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- arran los historiadores y los
corrillos más intelectuales de la Villa de Biel, que en el periodo
de la Campana de Huesca, eran famosas tres casas que pertenecían
a la nobleza de la época y que el dueño de una de ellas fue
llamado a la capital del Reino, para ser informado de quién
iba a ser el nuevo rey.
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- En su empeño de conocer al nuevo
regente y ante la posibilidad de despojarle de su cetro, espoleó
a su caballo y tomó la dirección de Osca (que así era conocida).
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- Decidió nuestro antepasado pasar
la noche en el castillo de Loarre, en la cuna de la reconquista
aragonesa. Se recluyó en una celda, pero no pudo dormir en toda
la noche: planificaba su estrategia para llegar a acuerdos con
otros nobles y alojar en su cabeza la corona.
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- Recordaba su Biel natal y pensaba
que su futura posición traería el progreso a todos sus súbditos.
Era feliz, pensando en como una localidad pequeña, pasaría a
tener una importancia sublime en el reino en que pagaba sus
diezmos.
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- Recordaba a los miembros de las
otras casas, que no quisieron apoyarle en su cruzada, sin embargo
no les guardaba rencor, incluso les buscaría un lugar en su
gobierno.
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- Recordaba su infancia, sus juegos
guerreros, su espada de madera de boj y el lugar de sus travesuras,
las calles empedradas y el sonido de las herraduras de los caballos
al pasar, así como los frondosos árboles en los que se escondía...
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- El relato de su infancia le llevó
a la madrugada.
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- Se presentó con otros cuarenta
nobles a la llamada del interino rey Ramiro II, que hacía poco
que había tomado las riendas de los destinos de la Corte Aragonesa.
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- El rey estaba predispuesto a
un fin, puesto que como buen monje pidió consejo al prior de
San Juan de la Peña, lugar en el que Ramiro había estado recluido
durante muchos años.
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- Como buen clérigo tomó la decisión
hasta el final y aceptó la corona, aún sabiendo que “el hombre
es un lobo para el hombre”.
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- Las recomendaciones del abad
de San Juan de la Peña fueron tajantes, como así fueron las
coles descabezadas en presencia del heraldo. Así que fiel a
su destino divino Ramiro actuó.
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- A todos les dio audiencia y a
todos decapitó para deleite de sus fieras que, gustosamente,
devoraban las entrañas de los ambiciosos nobles.
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- Todos querían formar parte de
los destinos de la Corona y todos lo formaron, puesto que con
sus cabezas decoró, el rey monje, una inmensa campana, y en
el badajo puso la cabeza de nuestro noble ascendente...
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- El tañido de la campana, intimidaba
al viento como un aullido animal en la noche, dominando todos
los lugares que el reino unió.
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- Tiempo después, alguien quiso
dejar plasmado en trazos y en colores lo que las semblanzas
de los antiguos nos transmitieron, para que sabiamente recordemos
que la tentación de la ambición es, en definitiva, un repique
en la campana de nuestro cerebro.
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- Y si así lo queréis ver, ir al
ayuntamiento de Huesca y pensar que alguno de nuestro pueblo
está allí presente, aunque se quedara sin cabeza.
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- Así cuentan los viejos del lugar
un pasaje de la historia de nuestro pueblo, así cuentan los
viejos las historias verdaderas, exageradas en su expresión
y expresadas con suma destreza para convencernos que nuestro
abolengo nos lleva a hacer patria, aunque muchas veces sea sin
cabeza.
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- Pero esto no es más que el principio...
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