Cantar de

 Peio Bidarte

L

os paseos que realizo por nuestro querido pueblo impregnan y dan color, a las tertulias que exponen oralmente nuestras tradiciones, costumbres y leyendas.
 
 
De esta manera, se complementa y se demuestra que todo lo que se oye, tiene un sabio testimonio que gratifica la labor del escribiente de relatos, en los que se busca una expresión literaria de las magníficas pláticas oídas y transmitidas desde los confines de nuestra historia.
 
Quise profundizar en la época de gloria de nuestro pueblo y mis deseos no sólo fueron escuchados, incluso amplificados.
 
Así me lo relataron y así os lo hago saber.
 
Cuatro eran los hermanos, hijos de Sancho III El Mayor, rey de Pamplona.
 
Cuatro eran los hermanos y a la muerte de su padre en el año 1035, los cuatro heredaron y recibieron las tierras que no querían, pues deseaban las que no les habían tocado.
 
A Fernando le correspondió Castilla; A García los valles de Escá, Aragón y Onsella y las fuentes del río Arba de Luesia y Biel, incluidas las dos localidades, además del Reino Pamplonés; A Ramiro el antiguo condado de Aragón y la región de Serrablo y a Gonzalo el condado de Sobrarbe.
Los tres herederos se pusieron de común acuerdo a pesar de la herencia, pero los genes conquistadores heredados de los reyes de Pamplona y de Nájera iban a dar un nuevo sentido a la historia.
 
Cuentan los viejos ilustrados pelaires que el lugarteniente de Don García, rey de Pamplona, en el que había delegado el gobierno de la villa de Biel, tenía una misión clave y era mantener la franja de unión con el condado de Sobrarbe, para perseverarse del invasor musulmán.

 
Peio de Bidarte se llamaba, y era respetado en toda esa franja como un fiel defensor de la cristiandad, al servicio de su rey Don García.
 
Peio mantenía conversaciones con Don Gonzalo, convirtiéndose en un fiero brazo armado y un ferviente valedor de la causa cristiana.
 
Peio era muy querido por Don Gonzalo; el condado de Sobrarbe, en signo de agradecimiento, otorgó al lugarteniente las armas de Sobrarbe.
 
De todo ello tenía principales noticias Ramiro y miraba con recelo esta unión entre sus hermanos, a través de un siervo de su hermano García.
 
Ramiro temía que todo ello no fuera más que una estratagema para conseguir su condado y unificar a través de esos pactos los destinos de nuestra tierra.
 
Ramiro que rápidamente se coronó rey y aconsejado por el francés, preparó un pacto para que García no le atacase o para que no intentase anexionarse el condado de Aragón.
 
El francés era un destacado mercenario, hábil en las artes del espionaje.
 
El francés, cultivado en las estratagemas gasconas de la traición, aconsejó a Ramiro.
 
El francés no era otro que Ramunet de Gascuña, “fiel servidor” del Conde de Sobrarbe.
 
En un día de septiembre de las calendas cristianas mandó Ramiro llamar a Peio y le hizo saber que él también quería formar parte de la alianza cristiana frente al infiel.
 
Peio, oídas las peticiones de Ramiro, fue a ver a Don García y preparó todo para que el pacto tuviera lugar.
 
Fue en nuestra querida catedral de Jaca que Ramiro firmó el presente documento para que pudiese unirse en un tratado las tres herencias del Reino de Pamplona:
 
“Yo, Ramiro, de la prole del rey Sancho, te juro a ti, mi hermano don García, por Dios Padre omnipotente, por la santa Virgen y por los ángeles, arcángeles, los doce apóstoles, los mártires y los confesores y por todos los santos de Dios, que de esta hora en adelante no requeriré más tierra de tu parte, excepto ésta que mi padre me da y que se halla escrita arriba, y que no levantaré contra ti engaño ni desorden para quitarte tu tierra, ni en paz ni en guerra injusta, ni con moros ni con cristianos. Por el contrario, si alguno audazmente incurriese en la arrogancia de resistirse o enfrentarse contra ti, con todo mi poder lucharé contra él y seré su enemigo.”
 
La traición estaba servida.
 
En la noche en que Don García volvía a Pamplona, Peio de Bidarte fue a ver a Don Gonzalo para hacerle saber la buena nueva y esta fue la prueba que haría romper el pacto y que Ramiro se enfrentase a Don García, con el cual había firmado, días antes, un pacto de no-agresión.
 
En la noche del 27 de septiembre recorría el mensajero la frontera que separaba a los condados del Islam y llegó a la villa de Boltaña.
 
Peio, hábil jinete dónde los hubiera, cabalgó largo tendido para entrevistarse con el conde de Sobrarbe, en su llegada le dijo al Conde:
 
“- Sire, vuestro hermano Ramiro, proclamado rey de Aragón, pacta con mi señor un tratado de no-agresión y de lucha, de la causa cristiana contra el bárbaro invasor. Mi señor, Don García, quiere que su excelencia forme parte del compromiso y que una sus fuerzas a las nuestras para tal objetivo, y así olvidar las rencillas que siempre Ramiro le causó tanto a la Corona Pamplonesa como al Condado de Sobrarbe”
 
 Don Gonzalo confiado en las palabras de Peio asintió la cabeza y así dijo:
 
“- Mi querido Peio, estoy satisfecho de que mi hermano Ramiro haya hablado con García y que quiera formar parte de la lucha conjunta por la paz y la expansión de nuestras tierras. Así quiero que se lo digas a García y que los tres ratifiquemos el acuerdo para poder seguir los destinos que nuestro padre nos dio, bajo los sabios auspicios de Dios, nuestro señor, y sus apóstoles.”
 
Nada podía hacer suponer que tras el dotado jinete, apareció el francés, secuaz mercenario de Ramiro, para hacer valer la traición.
 
En la madrugada del día 27, el galo, interpretó el plan hasta sus últimas consecuencias y el filo del puñal asesinó sin piedad a Don Gonzalo.
 
Sobrarbe y su comarca, quedaban huérfanas; la herencia del condado quedaba en el aire. Cuando el alba llegó, la servidumbre del conde encontró su cadáver y junto a él, el puñal de la felonía, revelando unas iniciales acuñadas en la empuñadura PB.
 
Los lamentos se oyeron tanto por la muerte del conde como por aquel que se la produjo: Peio de Bidarte.
 
La asamblea de la nobleza de Sobrarbe debía reunirse y decidió, en tan dolorosa situación, entregar los destinos del condado a Ramiro de Aragón, que lo recibió con mucho grado y entusiasmo.
 
Ello le dejaba en una posición de dos territorios frente a uno, el de su hermano Don García.
 
Asimismo el pacto quedaba roto y ello le dejaba las manos abiertas para vengar a su hermano Don Gonzalo del engaño cometido por el de Pamplona.
 
De esta manera Ramiro, Rey de Aragón, podía proclamarse Rey de Sobrarbe devorando cual ogro la máxima de los fueros de Sobrarbe: “Antes las leyes que los reyes”.
 
Ajeno a todo ello estaba Peio, el lugarteniente de Don García, que había cometido, supuestamente, el asesinato de Don Gonzalo.
 
Pero en los días sucesivos y mientras avanzaba con su cabalgadura asomó en la Sierra de Santo Domingo, en el límite con el condado Pamplonés, encontrando la resistencia de las tropas de Ramiro, y es allí dónde se dio cuenta que le faltaba un arma para el combate.
 
Consiguió zafarse de los tercios aragoneses y espoleó su caballo para llegar cuanto antes a Biel y movilizar a sus soldados.
 
Peio pensaba en su huída por qué le querían asaltar huestes con el pendón aragonés; reflexionaba y no entendía el por qué.
 
Llegó a Biel y en breves llegaron los heraldos de Ramiro, pedían que se entregara al nuevo Rey de Aragón y Sobrarbe.
 
Peio debía dar una buena nueva a Don García y le traía la guerra.
 
Movilizó como pudo a sus heraldos para llevar la noticia de la lucha a Pamplona. Don García no pudo hacer nada, las tropas no pasaron de Sangüesa puesto que Ramiro actuó con una táctica envolvente demostrando que se estaba más atento al infiel Islam en la frontera sur, que en la frontera entre el reino aragonés y pamplonés tras el pacto.
 
Ramiro mataba muchos pájaros de un tiro: rompía la hegemonía Navarra en el oeste de nuestra actual Comunidad, así como la vía económica y mercantil que unía nuestra querida villa con la localidad de Sangüesa cabeza del comercio navarro.
 
Y es en Biel donde coronaba su plan consiguiendo decapitar a Peio de Bidarte, el fiel valido de Don García, el fiel servidor y amigo de Don Gonzalo.
 
Anexionó la actual frontera aragonesa y aunó en su persona los tres territorios para nacer de ello el Reino Aragonés.
 
Ramiro aprendió mucho de su esbirro, de Ramunet... mandó decapitarlo para que no existiese ninguna prueba de la conjura que le llevó a la gloria.
 
Me quedé helado con tan fiero final; esperaba que algo mejor hubiera pasado al noble Peio, pero la historia es así de trágica y lamentable: premia a quien no lo merece.
 
Dicen mis queridos contertulios, que la historia está allí y que todavía quedan trazos mágicos en las calles de nuestra noble villa. Que la historia pone a todos en su lugar y Peio, nuestro noble ancestro, tiene su lugar.
 
Y en ese lugar están las armas de Sobrarbe para gloria de nuestra villa y de tan mágico personaje que dio hasta el final su entereza, creyendo que la justicia podía existir y que la unión de los tres pueblos era la mejor forma de luchar por ennoblecer la maravillosa leyenda que nació en Nájera para formar una gran nación.
 
Cuentan los decanos historiadores de nuestra localidad que el esplendor de Peio de Bidarte llegó a su mayor cota cuando Aragón reconoció y colocó en uno de sus cuarteles el árbol de Sobrarbe con la cruz de gules en su copa.

Dicen que, sabiamente, hicieron lo que debieron, puesto que colocándolo en el escudo reconocen su grandeza.

 
Y ya lo sabes, mi querido lector: lo mejor es que pasees y descubras en las piedras que construyen las casas de profundos muros, la rancia historia de nuestro pueblo.
 
Escudo de Peio Bidarte Marco.

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