Las milicias populares republicanas
de origen castellano-leonés

JUAN A. BLANCO RODRÍGUEZ, MANUEL FERNÁNDEZ CUADRADO,
JESÚS A. MARTÍNEZ MARTÍN

INTRODUCCIÓN. CASTILLA Y LEÓN EN JULIO DE 1936

La formación, actuación y contribución de unidades milicianas castellano-leonesas al esfuerzo republicano de guerra estuvo condicionado por el rumbo que tomaron los acontecimientos a raíz de la sublevación militar. El éxito de la misma en todas las provincias de la región, excepto en la cuenca minera leonesa y el Sur de Avila; el confusionismo, la dispersión y la permeabilidad de los frentes en los primeros meses del conflicto segaron la posibilidad de una resistencia organizada en la zona, que se tradujo en la formación de diversas milicias locales y regionales con distinta suerte. Lo realmente decisivo en tal situación fue el apoyo del Ejército a la sublevación, que hizo imposible cualquier oposición militar de envergadura.

El rápido e incuestionado triunfo del levantamiento militar, apoyado por elementos civiles, en casi toda la región se produjo indudablemente en función de las características políticas y socioeconómicas que primaban en las tierras de Castilla-León: la inclinación hacia opciones políticas conservadoras, con un campesinado de pequeños propietarios proclives a las mismas, en una zona donde los conflictos sociales se habían manifestado tímidamente en comparación con el hervidero que suponía el campo andaluz o las zonas industrializadas del Norte, Cataluña o Madrid.

En efecto, los resultados electorales de febrero de 1936 tipifican a la perfección el futuro desenlace de la rebelión militar en la zona, la fuerza de la derecha política y su relación con el rápido triunfo de los rebeldes.

La alta participación electoral se tradujo inequívocamente en una victoria del centro-derecha y la derecha en todas las provincias, siempre superior al 36 por 100 de los votantes. El caso extremo lo representa Palencia donde la derecha, con el 58 por 100 de los votos, ocupa toda la representación parlamentaria provincial. También en Soria, En el resto de las provincias —León, Zamora, Valtedolid, Avila, Segovia y Burgos— la derecha y centro-

Nota previa: Agradecemos la colaboración de M.' Riansares Prieto Panlagua y Manuel Fernández Trillo en trabajo de archivo.

derecha obtienen las mayorías y el Frente Popular las minorías; y Salamanca, ademas de las mayorías, un puesto en las minorías1.

Es preciso no olvidar la actividad de la Falange en la zona, donde su escaso porcentaje de votos —3,2 por 100 como máximo en Valladolid— no refleja la actividad y eficacia que manifestará en el apoyo a la sublevación en algunas localidades. Valladolid es, sin duda, cantera de primera magnitud en el nacimiento y recluta de la militancia falangista, aspecto que hay que relacionar con la precaria resistencia popular y la imposibilidad de creación ulterior de unidades milicianas en la provincia.

Por otro lado, el Frente Popular, derrotado en todas las provincias —con excepciones a nivel comarcal y local, como veremos— obtiene, sin embargo, más votos que el conjunto de formaciones políticas de igual signo en 1933; aumento significativo pero insuficiente.

Las zonas donde obtiene la izquierda mayor número de votos o donde la victoria de la derecha es menos contundente a nivel provincial son justamente las que permanecieron al lado de la República y donde se formaron las unidades milicianas más combativas y relativamente organizadas de los primeros meses de la guerra. Principalmente, en León y Avila (30 y 34 por 100 respectivamente para el Frente Popular). Son las cuencas mineras del Norte de León —que conformaron el frente asturleonés— y el Sur de Credos —falda Sur, Valle del Tiétar, zona del Alberche, Pinares— en Avila.

Las elecciones de febrero arrojan los siguientes resultados2:

 

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Ahora bien, la correspondencia entre los resultados electorales de febrero y el éxito de la sublevación en julio, con los condicionantes que resultan para el desarrollo del conflicto y la formación de unidades de milicias en el mismo, no es más que la expresión política de unas características estructurales determinadas de la zona; y en todo caso sin dejar de lado elementos coyunturales y los acontecimientos concretos que decidieron en cada localidad la suerte de la sublevación, en muchos casos achacable a la casualidad, a la audacia de los rebeldes o a los errores de los leales.

1. TUSELL GÓMEZ: J.: Las elecciones del Frente Popular. Madrid, Edicusa, 1971, p. 78.

2. Ibídem, t. II, pp. 26-27.

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En la región, de tradicional orientación de derecha, las características sociales y económicas coinciden con estas opciones políticas; está el campo abonado para agrarios y cedistas.

De crecimiento demográfico relativamente bajo, siempre inferior a la media nacional —11 por 100— no reúne grandes contingentes de población; cuenta con bajos porcentajes de analfabetismo con respecto al total estatal y los conflictos sociales son menos frecuentes e intensos que en otras zonas. Todo ello está en relación con la distribución de la propiedad agraria, fundamentalmente mediana propiedad y minifundio —con áreas de excepción en el Oeste— y escasas zonas industriales. De aquí que no se den las tensiones sociales del campo andaluz del latifundio y de las aglomeraciones urbanas e industriales de opción política de izquierda.

La militancia política y sindical no cuenta en esta región con índices elevados. Con un campesinado conservador, preocupado por la pequeña propiedad, de alto índice de práctica religiosa y en general ajeno a conflictos laborales.

En este estado de cosas, la indecisión gubernamental o la falta de unidad de las fuerzas obreras favoreció en localidades proclives a la izquierda, como León capital o Ponferrada, la toma de las mismas por los rebeldes.

Quedaron del lado gubernamental la franja Norte leonesa, donde había calado el proceso insurreccional de octubre de 1934, y las comarcas del Sur de Credos. Aquélla resistirá hasta la caída del frente Norte, en octubre de 1937, aunque continuará la actividad irregular, incluso como guerrilla antifranquista, después de 1939. Las áreas de resistencia en Avila sólo estarán bajo dominio republicano hasta mediados de octubre de 1936. En todo caso, aquí se formarán importantes unidades de milicias. El resto de las provincias bajo control de los sublevados registran el mismo fenómeno de abandono de sus lugares de origen de manera individual o en pequeños grupos por parte de escasos contingentes de militantes de organizaciones obreras, que tendrán ocasión de organizarse en Madrid de manera específica o pasar a integrar otras unidades republicanas.

La formación de milicias, ciudadanos civiles armados, como expresión de los conflictos sociales de la España de 1936, representa uno de los fenómenos más característicos del enfrentamiento bélico. En la zona republicana, el resquebrajamiento del Ejército y la indecisión de las autoridades gubernamentales, como es sabido, favorecieron la alternativa que convertía al militante político o sindical en combatiente bajo las directrices de su organización, como eje de la resistencia republicana en los primeros momentos de la guerra. Claro es que la formación y características de estas unidades respondieron a diversos modelos. La región castellano-leonesa no fue una excepción.

I. LAS MILICIAS LOCALES. LOS PUEBLOS DE AVILA

En los distintos pueblos de la zona donde no triunfó la sublevación, al igual que en el resto de las zonas leales, se formaron de inmediato pequeñas unidades milicianas constituidas por habitantes de la localidad, en su mayoría pertenecientes a organizaciones políticas y sindicales. En general contaron con escasos efectivos, deficiente armamento, con escasa, cuando no inexistente experiencia y formación militar y ajenas a cualquier control gubernamental.

El hecho determinante de la precariedad y escasa efectividad militar de estos primeros grupos sería la inexistencia de un armamento adecuado y suficiente; la disyuntiva que caracterizó las primeras horas de la sublevación en todo el territorio nacional sobre la conveniencia o no de armar al pueblo por parte de la autoridad republicana tiene una importancia clara en todo el proceso de resistencia popular. En las capitales de provincia la clave estaría en la actitud de los gobernadores civiles y la posibilidad de acceder a los arsenales militares de las guarniciones. En los pueblos, las armas procedieron de los cuarteles de la Guardia Civil o del aporte de alguna columna que operase en la zona. Para el primer caso, en el caso de la provincia de Avila es representativo lo sucedido en la localidad de El Tiemblo3.

El prototipo de estas milicias locales lo encontramos en un conjunto de pequeños pueblos de la provincia de Avila. Entre julio y mediados de octubre —fecha de evacuación de los últimos pueblos abulenses en manos republicanas— se fue dando reconocimiento legal a estas milicias dentro de la política general de guerra de aceptación de hechos consumados e intento de control de estas unidades. De ello se encargó la Inspección General de Milicias que en el verano de 1936 fue «legalizando» estas milicias, incluyendo a sus componentes en la nómina de haberes y clasificándolas en el apartado de «milicias locales». Puede servir como ejemplo la aceptación legal de las milicias de Pedro Bernardo a primeros de septiembre:

«En contestación a su escrito de 9 de Agosto último, le comunico que desde hoy quedan legalizadas las Milicias de esa localidad, por lo que respecta a los individuos que tienen armamento. A los demás no es posible enviárselo por ahora, por no disponer de él esta Inspección. Como esperamos tenerlo en breve, convendría que repitiesen el pedido pasados unos días.
Madrid, l-IX-1936. Tte. Coronel Inspector al Sr. Presidente del Comité del Frente Popular de Pedro Bernardo»4.

El control desde Madrid fue nominal, en tanto que dicha Inspección tenía como criterio para la confección de su estadística partir de las relaciones de milicianos que percibían el haber diario de 10 pesetas por su pagaduría. Según estadillo de este organismo fechado el 10 de octubre de 1936, es decir, por los días de la evacuación de los últimos pueblos abulenses, salvo algún caso aislado como las Navas del Marqués, existían bajo control de la Inspección General de Milicias las siguientes milicias locales de la provincia de Avila:

3. Según testimonio de Marcelino Varas, miliciano abulensc, en reciente entrevista.

4. Servicio Histórico Militar. Archivo de Guerra de Liberación (SHM-AGL), armario 94, leg. 1334, carp. 10.

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Otro documento, sin fecha, esta vez de la Comandancia General de Milicias, organismo que sustituyó a la Inspección, detalla la existencia de milicias locales en otras localidades, como Candeleda y Peguerinos, formadas estas últimas por 140 hombres al mando como responsable político de Inocente de Frutos6.

Las principales actividades de estas unidades locales desde los primeros días fueron las de control y vigilancia de la retaguardia y de los accesos a la localidad. Por tanto, los efectivos señalados corresponden al estado de fuerzas en los distintos pueblos. En ocasiones se constata cómo la pertenencia a estas unidades es eximente para no acudir al frente.

Sin embargo, no es menos cierto que una parte de las milicias de estos pueblos fue cantera de reclutamiento para distintas unidades republicanas. Acudimos nuevamente al caso de El Tiemblo, formadas, según testimonios de protagonistas por unos cincuenta hombres. Este número contrasta con la cifra señalada de cuatro milicianos en la lista oficial de octubre. Tal diferencia la explica el que casi la totalidad del voluntariado miliciano se incorpora a la Columna Mangada al paso de ésta por la localidad. Al mando de un sargento profesional se integraron con miembros de la Guardia Nacional Republicana venidos de Cataluña y formaron en septiembre el Batallón «Cataluña», dentro de la Columna Mangada. Estuvieron en línea de frente en Navalperal de Pinares, Navalmoral de la Sierra, Navarredondilla, Navalacruz, Burgohondo y cercanías del Tiemblo, hasta su retirada en octubre a Robledo de Chávela. Posteriormente, los ya veteranos milicianos se incorporaron a Madrid, formando parte de la 12.a Brigada Mixta. En esta unidad también se integraron abulenses de Hoyo de Pinares, El Barraco y Cebreros y, en general, de los pueBlos de esa zona.

En las milicias locales coexistieron militantes de diversos partidos y sindicatos: predominan ugetistas y Genetistas y, en menor medida, se advierten afiliaciones a partidos políticos, comunistas y socialistas; si bien una mayoría no consta como perteneciente a organización alguna. En cuanto a la extracción socioprofesional, el campesinado es el grupo de mayor entidad numérica.

5. SHM-AGL, 94, 1334, 10.

6. Com. Gral. de Milicias: Un esfuerzo en 1936. Madrid, 1937.

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El grado de organización y preparación militar obviamente es precario, al menos hasta el momento de integrarse en la nueva estructura del Ejército Popular a los tres meses ya de iniciada la guerra. Los testimonios recogidos invariablemente hacen alusión a este aspecto: «teníamos mucha fuerza de voluntad, pero no teníamos esa organización que se debe tener para una guerra».

II. EL RECLUTAMIENTO DESDE MADRID. LAS MILICIAS DE LAS CASAS REGIONALES

En los meses inmediatos a la sublevación, y a tenor de la evolución de los frentes, la capital de la República se convirtió en lugar de confluencia de miles de evadidos de sus lugares de origen. La pérdida para la República de las tierras castellanas de la Meseta Norte, la imposibilidad de resistencia armada organizada y la represión sistemática que se puso en marcha motivaron el que la evacuación tomara rumbo en muchos casos hacia Madrid, que también empezaba a acoger evadidos de las zonas ocupadas por el Sur en el avance de las tropas de África. Por otro lado, había castellanos que se encontraban el 18 de julio en Madrid y, sobre todo, residentes en la capital con fuertes vinculaciones con sus provincias de origen. Se inició un proceso de formación de unidades milicianas en torno a las Casas Regionales.

Se trata de una variable más del proceso de formación de milicias, en el que el factor aglutinante no es el partido político o el sindicato, ni la barriada o el oficio, sino el lugar de origen. Esta modalidad de unidades milicianas fue, en todo caso, la más tardía de cuantas existieron. La razón estriba —en contraposición a la proliferación rápida de milicias políticas y sindicales en los primeros días de la guerra— en el origen mismo de sus componentes y la finalidad inicial de su constitución.

Los primeros llamamientos de las Casas Regionales surgen a mediados de agosto y no están preparadas y completas sus unidades hasta bien entrado el mes de septiembre, siendo el batallón la unidad-tipo. A un mes del inicio de la rebelión, por tanto, se empiezan a reunir voluntarios procedentes de zonas ocupadas, residentes en Madrid de reciente inmigración muchos de ellos y un contingente importante de evadidos. En este tiempo, por otra parte, muchos castellanos-leoneses ya formaban parte de otro tipo de unidades milicianas. Los testimonios de algunos protagonistas señalan la existencia de este segundo momento de alistamiento masivo, ante lo que parece evidentemente ya una guerra con visos de duración larga7.

El proceso de formación es, en todos los casos, coincidente: la incautación de la Casa Regional, bajo los auspicios de algún diputado provincial y en nombre del Frente Popular y la creación de un Comité de Milicias que se

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7. Es de interés, en este aspecto, el reportaje que aparece en Estampa con fecha de 10 de octubre de 1936

encarga del reclutamiento de voluntarios. Los alistados suelen presentar como aval su afiliación a sindicatos o partidos, existiendo una pluralidad de tendencias que no parece tener relevancia alguna en la conformación de las unidades.

El proyecto inicial de todas ellas era la liberación de sus provincias respectivas. Estas milicias responden, pues, a una situación militar de hecho y no revisten la espontaneidad de los primeros grupos que se forman en julio. Por otro lado, estas iniciativas demuestran una vez más la atomización de poderes y centros de decisión en la España Republicana y la autonomía de organizaciones políticas y de otro tipo, ante la inexistencia de un Ejército Regular consolidado. La falta de coordinación y el relativo desorden militar de los primeros meses influyó notablemente en la marcha de los acontecimientos.

No obstante, cuando en octubre estén formados estos batallones, la lógica militar y las experiencias negativas de los tres primeros meses de lucha, junto a los primeros frutos de la política de unidad de acción —mando militar y reorganización del Ejército por parte del Gobierno de Largo Caballero— harán que estas unidades se integren en las Brigadas republicanas, desistiendo de sus propósitos iniciales. Las encontraremos, en efecto, formando parte de las columnas que defienden Madrid en los meses decisivos de noviembre y diciembre, constituyendo uno más de los pilares del naciente Ejército Popular.

III. MILICIAS CASTELLANAS. ZAMORANOS Y SALMANTINOS. EL BATALLÓN «ANDRÉS Y MANSO»

Bajo la denominación de «milicias castellanas», que reunía a salmantinos y zamoranos, la Casa Charra y la Casa de Zamora comenzaron a reclutar voluntarios a mediados del mes de agosto; si bien, nos asegura alguno de sus componentes que tal reclutamiento ya habría comenzado hacia el día 25 de julio.

Incautadas ambas casas regionales, uno de los organizadores del Comité de Milicias comentaba a la prensa:

«Es que hemos empezado muy tarde. La razón de esta tardanza es la misma que en otras casas regionales. Aquellos eran lugares para juego y bailoteo, que vivían fuera del tiempo, creyendo hacer suficiente labor con colgar una ampliación de sus monumentos y repetir muchas veces •que la Patria ante todo. Comenzada la sublevación, hubo muchas cosas urgentes a las que acudir. Y en estos centros provinciales quedaron sus gentes todavía con las cartas en la mano y las tontas discusiones en la boca. Pero tan pronto como surgieron los hombres nuevos, en cuanto tuvieron un momento para mirar a la retaguardia, todo este mundo falso se vino abajo»8.

8. Eslampa. Ib.

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La Casa de Zamora no llegó a reunir efectivos suficientes para constituir un batallón. Sus miembros se integraron en la unidad formada por la Casa Charra, que prosperó rápidamente y que ocuparía un lugar destacado entre las fuerzas de la defensa de Madrid: el batallón «Andrés y Manso». El nombre proviene, según el testimonio del diputado salmantino de Izquierda Republicana Mariano Joven, del abogado y profesor asesinado José Andrés y Manso, impulsor de la organización y desarrollo de la Federación de Trabajadores de la Tierra9.

Las notas de prensa sitúan cronológicamente a primeros de septiembre la fecha de inicio de constitución de la unidad. El alistamiento se realizaba en el domicilio social de la Casa Charra, c/ Alcalá, 2010. Un mes más tarde aproximadamente se anunciaba —dentro del espíritu entusiasta que rodea la propaganda del momento— que su constitución estaba muy adelantada y próximo a completarse". Era el 8 de octubre y, según testimonios orales, el batallón entraba en los primeros combates. Opera en Pinto —a partir de aquí se unen los zamoranos—, Valdemoro, Leganés, Cerro Rojo y Campamento.

El 25 de octubre consta como completamente organizado y continúa en el mismo sector. Su actuación en los días 7 y 8 de noviembre es elogiada en la prensa12. Aparece durante este mes formando parte de diferentes columnas que defienden la capital: Columna Arce, en la carretera de Extremadura, aportando 180 hombres; Columna Escobar, en la reserva del cementerio de San Justo, con 250 hombres, y en la Columna Bueno, situada en Titulcia, con 400 hombres, según diversos estados de fuerza de la defensa13.

A primeros de diciembre el batallón «Andrés y Manso» cuenta en total con 780 hombres, según la citada relación de la Comandancia General de Milicias14.

Como tal batallón aparece integrado en este mes de diciembre en la Columna Arce, situada en la carretera de Extremadura, junto con las Milicias Catalanas y Milicias de las JSU. Nuevos estados de fuerza atribuyen a este batallón 516 hombres; el día 26 dé diciembre 504 hombres en la reserva de la Estación Goya; el 29 del mismo mes 470 hombres en el mismo lugar y, al día siguiente, 440 hombres15.

Su integración como unidad tipo batallón dentro del nuevo ejército popular de la República se produce al convertirse la antigua Columna Arce en la Brigada Mixta «A», que poco tiempo después será la 43 Brigada Mixta. El «Andrés y Manso» es el 5.fi batallón de esta Brigada, que estaba incluida a su vez en la 6.a División y II Cuerpo de Ejército. En marzo de 1937 seguía ocupando el sector de la carretera de Extremadura. Por otro lado, uno de sus integrantes, atestigua que, tras estar mucho tiempo en los Carabancheles, acabó la contienda en el Puente de Arganda.

9. El socialista, 16-VIII-1936.

10. Heraldo, 5-IX-1936.

11. La Libertad, 8-X-1936.

12. Heraldo, 18-XI-1936.

13. SHM-AGL, 97-953-9.

14. Un esfuerzo... Ob. ciL

15. SHM—AGL, 97-963-3.

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El responsable político en los momentos iniciales de su formación era el diputado salmantino Casanova. En diciembre aparece como tal José Piñeiro y como responsable militar Manuel Colinas, maestro de Salamanca, y uno de sus principales impulsores16.

La procedencia política de los integrantes de este batallón no fue —según costumbre en este tipo de unidades— coincidente. Aunque todos estaban avalados por distintas organizaciones, los informes del Comisario de la 43 Brigada Mixta en 1937 cuantifican la adscripción política de los pertenecientes al batallón:

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Los mismos informes también indican que en este batallón castellano había 373 afiliados a sindicatos: 275 a la UGT y 98 a la CNT17.

La procedencia social de estos milicianos es tibiamente expuesta y sin precisiones cuantitativas en las declaraciones de uno de los fundadores del batallón, realizadas cuando aún la unidad sólo estaba constituida de forma embrionaria: «comerciantes, chóferes, obreros»18. El testimonio oral de otro de sus integrantes, el albañil ugetista José Martín Santos indica que había sobre todo obreros de la construcción, comercio y hostelería. Algo más explícitos son los datos aportados por el Comisario de la Brigada en sus informes, notificando la composición del 5.e batallón en un 60 por 100 de obreros de la industria y un 40 por 100 de campesinado19.

IV. MILICIAS SEGOVIANAS

El 15 de agosto de 1936 un grupo de segovianos se incautó de la Casa Regional de Segovia, constituyendo un Comité de Milicias y teniendo por finalidad el reclutamiento de voluntarios de la provincia. La justificación de su empresa se basaba en los mismos criterios que hemos visto en otros casos: liberar el.territorio segoviano y terminar con las actividades frivolas del Centro Segoviano, donde, al mes de haberse iniciado la rebelión, «se seguía jugando como si no pasara nada». La prensa republicana se hacía eco días más tarde de dicha incautación20.

16. Un esfuerzo... Ob. cit.

17. SHM-AGL, rollo 197.

18. Estampa, 10-X-1936.

19. SHM-AGL, rollo 197.

20. Heraldo, 22-XI-1936. También entrevista con don Clemente Pérez, 1986.

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La iniciativa de la fundación de una milicia segoviana partió de un grupo de evadidos y originarios de esa provincia, entre ellos Emiliano Barral, socialista, conocido escultor y autor del mausoleo de Pablo Iglesias, y Agapito Marazueía, el «folklorista». Barral sería nombrado más tarde comisario político y falleció a mediados de noviembre en el barrio madrileño de Usera cuando visitaba el frente21. También cooperaron en los primeros momentos de la fundación de estas milicias Eustaquio Ruiz, panadero; Eladio Gilarranz, cocinero; Alberto Barral, Valentín Contreras y Eugenio Gómez Lobo, obreros; Martín de Antonio, medico; Eduardo Tuya, funcionario del Estado; y un oficial de la Academia de Segovia, José Carrasco. Contaron con el apoyo del diputado Hoyos22.

De esta forma, y con sede en la c/ Mayor, 1, fueron alistándose segovianos residentes en Madrid y evadidos; si bien, también integraron estas milicias algunos voluntarios de otras regiones. Tras un mes de instrucción, salen al frente a mediados de septiembre, operando en distintos pueblos entre Madrid y Talavera. En Valmojado se enfrentan a las tropas del Ejército de África que avanzaban por el Tajo hacia la capital.

Según el testimonio de uno de sus protagonistas, los mandos se nombraron por elección y la unidad adolecía de baja preparación y contaba con escaso material de guerra.

Relevados de Valmojado, los voluntarios segovianos regresan a Madrid, instalándose el cuartel en un frontón de la c/ Dr. Cortezo. Así, a partir de los primeros días de noviembre y hasta finalizar la guerra participan en el frente de la defensa de Madrid. El día 5 del citado mes, efectivos de la unidad, 150 hombres, se instalan en el Colegio Concepción Arenal del Puente de Toledo. Grupos de milicianos segovianos se reparten en la zona de Carabanchel, Casa de Campo hasta el Puente de los Franceses.

Según diversos estados de fuerza conservados en el Servicio Histórico Militar, los 150 hombres citados pertenecen a la «Columna Mena», y 219 segovianos, destinados en Carabanchel, a la «Columna Prada»23. En el mismo mes de noviembre encontramos otros cien hombres pertenecientes a Milicias Segovianas entre los efectivos de la defensa calificados como «fuerzas descansadas» y 135 más en la «Columna Revira», que experimentó un acrecentamiento de efectivos muy considerable hasta alcanzar un total de 361 hombres de origen segoviano en el mes de diciembre. Finalmente, la relación de milicias elaboradas en 1937 por la Comandancia General cifraba el total de Milicias Segovianas en 566 hombres.

El responsable político de dichas milicias era Luis Carralero y como responsable militar actuaba el ya citado José Carrasco, en calidad de Comandante del Batallón. Este último sería relevado por José Sirvent Eguiluz y éste, a su vez, por Pablo Herrero24.

21. Estampa, 10-X-1936.

22. Entrevista con don Clemente Pérez.

23. SHM-AGL, 97, 953, 9 y 94, 1334, 2.

24. Entrevista citada con C. Pérez.

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Las milicias segovianas pasarán a constituir, junto con los efectivos de las milicias burgalesas, el 167 Batallón, integrado en la 42 Brigada Mixta (IV División) del Ejército Popular.

La composición profesional que advertimos en estos milicianos no difiere en nada de lo señalado para las anteriores milicias; y en todo caso la fuente es también información recogida en relatos orales de integrantes de la unidad: hostelería, comercio, panadería... y campesinos de Segovia y Madrid.

En cuanto a la composición política y sindical, también a partir de esos testimonios, destacaba el contingente de afiliados al sindicato de Artes Blancas de UGT y un grupo reducido de militantes Genetistas. Puede ser significativo como muestra el cuadro de datos extraídos de una serie de fichas referidas a un total de 104 miembros ingresados en Milicias Segovianas en los primeros días del reclutamiento, el 16 de agosto. Su procedencia política y sindical era la siguiente25:

 

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V. MILICIAS SORIANAS. EL BATALLÓN «NUMANCIA»

A mediados de agosto de 1936 un grupo de evadidos sorianos, en torno a diversos afiliados al Partido Socialista de Soria y bajo la iniciativa y apoyo del diputado Artigas Arpón, deciden, en el café María Cristina de Madrid, la incautación de la Casa de Soria y la subsiguiente formación de un Comité de Milicias Surianas, compuesto por un representante de cada organización política y sindical afectas a la República y con implantación en aquella provincia. El día 20 del mismo mes, La prensa recoge el llamamiento para la formación de tales milicias, firmado por el citado diputado Artigas y por Carlos García Benito, dirigente provincial del PSOE26.

Sin embargo, las milicias sorianas unirán sus esfuerzos con el reclutamiento que paralelamente se estaba realizando de formación de milicias en las Casas Regionales de Rioja y Navarra. Todos estos efectivos, los sorianos, alistados en la c/ Marqués de Riscal, 16 y los riojano-navarros en Arenal, 26, formarán el batallón «Numancia».

25. AHN. Sec. G. Civil (Salamanca) Político-Social, Madrid, legajo 1737, carpeta 209.

26. Heraldo. 20-VHI-1936.

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Durante el período de reclutamiento se procedía a una primera instrucción militar bajo la dirección de un suboficial profesional y un cabo de Asalto. Realizarán, hasta el momento de contar con suficientes efectivos, «servicios de investigación»27.

Los integrantes presentaban el inexcusable aval político, aunque no fueran militantes en sentido estricto. Su procedencia profesional y origen tampoco presenta ninguna novedad, siendo residentes en su mayoría en Soria capital y Madrid. Según relatan los organizadores, habría un componente profesional predominante de artesanos y obreros industriales, así como un pequeño grupo de procedentes de profesiones liberales: «caldereros, carniceros, cerrajeros, encuadernadores, panaderos..., mecánicos, impresores, ferroviarios, telegrafistas, médicos, ingenieros...».

Según noticias de prensa del momento, el 26 de septiembre aparece formado el Primer Batallón «Numancia»28 y se inicia la constitución de un segundo batallón del mismo nombre durante el mes de octubre29.

En noviembre de 1936 los efectivos del Batallón «Numancia» son destinados a la zona de Guadalajara, integrados en la Columna Jiménez Orge, ascendiendo su número a 407 hombres30. Al mes siguiente contaba con 769 hombres, actuando como responsable político Juan Artigas y como responsable militar Benito Artigas.

A primeros de febrero de 1937 seguía el batallón situado en la misma zona, integrado en las fuerzas de Lacalle, concretamente en Peña Blanca y Altura Malillas, en las inmediaciones de Jadraque. Todos estos efectivos pasarían a formar el batallón n.Q 3 de la 66 Brigada Mixta31.

VI. MILICIAS BURGALESAS

Pocas noticias se desprenden de la documentación oficial de la Comandancia General de Milicias referentes a un «batallón de Milicias Burgalesas». No parece haber contado con muchos efectivos y su entidad es mucho menor que los casos vistos de salmantinos, segovianos o sorianos.

El motivo parece residir en la tardía incautación del Centro Burgalés y el llamamiento para la formación de milicias que se retrasó al menos hasta finales de septiembre. En este centro se formó un «Comité de Burgaleses del Frente Popular» bajo la iniciativa de los diputados Labín y Barrio. El primer llamamiento de que tenemos conocimiento para constituir unas milicias y «liberar Burgos» es del 23 de septiembre32. La mayoría de los alistados serán evadidos procedentes de la comarca de Aranda de Duero y Roa33.

27. Estampa, IO-X-I936.

28. Heraldo, 26-IX-36.

29. La Libertad, 24-X-36, y El Socialista, 22-X-36.

30. SHM-AGL, 97, 953, 9.

31. SHM-AGL, 97-963-19.

32. Heraldo. 23-IX-36.

33. Estampa, 10-X-36.

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Los efectivos de las milicias burgalesas, tras participar en la defensa de Madrid, como atestigua un listado del Servicio Histórico Militar, unirán sus fuerzas a las segovianas en el proceso de formación de las Brigadas Mixtas.

Existe, además, una Cía. de burgaleses incorporada a las Milicias vascas.

VII MILICIAS CASTELLANO-LEONESAS EN LA COLUMNA MANGADA

Esta columna, al mando del teniente coronel Julio Mangada y organizada en los primeros días de la sublevación en Madrid es, sin duda, una de las más conocidas unidades republicanas, que alcanzaría aureola de prestigio inmediatamente y una popularidad notable a raíz de las incursiones realizadas en la provincia de Avila entre julio y octubre de 1936, acaparando los escasos éxitos militares republicanos en los primeros compases de la contienda.

Su interés para nosotros reside en que, actuando en el Sur de Avila, con frecuentes desplazamientos y estableciendo allí una línea de frente, aglutinó, como veremos, efectivos cuantiosos de milicianos abulenses. En general, actuó en las estribaciones de la Sierra de Malagón hacia el Sur, pasando sobre el Alberche hasta El Tiemblo, en la bajada de la Sierra de Credos por el puerto Excusa. Ocupó diversos pueblos de la zona, entre los que destacan Cebreros, El Tiemblo, Herradón, San Bartolomé de Pinares, Hoyo de Pinares, Navalperal, Navas del Marqués y los pasos de Excusa, El Boquerón y La Cañada.

El origen de la Columna está en la organización, el 19 de julio, del primer batallón de Milicias, el «Asturias n.s 1», integrado por mineros asturianos llegados a Madrid desde Oviedo y con los que se neutralizó la rebelión de Campamento. A este primitivo núcleo, que instruye en la Casa de Campo, se añaden en los días siguientes algunos grupos de Guardias civiles y de Asalto, junto a contingentes milicianos de la zona del Puente de Segovia.

Con estas fuerzas parte hacia Gredos, siguiendo la carretera de San Martín de Valdeiglesias. El día 22 de julio llega a Cebreros y El Tiemblo y, al día siguiente, toma Navalperal. Reducida la Guardia Civil de Navas del Marqués, prosigue su avance, encaminándose al importante nudo de comunicaciones de Villacastín, que ocupa el día 24. Tras desistir de un primer intento de dirigirse hacia El Espinar, regresa a Navalperal, donde instala el puesto de mando de la Columna. En los últimos días de julio domina la comarca de Arenas de San Pedro, controlando la zona hasta el Puerto del Pico. Aquí termina la labor ofensiva de la Columna, limitándose en adelante a repeler e! empuje de las fuerzas rebeldes, siendo los ataques más duros los de la Columna Doval en los primeros días de agosto y del Regimiento Faraesio de Valladolid, a partir del día 19, ambos frenados con éxito.

Durante este tiempo se fueron incorporando nuevas fuerzas a la Columna Mangada, entre ellas un batallón de infantería, los batallones de milicianos «Fermín Galán», «Capitán Condes», «Sargento Vázquez», «Largo Caballero», «Cataluña» y «Alicante Rojo», que se unen a los primitivos «Asturias n.g 1», «Aida Lafuente» y «Pueblo Nuevo-Ventas».

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En total, y según los datos aportados por la Comandancia General de Milicias, la columna llegó a contar con unos 6.000 hombres a comienzos de octubre, desde los 2.500 con que contaba en los primeros días de agosto. Sus batallones tuvieron bastante movilidad, incluso algunas de sus fuerzas operaron a primeros de septiembre en el frente de Talavera y, posteriormente, en noviembre, en la defensa de Madrid.

En las tierras controladas por las fuerzas de Mangada no hubo, sin embargo, una línea de frente muy definida, lo que facilitó la permeabilidad de las líneas y la llegada al campo republicano de numerosos evadidos. En octubre las fuerzas de Mangada abandonaron Navalperal con el derrumbamiento del frente de Avila. Estas fuerzas serán la base de la 32 Brigada Mixta, que manda Nilamón Toral.

La columna Mangada, como dijimos, fue incorporando durante sus incursiones diversos contingentes de milicianos de las localidades abulenses bajo su control; concretamente, sabemos de la participación de voluntarios de El Tiemblo, Cebreros, Hoyo de Pinares, Navas y Navaluenga.

El relato de Artemio Precioso coincide con este extremo al decir que «en la Columna Mangada a mediados de agosto había varias compañías de milicias locales»34. Cuando analizamos en otro lugar estas milicias locales, hacíamos referencia al testimonio de un miliciano de El Tiemblo, Marcelino Varas, quien recordaba la llegada de las fuerzas de Mangada a la localidad, sometiendo a los guardias civiles sublevados y entregando las armas a la milicia local, cuyos voluntarios se integraron en su mayoría en la Columna y estuvieron combatiendo en la zona hasta el mes de octubre.

Otro testimonio, esta vez escrito, coincide en señalar esta situación, asegurando que en los días inmediatos a la sublevación se presentó una comisión de El Tiemblo en la Casa de Campo de Madrid a comunicar la sublevación de la Guarda Civil y solicitó de Mangada que acudiera en socorro de El Tiemblo y Cebreros". También conocemos la existencia en esta columna de una compañía de milicianos de las Navas del Marqués, con efectivos de 120 hombres36. Asimismo, una «tropa» destacada en San Bartolomé de Pinares con vecinos de Cebreros. La Columna contó, además, con una compañía de campesinos de Hoyo de Pinares, compuesta por 70 hombres37 y con unos efectivos de guerrilleros campesinos de 100 hombres en los altos de Navaluenga38.

VIII. SEGOVIANOS Y ABULENSES EN EL QUINTO REGIMIENTO

Al igual que la Columna Mangada, el Quinto Regimiento ejerce una gran

34. PRECIOSO, Antonio: Relato sobre la Guerra de Esparta. Archivo del Comité Central del PCE (APC). Tesis y Manuscritos. Carp. 50.
35. BENAVIDES, Manuel: Soy del Quinto Regimiento. APC, carp. 31.
36. APC, carp. 54.
37. SHM-AGL, 97, 967, 4.
38. BRNAVIDES: Ob. cit.

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atracción sobre los nuevos milicianos. Las razones son varias. Por un lado, constatamos el interés del Partido Comunista en que sus militantes y grupos que controla se vayan integrando en batallones y compañías de esa gran unidad. Según los datos correspondientes a las fichas de alistamiento de castellano-leoneses en unidades del Quinto Regimiento con anterioridad a diciembre de 1936, los porcentajes de voluntarios que expresan su afiliación al PC y a las JSU son netamente superiores a los que se registran en el análisis estadístico de otras unidades milicianas (ver cuadro 1).

El carácter de milicias con un superior grado de organización, preparación militar y disciplina que el Regimiento quiere imprimir a sus unidades refuerza su prestigio, en el que es decisivo el papel propagandístico del Partido Comunista.

Hay que tener en cuenta que las primeras unidades del Quinto Regimiento se forman'con los grupos de milicianos que acuden en julio a los frentes de la Sierra, limítrofes con Avila y Segovia o ya dentro de tierras abulenses, movilizados por las organizaciones políticas y sindicales.

Estas circunstancias explican el que sean numerosos los milicianos castellanos, principalmente segovianos y abulenses, que se integren, alistándose ya en julio, en las unidades del célebre Regimiento (ver cuadro 2).

En el frente de Navacerrada, en los primeros días de agosto, Juan Modesto Guillólo forma el batallón Thaelman. El núcleo básico de esta unidad miliciana está constituido por campesinos de La Granja, Navafría y Navacerrada y obreros de las serrerías que forman el llamado «grupo Valsaín». Este batallón, que atrae aproximadamente al 25 por 100 de los castellano-leoneses alistados en el Quinto Regimiento (ver cuadro 3), opera en Guadarrama, Navacerrada, Valsaín y La Granja; y, a partir de septiembre, en los frentes del Tajo y Talavera. Posteriormente pasará a formar parte de la 18 Brigada Mixta del Ejército Republicano.

Los milicianos abulenses constituirán el núcleo fundacional del batallón Amanecer, uno de cuyos jefes es el escritor Ramón J. Sénder. Esta unidad opera desde el comienzo en los frentes del Tajo.

Numerosos evadidos de los pueblos de Avila se integran en las primeras unidades de choque organizadas, las «Compañías de Acero», especialmente las mandadas por Márquez, Arellano y Líster. Estas unidades combaten en julio y agosto en los frentes de la Sierra, principalmente en Guadarrama y posteriormente participan en el infructuoso intento por impedir el avance de las tropas de Franco hacia Madrid desde el Tajo.

A partir de la «1.a de Acero» y de la compañía «Juanita Rico», integrada por milicjanos de Yecla, se forma en agosto el batallón Victoria. En esta unidad se integra un grupo de abulenses de Candeleda y su área. Combatirán en Guadarrama y Peguerinos y, a partir de septiembre, en el frente de Talavera. A fines de octubre pasa a formar parte de la 1.a Brigada Mixta mandada por Líster.

A estas unidades de choque, así como al Grupo de Fortificaciones del Guadarrama —zapadores— se incorporarán el grueso de los milicianos

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castellano-leoneses hasta alcanzar un contingente superior a los 400 hombres hasta diciembre de 1936, cifra de escasa entidad en el total numérico del Quinto Regimiento, pero de relativa importancia en el caso de alguna unidad concreta como es el caso del batallón ThaeJman.

Uno de los últimos batallones organizados por el Quinto Regimiento fue el «Frente de la Juventud», formado ya en noviembre, en el que localizamos un escaso contingente de milicianos procedentes de Avila.

En cuanto al análisis de los datos correspondientes a la extracción socio-profesional del voluntariado castellano-leonés en el Quinto Regimiento, el predominio absoluto del campesinado y jornaleros está en clara relación con una recluta basada en evadidos del campo faccioso fundamentalmente (ver cuadro 4).

Igualmente, los datos referidos a la afiliación sindical vienen a corroborar el carácter militante de los contingentes milicianos (ver cuadro 5).

IX. MILICIAS POLÍTICAS Y SINDICALES. «CAMPESINOS DEL TlÉTAR»

Las milicias políticas y sindicales, en tanto formación de voluntarios bajo los auspicios concretos de un partido o sindicato, no fueron, ciertamente, la

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modalidad elegida por las milicias castellano-leonesas, aunque en algunas serían aglutinante de importancia los componentes políticos específicos de índole diversa. El germen de organización y composición más relevante fue el denominador común que imponía la geografía.

Sin embargo, en el caso de «Campesinos del Tiétar» hallamos un grupo al que podría aplicarse tal calificación. Las milicias de determinadas localidades abulenses agrupadas en este batallón presentan, por otro lado, ciertas peculiaridades, al coexistir en su origen y frentes de actuación características propias de las milicias locales junto con elementos de adscripción a determinada opción política.

En efecto, en un sistema de reclutamiento y organización que pudiera denominarse mixto, la iniciativa parte de Madrid, como lo fuera en el caso de las Casas Regionales^ bajo la dirección del sargento Guillermo Plaza, más tarde comandante del batallón39. Sin embargo, el reclutamiento se realiza entre diversos pueblos del valle del Tiétar, alguno de ellos con milicia local: Santa Cruz, San Esteban, Cuevas del Valle, Mombeltrán y Poyales del Hoyo.

Según el periódico comunista Mundo Obrero, actúan en forma de guerrillas en el frente de Avila, en Piedrahíta y Puerto del Pico. La escasa preparación de estos efectivos parece ser la explicación del enorme número de bajas habidas en enfrentamientos por otra parte de escasa importancia militar.

La pérdida para la República de las tierras de Avila, donde operaban la mayoría de estos milicianos, les lleva a incorporarse, como el resto de las unidades milicianas de la zona, a la defensa de Madrid. Concretamente, son destinados al sector de Pozuelo, formando parte de la Columna Barceló. Los efectivos allí destinados eran 180 hombres; el total del batallón «Campesinos del Tiétar» ascendía a algo más de 400 hombres40.

Otros datos de primeros días de diciembre que recoge la Comandancia General de Milicias dan la cifra de 551 hombres en esa fecha. El batallón, tras los combates del otoño de 1936 en Madrid quedaría en trance de una reorganización que supuso su desaparición formal, al ver reducidos sus efectivos a 120 hombres41.

X. EL BATALLÓN «COMUNEROS DE CASTILLA»

Este batallón constituye, sin duda alguna, la unidad de milicias castellano-leonesas que, tanto en su origen y composición inicial como en el mantenimiento a lo largo de toda la guerra de clara conciencia de identidad regional, presenta unas características más nítidas y definidas como representativa del comportamiento del voluntariado castellano-leonés que pudo ofrecer resistencia a la sublevación y participar activamente en la contienda.

39. Manilo Obrero, 20-XII-36.

40. SHM-AGL, 97, 953, 9.

41. Mundo Obrero. 20-XH-36.

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Tanto por la entidad numérica, como por la popularidad del batallón en el Ejército republicano, supone un referente obligado y digno de estudio en el tema que tratamos. Por otra parte, y a pesar de que aquí sólo esbozaremos algunos detalles especialmente relevantes de su historial, afortunadamente la documentación existente permite intentar la realización de estudios en profundidad sobre cualesquiera aspectos relativos a los milicianos castellano-leoneses a partir de esta unidad42.

A lo largo de la guerra formaron parte de «Comuneros» un número de hombres superior a los 2.200, manteniendo siempre los de origen castellano-leonés un porcentaje en su composición cercano al 70 por 100. Pero quizas sea más significativo el considerar que en el período de los primeros meses de la guerra —en que se configura como unidad típicamente miliciana— pasaron por la misma 1.503 hombres, dos tercios de los cuales eran originarios y residentes habituales en provincias castellano-leonesas, siendo de destacar también el alto porcentaje de madrileños de probable origen castellano-leonés (ver cuadro 5)43.

El origen de «Comuneros de Castilla» se sitúa en los primeros días de la guerra, cuando a iniciativa de los directivos del Centro Abulense, situado en la c/ Fomento, 11, de Madrid, se difunde la convocatoria a formar parte de una «columna castellana» para «combatir contra los rebeldes de las provincias de Avila, Salamanca, Valladolid y Segovia». El Centro Abulense edita unos pasquines que se distribuyen con profusión en las calles madrileñas, al tiempo que por radio y otros medios alcanza gran eco el llamamiento. Se hace hincapié en la liberación de Avila y Salamanca en esta publicidad.

De manera que en los primeros días de agosto —el alistamiento comienza el día 10— han firmado un compromiso de combate un número de hombres y mujeres superior a 200.

Dos son los contingentes iniciales que conforman este colectivo: por un lado un gran número de evacuados del valle del Tiétar y la Sierra de Credos; por otra parte, numerosos madrileños originarios de las provincias castellanas —socios del centro en especial— acuden a inscribirse. Grupos de transeúntes de estas provincias, como es el caso de los atletas salmantinos desplazados a participar en la Olimpiada Popular de Barcelona, también formarán en el batallón.

El día 23 de agosto la Inspección de Milicias autoriza la formación del batallón en los términos usuales, estableciendo un habilitado y designando sus primeros mandos. Las labores de recluta y organización estarán en manos del Comité de Milicias del Centro Abulense, formado por los componentes de la anterior Junta Directiva. Aval político de estas primeras gestiones es el

42. En efecto, la documentación que hace alusión a «Comuneros» en el Archivo de S. Ambrosio es excepcionalmente rica, a base de expedientes personales de los miembros del batallón, fichas de reclutamiento, prensa de la unidad, etc.

Hemos trabajado sobre los legajos 687, 717, 718, 723, 724, 725, 727-733, 884 y 914 de la Sección Militar.

43. Para la confección de los cuadros estadísticos relativos a «Comuneros» solamente hemos considerado los alistados en la unidad con anterioridad a Enero de 1937.

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diputado Casanueva, quien mantenía amistad con el diputado socialista por Avila García Muro, fusilado por los rebeldes. El Centro abulense proporcionó también en un primer momento el equipamiento básico, incluido armamento, imprenta, taller de confección, etc. El apoyo del Centro llegará hasta constituir incluso una banda de música que, hasta su disolución el 30 de noviembre, dará un aspecto a la unidad de especialmente bien equipada. Contará también con un Boletín interno que, con el tiempo, llegará a ser portavoz de la Brigada Mixta en que se integre el batallón.

 

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Durante el mes de septiembre la unidad se organiza y acrecienta el reclutamiento hasta alcanzar un contingente de 692 hombres. Los mandos militares son Salvador Blázquez y A. Montequi, como comandantes, siendo el responsable político ante la Comandancia de Milicias Emiliano García. Los dos primeros comandantes dirigieron las operaciones en que intervino la unidad, a comienzos de octubre, que consistieron en una serie de acciones de reforzamiento del frente de Toledo-Talavera.

Las acciones primeras, sobre los pueblos de Griñón, Illescas y Sta. Cruz de Retamar, se saldaron con un fracaso total y el resultado sería una sucesión de retiradas ante el avance de las temidas tropas marroquíes. Tras conatos de resistencia en Fuenlabrada, los restos de la unidad, que queda muy disminuida, se unirán en Carabanchel al esfuerzo defensivo de la capital.

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Esta primera fase de actuaciones del batallón reveló, aparte de aspectos palmarios de ineficacia militar e inadecuación para acciones militares de cierta envergadura, la necesidad de dotar a la unidad de medios adecuados. Se producirán hechos demostrativos de esta nueva orientación: el reforzamiento de efectivos se hará en gran parte asimilando milicianos abulenses de unidades menores y nueva recluta; asimismo se da una cierta depuración al abandonar el batallón cerca de cien hombres a resultas del Decreto de Militarización de 30 de septiembre; supresión de algunos servicios propios como el taller de costura o la banda de música; promoción a puestos de mando —tras protestas habidas por el procedimiento seguido con anterioridad— de personas con experiencia militar o superior formación; creación de una compañía de ametralladoras..., medidas todas ellas en consonancia con el giro de la contienda y los nuevos dispositivos militares, cuyo paradigma lo constituían en estos días unidades deí 5.e Regimiento...

En 1a Defensa de Madrid el batallón «Comuneros» es destinado al frente de la Ciudad Universitaria, junto al Hospital Clínico. Tomará el mando de la unidad, tras la muerte en acción de guerra de los dos primeros comandantes, un veterano militar Julián del Castillo, laureado y con experiencias en Cuba y Filipinas, combatiente voluntario desde julio en el Frente de Extremadura.

Con posterioridad a la batalla de Madrid, el batallón permanecerá durante toda la guerra en las mismas posiciones prácticamente. Integrará, con

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la denominación de «60 batallón», junto a los batallones «l.Q de Mayo», «Artes Blancas» y «Córdoba» la 40 Brigada Mixta, dentro de la 7.a División al mando del teniente coronel Ortega. Otra unidad con la que mantendrá relaciones permanentes será el batallón 58 «Milicias Vascas», al que reforzará en ocasiones con efectivos sobrantes.

Acciones de importancia llevará a cabo a primeros del año 1937 en la zona del Parque del Oeste, pero fundamentalmente su papel será de guarnición de la Ciudad Universitaria dentro de la 7." División. Al anciano Castillo sucederá como comandante Ángel Rillo Ruiz, quien será sustituido ya en 1938 por Gregorio Morollón de Cos. Estos últimos son de los alistados en los primeros días y realizan su promoción militar dentro de la unidad.

XI. LAS MILICIAS LEONESAS. EL BATALLÓN «ISKRA»

El Norte de la provincia de León constituye, como es sabido, la segunda zona del territorio castellano-leonés en que se produce en nuestra guerra civil una resistencia popular continuada organizada militarmente.

Triunfante la rebelión con sorpredente rapidez en los núcleos y zonas de esta provincia de los que podrían haberse esperado mayores esfuerzos de resistencia organizada —Bierzo, cuencas mineras del NO, la propia capital— se configura en una franja septentrional de características orográficas especialmente difíciles una línea de frente que va a durar hasta septiembre de 1937, días antes del derrumbamiento definitivo del frente Norte, como bastión republicano. El apoyo asturiano tiene influencia decisiva en el mantenimiento de dicha zona en manos gubernamentales. La línea de frente se apoya de Oeste a Este en una serie de localidades y puntos estratégicos que parten del Puerto de Valdeprado y siguen por Palacios del Sil, La Robla, Matallana, Boñar, hasta Riaño y el Puerto de San Glorio.

Con ligeras variaciones, consistentes en la pérdida antes de finalizar 1936 de algunas áreas del Oeste, el frente se mantiene ocupando una zona cuyas características en lo que a la población se refiere son ciertamente llamativas. Se trata de una población muy dispersa en pequeñas aldeas que serán objeto de evacuación en muchos casos en los primeros días de la guerra; el comportamiento electoral, sobre todo en las áreas situadas al Este, ha sido marcadamente derechista por parte de las escasas gentes que allí habitan. De manera que, en este caso, la zona en realidad se configura como área de refugio, organización y atrincheramiento de combatientes procedentes en su gran mayoría de otros puntos de la provincia.

Este hecho ha de ponerse en relación con el conjunto de carcterísticas que definen la resistencia en el territorio: Por un lado, estratégicamente considerada, es en realidad zona de retaguardia con respecto al despliegue bélico que tiene lugar en Asturias con el objetivo inalcanzado de la ocupación de Oviedo, donde figurarán las unidades y pertrechos de mayor importancia militar. De otra parte, las unidades milicianas que aquí se despliegan responden a la voluntad política de mantener, aunque sea sólo casi

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nominalmente, un conjunto operativo militar de carácter leonés que, en su momento, pudiera alentar una hipotética reconquista de la provincia. Asimismo, las unidades que se constituyan sobre la base de milicianos leoneses tendrán una fuerte caracterización política, al estar compuestas por evadidos de zonas ocupadas y ser dirigida su organización y reclutamiento por las organizaciones políticas y sindicales de la provincia, cuyos miembros constituirán el día 26 de agosto un Comité Provincial de Milicias Antifascistas Leonesas en la localidad de Pola de Cordón44.

Este Comité intentará una primera coordinación de los diversos grupos leoneses que, precisamente en estos días, dan los primeros pasos para su constitución como unidades milicianas tipo batallón, una vez establecidos los baluartes de resistencia bajo la dirección de unidades asturianas al mando de Emilio Moran. Paulatinamente irán surgiendo batallones compuestos y mandados por voluntarios leoneses en conexión, mediante una estructura de delegados provinciales, con dicho Comité y gestándose también la formación de comités locales en algunos pueblos.

Son las acciones militares a cargo de la «columna Moran» en los últimos días de agosto, con la pérdida y posterior recuperación del importante enclave de Valdeteja, ocasión de encuadramiento y puesta a punto de una serie de unidades milicianas leonesas. Dicha formación es, como decimos, relativamente tardía. Los batallones llevarán la denominación «Asturias n.º...» y, a continuación, el nombre o apelativo de su comandante.

Fueron varios los formados en su gran mayoría por milicianos leoneses. En la relación de 72 batallones «Asturias» que prácticamente permanece sin variaciones hasta el verano de 1937 podemos identificar, a partir casi exclusivamente de testimonios personales45, aquellos que se formarían con combatientes leoneses.

Las unidades a que hacemos referencia son, al menos, las siguientes:

«Asturias n.° 6» (Bon. Tejerina): Se trata de una unidad formada casi exclusivamente por milicianos de la CNT; fue organizado a finales de agosto y actuaría en la zona de Puente Pinos.

«Asturias n.° 12» (Mario Cuesta): Batallón formado por militantes de la UGT leonesa, con un porcentaje significativo de asturianos, especialmente los mandos.

«Asturias n.Q 32» (Feo. Campos putor): Este batallón, al igual que los que siguen, están muy vinculados a las directrices políticas de las JSU, que, por otro lado, controlan prácticamente el Comité de M.A.L.

«Asturias n.e 42» (S. Quíntela): Actúa en frente de Somiedo y posteriormente en Vascones-Trubia. JSU.

44. Da cuenta de ello el Boletín de Guerra del Frente Popular de León, de 29-VIH-36. AHN-Sec. G.C., B 51/3.

45. Muchas referencias y datos que aquí aparecen proceden de entrevistas con milicianos supervivientes. Especial interés ha tenido la mantenida con Eulogio Fernández, teniente en el Bon. «Asturias n.° 12* (Mario Cuesta).

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«Asturias n.fi 49» (Amaro Moro): Su comandante es en realidad capitán ayudante de Emilio Moran, quien ostenta nominalmente el mando.

«Asturias n.a 41» (Silvino Moran): Parece ser la unidad con mayor presencia de militantes comunistas.

«Asturias n.c 50» (Bon. «ISKRA»): Como veremos, se trata de una unidad de especial protagonismo en el conjunto de las milicias.

Finalmente, hay que señalar que a principios de juno de 1937 tiene lugar, según noticias de «Iskra» (órgano de las JSU), la formación de «un nuevo batallón en nuestra provincia», el 273, cuyo comandante será Julio Arias.

Además, conviene aludir a diversas referencias sobre «milicias de retaguardia», que entendemos se trata de contingentes menores de milicia local encargados de vigilancia y control.

En conjunto, el número de combatientes leoneses en estas milicias, si bien nos parece exagerada la cifra de 10.000 que aporta S. Serrano46, debió ser numéricamente importante. Tomando como referencia el batallón «Iskra», del que conocemos datos sobre alistamiento y composición, no cabe atribuir a cada batallón más allá de 900 componentes en todo el período de su existencia. Se trataba de unidades con muy pocas variaciones en sus efectivos, escaso número de bajas debido a la poca actividad bélica en la zona y relativa estabilidad operacional.

En cuanto a la actividad bélica, el frente de León no conoce hasta el verano de 1937, sino acciones de hostigamiento y rectificación de líneas, tras las últimas acciones de agosto que definieron lo que iba a ser la línea de frente. Algunas acciones como las llevadas a cabo en enero de 1937 sobre la línea de ferrocarril La Robla-Matallana, o los bombardeos sobre Vülamamín y Pola de Cordón en febrero, no modificaron en absoluto las líneas.

Quizás tenga mayor interés él proceso político que se desarrolla en las zonas controladas por estas unidades, de lo que se hace eco la prensa de campaña47.

Por una parte, se constata en casi todas las localidades controladas por estas unidades la formación de «Comités de Unidad Marxista» a base de militantes socialistas y comunistas, que emiten comunicados, organizan reuniones plenarias (como la celebrada en Sta. Lucía de 5-II-37) y propagan mediante mítines y actos públicos, desfiles incluidos, el ejemplo de las JSU. La propia Federación Socialista Leonesa (en comunicado de su Secretariado de Milicias) invita a formar «comités de relaciones marxistas» en todos los batallones y compañías de cara a la próxima fusión en el Partido Único del Proletariado.

Este debate unitario llega también a incidir en los militantes libertarios. En abril existen propuestas formales de configuración de un Comité de Enlace con las JJ.LL.

46. SERRANO, S.: La guerrilla antifranquista en León. Valladolid, 1986, p. 77.

47. Resulta de obligada consulta a estos efectos el semanario Iskra, órgano de las JSU. AHN-Sec. G.C. Rev. 17/14. La prensa asturiana da muy pocas referencias sobre las milicias situadas en la zona.

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Elemento destacado en esta labor es Carlos Mauriz, del Secretariado de Milicias del Partido Socialista, quien, junto a Julio Fernández, comandante del batallón Iskra, realiza una labor ideológica de importancia. Mauriz es, a su vez, capitán de la segunda compañía de este batallón.

En este proceso, como en las acciones bélicas, tiene un protagonismo especial este batallón «Iskra». Constituye la unidad de mayor relieve entre las citadas. Parece que debió tener cierto papel simbólico avalado por los siguientes datos: fue el primer batallón en quedar configurado como unidad al completar un alistamiento cercano a los 600 hombres ya a primeros de septiembre. Por otro lado, este carácter pionero le hizo merecedor de portar la misma denominación que el periódico de ías JSU leonesas. Asimismo, en esta publicación y otros medios, los llamamientos al alistamiento se hacen con referencia a este batallón. Consta igualmente que el Comité de Milicias A. L. destinó en algunas ocasiones efectivos sobrantes de esta unidad a otras de carácter similar, con lo que el «Iskra» aparece de alguna manera como el batallón «modelo» del conjunto de unidades de inspiración ugetista.

Los datos que hemos podido obtener48 acerca de esta unidad nos permiten realizar una aproximación a su historial y composición.

Iskra se constituye a partir de mediados de agosto, como resultado de los primeros trabajos de reclutamiento dirigido por el Comité de Milicias A. L. Los trabajos de alistamiento se inician en Villamanín, asumiendo en el mes de septiembre tareas de inscripción los comités locales de Cármenes, Busdongo, Sta. Lucía y Valdeteja. En estos meses se configura el grueso de la unidad en número superior a 500 hombres procedentes prácticamente todos ellos de las zonas mineras de León y del propio entorno (ver cuadro 9). El reclutamiento, que seguirá en meses posteriores —hay hojas de inscripción en mayo—, al implicar contingentes movilizados obligatoriamente con soldados de reemplazo, hace variar la composición con el aporte de un número importante de soldados asturianos de la zona de Cangas de Onís y LLanes en su mayoría. No parece, sin embargo, que este dato altere el mantenimiento del carácter leonés de la unidad.

Los cuadros estadísticos anejos ilustran algunas otras características llamativas. El alto porcentaje de militancia sindical y política parece validar lo que afirmábamos sobre la caracterización política de las unidades. Este hecho, unido a la presencia decisiva del componente profesional minero, nos permitiría caracterizar al batallón como ugetista, con fuerte presencia de militancia socialista y comunista, batallón minero-campesino.

En cuanto a los mandos del batallón no es de extrañar que se hallen entre ellos algunos de los dirigentes más reconocidos de las Juventudes Socialistas Unificadas de la provincia. Fue su primer comandante Julio Fernández quien desde Villamanín realiza tos trabajos ya reseñados de captación de nuevos milicianos y las escasas operaciones militares en que intervendrá la unidad. Otros oficiales fueron Belarmino Iglesias, Carlos Mauriz y Alipio Pérez.

48. Relación de fichas de alistamiento en AHN-Sec. G.C. Polít-Social. Gijóo. K-118.

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Julio Fernández será sustituido en el mes de junio, ya realizada la reorganización militar y adoptada una nueva numeración (Bon. 250) por Daniel Secades, quien había comandado desde el principio de la guerra el «Asturias n.o 21».

Como decíamos, no revisten especial interés las actividades bélicas, fuera de un permanente trabajo de guarnición y respuesta a ataques de escasa envergadura. El batallón, no obstante, en enero de 1937 protagoniza la ocupación del importante enclave de Caldas de Nocedo, en cuyo entorno —Caldas de Luna, Cubillas, etc.— se distribuirán sus compañías, permaneciendo en la misma situación hasta la caída del frente.

Esta tuvo lugar en el mes de septiembre, cuando en el proceso de derrumbamiento del frente Norte que culmina en octubre el general Aranda conquista el día 11/9 Villamámín y el día 19 Pola de Gordón, enclaves estratégicos en el eje defensivo.

Dos notas caracterizan el momento de la derrota para esta unidad. Por un lado, protagonizó los intentos de resistencia más duraderos —Cármenes no caerá hasta el día 20 de octubre—; de otra parte, y en este aspecto se trata de un rasgo común a las unidades de la montaña leonesa, se trató más que de una rendición en regla del inicio de un proceso de dispersión por la geografía astur-leonesa que dará pie a formas de lucha guerrillera en los años posteriores.

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Fuente:

Historia y memoria de la Guerra Civil
Encuentro en Castilla y León, Salamanca, 24-27 de septiembre de 1986 ;
Julio Arostegui, coordinador
Editor: [Valladolid] : Consejería de Cultura y Bienestar Social, 1988


 

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