Marina Plaza Freire

 

Tulipán

 

Tulipán era una pantera que vivía en una frondosa selva. Todavía era un cachorro, solo tenía dos semanas de vida y ya era querida por toda la manada.

Aunque aun no dominaba los movimientos de su cuerpo bien, le gustaba jugar con los demás cachorros de pantera a esconderse entre los árboles.

Ella no era la única pantera que acababa de nacer, nacieron tres mas que se llamaban Rómulo, Fénix y Papira. Los cuatro eran muy buenos amigos y estaban siempre juntos.

La manada se mudaba de lugar cada estación del año, estaba entrando el verano y se trasladaban al norte de la selva donde hacía menos calor.

El camino era duro y peligroso, así que todas las crías tenían que estar alerta y bien protegidas por los demás. Todos temían encontrarse a Abale, un cazador que se llevaba a las crías en un camión. Pero si permanecían unidos no correrían peligro.

A la mitad de camino, a Tulipán  le llamó la atención una mariposa que estaba posada en una flor y quiso ir a cogerla, así que no dudó en ir a por ella. Llegó a un sitio de la selva en la que no se oía ningún ruido salvo el canto de un pájaro.

De repente salió Abale de entre unos arbustos y disparó un tranquilizante a la pantera, esta gemió con todas sus fuerzas y entonces fue cuando la manada se percató de su ausencia.

Corriendo fueron en su ayuda, pero no pudieron hacer nada pues vieron como metida en una jaula, la ponían en un camión y se marchaba sin más dejando a la manada destrozada.

Los padres de Tulipán estaban muy tristes y solo se echaban la culpa de haber descuidado a su hija, ¿la volverían a ver algún día?

Tulipán iba dormida en el camión, la llevaban a un centro de observación de animales en el cual la estudiarían.

Al despertarse, vio a su alrededor a una mujer que la miraba encantada.

Tulipán estaba muy asustada y no sabía qué hacer. En la pared había muchas fotografías e insectos disecados, había muchas mariposas y fotos de selvas y animales carnívoros. La médica que se llamaba Carla, aprovechando que Tulipán estaba adormilada, la midió, la pesó y le hizo radiografías para ver si todo estaba en orden.

Carla cogió en brazos a Tulipán y la llevó a una jaula muy grande que estaba inspirada en una selva, con árboles y plantas y una temperatura apropiada, aunque Tulipán estaba triste y se sentía sola, echaba de menos a sus padres, a sus amigos y tenía mucho miedo, porque no se fiaba de los médicos.

Esa misma tarde, volvieron a enjaular a Tulipán y la metieron otra vez en un camión, pero esta vez no iba sola, iban muchos pájaros y muchos cachorros, un tigre, un jaguar, un puma y Tulipán. A todos los habían cazado para investigarlos o quién sabe para qué.

Durante el viaje solo se escuchaban el trino de los pájaros Todos las cachorros fueron dormidos menos Tulipán.

Llegaron a su destino por la noche. Los recibieron siete personas vestidos con batas blancas. Sacaron todas las jaulas y las dejaron en la entrada del edificio. El camión se marchó y Clara se quedó con los animales.

Nada más llegar instalaron a los animales en jaulas diferentes.

Cuando Tulipán se despertó ya era de día y había un par de niños señalándola gritándole que se acercara, pero por mucho que se acercara a los niños no lo iban a poder tocar  porque había un barra de protección y una distancia de seguridad. Al irse los niños vio enfrente suya una jaula con monos y al lado de los monos, más monos y al otro lado, más monos y al fondo, un cuello de una jirafa comía de los árboles. Estaba en el zoo.

A la derecha de Tulipán estaba el tigre de Bengala que le acompañaba en el viaje y a su izquierda, un puma no dejaba de pasar gente, todos se paraban a verla, los niños le tiraban cacahuetes a los monos y los mayores echaban fotos a Tulipán, cosa que le gustaba pues el flash le asustaba y le molestaba.

Visto desde fuera de la jaula todo se veía muy bonito pero Tulipán estaba dentro y no era feliz, pero eso a nadie le importaba,

De repente, llegó Carla y entró dentro de la jaula, Tulipán se arrinconó. Carla traía un biberón y un peluche. Cogió a Tulipán y le puso la tetina del biberón para que bebiese pero esta se negaba al darse cuenta de que era comida, cedió y se bebió la leche en un momento. Carla empezó a mover el peluche para que Tulipán jugara. Éste empezó a jugar y olvidó por un momento dónde y con quién estaba jugando. Carla se levantó y abandonó la jaula, entonces Tulipán comprendió que tenía que acostumbrarse a vivir así y que Carla no quería hacerle daño.

El tiempo iba pasando y Tulipán iba creciendo y, aunque la vida del zoo, se había acostumbrado y no solía acordarse de su vida anterior.

Tulipán tenía seis meses y ya había crecido mucho. Hoy tenían que limpiarle su jaula y eso a ella no le agradaba pues el guarda venía con una manguera que echaba agua con mucha presión y le dejaba toda su jaula empapada y fría.

Pues bien, el guarda se estaba acercando, Tulipán se escondía detrás del tronco del árbol para no ser vista, pero el guarda empezó a disparar agua contra ella que corría por toda la jaula y le guarda seguía igual, y así durante un rato, Tulipán terminó empapada y muy cansada de tanto correr. El guarda se fue a las otras jaulas. Tulipán no paraba de estornudar y le dolía el pecho, no podía respirar bien, estaba todo el rato jadeando, Carla se acercó a la jaula a ver qué pasaba y corriendo le la llevaron al laboratorio. Allí le hicieron análisis y pruebas, pero había enfermado y estaba muy grave. Se la volvieron a llevar a la jaula y la taparon con unas mantas. Carla se quedó con ella.

Tulipán consiguió dormirse. Carla no podía pegar ojo, ella se quedó toda la noche despierta. Al amanecer, antes de abrir el zoo, vinieron los médicos a ver a Tulipán y observaron que estaba mejor pero que le tendrían que poner una inyección para que se curase. Le sujetaron la boca con unas cuerdas y las patas también. Tulipán miraba  a Carla con los ojos llenos de lágrimas y fue entonces cuando Tulipán echaba de menos a la selva y a su familia.

Al ponerle la inyección, a Tulipán le invadió una fuerza interior que hizo que rompiera las cuerdas que le sujetaba la boca y las piernas. Todos los médicos consiguieron salir, pero Carla se quedó dentro en el rincón. Estaba asustadísima. Tulipán se fue acercando a ella y cuando le faltaba nada para llegar se echó en el suelo y se puso patas arriba. Entonces Carla le rascó la barriga y la pantera se puso contenta. A partir de ahora las dos serían buenas amigas.

Transcurrido un año desde entonces, varias organizaciones a favor de los animales, habían denunciado al zoo por tener especies en extinción sin dejar que se reproduzcan para que no se extingan, del zoo se llevaron a algunos animales como un tigre de Bengala, pero a Tulipán lo dejaron ahí.

Ella se aburría, su vida se basaba en dormir y comer y ver como cada día cientos de personas le señalaban y le hacían tantas fotos que con tanto flash se le nublaba la vista.

Habían traído nuevos cachorros de otras especies y Clara ahora estaba más ocupada y le tenía que prestar más atención a éstos que a Tulipán.

Por suerte, entre esos cachorros trajeron a una pantera hembra un poco más grande que Tulipán, ella se puso muy contenta pus así tendría con quién jugar.

Fue difícil que la hembra entrara en la jaula pues se resistía a estar encarcelada pero después de muchos intentos entró.

Tulipán recibió a Nela, que así se llamaba, con los brazos abiertos, pero Nela se abalanzó sobre Tulipán y empezó a mandarle, Tulipán intentó defenderle pero no sabía cómo reaccionar hasta que  empujó a Nela y se la quitó de encima. Nela se echó sobre el suelo y después Tulipán, ya que iban a estar mucho tiempo juntos se tendrían que llevar bien.

A Nela no le gustaba jugar así que siempre se sentaba en el árbol y de ahí no se movía, Tulipán sin embargo, no paraba de andar para no aburrirse.

Al final consiguieron llevarse bien y hasta Nela empezó a corretear con Tulipán un rato si y otro no pero se hicieron buenos amigos.

Tulipán empezó a recordar su pasado, con su padres y amigas, y, aunque prefería estar con Nela que sola, lo que de verdad quería era estar en la selva con los demás.

Pasó un año desde entonces, y, durante todo ese tiempo había hecho lo mismo, estar en la jaula como siempre y Nela lo mismo.

Una noche de madrugada, unos hombres cogieron a Tulipán y a Nela y las metieron en unas jaulas muy pequeñas con ruedas que sonaban muchísimo, las llevaban aun camión. Carla se subió con ellas. Fue un viaje larguísimo.

El camino por el que iban tenía muchos baches, pero de repente, el camión frenó y las jaulas se movieron hacia la puerta y por poco la abrieron.

Enfrente de las panteras, había una gran selva, la selva de Tulipán. Carla se despidió de las dos y abrió las jaulas, las panteras salieron corriendo y se adentraron en la selva.

Tulipán estaba contenta de volver a correr entre los árboles pero ella quería encontrar a su familia.

Así que rugió con toda su fuerza, y al momento aparecieron varias panteras de entre los árboles, corriendo reconoció a Rómulo, Fénix y Papira y éstos reconocieron a Tulipán. Los cuatro se pusieron muy contentos, tulipán les presentó a Nela, y los cinco se fueron a donde estaba sentada la manada, Tulipán corrió hacia su madre y hacia su padre y se dieron un buen abrazo.

Ahí en la selva es donde Tulipán estaba a gusto y de donde nunca se la debieron de haber llevado.

 

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