PRIMERA LECCIÓN - NIVEL MEDIO

  EL VALOR DE LA VERDAD

 

El primero de los valores.

            Todo el mundo tiene en la cabeza una cierta idea de los valores. Si le pedimos que cite algunos, probablemente responderá: la libertad, la justicia, la belleza, etc. Si le preguntamos por una lista completa de los valores que él estima tales, le pondremos en un apuro. Añadiría algunos nombres más a los anteriores como la gratitud, la compasión, etc., pero no podría asegurar que están todos los valores que él mismo admite. Aún le pondríamos en mayor aprieto si le pidiésemos que ordenase jerárquicamente los valores que el mismo cita.

            Saquemos pues la consecuencia de que, si bien todo el mundo suele hablar constantemente de valores, muy pocos tienen ideas precisas sobre Axiología, es decir, la ciencia de los valores. Pues axios en griego significa valor o valioso y logos significa ciencia. A veces se utiliza la expresión Filosofía de los valores en vez de Axiología.

            Parece razonable por tanto empezar la Axiología con la siguiente pregunta: dado que hay varios valores, y además parecen estar en un determinado orden o jerarquía, ¿por dónde empezamos? ¿cuál sería el primero de ellos? La respuesta es clara y terminante: hay que empezar por el Valor de la Verdad.

            En el Fausto de Goethe hay una escena en que Fausto y Mefistófeles charlan en el  despacho del primero, en una imaginaria universidad medieval. El fámulo anuncia: un estudiante desea hablar con el Dr. Fausto. Mefistóleles pide a su amigo catedrático: déjame tus ropas académicas y así me divertiré un poco con el muchacho. Cuando entra el estudiante, el fingido Dr. Fausto le pregunta sobre el motivo de su visita. Amo apasionadamente la verdad y he venido a la universidad a buscarla; pero no sé por dónde empezar. Y Mefistófeles contesta: entonces apúntate en el Collegium Logicum; allí te ahormarán (sic) el pensamiento, para que no divague por las nubes persiguiendo bagatelas.

            Este consejo, aunque venga del mismísimo demonio, no puede ser más certero. El primero de todos los valores es el Valor de la Verdad. Pues no hay que ir muy lejos para encontrar una verdad absoluta. El valor de la Verdad lo encontramos en primer lugar en las leyes lógicas que dominan el pensamiento y el lenguaje.

Por desgracia, todo el mundo suele discurrir y hablar, o  exponer alegremente sus opiniones o teorías, sin parar mientes en que es imposible pensar, y aún menos hablar o expresar nuestros pensamientos, sin someternos a las leyes de la Lógica. Ponemos todo el énfasis en manifestar nuestro acuerdo o desacuerdo con lo que escuchamos o leemos, y no paramos mientes en el hecho previo de que, antes de estar de acuerdo o en desacuerdo con algo, hay que haber entendido lo que alguien ha dicho o escrito. Pues a lo que ahora nos referimos  es al hecho portentoso de que, gracias al lenguaje, el pensamiento en la cabeza de una persona pase exactamente a la cabeza de otra.

            Si nos detenemos a reflexionar un momento sobre ello, es algo asombroso que yo pregunte en una ciudad desconocida ¿dónde está la calle tal?, oiga las explicaciones que me dan, las siga puntualmente y al final encuentre la calle que buscaba. ¿Cómo es posible que la idea, o la información, que estaba encerrada en la cabeza de esa persona, pase a mi cabeza con total precisión y exactitud? La explicación es que se han cumplido las leyes de Lógica. Se han cumplido tanto en el pensamiento del informador como en mi propio pensamiento. Y se han cumplido en el hecho del lenguaje, que es el vehículo que ha hecho pasar el pensamiento desde  la cabeza del que habla a la cabeza del que escucha.

            Obviamente, en vez de cabeza debiéramos escribir algo más adecuado como entendimiento, inteligencia, intelecto, razón o facultad de pensar. Pero cualquiera que sea el término elegido, lo decisivo es que el pensamiento, y su transmisión por medio del lenguaje, sólo es posible gracias a que todos cumplimos, aunque no nos demos cuenta de ello, las leyes lógicas. Si no fuera así, no podríamos siquiera hablar; en rigor no podríamos ni siquiera pensar.

            Así pues,  la primera aproximación al Valor de la Verdad consiste en fijarnos en esta verdad de las leyes lógicas, que todos acatamos y respetamos por el mero hecho de que se entiende lo que decimos, o nosotros entendemos a los demás. Sin duda la augusta palabra Verdad tiene otra acepción, que nos es más familiar. Al final de esta sesión llegará el momento de examinarla. Pero de momento, la Verdad de las leyes lógicas, que son como son y no pueden ser de otra manera, y que se nos imponen so pena de renunciar a ser hombres que piensan, hablan o escuchan, escriben o leen, es lo primero que debe ocupar nuestra atención. Por ahí debemos empezar, según el sabio consejo mefistofélico.

Y si rehusamos ese consejo, porque viene de personaje tan poco recomendable, recordemos la profunda frase de San Juan Evangelista: en el principio era el verbo. Ahora solemos decir en el principio era la palabra. Pero tanto el término latino verbo, como el castellano palabra, son muy pobres y hasta ridículos. Ocultan o deforman el significado profundo de la frase. San Juan se expresó en griego: en el principio era el logos . El término empleado por San Juan -logos- expresa en toda su grandeza, sin minimizarlo o empobrecerlo, el hecho de que existen las leyes de Lógica y que ahí está el principio de todo pensamiento y luego de todo lenguaje. Ya dijimos que logos significa ciencia, pero también pensamiento en toda su generalidad.

En efecto, puede darse pensamiento sin lenguaje. Fue famoso el caso de Helen Keller, ciega, sorda y muda. Sólo por el tacto empezó a comunicarse con ella Ana Sullivan. Pero obviamente, antes de conocer a Ana, la portentosa mente de Helen, que llegó más tarde a hacer una carrera universitaria y dar conferencias, ya estaba funcionando. Pensaba, aunque no pudiera transmitir a nadie su pensamiento por medio del lenguaje. El término logos alude en primer lugar al pensamiento mismo y no al lenguaje, que viene después. Aunque, por otra parte, las leyes de la lógica las descubrimos en el lenguaje, que es a lo único que tenemos acceso. Ana Sullivan sólo pudo conectar con la mente pensante de Helen cuando en la mano de ésta empezó a dar golpecitos que funcionaban como palabras.

 

¿Qué es la Lógica?

            Todos los pueblos antiguos elaboraron las gramáticas de sus respectivos lenguajes. La Gramática clasifica las palabras en substantivos, adjetivos, verbos, proposiciones, etc. Y  relaciona unas palabras con otras, según reglas de concordancia entre substantivos y adjetivos, o de conjugación de los verbos, etc. Pero fueron los griegos los primeros en darse cuenta de que, por debajo de la Gramática, existían estructuras más básicas y fundamentales. Dieron el nombre de Lógica a estas leyes, que si no se cumplieran, harían imposible no sólo el lenguaje sino hasta el mismo pensamiento.

            Muchas veces cometemos errores gramaticales que no impiden la comunicación. Si digo mañana vengo cometo una incorrección gramatical, pues mañana exige el uso del futuro. Lo exacto sería mañana vendré. Pero el que oye la frase incorrecta entiende exactamente el pensamiento del que la pronuncia. Ahora bien, los errores lógicos son fatales. La comunicación queda interrumpida sin remedio. Pues en realidad ni siquiera se piensa nada. El ejemplo más sencillo es la contradicción lógica. Consideremos esta frase, gramaticalmente correcta pero funesta en lógica: mañana vendré y mañana no vendré. El que la oye no sabe a qué atenerse. Pues lo que dice la frase es algo en sí mismo imposible, que vendrá y que no vendrá. Una contradicción interrumpe el lenguaje, porque la realidad que denota es justamente algo imposible, algo que no puede darse en la realidad.

            Tan asombrados quedaron los filósofos griegos cuando se dieron cuenta del enorme alcance de una contradicción lógica, que se preguntaron si eso sería una peculiaridad curiosa del idioma griego. Enseguida comprobaron que en persa y en fenicio, las lenguas que tenían más cerca, ocurría  lo mismo. Las gramáticas de las diferentes lenguas podrán ser distintas. En español usamos el verbo auxiliar haber, pero en ruso hay dos palabras diferentes  para comer y para haber comido. No usan el verbo auxiliar haber. Ahora bien, las leyes lógicas son las mismas en ruso y en español, y en  todas las lenguas, da igual que empleen en la escritura consonantes y vocales como nosotros, consonantes sólo como en el antiguo hebreo, jeroglíficos o dibujos como los antiguos egipcios, o que no haya escritura en absoluto, como ocurrió al principio de la historia humana. Pues las leyes lógicas, incluso antes de gobernar el lenguaje, gobiernan el pensamiento mismo. Todos pensamos bajo las mismas leyes lógicas.

            Gracias a que de un modo u otro, sabiendo más o menos gramática, a todos nos enseñan al menos a hablar y escribir de forma que evitemos ordinariamente las contradicciones, podemos hacernos entender y tomar parte en la vida social. Sólo de vez en cuando caemos en una contradicción lógica, e inmediatamente nuestro interlocutor nos descalifica con la peor de las acusaciones: te estás contradiciendo, por tanto no tienes razón. Tratemos, pues, de profundizar un poco más en esta fundamental cuestión.

 

Palabras materiales y formales.

            Una contradicción se formaliza por A&-A, donde A está por cualquier frase, como mañana vendré en el ejemplo anterior. El símbolo & está por la conjunción  copulativa y en español (and en inglés, et en francés, e en italiano, etc). El símbolo - está por el negador lógico (no en español, nein en alemán, niet en ruso, etc). No hay que confundirlo con el símbolo aritmético menos, aunque ambos se representen con el mismo trazo horizontal.

            En un idioma cualquiera puede faltar una palabra material, o sea, que designe alguna cosa, acción o situación. Por ejemplo, en ruso no se distingue entre pié y pierna. Hay una sola palabra para dos realidades, que en la mayoría de los idiomas se denotan con palabras distintas. A pesar de eso los rusos no se confunden, pues el contexto o la entonación aclaran de qué están hablando. Pero lo que no puede faltar en ningún idioma del mundo son las palabras formales, como el negador lógico no o la conjunción copulativa y. Estas dos palabras no designan ninguna realidad, sino que con ellas manipulamos las palabras materiales o las frases. Por eso en las contradicciones esto es un vaso y esto no es vaso,  rojo y no rojo, o en general A&-A, siempre aparecen no e y.

            Sin palabras formales no habría lenguaje, no habría siquiera pensamiento. Ana Sullivan, mediante golpes en la mano y otros recursos tactiles fue creando palabras materiales para Helen Keller. Digamos, por ejemplo, que rojo era dos apretones en el dedo miñique y uno en el pulgar. Lo que Ana no enseñó a Helen  fue ni el negador lógico ni la conjunción copulativa. Estas dos palabras formales las tenía Helen ya en su cabeza. Por eso poseía una mente pensante. Antes de disponer de palabra material alguna, Helen poseía ya pensamiento sin lenguaje. Con sus percepciones o sensaciones internas podía construir en su interior la frase mi dolor de cabeza no el mismo que mi dolor de estómago. Aunque no llamase a sus sensaciones dolorosas de esa manera, sabría perfectamente que una sensación no era la otra (negador). Y con mala suerte para ella, también sabría que estaba sufriendo ambos dolores a la vez (conjunción copulativa).

            Se ha tardado mucho tiempo antes de caer en la cuenta de que en el lenguaje hay palabras materiales y formales. Por ejemplo, Swift imagina a Gulliver en un país donde aún no habían inventado las palabras materiales. En vez de vaca tenían que exhibir el animal; en vez de bebo tenían que hacerlo. Y así con todo. Cada mes había una feria para hablar y era preciso llevar en un carro todos los objetos sobre los que querían conversar. Una conversación de diez minutos era tan extenuante que había que estar en cama una semana entera para reponerse del esfuerzo.

            La ironía de Swift es muy profunda. Nos hace ver que todos llevamos un mundo entero encima y que además no pesa nada. Podemos hablar del sol incluso de noche, lo que no podían hacer los de aquel país. Llevamos en la memoria la palabra material sol, que desde luego no pesa nada comparada con el astro rey. Pero a Swift le faltó añadir que las palabras formales no había que llevarlas en el carro. Todo el mundo las tenía ya en su cabeza. Añadamos, en descargo de Swift, que en su tiempo no se había descubierto aún la diferencia entre palabras materiales y formales.

 

La puerta del lenguaje.

            Sería más exacto decir  puerta del pensamiento, pues ya dijimos que el lenguaje es sólo la exteriorización del pensamiento para su transmisión a los demás.

            Las palabras formales, que son muy pocas, se llaman también operadores lógicos, dado que se usan para manipular las palabras materiales u operar con ellas. Pues bien, el primero de los operadores es el negador lógico. Por eso merece ser denominado  puerta del lenguaje.

            Ahora se suele hablar del lenguaje de los animales, de las abejas, los delfines, etc. Emiten sonidos o señales, que transmiten información a otros animales de su especie. Pero eso no es lenguaje, pues los animales carecen de operadores lógicos, empezando por el primero de ellos, el negador.

            Todos hemos observado la reacción de un perrito faldero, cuando sus amos le dejan solo en casa. Ladra lastimeramente. Tanto que el vecino que oye los ladridos se entera de lo que pasa. Y cuando vuelven los amos, los ladridos son inconfundiblemente alegres. También transmiten información al vecino y éste se entera de lo que ocurre. Pero lo que no puede hacer el perrito es manejar el negador. No puede ladrar triste cuando vuelven sus amos, o alegre cuando le dejan solo. No puede mentir, ni dice verdad cuando ladra como corresponde a la situación en que está. No dice nada y no piensa nada. Sus ladridos no constituyen un verdadero lenguaje, pues no posee ni tan siquiera el negador lógico. Simplemente responde a los estímulos que recibe.

            El perrito, como todos los animales, e incluso nuestro cuerpo, pertenece a lo que llamamos mundo de la naturaleza causal. Todo en ese mundo obedece al determinismo causal. Las mismas causas, en las mismas condiciones, producen siempre los mismos efectos. No existe en ese mundo un poder, energía, capacidad, o como queramos decirlo, de actuar con independencia de las causas que le influyen. La capacidad de decir o no, de manejar el negador lógico, marca justamente la frontera entre el mundo de la naturaleza y el mundo superior del espíritu. El ser humano, dotado de espíritu, es capaz de decir esto es un vaso o decir esto es no es un vaso, tenga o no tenga un vaso en la mano. Y por eso puede formar la contradicción ya aludida. Puede pensar, hablar y escribir, escuchar y leer. Justo lo que no puede hacer ningún ente del mundo de la naturaleza causal. Por eso la noción más básica de libertad es la independencia respecto a los condicionamientos o determinismos que vienen del mundo de la naturaleza causal. Sólo el espíritu humano es libre en este sentido. Es libre porque usa el negador lógico.

            En realidad el operador es doble: afirmador-negador. El lenguaje ordinario, creado por la gente corriente, sin ninguna noción previa ni de lógica ni de la gramática, busca siempre la economía, el ahorro de tiempo, decir algo con el menor número posible de palabras. Por eso en todos los lenguajes del mundo se omite  el afirmador . Se da por sobreentendido. Ha costado muchos siglos darnos cuenta de este detalle. Cualquier frase afirmativa lleva implícito el afirmador. En cambio nunca se omite el negador, ni se le da por sobreentendido.

            Pero si queremos ser rigurosos, la frase esto es un vaso debería escribirse así: (esto es un vaso) sí. Encerraríamos entre paréntesis la parte material de la frase para distinguirla del operador. Igualmente en la frase esto no es un vaso no pondríamos el negador en cualquier sitio, sino fuera de la parte material: (esto es un vaso) no.

            Así pues, incluso en las frases más sencillas y elementales del lenguaje está presente el afirmador-negador.  Es la puerta de lenguaje.

            Justo por eso, los lógicos introdujeron los llamados valores de verdad. La frase (esto es un vaso) sí es verdadera si quien la pronuncia tiene un vaso en la mano, y falsa si no lo tiene. Lo mismo que la frase (esto es un vaso) no es falsa si lo tiene, y verdadera si no lo tiene. En la versión avanzada de esta primera lección se expone este extremo de modo más riguroso y formalizado.

 

Valideces.

            Con el negador y la conjunción copulativa construimos la contradicción, que se formaliza por A & -A. Esta es la contradicción más sencilla posible. Pero hay un número ilimitado de fórmulas contradictorias. Ahora bien, ¿qué realidad se corresponde con una contradicción o qué denota una contradicción?. La respuesta es terminante: nada. No puede existir, o tener realidad, algo contradictorio. Esta es la primera correspondencia que podemos establecer entre logos y esse. Pues igual que se utiliza la palabra griega logos para referirnos al pensamiento o al lenguaje, también es costumbre usar la palabra latina esse para mencionar todo lo que hay, lo que existe, lo que se da, en la acepción más amplia y general de estas expresiones. En castellano decimos, el ser o el existir. Pero empleemos esse para mayor claridad. De momento sabemos esto, que no es poco: lo contradictorio no existe ni puede existir. En rigor, no existe porque ni siquiera puede existir.

            Tras la contradicción examinemos la noción de Validez. Entra en juego un nuevo operador lógico, que se representa por Ú, y corresponde en el lenguaje ordinario a la conjunción o. Ejemplos de validez son  o son las cinco o no son las cinco;  esto es verde o no es verde, etc. Formalizando, tenemos A Ú -A, donde A está, como antes, por una frase cualquiera. También hay un número ilimitado de valideces, pero ésta es la más sencilla posible.

            Nos puede parecer una tontería decir o Fulano está en casa o Fulano no está en casa, o cosas parecidas. Enseguida pensamos que son verdades de Perogrullo. Pero no nos damos cuenta de la enorme transcendencia lógica que se esconde detrás de esta aparente tontería. Pues de la misma manera que si alguien dice una contradicción, sabemos que lo que dice no puede ser verdad, o que ninguna realidad puede corresponder a lo que dice, lo mismo pasa con la validez, sólo que en sentido inverso. Si alguien dice o escribe una validez, enuncia por fuerza una verdad, el mundo es tal como él dice. En efecto, Fulano no puede estar a la vez en su casa y fuera de ella. O está en ella o fuera de ella. Eso es un hecho de este mundo. Tiene que haber algo que exista y esté en correspondencia con cualquier validez. Frente a una validez nunca puede estar la nada o la inexistencia.

            Más aún, de la misma manera que lo mentado en una contradicción no sólo no existe, sino que no puede existir, igual pasa con una validez, sólo que en sentido inverso. No sólo ocurre que lo dicho por la validez existe, sino que no puede no existir. La introducción de la palabra puede es decisiva. Podemos afirmar que algo no existe, pero podría existir. No está lloviendo ahora, pero podría llover mañana. Sabemos que con una contradicción afirmamos mucho más: que no puede existir y por eso no existe. No puede existir es una afirmación mucho más potente que no existe. Pues bien, lo mismo ocurre con una validez. No puede no existir es una afirmación mucho más fuerte que existe.

            Dicho de otro modo. Las valideces se cumplen en todo mundo posible. Se cumplen desde luego en nuestro mundo, pero si existiera por ahí otro cosmos distinto del nuestro, también en él  se cumpliría algo es así o no es así.

            Demos un paso adelante, que quizá no se entienda bien de entrada, pero que al menos haga pensar. Lo proponemos como un acertijo. Supongamos que nuestro cosmos es el único que existe. No hay más mundos por ahí. Con la imaginación nos situamos antes del Big Bang. Parece entonces que no existiría nada, absolutamente nada. Y nos preguntamos: cómo podría ser entonces verdadera la frase algo es así o no es así. Porque si antes del Big Bang no existe nada, absolutamente nada, la frase sería falsa, no habría realidad alguna que correspondiera a algo es así o no es así.  Pero igual que las contradicciones son siempre falsas, las valideces tienen que ser siempre verdaderas. ¿Cómo se explica esto? Dejemos la pregunta sin contestar, pues se trata ahora de que el lector quede intrigado y estimulado a buscar la respuesta por sí mismo.

 

 

Consistencias.

            Los griegos descubrieron muchas valideces y las consideraron como leyes lógicas. En realidad las contradicciones y las consistencias, que veremos ahora, son también leyes lógicas. Pero a griegos y medievales les llamó la atención sobre todo que  un razonamiento, que se formalice en una validez, lleva a una certeza, y por esta palabra entendemos una verdad absoluta y definitiva, algo que no puede ser de otra manera. Por ejemplo, los silogismos de Aristóteles. Todos los hombres son mortales; todos los abogados son hombres; luego todos los abogados son mortales. Los medievales encontraron muchas otras valideces. Por ejemplo el llamado modus tollens: si un coche anda es que tiene gasolina; es así que este coche no tiene gasolina; luego no anda.

            Puede pensarse que nuestro saber no avanza mucho con estas verdades de Perogrullo. Pero la Lógica hay que verla en su conjunto, como un todo. Y entonces, aparte de las valideces, también incluimos contradicciones y consistencias. Los razonamientos contradictorios no sirven para nada. Pero los razonamientos formalizables en consistencias tienen enorme importancia. Se trata de los razonamientos que hacemos constantemente en el lenguaje ordinario. Incluso las matemáticas -salvo la suma-resta- se reduciría a consistencias, si las pudiéramos formalizar adecuadamente. Con consistencias no llegamos a certezas, pero sí a verdades que funcionan. Hasta construimos máquinas que funcionan y están basadas en matemáticas no formalizables en valideces. Por tanto, los tres tipos de fórmulas -contradicciones, valideces, consistencias- forman un bloque; están interrelacionados. Y así hay que considerar el conjunto de las leyes lógicas, como un todo. 

            Este último descubrimiento se logró cuando a finales del siglo XIX dos matemáticos, uno alemán, Gottlob Frege, y otro italiano, Giuseppe Peano, de modo independiente, formalizaron la Lógica en un cálculo, y entonces se vio que todas las fórmulas lógicas formaban un bloque, un todo. Como eran matemáticos, les sorprendió mucho que este nuevo cálculo (una aproximación al cual se encuentra en la versión avanzada de esta sesión 1ª) era mucho más exacto y riguroso que los cálculos matemáticos a los que estaban acostumbrados. El único cálculo matemático equiparable en rigor  al cálculo lógico es la suma-resta. Pues en la multiplicación-división aparece ya el molesto agujero de la división por cero. No digamos ya en las matemáticas superiores. Pero en el cálculo lógico no hay agujeros ni ambigüedades. Curiosamente el dicho esto es así como dos y dos son cuatro se toma en casi todos los idiomas del mundo como paradigma de la certeza o verdad absoluta.  Pero la misma verdad de la suma-resta descansa sobre la verdad previa del cálculo lógico de Frege y Peano.

            Dicho esto, tratemos de completar el cuadro de la Lógica con las consistencias. Aparece un nuevo símbolo llamado implicador,  y que se expresa por una flecha ®. En lenguaje vulgar se traduce por si.....entonces. Por ejemplo A ® B, formalizaría la frase si llueve, entonces el suelo se moja, donde A está por llueve y B por el suelo se moja. Pero aquí entran dos letras y nos interesa una sola, para guardar el paralelismo con contradicciones y valideces y usar la consistencia más sencilla posible. O sea, nos interesa saber qué significa la fórmula A ® -A.

            Y aquí nos encontramos con otro importante avance. Ya hemos dicho que en la realidad denotada en último análisis por contradicciones y valideces aparece la palabra puede. Contradictorio es lo que no puede ser. Válido es lo que no puede no ser. Pero ahora ocurre que esta consistencia sólo tiene sentido con la palabra puede. Si hablamos de lo que ya hay, sin usar puede, resultaría un absurdo como si llueve, entonces no llueve. O bien si esto es amarillo, entonces no es amarillo. Lo llamamos absurdo porque no se trata en rigor de una contradicción estricta, que exigiría el símbolo &. Pero con el símbolo ® resulta algo incomprensible y muy cercano a lo contradictorio.

            Ahora bien, si introducimos la palabra clave puede, entonces desaparece el absurdo. Resulta la frase si puede llover, entonces puede no llover. O si esta pared puede pintarse de gris, entonces puede pintarse de no gris. Esta consistencia denota el hecho de que llover, o pintar de gris, no es una necesidad, y menos aún una imposibilidad, sino exactamente una posibilidad. O sea, lo que se corresponde en la realidad con A ® -A  es exactamente puede ser y puede no ser. Las consistencias tienen como correlato real lo posible, las posibilidades.

            Un error muy corriente, incluso entre los mejores filósofos, es no incluir las posibilidades, dentro de  la palabra esse, que ya contrapusimos a logos. Pues las posibilidades también existen, son, están ahí, se dan, o como queramos decirlo. Si compro un décimo, existe la posibilidad de que me toque el gordo, y si no lo compro tal posibilidad no existe. Si compro el décimo y digo que no tengo ninguna posibilidad de que me toque el gordo, eso es una falsedad. Y si digo que tengo alguna posibilidad de que me toque, eso es una verdad. A estos efectos las posibilidades, funcionan igual que las realidades de hecho o las cosas actuales.

 

            Llegamos así al final. Escribimos esse con minúscula porque Esse con mayúscula se usa para Dios o el Ser Necesario. Pero lo importante ahora es que, si incluimos lo que puede ser (y por tanto también puede no ser) dentro de la noción más general o amplia de esse, llegamos esta triple correspondencia.

 

Logos frente a esse.  

                                        logos                                           esse

          A&-A            Contradicción......................Imposibilidad (no puede ser)

          AÚ-A            Validez.................................Necesidad (no puede no ser)

          A®-A           Consistencia........................Posibilidad (puede ser y puede no ser)

           

Nótese que están comprendidas las cuatro combinaciones posibles con  no y puede. Las leyes lógicas dominan nuestro pensamiento y nuestro lenguaje precisamente porque a la base de todo encontramos esta triple correspondencia entre logos y esse. Dicho de otro modo, el lenguaje más esencial y radical de todos, las tres palabras elementales de la Lógica -contradicción, validez y consistencia- tienen delante las tres realidades también más esenciales y radicales de todas, lo imposible, lo necesario, lo posible.

 

Otra vez el primero de los valores.

            Empezamos esta lección afirmando que existe la Lógica, y sobre todo que ha sido formalizada, aunque casi nadie se haya enterado. El descubrimiento de Frege y Peano tiene muchísima más importancia para la historia intelectual de la humanidad que la que puedan tener las aportaciones de Newton o Einstein, el descubrimiento de los ácidos nucleicos o del genoma humano, el láser, los ordenadores, o la cosmología de Huble y el telescopio del mismo nombre. Todo esto es sin duda utilísimo para mejorar la vida humana. Pero no tendría mucha importancia para el muchacho que fue a ver al Dr. Fausto, si lo que intentaba sobre todo era encontrar nada menos que la Verdad.

            Dijimos que el primero de los valores era el valor de la Verdad. Pero presentamos de modo parcial o insuficiente esa verdad. Hablamos sólo de la verdad formal de las leyes de la Lógica, en cuanto condición necesaria para el lenguaje y el pensamiento. Eso ya es mucho, desde luego. Es ya topar con el Absoluto. Pero cabe dar un paso adelante aún más significativo y transcendente. Ya dejamos caer que la palabra verdad la entendemos habitualmente como correspondencia entre lo que se dice o se piensa y lo que hay, como correspondencia por tanto entre logos y esse. Se habla entonces de verdad material (adaequatio mentis ad rem, decían los medievales). Pues bien, ahora estamos ante este nuevo valor de la Verdad así entendido. Esta Verdad material fundamenta no sólo todo lo que se puede pensar, como ocurría con la Verdad formal de la Lógica, sino además todo lo que puede ser o existir.

            Quizá la mejor manera de apreciar el alcance este valor de la Verdad, del que ahora hablamos, consista en darse cuenta de con este lenguaje esencial no se puede mentir. Cada una de sus tres palabras -contradicciones, valideces, consistencias- denota, designa, significa, tiene como correlato, se corresponde, o como queramos decirlo, con una y sólo una de las tres realidades básicas -imposibilidad, necesidad, posibilidad-.            En nuestro lenguaje ordinario podemos mentir, porque hablamos de lo que hay o no hay. Pero en el lenguaje más esencial o radical de la Lógica se habla, no ya de lo que hay o no hay, sino de algo mucho más profundo. Se habla de lo que puede, o no puede, existir o no existir. Y aquí ya no cabe mentira o error alguno. Por eso se trata del valor de la Verdad. Y por eso es el primero de todos los valores. Es un Absoluto aún mas profundo y radical que la férrea corrección formal del cálculo lógico. Sólo en este momento alcanzamos simultáneamente el fundamento último del ser y del pensar, del esse y del logos.