De nuevo en el Mendipe, en lo que podría haber sido una nueva "jamada popular" para ver a los amigotes, charlar, degustar, echar unas 'manitas' y luego, si el cuerpo y los compromisos ayudan, culminar con unos tragos largos allá donde la veteranía y el instinto nos permitieran.
Desgraciadamente no fue una jamada más. Un asqueroso tufillo de fondo se coló desde días antes. Su olor era difícil de describir...
...pero emanaba efluvios de intolerancia aderezada con unos trazos de hipocresía, disfrazado con excusas y justificaciones que le conferían un ligero y necesario matiz afrutado, ideal para convertirse en coartada perfecta de quien quisiera abrazarlo.
Aún hoy, no he conseguido quitarme ese 'aroma' de encima. Lo encerré en un frasco grande, porque grande era el hedor que despedía. Luego, con el tiempo, pensé en liberarlo, que se esfumara y no me atufase más, pero el riesgo de contagio hizo que desechara la idea. Lo enterré, pero amenazó con resucitar.
No sabía cómo deshacerme de él. Así que, finalmente, opté por guardarlo en la caja fuerte, compartiendo destino con las cenizas del aitite, alhajas y otros abalorios. No tanto por su valor, Dios me libre, sino como generosa donación aprovechando la oleada de allanamientos cometidos por la zona. A modo de futuro consuelo, vamos.
Así que estos son los recuerdos que conservo de aquella jamada: unas cuantas fotos y un gran frasco..... de mierda. Las fotos las podéis ver aquí. Respecto al.... ¡Coño.....! ¿Qué hace la caja fuerte abierta? ¿Y...., dónde está el abuelo? ¡JODER..., Y SE HAN DEJAO EL FRASCO!