CUÉNTAME

(Versión Original Fórmula V)

 
 Me gustaría en estas líneas recordar, lo que ha sido hasta el momento la vida de un niño que vivió con gozo el esplendor de un pueblo.
 
Ciertamente olvidaré muchas cosas, que cada uno de vosotros podrá añadir a las vivencias que yo he tenido, y que perviven en mi memoria como un sueño que transcendió en mi intrahistoria de una forma brutal.
 
Eso sí, los recuerdos de este pagano narrador recuerdan los veranos que allí pasó.
 
¿Recuerdan cuando el Gobernador Civil de la provincia de Zaragoza vino a Biel?
 
Pues yo lo recuerdo como si fuera ayer, cuando se congregó la masa popular bielera en la actual Calle Mayor y el Gobernador, con voz recia, nos prometió dinero para hacer una piscina municipal.
 
Ya ha llovido desde entonces, puede ser que todavía viviera el dictador.
 
La obra se hizo con la democracia.
 
Como decía, con lo que ha llovido desde entonces, se podían haber llenado unas cuantas piscinas.
 
Sin embargo no nos daba miedo el no tener piscina, ya saben a lo que me refiero. Desde Peña el Infierno hasta Detrás del Cerro, encontrábamos el agua necesaria para nuestras tardes de hastío al sol.
 
Todo dependía: si era muy lejos íbamos con alguien mayor, sino acudíamos solitarios a las pozas de cristalinas aguas.
 
El agua era el símbolo de unión de las gentes del pueblo, como ahora la piscina, pero aquello nos llenaba de mucha más libertad e íbamos descubriendo aquellos recodos que te pertenecían: Pozo Tronco, Piscinas, Calistro, La Mina... para qué seguir... que veranos acuáticos, entonces sí que había agua, no como ahora.
 
Y qué me dicen de otras actividades cotidianas de aquella época: recuerdan dónde se tiraba la basura, incluso debajo del puente de entrada: "ahí va la basura de toda la familia" y cómo rebuscábamos entre los desperdicios para encontrar los tapones de las botellas para jugar a las chapas, incluso a su versión más moderna "la vuelta ciclista de chapas".
 
No quiero revolver en ello, pero qué basura nada que ver con la de ahora que ni siquiera la vemos, a veces ni siquiera los "container".
 
Pero todo ello empezaba cuando terminaba la escuela y nuestros padres nos subían a Biel a pasar las vacaciones: ¡dos meses de libertad!, y encima con los abuelos, ellos sí que te dejaban hacer lo que querías.
 
Pobres los de ahora, toda la semana debemos agradecer que estén allí; aquellos padres que nos dejaban con nuestros abuelos, ahora son abuelos y se someten a los caprichos de los nietos sin poder hacer nada para evitarlo.
 
Pero bueno, 1 de julio, ¡coño, las vacaciones!, así que a disfrutar. Vienen los colegas... algunos tienen que estudiar para septiembre, pero siempre hay tiempo para nuestras cosas.
 
Ala, mañana partido de frontenis en el frontón municipal: ¡Joder!, ha sido mala, ha pegado en el muro o la banda sonora que cantaba cuando con tanto esfuerzo nos había costado devolver la pelota. Ahora ya tenemos pedazo pista, así que aprovecharla jóvenes; la pena es que esté tan lejos: el centro neurálgico de las mañanas y de las tardes pelaires se desplaza.
 
O qué invento ese de la petanca, metro en mano, discusiones varias... los jóvenes también pueden participar; eso sí, yo quiero ir con algún francés que esos sí que saben jugar.
 
Al campo las arenas, fútbol en torcido, largueros de cuerda y venga metros, mientras no construyan, ahí estábamos.
 
Ahora tenemos pista de futbito, ya no es lo mismo.
 
Cierto es que hemos sido maestros de la improvisación, si nos faltaba algo nosotros lo construíamos: esas cañas de pescar con anzuelos para tiburones; aquellos arcos que no llegaban más allá de un metro, esas lanzas auténticas... guerra de indios y vaqueros; aquellos monopatines, cuatro ruedas y una tabla... cuesta de Lupercio para abajo o sino de Campotoro a San Juan, ¡cuida la curva!... ahora monopatín última generación, enganche a Internet y DVD incorporado... aquello sí que eran aparatos de uso.
 
¡Leche! Que han llegado tus padres... "Bueno, ahora voy"... Sorpresa: Una escopeta de perdigones... pobres gorriones... adiós lanza, adiós arco, adiós monopatín casero. Al barranco de Fuente Los Asnos, vamos a cazar pájaros... lo que se llama unos auténticos ecologistas.
 
Mañana excursión a Peña Lengua, Uff eso sí que era organización... ¡Gracias Pepe, por las actuales! Tanto tiempo subiendo a Biel y no conozco nada del monte.
 
Tradiciones no faltaban, los huertos eran lo más importante, había que regarlos, había que entrecavarlos, había que eliminar los brotes malignos de la tierra, había que mimarlos. ¡Qué arte! "ajao y fuerza", ahora motocultor... como no va a haber patatas, eso sí ya hay cada vez menos... gracias jubilaos infatigables por cultivar esas magníficas judías boliches.
 
No nos faltaba de nada, en un árbol podíamos hacer una cabaña, así que a por ella. Y si no buscábamos la profundidad de los bojes para escondernos en nuestra guarida.
 
Mañana merendamos en La Fuente los Caños... predisposición no faltaba.
 
Cómo me gusta este pueblo.
 
Y de las noches juveniles qué no me dicen. Hasta que pudimos ir a la discoteca o al baile quedaba mucho trecho, así que juegos populares: la taba, los chorizos calientes, soga tira, las flechas y cómo no el inolvidable juego de "la lata" que nos permitía alargar la noche hasta la hora mágica que los abuelos nos imponían.
 
Eso sí, durante el día poco mal dábamos: desayuno, comida, merienda y cena. "¿Qué quieres para merendar?" Yo como el abuelo, pan con vino y azúcar. "De eso nada, cuando seas padre comerás huevos". Ahora los críos ya están hartos de comerlos.
 
Así que ahora la juventud ha pasado de la infancia a la discoteca... como cambian los tiempos...
 
Pero a lo que vamos "Y las tiendas y tradiciones de Biel". "Hijo mío vete a buscar un bote de Cola-cao". Qué chocolate el de entonces, hasta era difícil ir a comprar aquel producto: Genoveva y después José Antonio (que olivas más cojonudas), Tintorero María Teresa y Julio (anda que no comprábamos maripis Victoria de puntera blanca, moda en Biel), María del marqués y Álvaro de la Pelegrina, luminero mayor (congelados que tenían y helados), Carlota (qué pedazo chuches y juguetes varios), Molinero Siño Emilia y Siña Pabla (recuerdos varios para llevar a los amigos y ¡cómo no! los boletos, ¡qué apuesta!) las dos carnicerías, la de Presen y José de Narcisa y la de Nieves y Melán de Moño y como no los comestibles y vinos de Casa Vitoriano y Juliana, todavía tengo el penetrante olor a vino del patio... Ni siquiera el vino que tenía Asunción, como dice la canción. Así que por tiendas sería: todos ellos en mi recuerdo.
 
Y recuerdo aquellos pobres corderos que iban al macelo y cómo pasábamos horas viendo a los carniceros desollar a los bichos y con qué destreza. Vete a buscar la leche... y de cabra... ahora Uperisada y tetrabrick que sino puede pasar algo.
 
Y qué me decís de los bares, que centro más increíble de contadero de mentiras ¡Buen vaso vino, que lo pago yo! As de Copas, Florencio y Pilarín y la máquina de discos, anda que no escuchábamos discos y jugábamos a la flipper. El Caserío, Marichu y Berduque, ¡qué museo viviente! Luego el Bar del Barranco, recuerdo cuando empezaron Juan Carlos y Pilar, ¡qué futbolines! Pero mi recuerdo más entrañable es el bar del Vitoriano, sus salas de arriba donde se jugaba a las cartas y el bullicio abajo y de aquellos boletos que decían nuestros padres que no nos tocaban, pero que ellos guardaban para gastarlo en vino.
 
¡Vete a comprar el pan!, ¡Un pan de kilo! Félix y María siempre me untaban el pan de aceite y qué bueno...
 
Pero en mi recuerdo queda el vareo de la lana que con tan gran eficacia hacía Siño Emilio de Casa Molinero, que deleite ver como con aquellas varas de fresno deshilaba la lana y la dejaba mullida para que pudiéramos dormir a pierna suelta. Qué arte para ello, su cajita con la liza y las agujas y te lo dejaba bordao con aquellos pompones blancos en las telas seleccionadas por nuestras abuelas.
 
Y todo ello bajo los grupos de moda y entre ellos Fórmula V y su Cuéntame, así que amigos ahora añadir todos aquellos detalles que sé que faltan y que vosotros vais a ser capaces de recordar.
 

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