Las Abadias de Biel CANTAR

DE LAS

ABADIAS

 

 

C

 

uentan, cuentan y cuentan... Siempre digo que ha llegado el momento de restaurar en forma de relato los cuentos, las leyendas, los mitos, o como lo queráis llamar, que nuestros queridos oradores pelaires transmiten a todo aquel que les quiera escuchar.

        Este modesto narrador todavía tiene respeto hacia aquellos que peinan canas, hacia aquellos que las peinarán un día y hacia aquellos que todavía están en el bolsillo del padre eterno y que formarán, un día, parte de nuestra sociedad bielera. Por ello y para todo aquel que acceda a estos relatos... uno más... y sálvese quien pueda.

        Hace muchos, muchos años en un momento de gran prosperidad de nuestra querida villa ocurrió un hecho macabro o, si se quiere, malvado. Todos recuerdan el Cantar del Grial y de cómo existían unas cuantas ermitas en Biel (y alrededores) de las cuales pocas permanecen en pie. Existía una en el cercano lugar llamado San Tretián, lugar en el que hoy todavía quedan algunas huertas y poco más. Nada que ver con el esplendor de aquella época. Buena huerta, buen trigo y ordio, y buen molino que utilizaba el agua del barranco de San Tretián y del Arba. Todo ello a la sombra de una desaparecida Abadía, que pacía sus días a la sombra de una centenaria noguera (Noguera Abadía).

       Eran, como dicen mis sabios y canosos contertulios, los lares de los pobres, los lares alejados de la fortaleza monástica que estaba en una de las cimas de Biel: el monasterio de San Martín, al que todas las cinco villas pagaban tributo. Aquellos no contemplaban con buenos ojos que alguien estuviera sacando rendimiento sin proporcionar unos buenos diezmos al monasterio. ¿Cómo podía ser que una ermita, una abadía y un molino en la misma localidad que el monasterio, arrastrara a la gente más que los monjes del propio monasterio?. ¿Cómo podía ser que pudieran pagar los altos tributos al monasterio, una tan pequeña explotación?. Y sobre todo, ¿cómo podía ser que varios hijosdalgo del pueblo fueran a rogar a aquella ermita de pobres, siendo que existía el monasterio?.

      Muchas preguntas y sólo una respuesta: “¡Hijo!; ahora está muy de moda aquello de la competitividad y del libre mercado. En aquella época, estaba todo sometido a las máximas de la religión, y aún sigue siendo así.”

     Siguieron explicándome: “Mira, tiempo tienen y cuando dicen que oran lo que hacen es planificar su estrategia para conseguir más y más; pero no para ellos, sino para que no le falte a Dios nuestro señor. Eso dicen y eso creemos, ya que cuando él nos reciba mirará, ante todo, lo que se le aportó a la iglesia”.

        Así que el prior, entre rezo y rezo, lo que hizo fue urdir un plan que sería el fin del monopolio de los trabajadores, a pesar de que  pagaran diezmos.

        Francisco se llamaba y decidió arrendar la abadía de Biel, que en ese momento era un corral, a Juan López y a su mujer Pelegrina para que hicieran allí un huerto y lo plantaran de árboles frutales por el pago de un censo anual a la abadía de 5 sueldos jaqueses y la condición de que si en algún momento el abad del monasterio quisiere reconstruir allí la abadía lo pudiera hacer.

       Mis lectores pelaires saben dónde está situado ese magnífico lugar y cual es su estratégica posición.

       Así que, con estos condicionantes, aquel matrimonio, sometido a los dictados de los representantes de Dios nuestro señor, comenzó una ardua tarea que les llevaría a poder vivir de su trabajo. La fortuna se alió con Don Juan y Doña Pelegrina que en apenas cinco años hicieron de su arriendo un próspero “Hortal” y la bonanza les permitió, bajo el permiso de usufructo del abad, convertir el corral en una más que notable abadía donde poder habitar y poder supervisar desde el altozano la posesión arrendada. Pero no solo eso sino que, además, construyeron un molino a los pies de sus posesiones, que les permitiera manufacturar los bienes de la tierra y así competir con la otra abadía.

Molino Alto de Biel

       Todo transcurría bajo el plan monástico; ellos supervisaban la estrategia establecida por el prior; sólo esperaban dar el golpe de mano para derrocar el trabajo del pobre y dejar en sus manos el poder absoluto de la localidad y de la comarca. Aquellos que quisieron hacer trinidad con el trabajo, la manufacturación y la oración iban a pagarlo caro: Monasterio versus ermita.

       Mientras tanto la naturaleza llevaba su curso y la época de lluvias llegaba. El prior, paciente entre los pacientes, hizo manifiesto su plan. Los monjes dedicaban una parte de su trabajo a recoger hierbas con las que preparar sus ungüentos y fórmulas para hacer sus pócimas. Aquella tarde no iban sólo a recoger las plantas, sino que dedicaron una parte de su tiempo a taponar el barranco San Tretián y así hacer crecer el caudal. El resto lo haría la naturaleza.

       En la noche de autos, las lluvias se incrementaron y la “arbada” se juntó con el inmenso caudal que desembocado al reventar la presa, que tan villana argucia había urdido; el resultado: la abadía y el hoy llamado “O Molino Bajo” desaparecieron y la riqueza de los pobres se esfumó.

       El prior del monasterio, ayudado por su gran conocimiento de la naturaleza, calculó la fecha y la hora exacta en que ocurrirían dichos acontecimientos. Si hubieran sido otros los que lo planificaran, hubieran dicho que tan macabro plan habría sido urdido por el maligno, sin embargo, y en este caso, el hábito hace al monje y le hace representante del poder.

       Lo que ocurrió después se lo pueden imaginar... pero, mis proletarios contertulios me hicieron ver que hoy en día todo se ha esfumado; sólo quedan símbolos que indican la trinidad de todo lo que se hacía: ventanas con tres ojos, tres cruces grabadas en la piedra, tres lugares... y una piedra de molino que… . Los lugares están allí... aunque lo que más dolía a mis manifestantes oradores era la pertenencia de la abadía monástica, aún hoy todavía, a la Iglesia: poder absoluto de Dios en la tierra.

Sillar O Molino Bajo

       Dicen que una de las tres cruces, que estaban talladas en uno de los sillares del molino alto, desapareció.

Sillar O Molino Alto

       Dicen que una de las piedras de molino, descansa en el camino como pavimento para que nunca más pueda volver a girar.

Piedra O Molino Bajo

 

       Dicen que una de las ventanas de tres ojos fue rescatada del desastre y protegida, en un tercer lugar, bajo el mandato de permanecer de por vida boca abajo, como testimonio y protesta de lo sucedido y para siempre como prueba para los anales de las leyendas.

Ventana O Molino Bajo

       Y así fue, y así lo he contado. Y si no lo creéis ir a verlo por vuestros propios ojos.

 

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