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CANTAR
DEL
SANTO
GRIAL
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- a historia que va a ocupar
estas páginas, tiene intensas diferencias con lo anteriormente relatado. La
tradición popular está presente, sin embargo me veo en la obligación de datar y
utilizar una documentación que, por su valor, va a situar diacrónicamente un
relato que, en nuestras mejores tertulias pelaires, dan lugar a crear lo que
todos desearíamos estimar como un pasaje que crece y se desarrolla en nuestros
paisajes, llenos de rancio abolengo, demostrando una vez más que nuestra
localidad, ha jugado un papel más que importante en los destinos de la historia.
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- Nada más pertinente que utilizar el Atalante Español, para darnos cuenta que la
villa de Biel ha sido feudo de reyes y que, entre sus reyes más destacados, ha
estado Alfonso I, que con el tiempo fue llamado “El Batallador”, y que dió
esplendor a la historia de nuestra tierra.
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- Alfonso, heredero del recuerdo y de
la tradición, trazó la leyenda que nos acoge, fusión del cristianismo y de la
lucha por mantener viva la memoria de nuestra vida.
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- Cuentan los libros que “En el año
1134, Alfonso I el Batallador, elegía por herederas de su reino a las Ordenes
del Temple, San Juan y Santo Sepulcro.
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- A pesar de esto último, en Aragón se
buscaron todos los medios posibles, para conseguir que tres instituciones
militares de origen extranjero, no se apoderasen de la Corona, por lo que se
llegaría a una solución de compromiso para lograr un heredero proveniente de la
estirpe del Batallador.
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- Así, se nombró monarca al hermano de Alfonso I,
conocido como Ramiro II el Monje, puesto que había optado por los votos en la
Orden benedictina”, y Ud., mi querido lector, se preguntará el por qué de
todo esto.
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- Sinceramente: ha surgido un elemento que puede darles una pista y
son las Órdenes del Temple, defensoras del Santo Sepulcro y de la herencia
dejada que tanta literatura ha generado... el Santo Grial.
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- El Cáliz que recogió
la sangre de Jesucristo, partió en un viaje, custodiado por el Orden, que le
llevó a Jaca y al Monasterio enclavado en el Pirineo y que tantas leyendas ha
generado: San Juan de la Peña.
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- El Cáliz, por el que tantos y tantos dieron
su vida, el que contuvo la sangre de Cristo, el de la eterna juventud, el Santo
Grial, también forma parte de nuestra intrahistoria y es el momento de
demostrar que, ante la muerte de Alfonso I y las luchas internas en el Reino de
Aragón, el Grial viajó desde San Juan de la Peña en un recorrido, que lo llevó
a compartir nuestra localidad.
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- Las investigaciones que he realizado en la
reciente historia de Biel, nos aseguran que el cáliz se mantuvo en nuestro
pueblo durante un cierto tiempo. Pero ¿cómo llegó tan preciado objeto a nuestra
villa?
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- Corría el Siglo XII de la era cristiana
cuando Don Hugo de Urriés, heredero y por lo tanto señor de la Villa de Biel,
de Alquezar y de Murillo de Gállego, adquirió también la custodia del Santo
Grial. Así en un día nublado, con una boira espesa, llegó con sus caballeros al
monasterio.
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- El Prelado de San Juan de la Peña otorgó a Don Hugo la custodia del
Cáliz de la Sangre de Cristo, mágico en su principio y en su fin.
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- El gran
maestre de la orden, Don Hugo, recogió el deseado objeto, de ágata con
incrustaciones de perlas y esmeraldas, y lo puso en una caja en donde podía
pasar desapercibido.
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- El recorrido hasta su actual destino fue largo. Los
caballos exhaustos en la galopada pedían descanso y el hambre hacía mella en
nuestros caballeros.
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- Llegó la partida, no obstante, a dominios del maestre y es
en Murillo donde se trazó el gran objetivo: salvaguardar la fuente de la
leyenda.
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- Recordó Don Hugo que en sus cacerías, había un recorrido a una
localidad cercana donde tomaban descanso y en donde rezaban, San Felices; sin
embargo, el Gran Maestre temía las posibles emboscadas, puesto que la situación
política que tenía el Reino Aragonés así lo admitían.
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- Don Hugo no se fiaba de
nadie y su propósito no era otro que preservar el Cáliz de las garras
devoradoras de las alimañas políticas.
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- De esta manera llegó a San Felices, más
no se alojó en el pueblo y decidió aposentarse en la Cueva Santa
Chuliana.
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- Cercana a ella se encontraba un barranco, conocido como de Artaso y
que ofrecía barbos y madrillas para la comida y agua para aplacar la sed.
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- En
aquellas magníficas cascadas en las que el río discurría, Don Hugo planificaba
dónde llevar y mantener el Cáliz lejos de las disputas por el poder.
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- La noche cogió a nuestros personajes en la
cueva. Los sueños transcurrían en secuencias, revelando al gran maestre
imágenes de su infancia y de aquel magnífico rey, que dió los destinos de su
reino al orden del Temple.
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- Encontró en sus sueños la solución de la guarda del
Grial.
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- Y el sueño no fue otro que nuestra querida y añorada Villa de Biel, que
una vez más se cruzaba en la historia.
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- Como señor que era de la Villa, Don Hugo
deseaba rendir un gran homenaje a la localidad que vió nacer al Batallador y
allí se desplazó.
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- Para no generar ningún tipo de recelo durante su viaje, mandó
al Heraldo que investigara la situación y se pusiera en contacto con las casas
nobles del pueblo, para recoger tan respetado ente.
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- El tiempo pasaba y el heraldo
no traía las buenas nuevas.
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- Así que esperando en tan querida tierra de San
Felices, reponiendo las fuerzas a través de la caza y de la pesca, Don Hugo y
sus fieles caballeros brindaron, bajo el
pendón blanco y negro con la cruz roja, sus noches de protección a la
sangre de Cristo.
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- Recordaba Don Hugo las duras batallas que en tierra Santa
mantuvieron sus abuelos y su padre; las noches se hacían eternas pensando en
las batallas... y en la madrugada...
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- “¡Por fin!”, exclamaron los cruzados. El Heraldo hacía acto
de presencia en la cueva de Santa Chuliana.
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- Don Hugo iba a dejar detrás de sí
tan maravilloso paisaje, para llegar al lugar donde reposaría tanto él como el
Santo Grial.
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- No esperaron más, la información del Heraldo era explícita. Los
fieles señores del maestre en Biel, habían preparado y habilitado ciertos
lugares en donde podrían esconder el Cáliz; en concreto, dieciséis lugares que
iban a quedar como Santos para la posteridad.
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- Así que cuando el alba iluminó la
pradera del territorio de San Felices, puso la gualdrapa a su caballo y la
silla de montar. Vistió Don Hugo con la rapidez que su pesado traje le
permitía, y se armó hasta los dientes pues hasta Biel, no sabía que infieles
podría encontrarse. Ciñó su espada de doble filo a la cintura y montó a
caballo.
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- Atrás quedaba la cueva y el barranco de Artaso. Pasaron el barranco de
la Olivera y el de Ezquerrón en dirección a San Miguel de Liso, donde dieron de
beber agua a los caballos y se proveyeron de la misma para abordar la llegada a
la villa de Biel.
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- El reposo fue corto, pasaron el barranco de Arcanalo y se
posicionaron para la llegada a Biel. En San Salvador esperaron la noche,
accedieron a través del barranco Zarrampullo, y la Cruz del Burgo les esperaba
para entrar en tan noble villa.
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- El Santo Grial llegaba al pueblo para
ennoblecerlo aún mucho más.
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- Don Hugo cogió en brazos la caja que guardaba la
sangre de Nuestro Señor y pidió a la nobleza pelaire que le diese refugio...
Todos al unísono dijeron las palabras templarias “non nobis Domine, non nobis, sed nomini tuo da gloriam (nada para
nosotros, Señor, nada para nosotros, sino por la gloria de tu nombre)”.
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- Dieciséis ermitas esperaban tan religioso objeto y en las
dieciséis estuvo presente.
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- Una detrás de otra fueron recogiendo el cáliz: San
Juan Bautista, Santa Quiteria, San Tretián, San Bartolomé, San Branes, San
Charduque, Santa Cruz, Cruz del Burgo, Santa Cilia, San Esteban, Nuestra Señora
de Orreos, San Pelayo, San Salvador, Santo Cristo, Santo Tornil, y Nuestra
Señora de la Virgen de la Sierra.
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- Pero cuenta la leyenda que una decimoséptima
es la que realmente albergó la Sangre de Cristo...
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- Mis queridos lectores, creo conveniente no revelar la
decimoséptima.
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- También os preguntaréis dónde están las Ermitas; cierto es que
tres permanecen bajo una apariencia más moderna, muy restauradas, perdiendo sus
antiguos cimientos (es lo que la modernidad genera).
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- Recordar que el Temple fue
una orden aniquilada posteriormente y por ello la gran mayoría de las
edificaciones no fueron respetadas.
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- Sin embargo estas tres quedaron como
recuerdo de aquella maravillosa historia y, señores, para honrar la memoria de
tan noble causa cruzada, todavía quedan dos cruces en dos fachadas de Biel;
una, la casa que recibió a Don Hugo, la otra... sólo puedo dar una pista:
fijaros en la Cruz Templaria y empezar a descifrar lo que en las fachadas de
Biel se ve, su lectura os dará la solución.
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- Del gran maestre nada se supo, dice la vieja tradición
popular de Biel, que volvió sólo a la cueva Santa Chuliana, que otorgó su vida
a Dios, una vez que la situación política se apaciguó y el Santo Grial cogió
rumbo a su destino final……(Espero que no pase lo mismo con el agua.)
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- Relatos urbanos son... que la tradición oral recoge para
deleite de sus herederos y, de sabio aprendizaje, para sus entrañables oyentes y
lectores.
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- A Pepe, in memoriam
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- Gracias amigo

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