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IMÁGENES,"Buscando la mirada"

Textos del Catálogo de la Exposición

Introducción, Prólogo, Epílogo y Apéndices,
con los "Pasos Vivientes" de la Semana Santa de Alcaudete

INTRODUCCIÓN
Francisco Mesa Ruiz

Cartel del 50 aniversario de la Cofradía de San Elias
realizado por Eduardo azaustre Mesa

Quiso el destino que, el autor del presente catálogo, Eduardo Azaustre Mesa, naciera en Alcaudete, pero por razones familiares, ha vivido fuera de su pueblo natal; aquí era donde solía pasar los veranos, y de ellos conserva agradables recuerdos, amigos y viejos conocidos.
Cursó estudios de Ingeniería Técnica Industrial, ingresa en la Compañía Telefónica y es destinado a Barcelona para desempeñar el cargo de Operador Técnico, allí conoce a Carmen, bella mujer, de gusto exquisito, con la que contrae matrimonio, fijando su residencia en Badalona , fruto del amor que comparten, nacen dos hijos , Víctor y Ricardo que, les proporcionarán no pocas satisfacciones.
Enamorado de las costumbres de su Andalucía, de su clima, de su aire , del azul del cielo, ... , le llevan a plantearse volver a su tierra y así lo hace, aun a costa de renunciar a una desahogada situación económica y muy buena posición social; apoyado en todo momento por su esposa que, no repara en sacrificios, se trasladan a Jaén.
En esta ciudad se integran sin dificultades, laboral y socialmente dado el carácter alegre y comunicativo de la pareja.
A partir del pasado año, deciden instalarse en Alcaudete en la casa de sus abuelos paternos, aquí tiene oportunidad de revivir recuerdos de su infancia, reencontrarse con personas de las que solo le quedaban vagos recuerdos e incluso descubrir familiares de cuya existencia ni siquiera tenía conocimiento y con los que, dado su talante sociable y emotivo, compartirá a partir de ahora momentos felices.
Eduardo, es hombre culto y con una gran inquietud artística que, le hace expresar de múltiples formas la belleza que observa, así se refleja en sus lienzos, utilizando las más variadas técnicas.
Como afición principal, son la pintura y el dibujo los ejes de su actividad creadora siempre de forma intuitiva y autodidacta, aunque de igual forma se recrea en la realización de iconos de gran belleza, siguiendo las líneas más ortodoxas.
Su producción pictórica que va desde el retrato, al paisaje o del bodegón al cartel, ha tenido altibajos, debido a sus obligaciones familiares y laborales alternando en su vida, temporadas muy fructíferas que contrastan con otras menos productivas.
Ha participado con otros pintores en algunas exposiciones, y ahora afronta en solitario la responsabilidad de presentar esta magnifica muestra de los trabajos que recoge el catálogo que nos ocupa.
Con motivo de la presentación del cartel de la Semana Santa del presente año, llegó uno a sus manos, y lo motivó de tal forma que, de inmediato, se puso a dibujar la cara del Señor de la Oración en el Huerto, consiguiendo un precioso retrato, de gran expresividad.
En él, podemos apreciar detalles que nos pasan inadvertidos en la mayoría de los casos, pues en general nuestra mirada va del manto a la corona, del trono a las flores , del hermano mayor a la candelería, etc., sin darnos cuenta de la expresión del rostro de Jesús o de la Virgen, que es donde el imaginero, reviviendo todos los momentos de la pasión de Nuestro Señor, reflejó, en cada caso, el sufrimiento, el dolor, la serenidad, el abandono, la muerte, en definitiva, situaciones y emociones por las que atravesó Jesucristro y su Santa Madre. En último término es el mensaje que el autor, nos quiere transmitir.
Después el cofrade, quizás en un intento por engrandecer la obra del escultor, o bien por presentarla al pueblo de forma más llamativa y siempre en función de las posibilidades económicas de cada una de las distintas cofradías, adorna la imagen de tal manera que consigue dispersar la atención del observador y poco después no se recuerda el verdadero rostro.
Eduardo nos cuenta que siempre recordará la cara de la Macarena, en un cuadro maravilloso que vio en una central telefónica de Sevilla, desprovista de todos los adornos, era el retrato de una bellísima mujer, su recuerdo lo llevaría a intentar presentarnos nuestras imágenes tal y como son... ¡y ha sabido hacerlo! consiguiendo plasmar toda la belleza, la angustia, la misericordia, de unos rostros tan cercanos a nosotros como desconocidos, pues hemos podido comprobar, cómo muchas personas, aun los cofrades más próximos, tenían dificultades para identificar a sus propias imágenes.
Es curioso ver la sorpresa al comprobar que, se han equivocado en el juicio cuando se les pide que identifiquen algún retrato.
Actualmente y como fruto de un trabajo concienzudo y meticuloso, Eduardo es la persona que mejor conoce el rostro de nuestras imágenes. Cuando habla de alguna de ellas en concreto, es capaz de destacar detalles que nadie había señalado antes, dice:
“He descubierto que, el Cristo Yacente del Santo Entierro, está muerto, aunque hay personas que dicen lo contrario, fíjate en el labio inferior, está caido y deja ver la dentadura inferior; su barba, no tiene vida, la laxitud con la que cae sobre el pecho, denota claramente la muerte del Señor”. Es sorprendente escuchar la cantidad de cosas que puede referir de muchas de ellas.
Su obra nos descubre también el parecido entre las creaciones de un mismo imaginero, tal es el caso de Jesús en la Oración del Huerto y el Santísimo Cristo de la Columna, ó del Cristo de la Misericordia y el Cautivo, por poner un ejemplo.
Sin lugar a dudas es la imagen de San Elías, la que mas admiración causa en Eduardo, no solo por su antigüedad, sino por la belleza de sus rasgos. Esto no es impedimento para reconocer que hay, de factura reciente, magníficas imágenes en Alcaudete.
En esas imágenes, el Señor de la Columna por ejemplo, el retrato es austero, desprovisto de artificio y sin ningún retoque para intentar mejorar la expresión del rostro.
No todos los dibujos han tenido la misma dificultad, unas cofradías disponían de buenas fotografías que facilitaron mucho la realización de los retratos, en otros casos fue necesario recurrir al archivo de fotógrafos profesionales locales o como en el caso del Señor de la Agonía, tuvimos que ir con el autor de los dibujos, a “buscar una escalera para subir al madero...” con el fin de hacer unas cuantas fotos.
Es en los rostros de las imágenes desaparecidas donde la idealización es mayor, no tanto por la mala calidad de los retratos que existen, sino mas bien por el entusiasmo en su ejecución y el conocimiento de las historias de su desaparición.
Junto a las imágenes hay un rostrillo de apóstol y el retrato de Gabriel Rojas ( San Dimas ) con un romano anónimo; creo que no es necesario justificar su presencia en esta colección de imágenes, aunque mas adelante me referiré a este personaje.
El autor del catálogo de la exposición IMÁGENES, “Buscando la mirada” iguala a todas las imágenes en un mismo formato de retrato, destacando así la belleza propia de cada uno.

Dibuja tu diestra mano
perfumes de la Pasión,
la expresión misma del cielo
en el rostro de Jesús.

Dulce mirada de Madre,
lágrimas que con dolor,
derrama una Virgen guapa
y que sabes poner tú,
en la mejilla más pura
y con transparente luz.

Nuestra Semana Santa, es una entrañable tradición religiosa en la que participa activamente todo el pueblo de una u otra manera y que a lo largo del tiempo ha atravesado por momentos esplendorosos, alternando con épocas decadentes, en las que se temió por su desaparición.
Atrás quedaron los costaleros a sueldo, a los que solo les dolía el cuerpo al terminar cada procesión y, los pasos arrastrados por ruidosos motores que restaban belleza a la magnificencia de nuestros tronos y hemos asistido, con júbilo, al nacimiento del cirineo por verdadera convicción y entrega, cuyo dolor es del alma, porque siente con y por su cofradía el compromiso de cuidar sus imágenes y presentar novedades año tras año a nuestra semana de pasión, a pesar de los esfuerzos de toda índole que es necesario realizar.

Como el humo del incienso,
mensaje primaveral
que, une el cielo y la tierra,
en abrazo fraternal,
así se funde tu hombro
con el peso del varal,
y haces de tu cuerpo, un trono,
a la voz del capataz
para llevar a tu imagen,
con ternura celestial.

Fruto de estos compromisos es la renovación de Jesús en la Oración en el Huerto, el Santísimo Cristo de la Columna y Cristo de la Misericordia, razón por la que se incluyen en la colección algunas imágenes antiguas, como testimonio y elementos de un juicio comparativo y porque marcan un antes y un después dejando patente la intención de mejorar y el buen gusto en la factura de las mismas.
También aparecen los dibujos de Nuestro Padre Jesús Nazareno y el Señor de la Humildad desaparecidos durante la guerra civil, pues son muy queridos y añorados en nuestro pueblo y de las que se conservan algunas reliquias o enseres en las respectivas casas de hermandad.
Aparece en esta obra un personaje muy vinculado a nuestra tradición semanasantera y que el autor rescata de sus recuerdos. Una figura muy representativa de las procesiones de su infancia: “San Dimas” en la persona de un hombre sencillo, entrañable y de creencias firmes y comprometidas, “incapaz de faltar a una cita para acompañar al Señor”.
Se trata de Gabriel Rojas Solís, que mantiene viva una larga tradición familiar heredada de un tío suyo que supo colocarlo en el lugar que le correspondía y aun hoy, después de cincuenta y cinco años, no ha abandonado.
A veces, le resulta difícil conseguir la compañía del soldado romano, elemento indispensable, para él, en el desfile y en las representaciones delante de los pasos de Semana Santa que acompaña.
Una tarde de verano estuvimos reunidos con el y pudimos comprobar que sus convicciones son tan fuertes y vivas como sus recuerdos.

Tú, Dimas, arrepentido,
-te dijo Cristo al morir-
mañana, estarás conmigo
y tu te marchaste así,
desde la cruz del calvario
hasta el infinito añil.

Y porque hubiera en el pueblo
representación por ti,
Dios, nos mando a un hombre bueno
desde el principio hasta el fin
como testimonio vivo,
hoy te tenemos aquí.

Para los apóstoles, Eduardo ha dibujado un rostrillo que fue del padre de Gabriel Rojas, Julián Rojas Expósito, homenaje a un hombre humilde que toda su vida deseó llegar a ser San Pedro, pero no vivió los años suficientes para ocupar ese puesto.
“El rostrillo de Santiago el Mayor es uno de los tres principales” decía Gabriel con orgullo, mientras le mostraba la careta a Eduardo, envuelta en el papel de una antigua tienda de la calle Llana, que tenia como número de teléfono uno de dos dígitos.
El catálogo recoge cinco imágenes a color, la de la Patrona, la Santísima Virgen de la Fuensanta y el Niño Jesús; el patrón de Alcaudete, San Miguel , la Virgen de la Cabeza por la devoción popular que se le dispensa y la Virgen de Fátima. El resto de los dibujos, son todos en blanco y negro que, es la manera más sencilla de representar el dolor y el abatimiento propios de estas imágenes.
El autor no se ha podido sustraer a dar algún toque de color o de dorado en aquellas imágenes que según él, se lo pedían a gritos, tal es el caso de las dos imágenes que componen el paso de la Virgen de la Piedad, San Elías, La Soledad o Nuestro Padre Jesús Nazareno (antiguo).
Eduardo nos da a conocer su creación artística, en la que podemos apreciar la exquisitez de su trazo, así como la delicadeza en los detalles de las terminaciones de los encajes, velos y mantos o la luz en las miradas, es también de destacar la expresión en los rostros, con unas técnicas sencillas, según él, consiguiendo unos efectos que te hacen elevar el espíritu, como corresponde a un artista consumado.
Dedica Eduardo esta exposición a la memoria de sus dos abuelas, Pilar Salazar Martínez, sastra que fue, que vivió en la casa donde él reside, y Carmen Mantas Pareja, mujer oronda y casera, que también fue mi abuela y que no salía a la calle desde que perdió a su primogénito en la flor de la vida; los mayores de cuarenta años las recordarán con cariño. Como objetivo final se propone donar a la Agrupación Local de Cofradías todos los derechos, así como los beneficios obtenidos por la venta, de este libro-catálogo y de posibles reediciones, con la finalidad de dotar a esta institución de recursos propios.
Es deseo de autor que, los originales de los dibujos, sean expuestos como propiedad de la Agrupación de Cofradías en los locales donde fije su sede, pasando a formar parte de su fondo cultural. Mientras no disponga de dicho local, se podrán instalar en concepto de depósito, siempre que se obtenga el permiso correspondiente, en la sacristía de la iglesia parroquial de Santa María La Mayor, o en su defecto, distribuirlos, provisionalmente, entre las casas de hermandad de las distintas cofradías.
He tenido la satisfacción de asistir en primicia, al nacimiento de cada uno de sus dibujos y disfrutado con verdadera delectación, cuando he estado presente, al ver el placer que sentían las personas que han visitado su casa al contemplar los trabajos.
Quisiera agradecer a mi primo, la confianza que ha depositado en mi, al poner en mis manos la presentación de tan importante trabajo y concederme el honor de estar presente en su obra.

Francisco Mesa Ruiz

PRÓLOGO
Ramón Sirvent Sánchez

La elaboración de esta obra, IMÁGENES, "buscando la mirada", en la actual crisis religiosa que sume a nuestra sociedad en un proceso descristianizador en que Dios está siendo silenciado, constituye un testimonio de reconocimiento y respeto a tantas y tantas generaciones de alcaudetenses que han vivido su fe individualmente y como pueblo de Dios.
Como alcaudetense, me enorgullezco de nuestro patrimonio artístico religioso, exponente de que el culto sagrado guarda estrecha relación con la expresión estética, y expreso mi agradecimiento a cuantos han colaborado en su formación y mantenimiento. Agradecimiento, hoy y aquí, a mi amigo Eduardo Azaustre Mesa , porque su trabajo ,de exquisita sensibilidad y magistral calidad artística, desinteresado y generoso , constituye un ejemplo a seguir en pro de su conservación y enriquecimiento.
En este catálogo, el arte es lenguaje plástico del Evangelio. Tras la reflexión en torno a las pinturas policromadas iniciales, me atengo al orden seguido en los relatos evangélicos, al analizar los dibujos de las imágenes de la Pasión y en su lectura meditada he encontrado el significado y mensaje de cada una de ellas. Comento, en primer lugar, las relativas al Salvador; todas ellas tienen algo en común, como ocurre con las de la Virgen María, que analizo a continuación; pero cada una es la plasmación de un momento diferente que inspiró a su autor y que Eduardo intensifica genialmente en su obra.
Finalizo este trabajo intentando desvelar el mensaje que con su semblante nos transmiten las imágenes de personas que tienen relación con la Pasión y procesionan en nuestra Semana Santa.

ROSTROS DE IMÁGENES REPRESENTADOS A COLOR

¿Has contemplado por la mañana el rostro de la VIRGEN DE LA FUENSANTA? ¿Has visto una cara más bonita? Es el manantial más transparente, la más linda canción de amores, el más delicado arrullo maternal. Es el piropo de Dios... Ante la suavidad de sus mejillas, los pétalos de rosa son ásperos. Ante el embrujo carmesí de su boca, el rubí parece pálido, ante la gracia de esa barbilla, la sal es insípida. Sus ojos enamoran; son bienvenida acogedora, aroma que embriaga. Ella es la miel que alimenta la inocencia de nuestros niños, el cariño de las madres, las ilusiones de los jóvenes. ¡Dios te salve, Señora del amanecer! ¡Delirio de Alcaudete!
Cuando la visito en el mediodía, encuentro en la paz de su mirada a la Madre que llena de bendiciones a nuestras familias, que reparte amor entre los esposos, que mantiene el amor de los corazones que se aman. Su mirada es fortaleza en las debilidades, añoranza en la ausencia, alivio de los que emigran, consejo en la dudas, aliento en el trabajo, generosidad y perdón, camino que conduce a Jesús. ¡Dios te salve, Señora de la edad madura, Madre de la plenitud!
Te contemplo, Madre, a la hora del crepúsculo y Tú eres la más bella sinfonía de rosados arreboles. Tu rostro es sosiego, consuelo en las penas, compañía en la soledad, aliento en la desdicha, refugio en los peligros, bálsamo en la enfermedad y luz en último aliento. ¡Dios te salve, Señora de la edad lograda! Vida, dulzura y esperanza nuestra. El artista que te esculpió, Madre, tuvo que contemplarte en el cielo porque tanta belleza es imposible encontrarla en la Tierra. ¡En verdad eres la Llena de Gracia!
¿Conoces al NIÑO JESÚS que lleva en sus brazos la Stma. Virgen de la Fuensanta? Es un niño gordito, feliz, con gesto incluso travieso, ingenuo, inocente. Sin embargo, fíjate en su mirada. Parece que formula una pregunta: ¿Quién decís que soy yo? Como un día preguntó a sus discípulos (Mt.16,15 -16). Es una pregunta que nos obliga a reflexionar sobre el conocimiento que tenemos de Él. Un conocimiento que no se limita a conocer su vida terrestre, sus milagros, sus palabras. Un conocimiento que penetre en su interior, en sus sentimientos, en las exigencias que plantea. Un conocimiento que penetre en cada uno de nosotros y nos arrastre a seguirle y a imitarle. Un conocimiento nos obligue a darle a conocer con nuestro testimonio de vida, con nuestra entrega generosa, con preferirlo a todo.... ¿Qué respondo a ésta pregunta?.

Véante mis ojos,
dulce Jesús, bueno.
Véante mis ojos,
Muérame yo luego.

(Sta. Teresa de Jesús)

Contemplar el rostro de la Santísima VIRGEN DE LA CABEZA tal como es, sin "el joyel que la encierra", es un privilegio. Su semblante es aroma de azucenas de Anunciación. "Morenita y pequeñita..., aceituna bendita..., chocolatín del cielo Mirada de proyecto comprendido de salvación, de misión aceptada. Es la mirada que contempla, medita y acepta sin vacilaciones. La mirada bajada del cielo:

"Desde el olivar del cielo
que en platas de hojas se cierra
cayó una aceituna al suelo,
rodó y se paró en la sierra."

Es el semblante que, en día de Visitación a Isabel, agradece, confía y se alegra: "Mi alma glorifica al Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi salvador." (Lc. 1,46-47). La mirada que une cielo y tierra, que nos trae el perdón de lo alto, la paz del Señor que es reconciliación con Dios y con cuantos nos rodean:

"Es la ermita
reja que su marco aroma
entre jaras de la sierra,
una cita
colgada entre cielo y tierra."

Es la gracia y la alegría, meta de jiennense anhelo, imán que atrae a los corazones, invitación generosa a mirar hacia arriba... Su mirada es anuncio y promesa de bienaventuranza. ¡Viva la Reina de la alegría! De la alegría del cristiano que brota de una conciencia limpia y constante en el amor. "Mientras mi vida alentare, todo mi amor para Ti."
La delicadeza y tierna expresión de la VIRGEN DE FÁTIMA, una Virgen Niña envuelta en blanca nube de túnica y manto inmaculados, símbolo de pureza, son mensaje de paz. Su cara es caricia de paz, de la paz que un noche en Belén nos trajo Jesús: "Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor." (Lc. 2,14). Es caricia de paz, de la paz de Nazaret, de la paz que llenó su vida, de la paz que Jesucristo promete al que la busca. Su mirada habla y se ofrece, orienta y anima, ama y suplica. La mirada que en el Año del Rosario nos invita a rezarlo como promesa de paz

"Quien busca el buen grano, lo encuentra en la espiga;
quien quiere oro fino, lo busca en la mina;
quien quiere a Jesús, que busque a María."

SAN MIGUEL, Santo Patrón de Alcaudete, un gesto de fortaleza, todo vigor blandiendo la espada, rostro sereno, convicción interna y constancia en la acción. Su escultura en piedra preside la fachada del Ayuntamiento. Todo un manifiesto de libertad. Libertad que es inmunidad de vínculo, antítesis de esclavitud, victoria sobre el egoísmo, la ambición, el instinto, la venganza. Libertad que no es permisividad cobarde, ni negligencia en el cumplimiento de las obligaciones. San Miguel, arcángel de la libertad, la mirada limpia que nos dice que la auténtica libertad es el servicio a Dios mediante el sacrificio, el trabajo, el acometer nuevas empresas, la tolerancia, la comprensión y la lucha por la justicia sin dar cabida a la venganza.

ROSTROS DE IMÁGENES REPRESENTADOS EN BLANCO Y NEGRO

LA ENTRADA DE JESÚS EN JERUSALÉN nos muestra al Salvador con un rostro de expresión serena, de mirada transparente, del Maestro que amaba a los niños. Es una mirada profunda, la mirada de la vida. Mensaje de creación, de redención, de salvación. La mirada de "la Palabra", testimonio de la luz que con su venida al mundo ilumina a todo hombre, mensaje de la Palabra que a todo el que la recibe le otorga ser hijo de Dios, como afirma San Juan en el capítulo 1º de su Evangelio. Es mensaje de bienaventuranza que conduce a la bienaventuranza.

El semblante de JESÚS EN LA ORACIÓN DEL HUERTO es expresión humana de angustia profunda: "Triste está mi alma hasta la muerte." (Mc 14,34), "Padre mío, si es posible, pase de mí este cáliz, mas no sea como yo quiero, sino como quieres Tú." (Mt 26,38-39). Pero es la aceptación plena de la voluntad del Padre. Es una mirada de oración y súplica: "Vigilad y orad para que no caigáis en la tentación." (Mt 21,41), pero es asimismo la mirada de la comprensión: "El espíritu está pronto, pero la carne es débil (Mt 26,41) hasta en el trance de verse abandonado por sus discípulos que huyeron Sus ojos son manantial abundante de perdón y generosidad: "Vuelve tu espada a su lugar, que todos los que manejan espada, a espada morirán." (Mt 26,52). Es el rostro que cautiva y enajena porque está transfigurado como en el Tabor haciendo patente la divinidad cumpliendo la promesa hecha.

NUESTRO PADRE JESÚS CAUTIVO, el de la mirada amable y dialogante, es plasmación plástica de la verdad y el carácter: "Y Caifás le dijo: Te conjuro por el Dios vivo que nos digas si tú eres el Cristo, el Hijo de Dios. Díjole Jesús: tú lo has dicho." (Mt 26, 69-75 y 27,1-25). Examinar esta mirada es contemplar la verdad de su respuesta, sumergirse en el océano de infinidad de Dios. Adentrarse en esa mirada es entender que Jesús vino al mundo para testificar de la verdad: "Que todo el que es de la verdad, escucha tu voz." (Jn. 18,37). Son los ojos del carácter, la sabiduría de la respuesta silenciosa como la más sublime lección de elocuencia. Son los ojos del silencio amoroso, sosegado. sin rencor, que maravilló a Pilatos y exasperó a Herodes; los ojos que convencieron al gobernador romano de su inocencia. Ni la verdad ni la firmeza de carácter son incompatibles con el dolor, por eso son respuesta dolorosa actual de silencio a la injusticia, la falsedad, los insultos y el volverle la espalda.

EL SANTO CRISTO DE LA COLUMNA muestra el talante de la fuerza y la obediencia de Dios. Tiene un rostro pensativo, absorto, ensimismado, como ausente del mundo que le rodea. No parece abatido por el dolor de los crueles latigazos que ha desgarrado su carne convirtiendo su cuerpo en pura llaga. Sí, el dolor físico y el agotamiento son innegables, pero la fuerza interior que afloran esos ojos es todavía mayor. Es la fuerza de Dios que, siguiendo los designios del Padre, le ha hecho "obediente hasta la muerte y muerte de cruz." (San Pablo). La misma fuerza que le hizo vivir en obediencia a María y José: "Y estaba sometido a ellos." (Lc. 2,51-52). La fuerza que impulsa a seguirle a todo el que quiera seguirle.

EL SEÑOR DE LA HUMILDAD, con túnica de púrpura, coronado de espinas y una caña en su mano derecha, abofeteado y objeto de burlas (Mt. 27,28-31), es el más bello gesto de entrega y grandeza. Es el Cristo de la mirada eterna, manantial de amor en respuesta a ser menospreciado, mansedumbre y entereza, servicio a los demás sin exigencia de ser servido, firmeza y constancia sin debilidad ni cobardía. Su mirada grave es denuncia de las injusticias y miserias de esta sociedad que entre todos hacemos. Pero, sobre todo es la mirada de la grandeza de Dios que habla y convoca en el primer martes de carnaval, recorriendo nuestras calles, a la conversión. Es la mirada que a todos nos llena de esperanza. La mirada más dulce, más cautivadora, más sugerente que prende fuego en nuestros corazones en noche de Jueves Santo y, en su mansedumbre, espera una respuesta generosa.

NUESTRO PADRE JESÚS NAZARENO, la paz y la acogida: "Si alguno quiere venir en pos de mí, tome su cruz y sígame." (Mc. 8, 34-35). Es mirada de paz de Dios que invita a la conversión, a superar la sensualidad egoísta, el amor propio desmesurado, la imposición del criterio propio. Es mirada de acogida segura, fuerza que durante siglos ha mantenido firme la confianza de tantos cofrades de Alcaudete, invitación al servicio gozoso, sin desaliento, ante la ingratitud. La mirada de la generosidad que estimula a compartir y a colaborar y dedicar parte de nuestro tiempo en ayudar a los que nos necesitan. La mirada que "enseña"a nuestros niños, que orienta en las tinieblas de los momentos difíciles a nuestro jóvenes y aconseja en las decisiones fundamentales a tantas personas maduras, la luz que llena tantos ojos antes de cerrarse para siempre.

SANTÍSIMO CRISTO DE LA AGONÍA, la mirada trascendente que perdona y convierte. La angustia de la agonía de Jesucristo, en fuerte expresión de dolor, está plasmada con sobrecogedor realismo ungido de respeto edificante. Si penetras en ella, verás que es una mirada que sobrepasa al espacio y al tiempo, que rebasa a la historia; tiene una dimensión metafísica, permanente... Pero esta mirada de Jesús convierte: "Verdaderamente éste era el Hijo de Dios."(Mt 27,54) había exclamado Claudio, el centurión romano que le vio morir y que después manifestó: "Nunca había tenido miedo ni me había sentido cobarde. Pero cuando estuve ante ese hombre y Él me miró, me faltó el ánimo. Parecía como si mis labios estuvieran sellados y no pude proferir palabra. He hablado a mis hijos, que hoy sirven al César, de Él, un hombre que se enfrentó a la muerte con la savia de la vida en sus labios y con ojos de perdón y compasión a sus verdugos. Ahora estoy viejo y sinceramente creo que ni Pompeyo ni César fueron tan grandes como Él, porque desde su muerte ha brotado de la Tierra un ejército para combatir por Él, como nunca se haya combatido por el César y Roma... Cristo de la Agonía, la mirada que permanece y siempre espera.

SANTÍSIMO CRISTO DE LA EXPIRACIÓN, el arco iris que comunica vida y esperanza. "En tus manos, Padre, encomiendo mi espíritu."(Lc. 23,46). "Todo está cumplido."(Jn. 19,29). Es una expresión de bienaventuranza, de promesa cumplida, de redención consumada. Es la mirada de retorno al Padre. No refleja la plasmación plástica del artista ni la angustia del "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?" (Mt, 27,47), ni el abatimiento del "Tengo sed." (Lc. 19,28). Los ojos que contemplas son puerta abierta a la esperanza."Hoy estarás conmigo en el paraíso" (Lc. 23,41). La mirada que, en su muerte, comunica la vida.

EL SANTÍSIMO CRISTO DE LA MISEROCORDIA es la sublime lección de silencio. El silencio, en el momento oportuno tiene mayor poder persuasorio que un brillante discurso. El silencio imperturbable, sosegado, oportuno de Jesús en ciertos momentos de la Pasión es sublime lección del Maestro. Lección de silencio en el proceso religioso ante el Sanedrín, lección de silencio en el proceso civil ante Pilatos, lección de silencio ante insultos, bofetadas y provocaciones de los sacerdotes. Por ello, el Cristo de la Misericordia es la plasmación estética de la lección magistral del silencio. Es el

".Cristo de la Buena Muerte,
el de la faz amorosa
tronchada como una rosa
sobre el blanco cuerpo inerte
que en el madero reposa.

De sangre los pies cubiertos,
llagadas de amor las manos,
los ojos al mundo muertos
y los dos brazos abiertos
para todos mis hermanos."

(J.Mª. Pemán)

Ante la majestad de este silencio, "El velo del templo se rasgó en dos de arriba abajo; la tierra tembló y las piedras se resquebrajaron..." (Mt 27,51-55). Y esta sublime lección de silencio convoca y exige silencio. Por eso, en la procesión del Cristo de los Estudiantes sólo tienen la palabra los corazones, las discretas antorchas, las campanas de mano, los lamentos monocordes de tambores o el suspiro de desahogo del trono que facilitan el callado diálogo. ¡Silencio! ¡Que habla el silencio! Este Cristo muerto, procesione con la cruz ya levantada o en el momento en que la comienzan a levantar es el más sublime gesto, la más encendida proclama de amor.

EL CRISTO YACENTE DEL SANTO ENTIERRO es canon auténtico de belleza clásica y perfección técnica. Sobrecoge por su descarnado realismo. Parece que ha sido tallado en la madera con mimos y caricias de buril y crueldad de azotes y salivazos, porque es espejo de la belleza de Dios y de la miseria humana. Es el "Cordero de Dios que quita los pecados del mundo". Sus ojos entreabiertos son dulzura de gracia ganada y dolor que la ganó. Son aceite y bálsamo de perdón conseguido y extenuación por el pasado vendaval de tormentos. Son ojos entreabiertos que besan y silencio dolorido que grita al alma. Cuando contemplo su rostro a la salida de San Pedro, veo la grandeza y serenidad de Dios. Lo miro en la Plaza y comprendo la traición del pecado. Y, al llegar al Carmen, su fuerza me atrae como un imán. En San Pedro, me arrepiento. En la Plaza me perdona y en el Carmen me comprometo a seguirle.

JESÚS RESUCITADO es la Vida que invita a la vida. La mirada ascendente, contemplativa, dichosa; imán que conduce a las alturas: "Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre." La mirada que promete la vida: "Yo soy la resurrección y la vida. Quien cree en Mí, aunque haya muerto, vivirá; y todo el que vive y cree en Mí no morirá para siempre". Es el rostro que pregona la paz y justicia del Reino de Dios, amor y verdad. Es mirada de plenitud, abierta, siempre abierta que sale al encuentro de nuestra vida.

"Decid, si os preguntan donde,
que Dios está, sin mortaja,
en donde un hombre trabaja
y un corazón le responde."

(Breviario Romano)

NUESTRAS VÍRGENES DOLOROSAS sólo tienen ojos para contemplar desde el interior el sacrificio de la Cruz. Todas ellas son manifestación de dolor, pero lo expresan de distinta manera.

El llanto de la VIRGEN DE LA AMARGURA es profundo. Su mirada es vaga, indecisa, ensimismada. El llanto indica un entregarse y darse por vencida ante la fuerza de tanto dolor. La laxitud de las cejas delata el agotamiento y la impotencia para controlarlo. Por eso brotan esas lágrimas de desahogo. Los labios contraídos ahogan un sollozo y el quejido necesario para un corazón traspasado. Pero es la mujer fuerte que está en pie junto al Hijo que muere de amores (Jn. 19,25).

LA VIRGEN DE LOS DOLORES es el llanto sosegado y sereno, de lluvia mansa contenida y sin desbordarse. Es la elegancia y la distinción en maravillosa expresión de equilibrio; ningún aspaviento, ninguna contorsión, ningún lamento. Es la plasmación plástica del dolor y la pena hechos poesía. Ante la limpieza de su mirada la mayor transparencia es opaca; ante su dulzura, la más delicada caricia es tibia; ante el aroma de su delicadeza, el jazmín pierde el perfume; ante su calor de madre, el fuego es frío. Llora la Señora, la Madre, y calla saboreando los planes de salvación del Hijo. Un llanto que acompaña a la mirada de mujer en la plenitud de su belleza con el corazón atravesado por duro puñal que busca una mirada de consuelo, mientras acompaña a Jesús en la Vía Dolorosa soportando la carga del duro madero de la Cruz.

LA VIRGEN DE LAS LÁGRIMAS posiblemente sea la representación más nerviosa y extrovertida del sufrimiento de María. Con el desbordamiento del llanto no allegado el desahogo. El dolor la quema y la tortura y hasta contrae las facciones de esta Virgen niña. Tiene afilada la nariz, levemente convulsos los labios y levantados los extremos internos de sus cejas. Son sus cofrades el caudal de luz que dibuja el camino que sigue la Madre con sus faroles encendidos, pero es Ella la luz que ilumina la noche con el más azul, el más delicado, el más amoroso silencio.

SANTA MARÍA DEL MAYOR DOLOR Y DE LAS NIEVES es un rostro de ternura y esperanza, un llanto de desolación y aliento, de belleza maltratada que va repartiendo, generosa, abundancia de fe en Aquel que es la verdad. Su mirada es agua y fuego sobre el delicado azahar de sus mejillas y boca entreabierta por donde escapó un quejido incontenible, con un labio inferior convertido en algo inerte que parece sufrir sacudidas hacia adentro y una estremecedora barbilla temblorosa. Es una mirada triste y cariñosa, la mirada que levanta oleadas de cariño en la noche de Jueves Santo alcaudetense. El semblante que atiende y escucha, que dialoga y bendice.

LA VIRGEN DE LA ANTIGUA es la representación de un momento álgido en la curva del llanto, el de mayor desbordamiento de lágrimas y quizá el del más agudo dolor. Siendo su rostro bello, su autor antepone el torrente impetuoso de la expresión de su mirada a una estética de facciones perfectas, por eso su cara es la cumbre de la expresión. Su cabeza está levantada y la mirada se pierde en el infinito. Es una mirada de angustia y ansiedad, sus ojos tienen una fuerza sobrecogedora pero confiada porque acompaña a la denuncia de otra mirada, la del Señor de la Humildad, contra la opresión y la insolidaridad y no duda de la respuesta de un Dios justo y misericordioso.

LA PIEDAD, inmaculada patena que sostiene bajo la sombra de la Cruz a la hostia inmolada por la salvación del mundo. Su dolor, su gesto elocuente y la mirada que se eleva al cielo son el más lindo poema, la más encarecida oración por la paz. Son un gesto y una mirada de ofertorio y sacrificio, el gesto de fe de la Iglesia por la unidad y la paz. La Piedad nos urge buscar la paz y "el que la busca es porque ya en la frente lleva un beso de paz."

LA SOLEDAD no oculta un rostro que es añoranza y nostalgia. Lleva plasmada en sus ojos la contemplación del Hijo por última vez, la frialdad de la losa de la sepultura. Su mirada es el espejo de un corazón que es pena que rompe la pena, que convulsiona sus cejas, que alimenta sus lágrimas, que torna en nácar sus mejillas y que modela una sonrisa dolorida y enigmática, expresión de tanta paradoja vivida.

SAN ELÍAS, he aquí el talante de un hombre curtido y abnegado que hace penitencia. Su mirada es contemplativa, mensaje de Transfiguración, de la gloria de un Dios que ama, perdona y salva. Es el rostro del profeta llamado por Dios, que habla con valentía en nombre de Dios con gesto de convicción firme, de entereza ante la adversidad y la persecución, que denuncia los pecados del pueblo. Elías es invitación al arrepentimiento y a la esperanza en la resurrección.

SAN JUAN, sorprendido en el momento en que ha desviado la mirada llena de tristeza infinita para no ver la aflicción de María que camina tras el Hijo que lleva la Cruz. Es la mirada limpia. de los"limpios de corazón" (Mt 5,8), que brota de la tranquilidad de conciencia. La mirada que sufre, ama y confía, expresión de los sentimientos del discípulo que reclinó su cabeza sobre el pecho de Jesús en la Última Cena.

SANTA MARÍA MAGDALENA es el rostro anonadado y perplejo de la mujer que "amó mucho porque se le perdonó mucho." Sus ojos denotan enojo por tanto abandono y traición. Son un manifiesto inconformista contra pobreza-despilfarro, opulencia-explotación, marginación, droga, infidelidad, prostitución... Su mirada es reivindicación: "Dichosos los que padecen persecución por ser justos, porque de ellos es el reino de los cielos."(Mt 5,10). El gesto de María Magdalena es urgencia del Reino de Dios.

LA SANTA VERÓNICA presenta un rostro tierno y compasivo, expresión de la sensibilidad del pueblo ante el sufrimiento y la injusticia. Es el gesto decidido y valiente del deber sentido frente a la permisividad que huye de complicaciones, espejo de un corazón misericordioso, "dichosos los misericordiosos porque ellos alcanzarán misericordia", que le impulsa a la solidaridad, limpiando con paño el rostro de Jesús. Es la mirada que solicita ayuda y compromiso de servicio, la mirada dulce y sugerente que Espera una respuesta.

La obra de arte establece una comunicación íntima con el que la contempla. Tras su observación, transmite al espectador sentimientos que conducen al diálogo entre ambos. La contemplación de este catálogo de contenido religioso ha sido un mensaje que ha provocado en mí hondos sentimientos. La exposición es en gran parte subjetiva. Si dispones de tiempo, contempla a solas este catálogo, porque estoy seguro que brotarán en ti sentimientos generosos estrechamente relacionados con tus vivencias personales y diálogos anteriores con las imágenes a las que profesas especial devoción. Que a todos nos ayude a cumplir nuestro compromiso cristiano, como lo hicieron tantas generaciones de alcaudetenses convencidas de que no hay más salvación que la realizada por Jesucristo.

Ramón Sirvent Sánchez

EPÍLOGO
Pedro Montesinos Moya
Párroco de Santa María la Mayor

“Por una mirada”


¿Hay algo más simple, más sencillo, más elemental y, a la vez, más profundo, significativo y elocuente que una mirada? La mirada es un lenguaje esencial y primario. Es, quizás, la forma suprema del lenguaje. El modo más genuino, directo e inmediato de expresar la comunión y la comunicación. Es la palabra primordial, protopalabra, signo y conjuro, símbolo y profecía, llave que abre mil puertas.
Una mirada puede decir más que un largo discurso. Puede valer más que mil palabras. La persona entera se abre, se asoma, se revela, se comunica y se entrega en la mirada. San Agustín decía que los gestos -principalmente, los que se hacen con el rostro y con los ojos- “son como palabras naturales de todos los pueblos” (Confess., 1, 8, 13): son, por eso, lenguaje universal. Ahora bien, ningún gesto es tan expresivo y tan universal forma de lenguaje como la mirada. La mirada es el idioma y el dialecto que habla y que entiende toda persona: para bien o para mal.
Hay miradas que congelan, que petrifican, que castigan, que condenan, que matan. Hay, en cambio, miradas que alientan, que consuelan, que restauran, que curan, que fortalecen, que protegen, que envuelven, que penetran, que salvan.
“¡Me hubiera ayudado más con una sola mirada!”. Una mirada puede convertirse en signo sacramental para una persona y llegar a producir en ella el efecto saludable y restaurador de un sacramento. “¡Por una mirada, un mundo!”, se atrevió a cantar Gustavo Adolfo Bécquer, traduciendo poéticamente una fundamental experiencia. Y, cuando se trata de la mirada de Jesús, es decir, de la mirada de Dios, hecha mirada humana; y, mirada maternal y femenina en los ojos de María, la experiencia es tan gratificante y tan restauradora de las raíces mismas de la persona que es así mirada, y que así se deja mirar, que esa persona no sólo queda restaurada por dentro, sino que llegaría a arriesgarlo y a darlo todo, sin reservas, por esa mirada. ¡Sí, por la mirada de Jesús, uno daría el cielo y la tierra, sin dificultad especial y sin alardes de heroísmo, como lo más lógico y natural!.
La fuerza de la mirada de Jesús, es uno de los aspectos que más impresionó a sus discípulos. Los evangelios, hablan con frecuencia de como veía El las cosas, de como miraba. Jesús miraba a la muchedumbre, se fijaba en la moneda del tributo, observaba como echaba su limosna en la colecta la mujer pobre, dirigía a sus apóstoles sus ojos, miraba fijamente al joven que quería seguirle (“Jesús, fijando en él su mirada, le tomo cariño y le dijo: sólo una cosa te falta...” Mc 10,21), escrutaba las intenciones de sus enemigos, les dirigía una mirada llena de enfado ("ellos callaban: y El, mirándoles con ira, apenado..." Mc 3,5), miraba a Zaqueo apreciando su buena voluntad...
Enseñó a sus discípulos a saber ver y discernir las cosas. Les urgió a que supieran ver los signos de los tiempos, observar la belleza de los lirios del campo, la libertad de los pájaros, la necesidad del prójimo malherido en el camino. Parece como si Jesús pasara su vida viendo, mirando, observando con una infinita capacidad de admiración y de profundidad en su mirada, pero sobre todo, los evangelistas, se acuerdan de sus ojos en los momentos de oración. "Tomó los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición" (Mc. 6,41). "Jesús levantó los ojos y dijo: Padre, te doy gracias" (en la resurrección de Lázaro, Jn 11,41). "Levantando los ojos al cielo dio un gemido y le dijo: Ábrete" (en la curación del sordomudo, Mc. 7,34). "Alzando los ojos al cielo, dijo: Padre, ha llegado la hora" (Jn 17,1).
Este libro que cae en tus manos puede ser, mas allá de un muestrario de arte cristiano en nuestro pueblo de Alcaudete, una ocasión muy adecuada para agudizar tu mirada, mirada hacia nuestro alrededor, a nuestro país, a nuestros hermanos que sufren, a nuestros problemas y dificultades familiares, mirada hacia nuestro interior y nuestra conciencia, mirada hacia Jesús Misericordioso y descubrir que Él también nos mira, con amor y ternura, no es una mirada condenatoria, sino una mirada de amistad y acompañamiento. Lleva el corazón lleno de estas imágenes y lleva grabada a fuego, la mirada de Jesús, la mirada que transforma tu vida.
La oración cristiana, en su misma esencia, pudiera definirse como dejarse mirar amorosamente por Dios. ¡Dejarse mirar por él, mirando su mirada! Sin necesidad de palabras. En silencio enamorado. En ese “éxtasis del amor”, que es la adoración. Ser de verdad contemplativo no es tanto contemplar uno mismo cuanto saberse contemplado por Dios y dejarse mirar por él con una mirada única, transida de ternura, irrepetible, capaz de expresar toda la existencia. Es consentir activamente en esa mirada amorosa, acogiéndola con asombro y gratitud estremecida.
Es dejarse mirar amorosamente, manteniéndose en actitud abierta y pacífica, ante esa mirada, que envuelve, que penetra, que purifica y que transforma. Si en esto consiste esencialmente la oración cristiana, ¿puede decirse, con razón, que orar es algo de verdad complicado? (conviene recordar que fácil se contrapone a difícil, mientras que sencillo se opone a complicado. Por eso algo puede ser, a la vez, sencillo y difícil, simple y exigente) ¿Es complicada la amistad? ¿Se necesitan especiales entrenamientos para vivirla? ¿No son, más bien, la oración y la amistad, las que simplifican la vida y las que dan sentido último a todo?
Existe, en hebreo, un verbo -el verbo hanan- que expresa la idea de mirar con amor: Fijar los ojos en alguien con gran cariño y, al mismo tiempo, con singular complacencia. Y, para traducir, por parte de la persona que descubre esa mirada amorosa y complacida, que se posa dulcemente sobre ella, esta maravillosa experiencia, hay una expresión bíblica original: Hallar gracia delante de uno. Noé ante Yahwé (cf. Gén 6, 8); Esther ante el rey Asuero (cf.Esth 5, 8); el humilde ante Dios (cf. Ecc 3, 20); y, sobre todo, María ante el Señor (cf. Lc 1, 30).
El ángel, después de llamar a María “la llena de gracia” (cf Lc 1, 28) -como nombre propio que la nombra y la define-, es decir, muy especialmente agraciada por Dios, colmada de la benevolencia divina, le dice: “Has hallado gracia delante de Dios” (Lc 1, 30). Que es como si le dijera: Dios, por pura iniciativa suya, te ha mirado con cariño y se ha inclinado benévolamente hacia ti con todo su amor, para colmarte de sus bendiciones y para protegerte de todo peligro. ¡Déjate mirar amorosamente por él! Reconoce y acepta esa mirada transida de inmensa ternura. Dios te ama infinitamente y, con el don de sí mismo, te transforma y te hace agradabilísima a sus ojos. Por eso, ha puesto en ti sus complacencias. ¡Consiente activamente en ese Amor infinito!.
Y María se dejó mirar, acogió activamente esa mirada, consintió en ella, dijo que sí y pronunció su fiat de disponibilidad abierta, de entrega absoluta y de adhesión incondicional. (El teólogo evangélico Pannemberg afirma, con razón, que María es “el prototipo del hombre frente a la gracia libre de Dios”).
El amor de Dios no supone sino que crea e infunde la bondad y la belleza en las personas a las que gratuitamente ama. Y la persona, así recreada en bondad y belleza por la primera mirada de Dios, atrae una segunda mirada, ya del todo complacida, del mismo Dios. Quizás nadie lo haya expresado tan bien como san Juan de la Cruz:

“Cuando tú me mirabas,
su gracia en mí tus ojos imprimían,
por eso me amabas”.

Y recuerda el santo que es un mirar “con afecto de amor”, porque «el mirar de Dios, aquí, es amar. Y aún lo expresa mejor -si cabe- en otra maravillosa estrofa del mismo Cántico Espiritual:

“Ya bien puedes mirarme
después que me miraste,
que gracia y hermosura en mí dejaste”.

Y el pecado -el mayor pecado- pudiera definirse como no creer en el amor de Dios y, en consecuencia, rehuir su mirada, no dejarse mirar salvadoramente por él. ¿No es precisamente ése el mayor pecado de Judas, después de haber traicionado al Maestro, desesperándose por haber desconfiado de su misericordia? (cf. Mt 27, 3-5). ¡Si se hubiera hecho el encontradizo con Jesús y se hubiera dejado mirar por él, como lo hizo Pedro (cf. Lc 22, 61-62), habría descubierto en sus ojos tanto amor y tanto perdón -tan entrañable misericordia- que, en vez de ahorcarse desesperado, se hubiera convertido y hoy le reconoceríamos y veneraríamos como santo! Y, si el joven rico, a quien Jesús miró con cariño (cf. Mc 10, 17- 22), en vez de bajar la vista, mirándose a sí mismo y mirando sus muchas riquezas, hubiera mirado a los ojos de Jesús, habría encontrado tanto amor y tanta fortaleza en aquella mirada amorosa, que no le hubiera costado gran cosa renunciar a todos los bienes para seguirle decididamente.
Y ahora conoceríamos su nombre y sería de verdad un santo. En cambio, por haber rehuido la mirada de Jesús, hoy le desconocemos totalmente y sólo sabemos de él que fue un cobarde. Si, incluso después de nuestro pecado, nos dejamos mirar por Jesús, confiando infinitamente en su infinita misericordia, su mirada nos salvará, ¡sin posible duda! Y, cuando uno ha aprendido a dejarse mirar amorosamente, es decir, ha aprendido a orar de verdad, sabe también mirar con amor a los demás, dejando pasar, a través de los propios ojos, la mirada amorosa de Dios: la mirada divina y humana de Jesús, y la mirada maternal y femenina de María.
La vida cristiana es una realidad necesariamente compleja. Pero no es ni puede ser una realidad complicada, embarazosa y enrevesada, casi como un jeroglífico. Complejidad, en este caso por lo menos, no es sinónimo de complicación. Por eso, la tendencia a la simplificación, es decir, a vivir todos sus elementos y valores desde un valor nuclear -que los resume, integra y condensa todos- no se opone a la inevitable complejidad de esta vida, sino a esa complicación, que lleva consigo una inevitable dispersión de fuerzas. Después del recorrido por los rostros que reflejan una mirada, Mirada significativa en la fe de nuestro pueblo, tal vez lo importante es pensar ver cómo y dónde se sitúa cada uno ante estas miradas enmarcadas por sus rostros. Posiblemente la posición inicial condicione lo que pueda las distintas respuestas. Creo que el asunto es lo suficientemente importante como para que, sabiendo a quienes reflejan, se trate con la mayor objetividad y sensibilidad posible.
Para empezar habría que decir que la religiosidad calada y hecha hondamente popular entre los cristianos de Alcaudete se expresa de una doble manera: por una parte está la vivencia interna, la devoción a unas determinadas imágenes y a unos ritos, el continuar con la tradición heredada de los mayores...; por otra, la manifestación externa, llena de múltiples elementos expresión de la vivencia interior: culto, procesiones, invocaciones... Tanto en una como en otra esta presente el mundo de nuestras hermandades y cofradías, que en muchos casos, suponen el soporte y la continuidad de la fe y la piedad en nuestro pueblo. Redescubrir estos valores nos hace afirmar que la piedad popular posee una serie de valores; pero, al mismo tiempo, también se es consciente que hay mucho que purificar.
Lo expresa muy bien el Arzobispo de Sevilla: "Son muchas las personas que viven su fe de una manera muy sencilla, que confían en Dios, que buscan la intercesión de la Virgen María y de los santos. Todo ello les ayuda a mantener su fe cristiana e incluso a realizar, con su forma coherente de vivir, un cierto apostolado y no pocas obras de caridad. Sin duda alguna que estas gentes sencillas merecen la mejor consideración. Pero, precisamente por ese respeto a las personas y a su fe, hay que ayudarles a purificar esa religiosidad de no pocos elementos menos propios de una fe evangélica." (Carta pastoral de monseñor Carlos Amigo con ocasión del I Congreso internacional de Hermandades y Religiosidad Popular) El punto de partida debe ser la exhortación apostólica de Pablo VI sobre la evangelización del mundo contemporáneo: “La religiosidad popular, hay que confesarlo, tiene ciertamente sus límites. Está expuesta frecuentemente a muchas deformaciones de la religión, es decir, a las supersticiones. Se queda frecuentemente a un nivel de manifestaciones culturales, sin llegar a una verdadera adhesión a la fe. Puede incluso conducir a la formación de sectas y poner en peligro la verdadera comunión eclesial.
Pero cuando está bien orientada, sobre todo mediante una pedagogía de evangelización, contiene muchos valores. Refleja una sed de Dios que solamente los pobres y sencillos pueden conocer. Hace capaz de generosidad y sacrificio hasta el heroísmo, cuando se trata de manifestar la fe. Comporta un hondo sentido de los atributos profundos de Dios: la paternidad, la providencia, la presencia amorosa y constante. Engendra actitudes interiores que raramente pueden observarse, en el mismo grado, en quienes no poseen esa religiosidad: paciencia, sentido de la cruz en la vida cotidiana, desapego, aceptación de los demás, devoción. Teniendo en cuenta esos aspectos, la llamamos gustosamente ‘piedad popular', es decir, religión del pueblo, más bien que religiosidad” (Evangelii Nuntiandi 48).
Resulta evidente que no todos los valores de la piedad popular se dan en las personas que la viven, ni se dan tampoco todos los contravalores en las personas que expresan su religiosidad de esta manera. Pero está claro que hay personas que han integrado en su fe los valores de la piedad popular; como las hay, también, que sólo, o casi, ponen de manifiesto las limitaciones de la misma. Valores y contravalores están muchas veces mezclados.
Pero, ¿quién no tiene en la vivencia de su fe cosas buenas que conviven con algunas incoherencias?, ¿qué cristiano, qué grupo, movimiento o espiritualidad podría tirar la primera piedra? Voy a desarrollar lo que, desde mi experiencia, veo que son los valores de la religiosidad popular:

· A diferencia de otras realidades eclesiales, ésta tiene un carácter fuertemente laical, y por eso, entre otras cosas, pone de manifiesto actitudes menos formales e intelectuales en relación con la religión. El pueblo es siempre el protagonista, y de ahí la identificación existente, en muchas ocasiones, entre las devociones del pueblo y el pueblo mismo.
· La vivencia de la fraternidad a través de las cofradías; la existencia de las casas de hermandad dan un marco apropiado a una experiencia que va más allá de los momentos concretos de manifestación religiosa. En esta línea cabe decir el sentido de igualdad entre las clases sociales; con frecuencia, en las juntas de gobierno de las cofradías, conviven personas de diferentes rangos sociales, y éstos no dificultan la convivencia, ni siquiera el normal desarrollo de las actividades propias de cada uno.
· Hay un sentido creciente de solidaridad con los más pobres a través de las bolsas de caridad, haciendo posible la ayuda o el sostenimiento en las parroquias que atienden a los más desfavorecidos.
· Actualmente se está dando una mayor presencia y colaboración con las comunidades parroquiales en las que las devociones de la piedad popular están más arraigadas. En este sentido es grande el esfuerzo que se está haciendo por renovarse, por formarse, por participar en las catequesis de la parroquia...
· Las procesiones, en una sociedad laica y aconfesional, ponen de manifiesto, en no pocas ocasiones, un testimonio público de fe y de creencia en unos valores que van más allá de los que la sociedad está mostrando.
· Para muchas personas que no tienen acceso al Evangelio, las imágenes y los ritos de la piedad popular son como una catequesis audiovisual, que les puede ayudar a acercarse a la vivencia religiosa.
· La piedad popular tiene una gran riqueza de signos y de símbolos religiosos, que, para la gente sencilla, tienen una mayor comprensión que los aportados por la misma liturgia. La ritualidad popular expresa una necesidad de salvación que se despliega a todos los niveles, y que afecta tanto a los problemas particulares como a los sociales.
· La religiosidad del pueblo lleva consigo el desarrollo de la dimensión festiva de la persona. Las fiestas religiosas de los pobres, lejos de resolverse en superficialidades exteriores, responden a sus profundas exigencias y constituyen una celebración rica en símbolos, en fantasía creadora y en teología narrativa. En la fiesta, el pueblo encuentra fuerza para vivir y la capacidad de volver con renovada esperanza a la lucha cotidiana. La fiesta es la expresión de una solidaridad profunda, la recuperación de la conciencia de no estar solos en la lucha y de trabajar por una convivencia humana distinta.
Con todos sus valores humanos y cristianos, y también con todos sus aireados fallos y deformaciones, encarnan las hermandades el fenómeno que más masivamente polariza la vida religiosa, la fe popular y la tradición cristiana de nuestro pueblo.
Después de todo este tiempo siguen estando vigentes todas estas afirmaciones. Ni ha podido toda la creciente secularización acabar con la religiosidad del pueblo ni ha habido, tampoco, la suficiente purificación de elementos extraños al evangelio de Jesús.
Para entender la piedad popular hay que estar muy abiertos al pueblo y a su cultura, querer a la gente, identificarse con sus expresiones, con sus gestos, con sus signos y sus símbolos..., buscar su mirada. Sólo desde dentro se puede llevar a cabo una tarea necesaria de purificación y evangelización. Y creo que todos nos jugamos mucho: unos para encauzar su fe, y otros para hacer posible respuestas a este camino de búsqueda de Dios en medio de los esfuerzos humanos.
Quisiera acabar este epílogo, cierre de esta edición, con esas palabras de San Juan de la Cruz que bien podrían dejarnos en nuestro interior la dulzura, la ternura, la alegría, la misericordia de aquellos que buscan en la imágenes la mirada de Dios para mirar este mundo nuestro. Un mundo tantas veces cubierto de oscuridades y poder buscar la mirada que da la luz del Cielo, porque para él, nuestros ojos los cristianos, solamente queremos tenerlos:

“¡Ay!, ¿quién podrá sanarme?
¡Acaba de entregarte ya de vero;
no quieras enviarme
de hoy más ya mensajero
que no saben decirme lo que quiero!

Y todos cuantos vagan
De ti me van mil gracias refiriendo
Y todos más me llagan
Y déjame muriendo
Un no sé qué que quedan balbuciendo.

Mas ¿cómo perseveras,
¡oh vida!, no viviendo donde vives
y haciendo porque mueras
las flechas que recibes
de lo que del Amado en ti concibes?

¿Por qué, pues, has llagado
aqueste corazón, no le sanaste?
Y, pues me le has robado,
¿por qué así le dejaste
y no tomas el robo que robaste?

¡Apaga mis enojos,
pues que ninguno basta a deshacellos,
y véante mis ojos,
pues eres lumbre dellos
y sólo para ti quiero tenellos!

(Cántico espiritual III 6-10)

Pedro Montesinos Moya
Párroco de Santa María la Mayor

APÉNDICES
"Los Pasos Vivientes de la Semana Santa"

Antonio Rivas Morales
Cronista Oficial de Alcaudete

La representación de la Pasión de Cristo, de modo plástico por medio de la pintura o escultura o a través de la escenificación y dramatización, es tan antigua como la propia Iglesia.
Los templos se llenan pronto de imágenes que se procesionan, por diversos motivos, por las calles y plazas públicas.
En cuanto a las representaciones dramáticas de la Redención también comenzaron tempranamente. Hay que tener en cuenta que la liturgia católica, con su boato y solemnidad, goza de rasgos escénicos propios. Aspectos éstos que se manifiestan y acentúan en los oficios de Semana Santa, en los que se narraba, a veces con cantos y diálogos, la Pasión.
Las primeras representaciones, llamadas misterios, que centraban su temática en el Nacimiento y Pasión de Jesús, se efectuaban en latín y en el interior de las iglesias. En Castilla, a finales de la Edad Media, proliferan los "autos", o dramas sacro-litúrgicos de variada temática, entre ella la de la Pasión. Al principio se representaron en las iglesias, desde donde pasaron a la plaza pública más tarde. Los "autos sacramentales", nacidos con posterioridad, proceden en gran medida de los anteriores.
El Concilio de Trento, años 1545 a 1563, supuso un gran empuje para todos los tipos de representaciones de la Pasión.
Como reacción a la Reforma Protestante, contraria a las manifestaciones externas de la religión, la Contrarreforma, puesta en marcha a partir de Trento, potencia la religiosidad popular, y por ende las representaciones plásticas y escénicas de la Redención, eje central del cristianismo. Ejemplo de este tipo de manifestaciones son los "pasos".

LOS PASOS

La palabra "paso" tiene muchos significados. Limitándonos a las acepciones que nos interesa, el término "paso" se puede referir a: pieza teatral corta que tuvo un especial desarrollo a comienzos del XVI; cada uno de los sucesos importantes de la Pasión de Cristo; o a las esculturas religiosas con las que se representan esos sucesos, y que se procesionan en Semana Santa.
Estos dos últimos significados, aunque para cosas diferentes en el segundo caso, son los que seguimos utilizando en Alcaudete. A su vez, ambas gozan de las connotaciones de brevedad y representación escénica que tiene la primera.
El Concilio de Trento promovió la conmemoración de la Pasión por medio de la liturgia, y también potenciando las representaciones dramático-religiosas. Este espíritu arraigó con mayor fuerza en unas naciones que en otras, siendo España, y dentro de ella de una manera especial Andalucía, donde mejor acogida tuvieron estas prácticas religiosas. Por ello, podemos decir que la Semana Santa, en la forma que actualmente se celebra, tiene su origen en el siglo XVI. Al mismo tiempo es posible, en muchos casos, que el espíritu que generó aquel Concilio contribuyese a que nacieran, o se desarrollasen en donde ya existiesen, los "pasos vivientes" de la Pasión.
Ambas manifestaciones religiosas constituyen una especie de catequesis popular. Así lo entiende Trento cuando afirma: "Por medio de las historias de los misterios de la Redención, expresados en las imágenes, se instruye y afirma al pueblo en los artículos de la fe".

"PASOS VIVIENTES"

Si bien las imágenes, cuyo conjunto constituye una expresión completa del Drama Divino, sirven para acercar al pueblo sencillo a la comprensión de las escenas más sublimes del Evangelio, hay que considerar que lo que realmente generan entra más en el terreno de los sentimientos que del conocimiento.
, Ahora bien, para una mejor comprensión e interiorización de la Pasión, el sentimiento colectivo y comunitario de piedad, que la expresividad y belleza de la imagenería religiosa despierta, debía ser acompañado de la narración y explicación de los hechos y personajes representados en la misma. Esta necesidad era particularmente sensible en épocas en las que el pueblo sencillo, en su gran mayoría, no sabía leer; hecho éste que ocurría en Alcaudete hasta fechas relativamente próximas. Ésta era la función que desempeñaban los "pasos" en los lugares que se representaban, como es el caso de Alcaudete.

UNA TRADICCIÓN ALCAUDETENSE

En Alcaudete se entiende por "pasos" a la serie de representaciones escénicas, y narraciones, que, sobre los episodios más significativos de la Pasión, se llevan a cabo durante la Semana Santa en esta localidad.
Aún no he encontrado datos que me permitan determinar, ni siquiera con alguna aproximación, el comienzo de la representación de los "pasos" de Alcaudete. De todos modos, arriesgando mucho, se puede decir que esta tradición comenzó durante el siglo XV, época en la que este tipo de representaciones religiosas salen de las iglesias a las plazas, desarrollándose mucho posteriormente, ya hemos explicado los motivos, durante los siglos XVI y siguientes.
Lo que sí sabemos es que este tipo de representaciones se efectuaban en una amplia zona situada en la provincia de Córdoba, en pueblos de tanta tradición semanasantera como son los de Baena, Puente Genil, Castro, Doña Mencía, Iznájar, etc. Aunque en algunos de ellos han desaparecido, o sólo resta pequeñas partes de los mismos, en otros aún gozan de vitalidad. En cuanto a la provincia de Jaén este fenómeno todavía se da en Fuensanta de Martos, y de un modo más fragmentario en Alcalá la Real (en donde casi ha desaparecido), Castillo de Locubín, y Valdepeñas de Jaén. Todos ellos próximos a la vecina provincia.
Dicho lo anterior, hemos de afirmar que es Alcaudete la localidad en la que se conservan estas tradiciones literario-religiosas de una manera más extensa, completa y estructurada, y sobre todo en donde tiene más vigencia y actualidad. Otra variante que tiene Alcaudete, en relación con casi todos los pueblos cordobeses es que en éstos se les denomina "pregones", mientras que aquí se les llama "pasos". De hecho, es en este pueblo en donde se resalta más los aspectos dramáticos y escénicos, mientras que en los demás lugares se limitan prácticamente al relato y narración de escenas de la Semana Santa.

ELEMENTOS FUNDAMENTALES DE LOS PASOS

Textos

En cuanto a los textos utilizados en todos estos lugares tienen muchas similitudes. La trasmisión ha sido efectuada por vía oral, generalmente de padres a hijos, entre personas muchas veces analfabetas. Ello ha hecho que el texto se vaya acomodando a la forma de hablar de cada generación. Las composiciones tienen carácter popular, con utilización casi siempre de versos octosílabos. En la temática de casi todos ellos se respeta escrupulosamente los Evangelios, lo que presupone que en su redacción intervinieran, en mayor o menor medida, miembros pertenecientes al clero. En muchas ocasiones hay fragmentos de los mismos que son iguales, o muy parecidos, en los "pregones" y "pasos" delos diferentes pueblos. Esta circunstancia, así como el área geográfica en la que se da este fenómeno, circunscrita esencialmente al extremo suroriental de Córdoba y suroccidental de Jaén, me hace concluir que tuvo un origen común.
La emigración que afectó a muchos alcaudetenses en la década de los sesenta de este siglo; la decadencia que experimentó la celebración de la Semana Santa en Alcaudete, al igual que en la mayoría de las localidades españolas, en esos años y siguientes de los setenta; y el poco aprecio que las tradiciones locales gozaban en esa época, estuvieron a punto de hacer desaparecer la mayoría de los textos originales. Ello me indujo, en el año 1971, a intentar su recuperación, en lo que me ayudaron algunos alumnos del Colegio Virgen del Carmen" cuyos abuelos habían participado activamente en estas representaciones, así como Bernardo Luque Sánchez, un enamorado de la Semana Santa de nuestro pueblo.

Escenarios

El escenario general por excelencia de la representación de los "pasos" ha sido, desde siempre, la Plaza;
Ahora bien, dentro de este escenario general se levantaba una serie de escenarios específicos para los diferentes "pasos", constituidos por tablados alrededor de la plaza, al igual que el teatro medieval, que tuvo precisamente su más remoto origen en estas sagradas piezas. En cada uno de estos tablados tenía lugar un "paso" diferente, sin que fuese preciso, de este modo, cambiar de decorado, aunque los actores sí que debían de trasladarse de unos a otros. Esto, que en principio pudiera parecer lento y pesado, daba a la representación una movilidad y variabilidad que la hacían amena e interesante, pues mientras los actores cambiaban de escenario, los "pregoneros" relataban los acontecimientos, cantaban saetas, y se desarrollaban algunas escenas en los trayectos. Los tablados se repartían alrededor de la Plaza, mientras que el público, prácticamente el pueblo entero, se situaba en el centro de la misma. No sé exactamente cuántos tablados-escenarios se levantaban. Informaciones llegadas a mi persona refieren que el de la Santa Cena se ubicaba en el ángulo N.E., frente a la casa de Francisca Funes Merino; el del Huerto de los Olivos se situaba en el ángulo S.O., cerca de la confitería Mary Trini; y el tercero, el de la casa de Caifás o de Pilatos, en el que se haría "La Negación de Pedro", y posiblemente también "La Sentencia", se levantaba en el ángulo N.O., cerca del bar de Vicente.
El resto de los tablados no sé dónde se situarían; pero dada la inercia que la tradición tiene, es de presumir que se realizasen en los mismos sitios en los que actualmente se representan los otros pasos de la Pasión: frente a la antigua ermita del Santo Cristo, y en las proximidades de las Casas Consistoriales.
El "paso" de Abraham, dado su carácter independiente de los restantes, cuando desaparecieron los tablados de la Plaza, se representó en los balcones de la ermita del Santo Cristo. Al no utilizarse la ermita tras la Guerra Civil, y derribarse su sacristía y la casa del santero de la misma, y levantarse en su lugar la casa en cuyos bajos estaba la "Cervecería", pasó a representarse en el balcón de ésta. Posteriormente se derribó la propia ermita.
El "paso" de "Buen y Mal Ladrón", también independiente del resto, se realizaba igual que en la actualidad. En primer lugar, tras el recitado del "pregonero", en la puerta de la Cárcel, situada en distinto lugar de la actual; así como en las proximidades de las puertas de las iglesias por las que pasa la procesión. Hay que tener en cuenta que la primitiva cárcel se encontraba a comienzos de la calle Maestra, en la parte izquierda de la misma, una vez pasado el Arco de la Villa.
El "Paso de la Verónica", por su propio desarrollo, se efectuaba del mismo modo que actualmente, en la Plaza. y en cuanto al resto de los mismos no tengo referencias algunas. Puede que se representasen, ya fuera en tablados propios, o en la misma plaza.
De esta forma la plaza entera era un inmenso escenario en el que se representaba completa la Estación de Penitencia de la Divina Redención. Durante algún tiempo, desde los balcones del Ayuntamiento, se dirigía, para darle unidad y coherencia, las diferentes fases de este Vía Crucis viviente. El año 1916 fue el último en el que se representó completamente en la Plaza, en los diferentes tablados, los "pasos" de Alcaudete, el conjunto de los cuales constituye lo que podríamos llamar "La Pasión de Alcaudete".
Al perder auge esta antigua tradición, se dejó de representar los "pasos" en tablados, pues su montaje debería ser gravoso. Como consecuencia de ello el escenario, a excepción del "Paso de Abraham", se redujo a la misma plaza para algunos de ellos (Venta y Prendimiento). El resto, de un modo más o menos fragmentario, era cantado por los "pregoneros" durante el trayecto de la procesión de Jesús, especialmente en. las puertas de las casas de personas socialmente relevantes, o significativas con relación a la Semana Santa de Alcaudete.
Cuando se marchó de Alcaudete el último de los "pregoneros", el "Chano", a finales de la década de los cincuenta, dejaron de recitarse muchos de los "pasos". El que tomó el relevo, que era uno de los miembros de la Cofradía de los Apóstoles, José Hidalgo, conjugó la pertenencia a esta her- mandad con la función de "pregonero", pero actuando y recitando los "pasos" en los que intervenían de forma principal los Apóstoles, que eran lógicamente los que mejor conocía: "El Prendimiento" y "La Venta". Al conservarse las figuras del Buen y Mal Ladrón, José intervino también en este "paso" y en el de la Verónica.

Actores

El número de personas que intervenían, de una forma o de otra, en la representación de los "pasos" era realmente considerable.
En primer lugar estaban los "pregoneros", que eran los encargados de narrar los episodios, o "pasos", de la Pasión. Ellos actuaban cantando los "pregones", especie de salmodia, que a mi modo de ver tiene reminiscencias de canto gregoriano, acompañado de melismas propios del cante flamenco. Esto no tiene nada de extraño, pues de todos es conocido que durante el siglo XIX, debido al gran auge que adquirió el flamenco, muchos de los romances de Pasión, y de otros tipos, se aflamencaron. También cantaban saetas en el transcurso de la procesión.
Hasta los años veinte intervenían en la Semana Santa de Alcaudete tres "pregoneros", dirigidos por un "maestro de pregoneros", que era el que les enseñaba, mandaba y señalaba en cada momento quien tenía que intervenir. El "maestro" pregonaba el "paso de la Sentencia"; el "ayudante mayor". "el Prendimiento"; y "el ayudante menor" fragmentos de otros "pasos". Independientemente de ello, los tres podían cantar romances de Semana Santa, o saetas. No sé si anteriormente habría un mayor número de ellos. Los últimos "maestros" fueron Juan "Rana" y el "Escarolo", y el anterior pregonero a José Hidalgo fue el "Chano". A este último se debe buena parte de los fragmentos conservados, pues a finales de los años cincuenta se los dictó a Antonio Maíllo, cuyo hijo, Antonio, amablemente me los cedió hace mucho tiempo. Actualmente, mi antiguo alumno y amigo Federico Porras es quien ha cogido la antorcha en la representación de estos personajes populares.
Los "apóstoles", en la mayoría de los casos, a excepción de "San Pedro" y de "San Juan", que a veces recitaban cortos fragmentos, sólo intervienen representando por medio de mimos lo que los "pregoneros" iban narrando. El papel de "Judas" es más activo, dada la relevancia del personaje.
"Jesús", representado la última vez por Antonio López, "Santana, popular y querido santero de la ermita de Santa Ana, de donde le venía el sobrenombre. A él se deben todos los fragmentos recuperados de la Santa Cena, en la que intervenía 'como personaje principal, y que amablemente, a través de su nieto José Francisco, me proporcionó poco antes de morir. En el resto de los "pasos" sólo actuaba acompañando a los "apóstoles".
"Abraham, Isaac y el Ángel", personajes que intervienen en el "paso" de Abraham, acompañando a Jesús el resto de la procesión. Este "paso" es el más completo, dramático y literario de todos, estando dotado de verdadero carácter escénico.
"Buen y Mal Ladrón", actores principales del "paso" de su nombre. Independientemente de ello asisten a algunas procesiones.
Soldados, soldados romanos, sayones y judíos, que acompañan a los actores sólo con gestos y mimos, especialmente en el caso del soldado que acompaña al Buen y Mal Ladrón y el que entrega la bolsa de los dineros a Judas. Todos ellos, conjuntamente con los personajes principales, formaban un abigarrado y vistoso conjunto. No tengo constancia de que hayan salido en los últimos años ni sayones ni judíos.
En muchos casos, en los más significativo, el personaje imprimía carácter al actor, superponiéndose a su propia personalidad. Esto es así hasta el extremo de que la gente le conoce por el nombre de aquél (Abraham, Jesús, General, etc.). Se sentían, y sienten, orgullosos de sus funciones. Suelen mandar ser en- terrados con las ropas y atributos del personaje representado. Desde estas páginas quiero rendir homenaje a estos hombres, miembros del verdadero pueblo de Alcaudete, la mayoría de los cuales pertenecían a clases modestas; pero que llenos de fe y amor a las tradiciones de su pueblo, supieron conservarlas de padres a hijos para legarlas a las nuevas generaciones.

Vestuario

El vestuario de los actores que intervienen en los "pasos" es diverso, en función del papel que representan. En la mayoría de los casos suele ser bien modesto. No comparten esta última característica los trajes de los soldados romanos, especialmente del Capitán y del General, puestos de relevancia que siempre han sido disputados por muchos.
Los "pregoneros" van vestidos con túnica y pañuelo en la cabeza morados, y zapatillas del mismo color. El rostro lo llevan descubierto.
Los "apóstoles" van todos con túnicas moradas, encima de las cuales llevan capas de distinto color cada uno. Cuando intervienen sueltan la capa; pero cuando sólo acompañan la procesión la llevan terciada y cogida a sus cinturas. El rostro se lo cubren con una máscara, o "rostrillo", en la parte superior del cual llevan escrito el nombre del apóstol al que representan. Los "rostrillos" son hechos en el mismo pueblo por Enrique Navarro (el barbero), y por sus hijos posteriormente. De la parte posterior de la careta sale una larga peluca, que conjuntamente con el "rostrillo" tapa la cabeza por completo. Las zapatillas van bordadas con espigas y panes. Así mismo, cada uno de ellos lleva en las manos un objeto simbólico y representativo del apóstol representado: San Pedro las llaves; San Juan un cáliz; Santiago el Mayor un puñal; San Andrés la cruz griega; San Felipe la cruz latina; San Bartolomé, San Mateo, Santo Tomás y San Simón un clavo; y Judas Iscariote una bolsa y una cuerda con el1azo. Este último, cuando se escenifica el "paso" de la Venta, lleva una antigua linterna en la mano.
Abraham viste una larga túnica morada con bocamangas adornadas con seis tiras blancas; banda de tela roja cruzada por el pecho y alrededor de la cintura, colgando sus extremos, terminados con adornos, por la parte derecha de su cuerpo; turbante rojo en la cabeza cubriendo la zona del pelo; cordón con borlas en la cintura con su correspondiente espada. Isaac lleva túnica morada con banda de tela roja sólo a la cintura; durante la procesión porta un ramo de flores en la mano. El Ángel tiene túnica de color azul celeste, alas blancas a las espaldas, y diadema en la cabeza.
El Buen y el Mal Ladrón visten túnicas cortas moradas con capas rojas, también terciadas; zapatillas y medias blancas; pañuelos a la cabeza de color azul y rojo con lunares; guantes blancos; en las manos; un cuchillo el Mal Ladrón y una cruz el Buen Ladrón. Ambos llevan al cuello una cuerda, cuyos extremos sujeta el "capitán romano".
"Los soldados" se visten de dos formas diferentes: unos a la manera de los romanos y otros a la usanza militar de la Edad Moderna. Es de suponer que Son los mismos trajes utilizados por los alcaudetenses que en aquellos tiempos combatían bajo las órdenes de sus Condes en el Norte de África y en otros campos de batalla. Se los pondrían en su pueblo durante la Semana Santa y de ahí debe de proceder la tradición. Los que hacen de capitán y de general llevan trajes más vistosos que los del resto.

RELACIÓN DE "PASOS"

Los "pasos", algunos de los cuales se representaban antiguamente a lo largo de la Semana Santa, han terminado todos por concentrarse en el Viernes Santo, durante la procesión de Nuestro Padre Jesús Nazareno.
De los "pasos" que componen la "Pasión de Alcaudete" unos aún se representan en este pueblo, mientras que otros no.

Pasos que perduran

"Paso de Abraham".- En el que se escenifica el sacrificio de Isaac, como precursor, en el Antiguo Testamento, de la Pasión Divina. Se celebra al final de la procesión referida anteriormente.

"Paso de la Venta".- Es el primero que se celebra, recién salida la procesión de Jesús. En su transcurso, "Judas", acompañado del "genera1" con sus "capitanes", y en presencia de todos los demás "apóstoles" colocados en dos filas que se dan la cara -seis en un lado encabezados por "San Pedro" y cinco en la otra con San Juan al frente- entrega a Cristo, tras besar su rostro y recibir una bolsa con monedas que le entrega "el general". Toda la acción, relatada por el "pregonero", se desarrolla en medio de las dos filas, que quedan cerradas, en un lado por la imagen de Jesús, y en el otro por los sol- dados. Finalizado el "paso", continúa la procesión mientras que "Judas" marcha a "ahorcarse"; realmente se marcha a un establecimiento a consumir alguna bebida, como es tradición.

"Prendimiento".- En el que se efectúa el simulacro del apresamiento de Jesús.

"Encuentro con la Verónica".- Se realiza en la Plaza. Los actores principales son las imágenes de Nuestro Padre Jesús Nazareno y la Verónica, a cuyos respectivos desfiles procesionales se hacen coincidir en este céntrico lugar, frente a las casas consistoriales. De testigos ofician la imagen de San Elías, acompañante de la Verónica, y la Virgen de los Dolores, que en ese día no se separa de su Hijo. Puestas frente a frente ambas imágenes, a una distancia prudente, el pregonero canta el texto; a continuación los costaleros de la Verónica la llevan a paso rápido junto a Jesús, momento en el que los que se encuentran en la parte posterior de las andas levantan los brazos lo más alto que pueden, provocando así una inclinación de esta "Santa Mujer": representación del momento en el que limpia el rostro del Redentor. Puesta de nuevo en su posición original, un encargado de ello desdobla el pañuelo de la Verónica, que hasta ese momento había estado plegado, apareciendo así, impreso en el mismo, el rostro de Jesucristo.

"Pasos del Buen y Mal Ladrón".- Estos personajes, acompañados del "general romano", efectúan varios pasos. El primero se realiza delante del edificio del arresto municipal, dentro del que se hallan previamente los "dos ladrones". Al pasar la procesión por allí, Dimas y Gestas, amarrados los brazos por una soga, cuyos extremos sujeta el romano, salen de la cárcel. A continuación "el pregonero" canta el texto, mientras que "1os ladrones" actúan sin articular palabra alguna, a base de gestos. Dimas pretende que Gestas reconozca a Jesús como Dios y lo adore, acercándole una cruz que lleva en la mano y mostrándole la imagen del Nazareno, a lo que Gestas, con un cuchillo en la mano, se resiste, haciendo gestos de atacar con el mismo, y negándose a efectuar acatamiento alguno. Mientras, el soldado le tira de la cuerda y le amenaza con la espada. Esta operación se realiza varias veces. Finalmente se tranquilizan todos los actuantes y se sitúan delante de la imagen a la que acompañan el resto del desfile procesional. El mismo paso se realiza varias veces durante el recorrido procesional, sin acompañamiento del "pregonero", ni de texto alguno, acercándose Dimas a Jesús para rendirle pleitesía, a lo que se opone Gestas. Los mismos personajes realizan otro paso reiteradamente, tantas veces como iglesias encuentran durante la procesión. En estas ocasiones también sin intervención del "pregonero". Ante los templos, Dimas intenta convencer a Gestas para que entre en ellos, acercándole la cruz a la cara. Gestas se rebela ante esta pretensión, hace esperpénticos gestos de repugnancia, se enfurece e intenta cortar la cuerda con el cuchillo para escapar, lo que impide el soldado desenvainando la espada. Estos pasos están llenos de ingenuidad; pero también de un insuperable encanto y sencillez que los hacen muy gratos a los que los presencian, sobre todo a los alcaudetenses, tan unidos sentimental e históricamente a este tipo de representaciones.

Pasos que no se representan en la actualidad

- "La Santa Cena".
- "La negación de Pedro".
- "La sentencia".
- "Muerte de Jesús".

PASO DE ABRAHAM

ISAAC

Abraham, padre y señor,
ya que al monte hemos llegado,
en donde Dios nos ordena,
ofrezcamos en holocausto
un sacrificio que sea
propicio, agradable y grato
a su Majestad Divina.
Trayendo yo para el caso
en mis delicados hombros
el haz de leña cargado,
vos el fuego y el cuchillo
e instrumentos necesarios
para consumar la obra,
y proporcionar el acto.
Estando todo dispuesto
y prevenido, reparo
que para este sacrificio
falta lo más necesario,
pues no descubro lo que
ha de ser sacrificado.
Así le suplico, señor,
dulce dueño, padre amado,
me saquéis de los recelos
y dudas en las que me hallo,
y me digáis, si es posible,
y merezco vuestro agrado,
donde la víctima está
de este sangriento holocausto.

ABRAHAM

Dios proveerá, Isaac querido,
la víctima que consagro,
que si es para sí, no hay duda
será como de su mano.
Ya la tiene proveída.
Obedece sus preceptos
y sus divinos mandatos.

ISAAC

¡No sé qué me dice el alma!
¡El corazón a pedazos
se me quiere salir del pecho!

ABRAHAM

¡No hay que temer, hijo amado!
¡Buen ánimo, Isaac querido!
¡La lengua se me ha trabado!

ISAAC

¿Qué me decís, padre mío?
¡Respondedme!
¿Hablad me claro!

ABRAHAM

Es Dios primero que todo.
Que es secreto de lo alto,
al que no puedo faltar,
que así seas sacrificado.
¡Llégate junto a mi pecho!
Te daré mi último abrazo.


ISAAC

¡Si es voluntad del Señor,
cúmplase en mí su mandato!
¡Alegre y gustoso muero!


ABRAHAM

Lo conforme del muchacho
de alivio y consuelo sirve
al dolor que estoy pasando.
Por eso no detengo mi intento,
ni desmayo, ni desfallezco,
si a Isaac de veras amo,
el amor que tengo a Dios,
no cabe ni imaginarlo.
¡Recibid, Señor Divino,
la víctima que consagro!

ANGEL

¡Detente Abraham! Es primero
obedecer que sacrificar.
Aguarda, suspende el golpe, ¡No tiendas el brazo diestro
sobre el muchacho! ¡Ni manches
con su sangre el limpio acero!
Sólo Dios ha pretendido
probar tu obediencia y celo.
Y ya que de tu amor y fe
servido está y satisfecho,
para que en todo sea
el sacrificio completo,
te manda que sacrifiques,
por este muchacho tierno,
ese cordero que está
entre esas espinas preso,
para que sirva de ofrenda
por Isaac, y al mismo tiempo,
expresa figura sea
de aquel Divino Cordero
que ha de ser sacrificado
en los siglos venideros,
por la redención del mundo
en el sacro, sacroleño de la cruz.
Y para que veas cuán grande
ha sido tu premio, Abraham,
por la heroica acción que has hecho
tu generación fecunda
se multiplicará en extremo,
más que del mar las arenas,
y las estrellas del cielo.
Vestirán tus descendientes
púrpura, corona y cetro,
teniendo a tus enemigos
sujetos bajo tu imperio.
Yen ti serán benditas
las gentes del Universo.
No dudes de lo que te digo,
que soy de Dios mensajero,
y me manda que en su nombre
anuncie lo que prometo.

ABRAHAM:

¡Aguarda, divino anuncio!
Que el dolor es tan supremo,
y tan buenos favores dices
a estos tus humildes siervos.
¡Levántate, Isaac querido!
Que el sacrificio está hecho,
y su Majestad Divina
servido está y satisfecho.
Camina y vamos a verlo.

ISAAC:

Vamos, padre, pues volvemos
más gustosos que vinimos.

ABRAHAM:

A Dios las gracias daremos
por tan grandes beneficios.
Y sea como se ha hecho.

PASO DE LA SANTA CENA

Pregonero 1º

Esto se hace en memoria
de la Pasión peregrina
del que murió por darnos Gloria:
Nuestra Majestad Divina.

Pregonero 2º

¡Jesús, qué triunfante entró,
el domingo en Jerusalén,
Todo el pueblo le aclamó,
ya recibirle salió.

Pregonero 1º

Encargó al apostolado
que la cena previniera.
¡Qué templo más elevado¡
Les dio para que comiera
su Cuerpo Sacramentado.

JESÚS

Os dejo mi testamento,
hecho con ánimo fuerte.
Cercana está mi muerte,
llegará en poco tiempo.
Morir por amor al hombre,
es la Voluntad Divina;
tras de mí dejo mi doctrina
que salvar a todos debe.
Vosotros la sembraréis
por el mundo de mil modos,
y al predicarla todos
cumplir con la Ley debéis.
Pero no lo harán todos,
que en esta mesa hay un hombre,
del que me reservo el nombre,
y que escuchándome está.
¡Ay del desgraciado
con quien parto el pan ahora!
Al llegar tan aciaga hora,
el traidor, me venderá.

JUDAS

Escucho, sabio Maestro,
vuestra acusación.
Contestad me sin demora,
¿seré el traidor yo?

JESÚS

¡Tú! ¡Sí!
Con harto dolor lo digo.
Toma este pan
y tu intento ve a cumplir.
¡Llegó el momento!

JUDAS

Me has conocido.
¡Ay de ti!

Pregonero 2º

sí el inocente Jesús
quería a sus compañeros;
pero entre los doce hubo uno
que le jugó una falsedad
sólo por treinta dineros.

PASO DE LA VENTA DE JESÚS

Pregonero 1º

Martes Santo maldecía
que la noche no llegaba.
El en su traición pensaba.
Miércoles siendo de día
allí con Jesús estaba.

Pregonero 2º

Miércoles Santo salió
Judas con falsos intentos.
En casa de Caifás entró
y de esta suerte le habló:

JUDAS

Príncipe, mirad qué hacéis
estáis de Jesús tratando.
Ved cómo lo prenderéis,
yo lo pongo en vuestras manos,
si algo me prometéis.
Decid cuánto me vais a dar
para que todos vivamos.

CAIFÁS

Si lo entregas, no hay que hablar
treinta dineros te damos.

JUDAS

En el precio estoy conforme;
pero tengo algún recelo
en mi alma inquieta,
que, junto a mis compañeros,
me han de dar muerte adversa.

CAIFÁS

Judas, no tengas temor.

Pregonero 1º

Así todos respondieron

CAIFÁS

Que soldados de valor
bien armados te daremos
para prender al traidor.

Pregonero 2º

Aquí está el general
con la bolsa del dinero.
Judas le va a entregar
a Jesús el Nazareno.

JUDAS

Esta es la gran ocasión
de vender a mi Maestro,
que está con sus discípulos
orando en el Huerto.
Prendedlo bien, amarradlo.
Dice que cura a los cojos,
que da vista a los ciegos,
que remueve los mares,
resucita a los muertos
y cura las enfermedades.
Así es que, amarrad lo bien,
llevad lo en cautiverio.
Que dicen que es hechicero
y se tiene que escapar.

Pregonero 1º

¡Oh, Judas, falso y traidor!
Tú pagarás el pecado
de haber vendido al Señor
a quien todos suplicamos
que nos dé la salvación

PASO DEL PRENDIMIENTO

Pregonero 1º

Sabed, católica grey,
de Dios su escogido pueblo,
cómo el malvado de Judas
pone en venta a su Maestro.
Al inocente Jesús,
que tanto bien le ha hecho.
¡Detente Judas en la venta!
iNo remates al Cordero!
Vendrá Lázaro, su amigo,
y e1 te dará más dinero.
¡Aguarda! Vendrá su madre,
aunque pobre, bien espero
que por esclava se venda
por rescatar al Cordero.

Pregonero 2º

Mas, el pérfido y malvado,
no detiene el mal intento.
Se viene con gente armada
a dar todo cumplimiento
de la venta del Cordero.
A la una, ya las dos,
a las tres ya se remata.
Treinta dineros en plata
dan por el hijo de Dios.
Ya terminada la venta,
les encarga la señal dada,
y que con Él tengan cuenta,
que procuren bien atarlo,
que dicen que es hechicero
y que se ha de escapar.
Para reconocerlo estas señas dijo:

JUDAS

Aquel a quien yo dé un beso
es a quien tenéis que prender

Pregonero 1º

Caminan despavoridos
a hacer la injusta prisión.
Judas llega el primero
y le pone paz en el rostro,
el inicuo, falso y fiero.
Con aquella señal la gente
conocieron al Cordero.
Les sale al encuentro Jesús
y humilde y manso les dice:

JESÚS

¿A quién buscáis?
¡Hombres ciegos!

Pregonero 2º

Todos, a una voz, contestan:

TODOS

¡A Jesús, el Nazareno!

Pregonero 1º

Al decir Cristo:

JESÚS

Yo soy.

Pregonero 2º

Todos a tierra cayeron
como heridos por el rayo.
Concédeles el Señor licencia
y se levantan ligeros.

Pregonero 1º

Vuelve a preguntar Cristo:

JESÚS

¿A quién buscáis?
¡Hombres necios!

Pregonero 2º

Por segunda vez le contestan:

TODOS

¡A Jesús, el Nazareno!

JESÚS

Yo soy ese a quien buscáis;
más para prenderme a mí
dejad que se marchen éstos.
Aún no ha llegado la hora
que por mí sufran tormentos.

Pregonero 1º

Iracundos y furiosos
acometen al Cordero.
Le prenden tan sin piedad
que con sogas y cadenas
le hacen brotar sangre
de sus purísimas venas.

Pregonero 2º

Judas, cómo consideras
el crimen que has cometido.
Te arrepientes y desesperas,
tu arrepentimiento ha sido
llamar al Diablo de veras
y terminar contigo mismo.

PASO DE LA NEGACIÓN DE PEDRO

Pregonero 1º

Detrás de Jesús fue Pedro
a saber de qué se trataba.
En casa de Caifás entró,
y cuando en la lumbre estaba,
entre tantos como había,
le conoció una criada
que le dijo:

CRIADA

Tú eres Pedro
de la compañía de Cristo,

PEDRO

Aquí yo me caiga muerto
si a ese hombre yo he visto,
ni haya sido mi Maestro.
Si quieres, buena moza
que la verdad te diga
de seguro vas errada
pues no soy, como dices,
de la liga de Cristo,
ni sigo tras su manada.
No sé quién es, y me da fatiga,
conténtate con saber que es cierto,
que me juzguen hasta ver mi objeto.

Pregonero 2º

La moza como era joven
ya San Pedro conocía
prosigue con algarabía.
El temiendo que le juzgaran,
corriendo a su encuentro sale
y dice en cumplimiento de la profecía:

PEDRO

Yo no conozco a tal hombre
que se haya llamado Cristo.

Pregonero 1º

En este tiempo, siendo comprendido,
San Pedro, de la gente con porfía,
de ella se había desasido
cuando un sayón a e1 salía.
De Marco pariente y conocido,
le dijo si e1 había sido
el que había dado
a Marco golpe tan pesado.

Pregonero 2º

Viéndose ya conocido
por aquella gente malvada,
enseguida se salió
antes de rayar el alba.
En el patio de Caifás.
cantó el gallo y dijo Pedro.

PEDRO

Yo no conozco a tal hombre
que haya sido mi Maestro.

Pregonero 1º

Como está Pedro trascordado,
responde sin tino ni gobierno.
La voz del gallo le ha enseñado
lo que le dijo el Rey Eterno,
que sin fe le habría negado
sin temor de Dios, ni del Infierno,
yendo a caer en el mal dañoso
cuando el remedio fue dificultoso.
Pedro, compañero de Cristo,
Jesús fióse de e1 y de lo que hacía,
inocente en que nunca lo negaría,
sale de casa de Caifás,
y lleva tres veces de haberlo negado.

Pregonero 2º

Estando todo en silencio
que ni el aire se movía,
unas voces de trifulca
estas palabras decían:

VOCES

¡Oh, Judas, falso y traidor!
Dinos por qué lo entregaste.
También, Pedro, tú lo eres,
pues tres veces lo negaste.

Pregonero 1º

Salió el gallo cantando,
y Pedro que lo oyó,
al suelo cayó llorando.
Pedro, triste y arrepentido,
aunque llores con delirio
la culpa la has cometido.

Pregonero 2º

Se ha cerrado el momento
en el que Pedro firmó,
y por temor a los tiranos
a su Maestro negó.
De rodillas en tierra,
llora, suplica y clama:

PEDRO

¡Perdóname, Jesús mío!
Que no recuerdo nada.

PASO DE LA SENTENCIA

Pregonero 1º

La noche del Jueves Santo
cuando lo tenían cautivo,
a la columna lo amarraron
y con espinas lo coronaron.
Llegaron los fariseos,
y con palabras de necios
le dijeron:

FARISEOS

Tú no eres el Mesías,
sino el hijo del carpintero.

Pregonero 2º

¡Ay, qué humilde está la piedra!
¡Qué triste está el Cordero!
En la columna lo ataron
y para burlarse de Él
una caña le pusieron.

Pregonero 1º

Pilatos, por no perder
el destino que tenía,
dictó sentencia cruel
contra el Divino Mesías,
y lavó sus manos después.

Pregonero 2º

Esta es la justicia
que manda hacer Pilatos,
por el emperador Tiberio César,
contra Jesús el Nazareno
por hacerse Hijo de Dios,
siéndolo de un pobre carpintero
y de una mujer llamada María.
Manda dicho Presidente
que por sus dichos delitos
sea llevado por las calles públicas
en medio de dos ladrones,
y que la cruz lleve a cuestas
hasta llegar al monte Calvario.
y que la voz de un pregonero
diga por todas partes
que es bien que así acabe,
para que el que tal hace, tal pague.

Pregonero 1º

Juan apóstol que oyó
de Cristo la tal sentencia,
del Pretorio se salió,
corriendo con tal diligencia
que el dolor se le aumentó.
A donde estaba Santa María
llegó con llantos y gemidos diciendo:

SAN JUAN

Señora mía, vuestro hijo esclarecido
sentenciado a muerte va,
y pronto lo van a crucificar.
Póngase en camino conmigo,
que aún llegaremos a tiempo
de poderlo consolar.
Mas no debemos tardar,
si vos lo queréis ver vivo,
que según le vi tratar
del pueblo cruel y esquivo
muy poco ha de durar.
Su persona sacrosanta
cinco mil azotes lleva
desde el cabello a la planta.
Soporta una cruz pesada
y una soga en la garganta.
Con penetrantes espinas
coronaron su cabeza,
apretándolas con gran fuerza
en las sienes divinas.
Todas las madres tienen penas,
amargura y dolor;
pero la tuya es mayor,
que prendieron los judíos
a tu hijo, el Redentor.

PASO DEL BUEN y EL MAL LADRÓN

Pregonero 1º

Abre el carcelero las prisiones
y atado por las manos
se lo entrega a aquellas gentes,
que en todo fueron tan inhumanos.
Van marchando los escuadrones,
manda el juez que se detuvieran
para sacar a aquellos dos ladrones
y que Cristo entre ambos fuera

JESÚS

Quedad con Dios, madre mía,
vuestra bendición espero,
que ya llegó la hora
que clavado en un madero
se cumpla la profecía.

Pregonero 2º

Viernes Santo. ¡Qué dolor! Expiró crucificado
Cristo, nuestro Redentor;
mas antes dijo angustiado
siete palabras de amor.
La primera fue rogar a Dios
por sus propios enemigos,
de lo que a los que fueron testigos
causó gran admiración.
Con la segunda, la petición
del Buen Ladrón satisfizo diciéndole:

JESÚS

Hoy estarás conmigo
en el Paraíso.

Pregonero 2º

Cuando todas hubo dicho,
con amor y tristeza,
terminó su agonía
el Divino Redentor.
Un atrevido soldado,
viendo que Jesús ha muerto,
con la lanza le ha abierto
su santísimo costado.

Pregonero 1º

Agua y sangre ha derramado
para bien del pecador.
¡Haced, Señor Soberano,
que en esa llaga de amor
se abrase de divino ardor
todo corazón cristiano;
y todo el género humano
dé gracias a su Redentor!

Pregonero 2º

Se rompió el velo del Templo,
el Sol y la Luna se eclipsaron,
y los elementos temblaron
cuando Jesús expiró.