de una manera impresionante, destilando enseguida alcohol y abriendo allí mismo el “Café de la Jungla”.
Las suecas ponen en marcha un centro de Planificación Familiar... todo se va desarrollando, al hilo del humor de Paasilinna, de tal forma que muchos de los náufragos no tendrán ya deseo alguno de volver a la civilización...
El contraste naturaleza-civilización es algo recurrente en la literatura de Arto Paasilinna (ver tb. “El año de la liebre”).
En él hay prendida una llama inextinguible de nostalgia por esa simplicidad que dan los amplios espacios, los bosques, los lagos y los ríos... suele presentar a personajes en los que la llamada de la naturaleza es muy fuerte y el rechazo a la civilización también.
Además de a Paasilinna he leído a una mujer: Tove Jansson, hija del escultor Víctor Jansson y nacida en Helsinki en 1914... ella es el alma de la Familia Mumin, pero yo he alcanzado a leer otro de sus libros “El libro del verano” que es una auténtica delicia...
La historia se desarrolla ¡cómo no! en una de las innumerables islas que salpican el Golfo de Finlandia y sus protagonistas principales son una inenarrable e insumergible abuela y su nieta
-“¿Por qué sólo los muy jóvenes o los muy viejos tienen tiempo de preguntarse cómo es el cielo?” dice la autora.
A lo largo del libro se establece una convivencia cómplice con Sofía y con su octogenaria abuela y con ellas el lector explora tierra, mar y aire... escucha las historias mágicas que ambas inventan para explicar tantos misterios como las rodean, quizás para acabar preguntándose:
-“¿Pero, hay hormigas en el cielo?”
Dentro de la literatura Escandinava, quisiera también hacer mención de dos autoras que me han interesado y que os recomiendo igualmente.
Se trata de Marianne Fredriksson (sueca) con su maravillosa saga “Las hijas de Hanna” y de Inger Frimansson, con su “Casa de Hielo”, esta última está catalogada como una de las mejores escritoras europeas de suspense psicológico (por si a alguien le tienta el género).
Hasta aquí mi pequeño recorrido por la literatura FINLANDESA. Nada exhaustivo, por supuesto, he intentado contaros lo que yo conozco –que es poco- pero me gustaría saber si os ha interesado y si alguien conocía ya a estos autores-as.
Un muy cordial saludo.
Ysabel.
A continuación os transcribo unos datos sacados de la web cultural de Finlandia cuya ref. también os doy.
Literatura FINLANDESA
Fte:
http://www.finlandia.org/doc/es/finfo/cultura.html#Literatura
Los finlandeses inspirados por el romanticismo nacional del siglo XIX elevaron la literatura a su máxima expresión convirtiéndolo en guía del pueblo y símbolo del nacionalismo y de la identidad finlandesa. Durante muchos siglos desde el primer escritor finlandés, el monje Jöns Budde (c. 1437- c.1491), la literatura se había escrito principalmente en sueco o en latín. El idioma literario ya había nacido con la Reforma Protestante, cuando el obispo Mikael Agrícola (c.1510-1557) definió el alfabeto y tradujo los Evangelios al fines en la década de 1540.
El nacimiento de la literatura finlandesa
Pero la literatura verdaderamente nacional no florecerá hasta el siglo XIX. Piedra fundamental de la literatura finlandesa fue la publicación en 1835 del Kalevala, epopeya nacional, que consiste en una recopilación de Elias Lönnrot (1802-1884) de sus fuentes más auténticas del disperso repertorio de cantos populares trasmitidos de generación en generación. Reeditado en 1849 a su versión definitiva, el Kalevala es a la vez la memoria del pueblo y una gran epopeya, es la suma del folklore de Finlandia y de su pasado mítico.
En el mismo siglo Johan Ludwig Runeberg (1804-1877), que escribía en sueco, creó el ideal poético de un pueblo valiente y piadoso. Alexis Kivi (1834-1872) es un clásico de la literatura finlandesa y su novela "Los Siete Hermanos" sigue gozando de popularidad entre los lectores.
En el siglo XX el escritor finlandés Mika Waltari (1908-79) ha logrado llevar la literatura de Finlandia a un público a nivel mundial. Sus obras han sido traducidas a 32 idiomas y siguen siendo obras best-seller. La lírica finlandesa ha tenido su representante más afamado en la poetisa en lengua sueca, Edith Södergran (1892-1923),que cultivó una nueva métrica libre y rebelde, y llegó a tener mucha aceptación a pesar de su corta y trágica vida.
En los años cincuenta destacan los modernistas Paavo Haavikko, Eeva Liisa Manner, Bo Carpelan, Veijo Meri y Pentti Saarikoski. Escritores más actuales que han cruzado las fronteras de Finlandia son Arto Paasilinna (1942-) traducido también al español y Rosa Liksom (1958-) que representan un nuevo exotismo nórdico, explosivo y anhelante de libertad expresiva. Entre los clásicos de la literatura infantil mundial están las historias de la familia Mumin por Tove Jansson (1914-2001).
Hay que destacar que Finlandia es un país de lectores. Se lee mucho y hay una larga tradición de lectura. Los finlandeses siempre destacan en las estadísticas de libros publicados por habitante. Por ese mismo motivo, no es de extrañar que Finlandia tiene una red de bibliotecas públicas que es muy eficiente y cubre todo el país. En estadísticas bibliotecarias a nivel mundial Finlandia suele encontrarse en las primeras posiciones: usuarios registrados por habitante, prestamos anuales, visitas per cápita a las salas de lectura, etc.
Literatura finlandesa en español:
“Librería Tierra de Fuego” - C/. Pez, 21 - 28004 Madrid
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EL HEROE QUE DINAMITÓ SU PROPIA ESTATUA
Para algunos es EL MAR. Para los marineros es siempre LA MAR, quizás porque esa esencia femenina despierta en ellos ardores especiales, ansias de posesión y conquista que les embravecen a la hora de enfrentarse a la líquida infinitud, cuando ésta se desata, se desmelena y reta, como retan los ojos ardientes de una mujer en celo.
LA MAR es portadora de vida y, como la propia vida, nos brinda una continua sucesión de oportunidades para sobrevivir, aunque no todos los seres humanos posean el valor suficiente para –venciendo dolor y dificultades- aferrarse a ella y no soltar esa valiosa y esquiva presa.
Mucha tinta se ha derramado sobre el mar y sus misterios, prosa y poesía, da igual. Las visiones son múltiples. Así Victor Hugo, en su poema “Oceano Nox” se lamenta:
¡Ay!, ¡cuántos capitanes
y cuántos marineros
que buscaron, alegres, distantes derroteros,
se eclipsaron un día tras el confín lejano!
Cuántos ¡ay!, se perdieron, dura y triste fortuna,
en este mar sin fondo, entre sombras sin luna,
y hoy duermen para siempre bajo el ciego oceano.
... / ...
Y pasando de la poesía -que son susurros del alma- a la prosa; resultaría interesante acercarnos a un pequeño libro firmado por García Márquez –Gabo- sencillo, realista y nada poético, un libro que –en mi opinión- no le habla tanto a la parte de cerebro emocional, cuanto a su parte racional.
Quisiera referirme en concreto a “Relato de un naufrago”, una de cuyas peculiaridades es la de poner la gran capacidad narrativa de García Márquez al servicio de un hecho real, recogido de labios de un único superviviente, protagonista de la historia,
Los hechos fueron los siguientes:
El 28 de Febrero de 1955 se difunde la noticia de que una tormenta en el mar Caribe ha hecho naufragar al destructor “Caldas”, de la marina de Guerra de Colombia. Sin embargo, el barco llega a puerto con normalidad, aunque con ocho marineros menos, que cayeron al mar. Tras cuatro días de búsqueda, son declarados oficialmente muertos por la Dictadura del General Rojas Pinilla.
Una semana más tarde, en una playa desierta del norte de Colombia, unos campesinos encuentran a uno de esos marineros, que había permanecido diez días sin comer, ni beber, en una balsa a la deriva. Su nombre: Luis Alejandro Velasco.
La dictadura colombiana acoge la noticia con precaución e incomunica al naufrago en un primer momento, luego lo intenta convertir en héroe nacional de forma que Luis Alejandro empieza a embolsarse dinero de la publicidad y pasa casi a ser una figura mítica en su tierra.
Sin embargo, una mañana se presenta en la Redacción de “El Espectador de Colombia” y propone a un joven Periodista –que no es otro que el propio García Márquez- narrar la verdadera historia del naufragio, sin las deformaciones del oficialismo, ni los manoseos de la propaganda.
El relato de la atroz Odisea del marinero se publica en 14 capítulos. El éxito es fulminante.
La pluma de Gabo, con su realismo y su don de contar, convierte esta trágica aventura en una auténtica bomba de relojería, al desvelar hechos calificados como denuncia política.
"La dictadura no duda un minuto: hunde al naufrago en el más terrible ostracismo -es, incluso expulsado de la marina- y arrastra al escritor a una suerte distinta, pero no por ello menos dolorosa, de naufragio, obligándole a exilarse a Francia"
En este sentido, me parece muy digno de reproducir el párrafo final de la Introducción redactado por Gabo en Barcelona, Febrero de 1970. Dice así:
“Nadie volvió a saber nada del naufrago solitario, hasta hace unos pocos meses en que un periodista extraviado lo encontró detrás de un escritorio en una empresa de autobuses. He visto esa foto: ha aumentado de peso y de edad, y se nota que la vida le ha pasado por dentro, pero le ha dejado el aura serena del héroe que tuvo el valor de dinamitar su propia estatua.
Yo no había vuelto a leer este relato desde hace quince años. Me parece bastante digno para ser publicado, pero no acabo de comprender la utilidad de su publicación. Me deprime la idea de que a los editores les interese tanto el mérito del texto como el nombre con el que está firmado, que muy a mi pesar es el mismo de un escritor de moda. Si ahora se imprime en forma de libro es porque dije sí sin pensarlo muy bien, y no soy un hombre con dos palabras”.
Indudablemente, el leitmotiv de este relato es, más que el propio MAR -ese oceano inmenso e inabarcable- la SOLEDAD, un tema que vuelve reiteradamente en la obra de García Márquez.
No espere el lector descripciones minuciosas, románticas o preciosistas de las irisaciones de la superficie del agua en los atardeceres o los amaneceres.
No, el mar es un escenario, un universo cerrado, una especie de carcel donde se desarrolla el drama humano de un hombre a la deriva, de un hombre que pasa de la esperanza a la desesperación y que acaba incluso implorando a la muerte.
El mar es un verdugo implacable que, junto con el sol, los tiburones, el viento gélido de la noche se ensañan con ese joven de 20 años, que ha visto morir a 7 compañeros, y le ponen a prueba constantemente.
El naufrago es, al final, una pura voluntad en pie. Ha perdido toda esperanza pero algo en su interior se rebela y le empuja a seguir, a luchar, a no abandonar... a no abandonarse a sus miedos, a sus angustias e, incluso, a hacerle frente a un tiburón con uno de sus remos.
Velasco es un tipo con “agallas”, un realista salido del pueblo al que le acaba hastiando la comedia publicitaria que de su historia pretenden montar en su país. Por eso dice Gabo que tiene “el valor de dinamitar su propia estatua”, a el le molesta que lo traten como heroe del régimen y experimenta la necesidad imperiosa de contar la verdad, con sencillez, con mucho realismo.
Ese es para mí el valor de este libro: el testimonio de un hombre que no se deja corromper y que prefiere el anonimato y la pobreza a un boato que sólo le reporta vil metal y una notoriedad que él no necesita.
Su relato a Gabo es como un vómito dilatado tras el cual queda sereno porque ha sido fiel a sí mismo, porque ha recuperado, de alguna manera, su dignidad, porque ha desenmascarado a un sistema corrupto, culpable, en definitiva de la muerte de 7 hombres, camaradas todos suyos, que perecieron por una serie de irregularidades en la carga del barco.
Debo confesar que, personalmente, nunca había sido capaz de terminar un solo libro de García Márquez . Sus “Cien años de soledad” llegaron a producirme pesadillas, “El amor en los tiempos del cólera” lo abandoné a media lectura. Sucede así con ciertos escritores y con ciertos lectores, cuando no se produce esa corriente electrica, esa comunicación necesarias para que se produzca el milagro de la lectura. Sin embargo, con su “Relato de un Naufrago”, Gabo ha logrado –por vez primera- clavar el anzuelo en mi paladar y ha ido tirando suavemente del sedal, arrastrándome como a un pez a lo largo de la historia.
Dice él en su prefacio que no ve la necesidad de convertir esta historia en libro. Yo añadiría que hubiera sido un grave error no permitir la publicación de este breve relato en el que se resaltan las virtudes mayores del HOMBRE enfrentado a las peores situaciones.
Es una lección de humanidad, de dignidad, de coraje, que yo recomendaría muy especialmente a esa parte de nuestra juventud que vive instalada en el consumismo y la molicie, centrada en el mínimo esfuerzo y en valores demasiado terrenales.
Con esta pequeña reseña, me complace firmar mi reconciliación con la obra de García Márquez, porque no pienso quedarme aquí... el anzuelo sigue clavado y me temo que conseguirá arrastrarme por otros mares, por otras aguas literarias. ¡Vaya por ello mi agradecimiento!
Ysabel González Maroto
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ENVIADO EL 30 DE OCTUBRE DE 2003
XI PREMIO INTERNACIONAL DE RELATOS HIPERBREVES
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PSEUDÓNIMO: AGADIR
La luna es hoy un inmenso disco nacarado en medio de la oscuridad del firmamento, un globo blanco e inmóvil, es un rostro redondo de mujer con sonrisa de Gioconda. La luna fue siempre su cómplice. La encontró siempre ahí arriba en los momentos de soledad, a veces envuelta en velos oscuros, otras diáfana, redonda y plena como el vientre de una embarazada, pero siempre al acecho de sus noches blancas, testigo mudo y quizás indiferente de un sufrimiento absurdo e inútil.
Absurdo e inútil como la vida misma, cuando todo te da la espalda, cuando todo se pone de manos como un caballo desbocado. Un caballo negro, reluciente, con sus cascos alzados, el belfo tembloroso, crines al viento... Absurdo e inútil como los esfuerzos, las renuncias, las ilusiones o el amor... Absurdo e inútil como el propio olvido, que dicen que todo lo cura... ¿Quizás no supe amarla? ¿Quizás no le tendí esa mano que ella tanto esperaba? ¿Quizás fui egoísta y cobarde?
NADIE estaba allí... ningún ángel vino a salvarla en su caída... Los ángeles dormían sin duda. ¿Acaso, de saberlo, no hubieran extendido sus alas para amortiguar el choque de su pobre cuerpo contra el suelo?


Mercedes ha elegido que no haya plegarias, ni oraciones en esta despedida y creo que todos debemos respetar su voluntad.
Sin embargo, yo me niego a que a BENITA le falte una elegía de todos nosotros, que la amábamos.
Algunos dicen que la locura consiste en salirse de la realidad y, en ese sentido, BENITA nos había abandonado hace ya mucho tiempo...
Pero, yo estoy segura de que, tanto ella como mi Padre, eligieron partir hacia las brumas del olvido, en búsqueda de su niñez.
Una niñez vivida a medias, una niñez que les fue cruelmente arrebatada, porque quedaron huerfanos demasiado jóvenes.
BENITA, desde muy pronto, tuvo que ejercer de MADRE de todos sus hermanos, y lo hizo BIEN, MUY BIEN, con esa dignidad que la caracterizaba.
GRACIAS, BENITA por cuidar de nuestro GOYÍN, de MARCELINA, de PEDRO... GRACIAS también por el acogimiento y el afecto que siempre encontré en tí cuando, por otros motivos, yo también quedé temporalmente huérfana de PADRE y MADRE.
Hoy sólo quiero recordar aquel domingo soleado en que tu y yo asábamos chuletas a la brasa, cerca de un arroyo, mientras Antonio pescaba... Eso, y aquellos viajes inolvidables en moto con "sidecar"
Te reunes, al fin, con tu compañero. Un hombre maravilloso al que todos recordamos, un hombre que amó la VIDA y la POESÍA
Por eso, estoy segura de que las primeras palabras de BENITA para ANTONIO, en este encuentro de hoy, serán probablemente tan hermosas como las que escribió Miguel HERNÁNDEZ, en su elegía a Ramón Sijé:
"a las aladas almas de las rosas
del almendro de nata te requiero
Que tenemos que hablar de muchas cosas
COMPAÑERO del ALMA, COMPAÑERO"

Nos hemos reunido para RECORDAR, HONRAR y ENCOMENDAR el ALMA de María MAROTO al Padre Celestial... Aunque yo estoy convencida de que nuestra Mary no necesita valedores ante nadie, porque ella ya ha superado con nota, ese examen final de AMOR AL PRÓJIMO: principal Mandamiento de la Ley de Dios. Mary no sólo amó al prójimo como a sí misma... Ella llegó más lejos: Nos amó más que a sí misma ..... ¡Eso lo dice todo!
Hoy queremos darte las gracias por haber repartido y compartido esa alegría tuya con los demás. Fuiste humilde, abnegada, trabajadora y probablemente demasiado generosa... Tu sola presencia llenaba la escena. Eras el ALMA de la FAMILIA... y si ahora nos ves a todos tan sumamente rotos y abatidos es porque nos duele tu ausencia, en lo más profundo.
Nos habíamos acostumbrado a ti, Mary. Pero tu eras, un lujo excesivo para nosotros. Mucho más de lo que merecíamos.
Sabemos que no nos has abandonado, porque las mujeres de amores firmes, como tú, se quedan hasta el final, y te pedimos que, desde la PAZ eterna que has alcanzado, pidas por los que te quisimos, te queremos y seguiremos amándote hasta que el Señor permita que nos reunamos de nuevo.
Tu Isabelita.


Hoy, quince de Febrero de 2006, me siento doblemente huérfana. Hace ocho años perdí a mi padre. Hoy, Marcelina nos ha dejado también. Con ella damos carpetazo a una generación.
Era la más pequeña de sus hermanos, posiblemente también la más tierna, la más sensible. Antes que tía, fue mi MAESTRA. Esa es la faceta en la que la recordaré siempre.
Marcelina era un contrapunto: una mujer decidida, emprendedora. Pero junto a esa gran mujer, convivía la otra Marcelina, vulnerable, sensible, frágil, muy frágil... Yo admiraba a la primera y amaba a la segunda.
Tengo mucho que agradecerle. Gracias por llevarme de la mano a la LECTURA, a la ESCRITURA. Hoy escribo estas líneas con mucha tristeza. La noticia de su muerte me ha dejado paralizada, perpleja... Nunca estamos del todo preparados a encarar la Muerte, esa gran verdad que es el "último acto de servicio" (así lo llamaba mi Padre).
Marcelina era UNA GRAN DAMA. Así la veía yo desde la insignificancia de mis cuatro años, cuando empecé a ser alumna suya... La admiré desde el pupitre: elegante, cultivada, siempre amable y cariñosa con todos. Hoy me faltan las palabras... esas que ella me enseñó con tanta ternura. Y lo siente porque quisiera un gran homenaje para ella. Siento flaquear así en estos momentos.
Sólo recordar lo orgullosa que estaba de todas nosotras, las primas González.
Todas pasamos por sus manos y creo que se esmeró especialmente al trasmitirnos todos los conocimientos que ella atesoraba. Nos pulió con el esmero de un orfebre, sin prisa, poniendo los cinco sentidos. Creo que todas las primas somos un poco obra suya. Hizo bien su trabajo, lo hizo con mucha dignidad. ¿Cómo no estar agradecidas y llevar con orgullo el cuño que nos imprimió?
Hoy, más que nunca, la palabra González significa "dispuesto a luchar", "preparado para el combate"
Tía Marce, te deseamos un descanso lleno de PAZ. Puedes estar tranquila porque tu antorcha no se ha apagado. La llevamos todas nosotras y ya arde en las manos de nuestros hijos. Ellos cuidarán de que su luz ilumine la senda de nuevas generaciones. Esa, estoy segura, hubiera sido tu voluntad: enseñar, abrir caminos, poner LUZ en la oscuridad.
Ysabelita.
