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IMÁGENES,"Buscando la mirada"
Texto de José Enrique Vallejo Ruiz
Dibujo de Eduardo Azaustre Mesa
Hasta hace relativamente poco tiempo, LA COLUMNA era la primera procesión de la Semana Santa de Alcaudete, la que abría la Semana de Pasión. Me refiero a los años en que todavía no estaban fundadas las Cofradías de la Entrada Triunfal de Jesús en Jerusalén (la popular Borriquilla) ni la Oración en el Huerto.
Escribir sobre “la Columna” (nunca he podido decir, ni creo que nadie en Alcaudete, la procesión del Santísimo Cristo de la Columna, como rezan sus Estatutos), digo que escribir sobre éste Paso me lleva inevitablemente a mi niñez. . . a recordar el primer día de Semana Santa, los últimos retoques a la ropa de nazareno, la Banda de Tambores y Cornetas, los nazarenos, las escuadras de Gastadores, los Quo Vadis, el Buen y el Mal Ladrón custodiados por el soldado romano, las prisas de última hora. . . la Imagen saliendo de Santa Clara . . .siempre Santa Clara. La Columna es un Paso con tres figuras de gran expresión, y a pesar de ello, lo primero y quizás lo único que me aparece en la retina es la mirada de Cristo atado a la columna. La mirada de Dios el Martes Santo. La mirada de un hombre dolorido, vejado, maltratado, incomprendido, mirada que debería ser de rebeldía, de prepotencia, (soy Dios) y sin embargo, es una mirada compasiva, resignada, de perdón, (“Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”), aceptando el sufrimiento, el martirio.
La mirada de Jesús el Martes Santo se dirigía a los niños, mayores, hombres y mujeres de Alcaudete y te recordaba que la Semana de Pasión había comenzado, que otro año más teníamos que volver a conmemorar la Pasión de Jesús y nos animaba a confesar y a prepararnos para la Comunión de los Oficios del Jueves Santo.
Hoy ha cambiado la Imagen. Es una talla de un joven escultor, emparentado por sangre con Alcaudete, totalmente distinta a la que he aludido antes, es una escultura más musculada, más actual, quizás más humana, una Imagen de madera, madera que con el tiempo envejecerá y se deteriorará, no así su significado, lo que representa, pero. . .¿por qué me parece que la mirada es la misma? ¿Será que la imaginación vuelve a los orígenes casi sin pretenderlo?.
Pero ¿cómo es la mirada del Cristo de la Columna?
Ante todo, es una mirada que habla, es una mirada con brillo en los ojos y a la misma vez apagada, atenta y concentrada, triste. ¿No será que está nublada por las lágrimas? Lágrimas de Cristo que empañan sus ojos, filtrando la luz para hacer contrastar dolor y pena, paz y miedo, serenidad y sufrimiento.
¿Dolor? ¿Sufrimiento?
No son lo mismo. El dolor no es malo, pero el sufrimiento carcome, el sufrimiento viene de no entender o no querer entender la enseñanza del dolor. Cuando el dolor nos desborda, entonces viene el sufrimiento.
El dolor de la mirada de Cristo nos da el valor exacto del sufrimiento. El dolor de Cristo es fuente de gracia ante el Señor. El dolor es la seguridad de la redención, la espina de la rosa. En la eterna batalla de la espina y la rosa, es admirable la enseñanza de la armonía entre lo antagónico, flor y espina, belleza y dolor.
Nada importa la oscuridad o la luz, el recorrido de calles angostas, recogidas y silenciosas o la luz de plazas y calles. La oscuridad se desvanece cuando miras ésa imagen de Dios con los ojos del alma. La conexión entre lo visible y lo invisible, entre lo de fuera y lo de dentro, se manifiesta con nitidez.
Debemos aceptar que el dolor es un gran maestro. Cuando el dolor llega, sólo permanece lo verdadero, lo demás se debilita o cae.
¿Sufrimiento?
El sufrimiento en el Antiguo Testamento es considerado como pena que debe soportar el hombre, por parte de Dios justo, por sus pecados. El hombre, sin embargo, encuentra dificultad para razonar el sufrimiento del que no tiene culpa, o lo que es lo mismo, del inocente. Problema que a la luz de la Pasión de Cristo tiene solución en la mirada de Cristo que sufre, inocente que sufre, Dios que padece y muere por todos los hombres y mujeres que sufren hoy en el mundo sin culpa.
Y Cristo triunfa desde su Pasión, desde el dolor, el sufrimiento y la incomprensión.
La fe nos enseña que la participación en los sufrimientos de Cristo lleva consigo la certeza interior de que el hombre que sufre “completa lo que falta a los padecimientos de Cristo”.
El Cristo de la Columna pasea el Martes Santo su mirada dolorida, agónica, redentora, por las calles de Alcaudete, en un gesto de resignación suprema, de certeza absoluta de que se ha de cumplir lo que está escrito.
Tal vez, Señor, vivamos en un mundo de delirios y la ardua tarea que nos encomendaste sea la pasión que todos debemos tomar... Mas no nos dejes solos ante la inmensidad de nuestras tribulaciones y ayúdanos a buscar y encontrar en cada rincón de tu mirada esa primavera que nunca palidece.
José Enrique Vallejo Ruiz