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- Me gustaría
en estas líneas recordar, lo que ha sido hasta el momento la vida de un niño
que vivió con gozo el esplendor de un pueblo.
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- Ciertamente
olvidaré muchas cosas, que cada uno de vosotros podrá añadir a las vivencias
que yo he tenido, y que perviven en mi memoria como un sueño que transcendió
en mi intrahistoria de una forma brutal.
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- Eso sí, los recuerdos de este pagano
narrador recuerdan los veranos que allí pasó.
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- ¿Recuerdan cuando
el Gobernador Civil de la provincia de Zaragoza vino a Biel?
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- Pues yo lo
recuerdo como si fuera ayer, cuando se congregó la masa popular bielera
en la actual Calle Mayor y el Gobernador, con voz recia, nos prometió dinero
para hacer una piscina municipal.
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- Ya ha llovido desde entonces, puede ser
que todavía viviera el dictador.
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- La obra se
hizo con la democracia.
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- Como decía, con lo que ha llovido desde entonces,
se podían haber llenado unas cuantas piscinas.
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- Sin embargo no nos daba miedo
el no tener piscina, ya saben a lo que me refiero. Desde Peña el Infierno
hasta Detrás del Cerro, encontrábamos el agua necesaria para nuestras tardes
de hastío al sol.
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- Todo dependía:
si era muy lejos íbamos con alguien mayor, sino acudíamos solitarios a las
pozas de cristalinas aguas.
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- El agua era el símbolo de unión de las gentes
del pueblo, como ahora la piscina, pero aquello nos llenaba de mucha más
libertad e íbamos descubriendo aquellos recodos que te pertenecían: Pozo
Tronco, Piscinas, Calistro, La Mina... para qué seguir... que veranos acuáticos,
entonces sí que había agua, no como ahora.
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- Y qué me dicen de otras actividades
cotidianas de aquella época: recuerdan dónde se tiraba la basura, incluso
debajo del puente de entrada: "ahí va la basura de toda la familia"
y cómo rebuscábamos entre los desperdicios para encontrar los tapones de
las botellas para jugar a las chapas, incluso a su versión más moderna "la
vuelta ciclista de chapas".
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- No quiero revolver en ello, pero qué basura
nada que ver con la de ahora que ni siquiera la vemos, a veces ni siquiera
los "container".
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- Pero todo ello empezaba
cuando terminaba la escuela y nuestros padres nos subían a Biel a pasar
las vacaciones: ¡dos meses de libertad!, y encima con los abuelos, ellos
sí que te dejaban hacer lo que querías.
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- Pobres los de ahora, toda la semana
debemos agradecer que estén allí; aquellos padres que nos dejaban con nuestros
abuelos, ahora son abuelos y se someten a los caprichos de los nietos sin
poder hacer nada para evitarlo.
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- Pero bueno, 1 de julio, ¡coño, las vacaciones!,
así que a disfrutar. Vienen los colegas... algunos tienen que estudiar para
septiembre, pero siempre hay tiempo para nuestras cosas.
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- Ala, mañana
partido de frontenis en el frontón municipal: ¡Joder!, ha sido mala, ha
pegado en el muro o la banda sonora que cantaba cuando con tanto esfuerzo
nos había costado devolver la pelota. Ahora ya tenemos pedazo pista, así
que aprovecharla jóvenes; la pena es que esté tan lejos: el centro neurálgico
de las mañanas y de las tardes pelaires se desplaza.
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- O qué invento ese de
la petanca, metro en mano, discusiones varias... los jóvenes también pueden
participar; eso sí, yo quiero ir con algún francés que esos sí que saben
jugar.
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- Al campo las arenas, fútbol en torcido, largueros de cuerda y venga
metros, mientras no construyan, ahí estábamos.
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- Ahora tenemos pista de futbito,
ya no es lo mismo.
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- Cierto es que hemos sido maestros de la improvisación,
si nos faltaba algo nosotros lo construíamos: esas cañas de pescar con anzuelos
para tiburones; aquellos arcos que no llegaban más allá de un metro, esas
lanzas auténticas... guerra de indios y vaqueros; aquellos monopatines,
cuatro ruedas y una tabla... cuesta de Lupercio para abajo o sino de Campotoro
a San Juan, ¡cuida la curva!... ahora monopatín última generación, enganche
a Internet y DVD incorporado... aquello sí que eran aparatos de uso.
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- ¡Leche!
Que han llegado tus padres... "Bueno, ahora voy"... Sorpresa:
Una escopeta de perdigones... pobres gorriones... adiós lanza, adiós arco,
adiós monopatín casero. Al barranco de Fuente Los Asnos, vamos a cazar pájaros...
lo que se llama unos auténticos ecologistas.
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- Mañana excursión a Peña Lengua,
Uff eso sí que era organización... ¡Gracias Pepe, por las actuales! Tanto
tiempo subiendo a Biel y no conozco nada del monte.
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- Tradiciones
no faltaban, los huertos eran lo más importante, había que regarlos, había
que entrecavarlos, había que eliminar los brotes malignos de la tierra,
había que mimarlos. ¡Qué arte! "ajao y fuerza", ahora motocultor...
como no va a haber patatas, eso sí ya hay cada vez menos... gracias jubilaos
infatigables por cultivar esas magníficas judías boliches.
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- No nos faltaba
de nada, en un árbol podíamos hacer una cabaña, así que a por ella. Y si
no buscábamos la profundidad de los bojes para escondernos en nuestra guarida.
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- Mañana merendamos en La Fuente los Caños... predisposición no faltaba.
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- Cómo me gusta
este pueblo.
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- Y de las noches juveniles qué no me dicen. Hasta que pudimos
ir a la discoteca o al baile quedaba mucho trecho, así que juegos populares:
la taba, los chorizos calientes, soga tira, las flechas y cómo no el inolvidable
juego de "la lata" que nos permitía alargar la noche hasta la
hora mágica que los abuelos nos imponían.
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- Eso sí, durante el día poco mal
dábamos: desayuno, comida, merienda y cena. "¿Qué quieres para merendar?"
Yo como el abuelo, pan con vino y azúcar. "De eso nada, cuando seas
padre comerás huevos". Ahora los críos ya están hartos de comerlos.
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- Así que ahora la juventud ha pasado de la infancia a la discoteca... como
cambian los tiempos...
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- Pero a lo
que vamos "Y las tiendas y tradiciones de Biel". "Hijo mío
vete a buscar un bote de Cola-cao". Qué chocolate el de entonces, hasta
era difícil ir a comprar aquel producto: Genoveva y después José Antonio
(que olivas más cojonudas), Tintorero María Teresa y Julio (anda que no
comprábamos maripis Victoria de puntera blanca, moda en Biel), María del
marqués y Álvaro de la Pelegrina, luminero mayor (congelados que tenían
y helados), Carlota (qué pedazo chuches y juguetes varios), Molinero Siño
Emilia y Siña Pabla (recuerdos varios para llevar a los amigos y ¡cómo no!
los boletos, ¡qué apuesta!) las dos carnicerías, la de Presen y José de
Narcisa y la de Nieves y Melán de Moño y como no los comestibles y vinos
de Casa Vitoriano y Juliana, todavía tengo el penetrante olor a vino del
patio... Ni siquiera el vino que tenía Asunción, como dice la canción. Así
que por tiendas sería: todos ellos en mi recuerdo.
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- Y recuerdo aquellos pobres
corderos que iban al macelo y cómo pasábamos horas viendo a los carniceros
desollar a los bichos y con qué destreza. Vete a buscar la leche... y de
cabra... ahora Uperisada y tetrabrick que sino puede pasar algo.
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- Y qué me
decís de los bares, que centro más increíble de contadero de mentiras ¡Buen
vaso vino, que lo pago yo! As de Copas, Florencio y Pilarín y la máquina
de discos, anda que no escuchábamos discos y jugábamos a la flipper. El
Caserío, Marichu y Berduque, ¡qué museo viviente! Luego el Bar del Barranco,
recuerdo cuando empezaron Juan Carlos y Pilar, ¡qué futbolines! Pero mi
recuerdo más entrañable es el bar del Vitoriano, sus salas de arriba donde
se jugaba a las cartas y el bullicio abajo y de aquellos boletos que decían
nuestros padres que no nos tocaban, pero que ellos guardaban para gastarlo
en vino.
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- ¡Vete a comprar el pan!, ¡Un pan de kilo! Félix y María siempre
me untaban el pan de aceite y qué bueno...
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- Pero en mi recuerdo queda
el vareo de la lana que con tan gran eficacia hacía Siño Emilio de Casa Molinero,
que deleite ver como con aquellas varas de fresno deshilaba la lana y la dejaba
mullida para que pudiéramos dormir a pierna suelta. Qué arte para ello, su cajita
con la liza y las agujas y te lo dejaba bordao con aquellos pompones blancos
en las telas seleccionadas por nuestras abuelas.
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- Y todo ello bajo
los grupos de moda y entre ellos Fórmula V y su Cuéntame, así que amigos
ahora añadir todos aquellos detalles que sé que faltan y que vosotros vais
a ser capaces de recordar.
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