
En proceso de
elaboración
Paqui
Extremera Ruiz
¡Bienaventurados los pobres de espíritu!
Resumen
RESUMEN
Miguel de Unamuno no numeró los capítulos, sólo indicó separaciones entre cada
uno de las secciones. En la elaboración de esta guía de lectura hemos
interpretado estos apartados como capítulos, respetando las separaciones que
hiciera el autor.
La novela aparece encabezada con una cita de San Pablo.
Capítulo 1
Ángela Carballino inicia el relato a modo de confesión. Quiere contar las
experiencias vividas con su padre espiritual, don Manuel. El obispo de Renada
está promoviendo la beatificación del cura.
Recuerda a don Manuel desde la infancia, ella tenía 10 años y él 37. Era un
hombre muy querido, cercano y afable.
Lázaro, hermano de Ángela, vive en América y sugiere a su madre que mande a
Ángela a estudiar a un colegio de religiosas en Renada; a don Manuel no le hace
gracia la idea, pero ya que no había allí ninguno laico aprueba la decisión para
que no se eduque en la zafiedad de la aldea.
Ángela marcha al colegio con la idea de hacerse maestra, pero recuerda que se le
atragantó la pedagogía.
Capítulo 2
Hasta el colegio llegan noticias de don Manuel, su fama ha trascendido a Renada.
Después de 5 años como interna, Ángela tenía 15, vuelve a Valverde deseosa de
encontrarse con el padre y de convertirse en su hija espiritual.
Ángela nos habla de la vida de don Manuel:
En los inicios de su carrera eclesiástica destacó en el seminario por su
inteligencia, pero rechazó una carrera brillante para convertirse en un simple
párroco de pueblo.
Su vida era activa; procuraba estar siempre ocupado para no pensar; solía decir:
le temo a la soledad. Así que predicaba con los actos más que con las palabras:
mediaba en las disputas matrimoniales, entre padres e hijos... Entre otras
ocupaciones -aparte de ayudar en lo que podía a los feligreses- solía escribir
notas, ayudaba en las labores del campo (mientras aleccionaba a los labradores),
partía leña para los pobres, acompañaba al médico en sus visitas, colaboraba en
la crianza de niños; también ayudaba al maestro en la escuela e incluso, alguna
que otra vez, tocaba el tamboril en los bailes del pueblo. Ante todo quería que
la gente estuviera contenta, que estén todos contentos –decía- nadie debe querer
morirse hasta que Dios quiera.
El efecto de su voz y su presencia eran casi milagrosos, algunos que se creían
poseídos, sugestionados por sus palabras, conseguían curarse. Recuerda Ángela:
su maravilla era la voz, una voz divina, que hacía llorar.
Entre sus principales preocupaciones estaba el aseo, solía regalar camisas
nuevas a los feligreses. No tenía por costumbre criticar a los ateos, pero con
frecuencia censuraba en sus sermones la mala lengua.
Por todos sentía afecto, especialmente por los más débiles, de ahí la atracción
que sentía por Blasillo, un pobre bobo del pueblo.
En el sermón del Viernes Santo, reproducía las palabras de Jesús en la cruz:
¡Dios mío, Dios mío! ¿Por qué me has abandonado?; pronunciadas con tanto
sentimiento que todos los fieles lloraban.
La gente se confesaba con él sin ir a la iglesia; sus métodos no parecían
convencionales, pero resultaban efectivos.
Aunque odiaba la soledad, solía retirarse a la orilla del lago, junto a las
ruinas de una antigua abadía cisterciense*. Ángela le preguntó un día por qué no
había optado por la vida del claustro y él le comentó que tenía que mantener a
una hermana viuda y a sus sobrinos; y que además, no podría soportar la soledad
de la vida del ermitaño: la soledad me mataría el alma... yo no podría soportar
las tentaciones del desierto. Yo no podría llevar solo la cruz del nacimiento.
Un día llegó al pueblo una familia de titiriteros; el hombre era payaso y su
mujer, embarazada y gravemente enferma, tuvo que retirarse en mitad de la
función ante la triste mirada de su marido que hubo de continuar el espectáculo.
Don Manuel la ayudó a morir en una cuadra.
Pero el tono con el que don Manuel pronunciaba los sermones y oraciones en la
iglesia deja traslucir -a ojos de Ángela, la narradora- inquietudes y miedos en
el cura.
Capítulo 3
Ángela tiene 16 años, ha terminado sus estudios y vuelve definitivamente a
Valverde.
Se confiesa por primera vez con don Manuel, está nerviosa; piensa que su fe es
frágil e inconsistente frente a la fortaleza de ánimo que él le inspira. Don
Manuel lo nota y consigue tranquilizarla; pero en el transcurso de la confesión,
al recordar el fervor con que don Manuel pronunció el ¡Dios mío, Dios mío! ¿Por
qué me has abandonado?, Ángela sintió como una callada confesión de la tragedia
íntima del cura, hasta el punto de que volviendo a su casa sintió que el respeto
que le infundía don Manuel se había convertido en una lástima profunda.
En su segunda confesión es Ángela la que intenta consolar a don Manuel
exponiéndole la duda que sobre él tenía, pero el párroco evade la respuesta
diciéndole que es un simple cura, no un doctor en materia eclesiástica; y ante
la insistencia de ella, replica que ese tipo de preguntas sólo pueden venir
inspiradas por el Demonio. Ángela vuelve a su casa y llora, atisba algo
doloroso: esa alusión al Demonio parecía un recurso pueril para acallar sus
preguntas; cree que don Manuel no cree en el Demonio, ¿creerá entonces en Dios?
Un día Ángela mantiene una conversación con su madre en la que le expresa su
deseo de no casarse, aunque tampoco tiene intención de ser monja: harto tengo
que hacer aquí, en el pueblo, que es mi convento. La obra de don Manuel parece
que tendrá una continuadora.
Ángela sigue hablando con don Manuel, indagando en su alma con preguntas sobre
la existencia del Demonio y del Infierno, pero éste sigue esquivando las
respuestas sinceras, y contundentemente le recuerda que hay que creer en todo lo
que enseña a creer la Santa Madre Iglesia Católica, Apostólica, Romana. ¡Y
basta!
Pasan los años. Ángela sigue tratando a don Manuel, poco a poco va conociéndolo;
se convierte en su diaconisa, como él solía llamarla; lo ayuda con los enfermos,
en la iglesia y en la escuela.
Se marcha unos días a la ciudad invitada por una antigua compañera del colegio,
pero regresa a Valverde antes de lo previsto, necesita el pueblo, y sobre todo
necesita ayudar y proteger a don Manuel en su “desvalimiento”: empezaba a sentir
una especie de afecto maternal hacia mi padre espiritual; quería aliviarle del
peso de su cruz de nacimiento.
Capítulo 4
Han pasado 8 años. Ángela tiene 24 y su hermano Lázaro vuelve de América. Tiene
intención de llevarse su madre y su hermana a vivir a la ciudad, posiblemente a
Madrid, pero la madre se niega.
Lázaro llega a Valverde con ideas anticlericales y progresistas. Cuando percibe
la influencia que ejerce don Manuel sobre el pueblo y el cariño y obediencia que
le profesa éste, se indigna e interpreta esta relación como un resabio feudal de
una España aún dominada por el poder de la religión: le pareció un ejemplo de la
oscura teocracia en que él suponía hundida a España.
En el pueblo se fue creando una especie de duelo entre don Manuel y Lázaro,
entre la santidad de uno y la incredulidad del otro. Pero Lázaro empieza a
sentir curiosidad por la figura del padre y asiste a una misa. A partir de ahí
cambia de opinión: Sí, esto es otra cosa, no es como los otros.
Ángela le comenta a don Manuel que su hermano Lázaro le recomienda que lea más.
Don Manuel le da la razón, pero le aconseja lecturas serenas y relajadas que no
la perturben: lee aunque sean novelas.
Muere la madre de Ángela, ansiando la conversión de su hijo; y en su lecho de
muerte Lázaro, instado por don Manuel, le promete rezar por su alma.
Lázaro y don Manuel empiezan a verse con asiduidad; conversan y pasean por la
orilla del lago. Lázaro se decide a comulgar.
La comunión de Lázaro se convierte en un acto emotivo para todos los presentes
en la iglesia. Ángela se siente feliz, pero su hermano no quiere engañarla y le
confiesa la verdad: ni él ni don Manuel creen en la vida eterna, ni en Dios; su
comunión no es más que un acto con el que emula la obra de don Manuel, que
fingiese creer en lo que no creía, su único fin es contagiar al pueblo de una
felicidad sencilla y sana y evitar que se cuestionen los misterios divinos.
Ángela se escandaliza, ¡pero esa comunión tuya ha sido un sacrilegio! Se ha
producido una pequeña fisura en la relación fraternal. Ambos se marchan a sus
respectivos cuartos, Ángela a llorar, Lázaro no sé bien a qué- recuerda su
hermana.
Capítulo 5
Al saber Ángela la verdad que ya sospechaba de don Manuel, siente cierto temor
de estar a solas con él -¿quién era el juez y quién el reo?- piensa.
En confesión, acuciado por las insistentes preguntas de Ángela por conocer toda
la verdad de sus labios, don Manuel deja entrever sollozando su incredulidad
religiosa. Anima a Ángela a que se case; ella rechaza la idea. La confesión
termina con algo inusual, don Manuel, en un intercambio de papeles, pide la
absolución a Ángela; ésta, amparada en la fortaleza que le da la posesión de la
fe, absuelve al párroco; un instinto maternal, un sentimiento de protección la
validan para convertirse en “juez”.
Capítulo 6
Los hermanos continúan ayudando a don Manuel en su obra. La relación entre
Lázaro y el sacerdote es cada vez más estrecha. Don Manuel le cuenta
experiencias personales, le confiesa sus inclinaciones suicidas -mi mayor
tentación- tendencia heredada de su padre del que cuenta que mantuvo esa lucha
personal hasta que le llegó la hora de la muerte con 90 años. Don Manuel
reflexiona sobre el suicidio: la aparente quietud...el tedio de vivir provoca el
deseo de no vivir.
Conversan acerca del espíritu supersticioso de las gentes del campo; Lázaro
considera estas creencias contradictorias con la fe; don Manuel, en cambio,
acepta la utilidad de la superstición: más vale que lo crean todo, aun cosas
contradictorias entre sí, a que no crean nada.
Una brisa mueve las aguas del lago, esa brisa también parece llegar al alma de
don Manuel, y turba su aparente tranquilidad. Llora.
Capítulo 7
Pasa el tiempo. Las fuerzas de don Manuel empiezan a flaquear, está más triste y
menos activo. Para animarlo, Lázaro le propone crear un sindicato católico
agrario, pero don Manuel le deja claro que no se deben mezclar los problemas
religiosos con los económicos o políticos, porque la cuestión social no es un
tema de la iglesia. Argumenta que la igualdad social devendría en más tedio, y
éste en más sufrimiento; recuerda a Lázaro la famosa frase de Carlos Marx con la
que condenaba la influencia que ejerce la religión en la sociedad: La religión
es el opio del pueblo; pero, a diferencia del ideólogo alemán, el cura
“prescribe el opio” como remedio beneficioso para olvidar la tragedia de vivir.
Don Manuel está cada vez más cansado, muy sensible, se le asomaban las lágrimas
con cualquier motivo, hasta su voz parecía haber perdido la dulzura y
contundencia características.
En Semana Santa don Manuel reparte la última comunión general de su vida. Al
entregar la hostia, presintiendo ya su final, dirige a los hermanos diferentes
mensajes; al incrédulo Lázaro le dice: no hay más vida eterna que ésta; a Ángela
le ruega: reza, hija mía, reza por nosotros; incluso se atreve con otra
petición...y reza también por Nuestro Señor Jesucristo, al que considera otro
mártir. Después de oír aquello Ángela vuelve a su casa confusa y aturdida. Reza,
y al llegar al ruega por nosotros pecadores le asalta una duda: ¿Nosotros
pecadores?, ¿Y cuál es nuestro pecado? Al día siguiente le pregunta a don Manuel
cuál es nuestro pecado; él le responde, citando La vida es sueño de Calderón de
la Barca, que nuestro pecado es haber nacido y que ese pecado se cura con la
muerte.
Capítulo 8
Don Manuel enferma de perlesía, una especie de parálisis muscular. Está viejo y
se acerca el final. Llama a Ángela y a Lázaro a su casa y, entre ahogos, les
encomienda una misión; a Lázaro que continúe con la labor que él empezó; a
Ángela que rece por todos; y a ambos: cuidad de estas pobres ovejas, que se
consuelen de vivir, que crean lo que yo no he podido creer. Les expresa su
enorme deseo de descansar con la muerte y que lo entierren en un ataúd
construido con seis tablas que talló del tronco de un nogal a cuya sombra se
sentaba cuando era niño.
Manda que lo lleven a la iglesia para despedirse de sus feligreses. Ante el
altar, con Blasillo sentado a su lado, don Manuel recomienda al pueblo vivir en
paz, y le pide perdón por el daño que pueda haberle hecho. Oran todos mientras
don Manuel oye en silencio y Blasillo se duerme. Al llegar al final del Credo
ambos han muerto.
La gente se va a casa de don Manuel; para ellos ya es santo y quieren conservar
sus efectos personales como reliquias. Lázaro se lleva su breviario.
Capítulo 9
Todo el pueblo siente la ausencia de don Manuel; su tumba se ha convertido en un
lugar de culto.
Lázaro comienza a anotar las palabras que escuchó del santo en las
conversaciones que mantuvieron ambos. Son estas notas las que le han servido a
Ángela para escribir esta “memoria”. Explica a su hermana cómo don Manuel le
hizo alcanzar la fe, si bien define este concepto como fe en el consuelo de la
vida, fe en el contento de la vida.
También comenta haber superado su progresismo; ahora rechaza tanto a creyentes
como a ateos puesto que ninguno de ellos consigue, con sus ideas y postulados,
la felicidad del pueblo.
Otro sacerdote viene a sustituir a don Manuel, abrumado por el recuerdo del
santo.
Ángela teme por la salud de su hermano; Lázaro visita a diario la tumba de su
amigo y da paseos solitarios por la orilla del lago. Los hermanos siguen
teniendo presentes las palabras de don Manuel sobre la verdad amarga.
Lázaro muere tranquilo, como había deseado don Manuel, de una enfermedad que iba
minando su robusta naturaleza; sólo siente que con él se muere otro pedazo del
alma de don Manuel.
Capítulo 10
Reflexión final de Ángela. Tiene más de 50 años, aunque dice que no se sentía
envejecer, gracias al optimismo y fortaleza que le infundió el santo para
aprender a disfrutar de la vida sencilla de la aldea.
Al rememorar el pasado se pregunta por qué don Manuel no intentó engañar a su
hermano con su piadoso fraude como a los demás. Concluye que esa mentira no
hubiera podido ser posible con Lázaro y que sólo con la verdad podía
convertirlo; ese santísimo juego también la ganó a ella.
Piensa en el grado de fe de cada uno de los protagonistas de esta historia y
supone que Lázaro y don Manuel creían más de lo que creían creer, sólo que Dios
les hizo creerse incrédulos. Respecto a ella, ¿cree ella? Su respuesta poética
aclara toda sospecha: está nevando...y esta nieve borra esquinas y borra
sombras, pues hasta de noche la nieve alumbra. Esa nieve es su fe, cuya luz
disipa todas las dudas.
En esta reflexión se suceden preguntas retóricas en las que Ángela cuestiona la
realidad comparándola con un sueño, todo es relativo: la fe, la existencia de
esos seres queridos que ahora rememora, lo que ocurrió...
Finaliza estas memorias recordando lo que dijo al principio, que el obispo de
Renada está promoviendo el proceso de beatificación de don Manuel; le ha pedido
información para escribir una obra sobre el santo; ella le ha facilitado datos,
pero ha callado el secreto trágico de don Manuel.
Epílogo
En el último capítulo, tras un breve inciso, encontramos un epílogo escrito por
Miguel de Unamuno, el cual advierte al lector de que él no es el autor de esta
novela aunque exista mucha similitud entre las cuestiones que se plantean en
ella y las de otras escritas por él (hace mención a Niebla). Dice que este texto
es un documento que llegó a sus manos y que se ha limitado a transcribirlo
textualmente realizando sólo algunas correcciones gramaticales.
Plantea la duda metafísica sobre la diferencia entre realidad y ficción, entre
el sueño y la vigilia, entre personas y personajes, entre el creador de la obra
literaria y el Creador del mundo: ¿Sé yo...si no he creado fuera de mí seres
reales y efectivos, de alma inmortal?
De la realidad de San Manuel Bueno, mártir no duda: creo en ella más que creo en
mi propia realidad.
Como Ángela, opina que el pueblo de haber sabido toda la verdad acerca de esta
historia no la hubiera creído, porque las palabras no sirven para apoyar las
obras, sino que las obras se bastan.
Expresa veladamente su admiración por el Evangelio al que clasifica de novela,
la novela es la más íntima historia, la más verdadera.
Finaliza interpretando el sentido de esta historia como un relato en el que no
pasa nada más que la realidad cotidiana; un pedazo de intrahistoria simbolizado
en el lago y la montaña de Valverde de Lucerna.
ESTRUCTURA
Estructura externa
La obra, muy breve, consta de 10 secciones o capítulos. En el último de ellos se
incluye un epílogo del autor.
Estructura interna
La organización de las ideas podemos realizarla atendiendo a distintos
criterios. Basándonos en el desarrollo de la trama nuestra propuesta establece
una estructura interna que consta de 4 partes.
•Presentación (capítulos 1-2)
Se presenta a los protagonistas, la acción principal y el lugar en el que se
desarrolla ésta: antecedentes familiares, formación académica de Ángela,
ocupaciones de don Manuel...Se habla de Lázaro aunque aún no está presente en
Valverde.
•Nudo (capítulos 3-4-5-6)
Los protagonistas toman contacto, se inicia la relación entre ellos y se conoce
la verdad de don Manuel. Conversión de Lázaro. Esta parte, con las
conversaciones que mantienen los protagonistas acerca de la fe y la mentira
útil, se convierte en el núcleo filosófico de la novela.
•Desenlace (capítulos 7-8-9)
Decadencia y muerte de don Manuel; muerte de Lázaro. Don Manuel en el recuerdo.
•Reflexiones: Ángela y Unamuno (capítulo 10)
Distinguimos en este capítulo dos apartados:
1. Reflexión de Ángela sobre las experiencias vividas. Cierra la obra con la
idea que expresó al inicio sobre la beatificación de don Manuel.
2. Epílogo del autor. Unamuno se asigna únicamente el papel de transcriptor del
documento, pero aprovecha el tema de la autoría literaria para enlazar una
reflexión sobre la analogía entre el creador literario y el Creador del
universo.
PERSONAJES
Exceptuando a don Manuel ninguno de los personajes aparece descrito físicamente.
Sólo tenemos constancia de la edad de Ángela y suposiciones acerca de la de
Lázaro.
Es una novela de pocos personajes en la que la acción queda supeditada a las
ideas, en realidad a una idea encarnada en don Manuel, en torno a la cual actúan
y evolucionan Ángela y Lázaro que se ven arrastrados por la tragedia del
protagonista. El resto, casi instantáneas, personajes secundarios, sólo
representan las obras y milagros del cura.
Don Manuel
Tiene 37 años al inicio del relato. Sabemos de la existencia de su madre porque
nos cuenta Ángela que estaba presente en uno de sus sermones, como una Dolorosa.
También tenía una hermana viuda y sobrinos. Respecto a sus orígenes nada
sabemos, pero se nos dice que de pequeño había jugado junto al nogal del que
aprovechó el tronco; podemos suponer que era de Valverde o que se había criado
en el pueblo.
Era alto, delgado, erguido, llevaba la cabeza como nuestra Peña del Buitre, y
había en sus ojos toda la hondura azul de nuestro lago; y tenía una voz
maravillosa, cuyo timbre enamoraba a las gentes.
Don Manuel confiesa haber heredado de su padre tendencias suicidadas, ¡Mi vida,
Lázaro, es una especie de suicidio continuo, un combate contra el suicidio!; por
eso intenta estar siempre ocupado, no en asuntos personales sino ayudando a los
demás. Sus métodos no son muy ortodoxos, incluso se atreve a tocar el tamboril
en las fiestas del pueblo, y esto, que en otro hubiera parecido grotesca
profanación del sacerdocio, en él tomaba un sagrado carácter y como de rito
religioso.
Es un hombre modesto, podría haber ascendido en su carrera eclesiástica, pero
rechazó esa gloria por el deber impuesto de hacer que sus feligreses vivieran
con ilusión. Demuestra especial ternura por los niños y por los más débiles.
Tiene bastante relación con Ángela, se preocupa de su educación, de la elección
de sus lecturas, de su serenidad espiritual, incluso de su matrimonio. Pero es
Lázaro el único amigo que le conocemos.
Ha sometido la fe al análisis de la razón y de resultas nos encontramos con un
hombre incrédulo para el que no existe una vida eterna después de ésta; esa idea
se convertirá en su secreto y en el dolor que lo acompañará el resto de su vida.
Su existencia es trágica ya que se impone como única misión procurar la
felicidad de los demás a través de una mentira piadosa y a costa del sacrificio
personal. Como Jesucristo, en el que sí cree y al que emula, se convierte en un
mártir. Poco más sabemos de él y sus inquietudes, salvo que le gustaba escribir
algunas notas en su breviario y dar paseos por la orilla del lago.
Muere tranquilo y en paz, porque por fin la muerte le permitirá descansar de la
agonía de la vida.
Ángela
Narradora de la novela. Hija de Simona y hermana de Lázaro. Su padre era
forastero y llegó al pueblo con algunos libros, y de estos libros...devoré yo
ensueños siendo niña; murió cuando ella era pequeña.
No es una simple aldeana: desde muy niña alimenté...curiosidades, preocupaciones
e inquietudes, debidas, en parte al menos, a aquel revoltijo de libros de mi
padre; estudió además como interna en un colegio de monjas en Renada; vuelve a
Valverde de Lucerna con 15 años y regresa definitivamente con 16.
Hija espiritual de don Manuel. Es inteligente, tenaz, valiente. No duda en
dirigir a don Manuel preguntas directas acerca de los misterios divinos, u otras
más comprometedoras sobre la fe del cura, mirándole derechamente a los ojos;
incluso, cuando don Manuel le comenta que no tiene importancia plantearse la
existencia del Infierno, ella lo pone en un brete recordándole sus “deberes
hacia la fe”: pero hay que creer en el Infierno como en el Cielo.
No se arredra ante el marasmo de incoherencias que va descubriendo en don Manuel
y plantea sus inquietudes con un talante tranquilo y sereno, si bien le afectan
y llora, por decepción, al principio; por compasión conforme se va adentrando en
la tragedia del cura.
Su fe es sólida y sus dudas personales pocas, la mayoría provocadas precisamente
por las confesiones de don Manuel, y cuando la asaltan consigue ordenarlas sin
conmoción para su espíritu.
La admiración y respeto que siente por don Manuel se van transformando, a medida
que va conociendo su verdad, en una relación casi maternal en la que ella,
amparada por una fe consistente, protege a su “oveja descarriada”.
Junto a su hermano, se convierte en guardiana del secreto de don Manuel y acepta
la misión compartida de procurar la felicidad del pueblo. La única y esencial
diferencia respecto a ellos es que a Ángela esta tarea no le supone un coste
personal, porque ella sí cree en Dios.
Cuando finaliza el relato tiene cincuenta y tantos años.
Lázaro
Hermano de Ángela. Ignoramos su edad, pero entendemos que es el hermano mayor
por las sugerencias que hace desde América para encauzar la educación de su
hermana o la propuesta familiar de mudarse a Madrid cuando vuelve al pueblo.
Vive en América y regresa a Valverde cuando Ángela tiene 24 años. A su regreso
se muestra despreciativo con el espíritu y costumbres del pueblo - civilización
es lo contrario de ruralización- decía. No oculta su pensamiento racionalista y
el rechazo que le produce la poderosa influencia que don Manuel ejerce sobre el
pueblo.
Pero poco a poco, conforme va conociendo el sacrificio al que ha sometido don
Manuel su vida, van cambiando su actitud y opinión respecto al cura hasta el
punto de convertirse en su fiel apóstol y único depositario de su confianza y
amistad. A partir de aquí Lázaro no tiene ideas propias, se convierte en un mero
transmisor de las de don Manuel.
“Convertido” ya a don Manuel, aún afloran alguna que otra vez sus resabios
progresistas (su crítica a la contradicción entre fe y superstición, su idea de
crear un sindicato de la iglesia...), pero dice al final: don Manuel me curó de
mi progresismo.
Creemos que muere a una edad temprana; de alguna enfermad que pareció
exacerbársele con la muerte de don Manuel.
Blasillo
El bobo del pueblo. Más que un personaje es una “idea” que forma parte de don
Manuel; representa su conciencia y se erige en el pregonero a voces del secreto
que no se atreve a confesar. Blasillo suele aparecer en ocasiones significativas
en las que aflora la verdad de don Manuel, sólo dice: ¡Dios mío, Dios mío! ¿Por
qué me has abandonado? haciendo público ese dolor que atenaza al cura.
La simbiosis entre ambos personajes es completa; sus estados de ánimo
evolucionan a la par, cuando don Manuel estaba ya cansado por la edad y lloraba
con frecuencia, Blasillo lloraba más que reía, y hasta sus risas sonaban a
lloros. Muere en el mismo momento que don Manuel, junto a su regazo, cogido de
la mano del santo. No podía ser de otra manera: era el “secreto” del mártir. Los
entierran el mismo día.
Otros
-La hija de la Rabona. Se queda embarazada en la ciudad. Don Manuel se las
ingenia para que su antiguo novio, Perote, se case con ella y se haga cargo del
niño.
-Un niño. Al que don Manuel encuentra un frío día de invierno buscando una res
que se le había perdido a su padre. El cura lo manda a casa a calentarse y le
hace su trabajo.
-Familia de titiriteros. Compuesta por el matrimonio y tres hijos. La mujer
muere auxiliada por don Manuel mientras su marido, que era payaso, realizaba una
función en Valverde. Don Manuel, interiormente, se identifica con él y le
manifiesta su respeto ya que ambos comparten la tarea de procurar la felicidad
de los demás: El santo eres tú, honrado payaso, te vi trabajar, y comprendí que
no sólo lo haces para dar pan a tus hijos, sino también para dar alegría a los
de los otros.
-Simona. Madre de Lázaro y Ángela. Aparece en un par de ocasiones; mantiene
breves conversaciones con su hija sobre la necesidad de que se case, y con
Lázaro rehusando la propuesta de irse a vivir a Madrid.
-Madre de don Manuel. Sólo aparece una vez en un sermón; conmocionada, como la
Virgen, por el dolor de su hijo, grita: ¡Hijo mío!*
-El pueblo. Se cita a labradores, muchachos, al médico, al juez, al
maestro...una masa anónima a la que don Manuel ayuda en todo lo que puede y que
le corresponde con su presencia en la iglesia, despidiéndolo con muestras de
dolor el último día de su vida, visitando su tumba y recordándolo una vez
muerto.
-Padre de don Manuel y el padre de Ángela. Están muertos. Del primero nos dice
don Manuel que murió con 90 años y que toda su vida tuvo inclinaciones suicidas;
del segundo nos cuenta Ángela que era forastero en el pueblo, aficionado a la
lectura y que murió cuando ella era niña.
TIEMPO
La acción transcurre en unos 40 años si incluimos los recuerdos de la infancia
de Ángela (10 años) y los que evocan a don Manuel ya muerto. Si consideramos
únicamente la acción real entre los protagonistas, ésta transcurriría en unos
treinta y tantos años. Las referencias temporales que aparecen en la obra son
precisas y numéricas en los capítulos que van del 1-6, indirectas en la parte
comprendida entre los capítulos 7-9, y de nuevo claras en el capítulo 10. Así:
-Con 10 años Ángela ya tiene recuerdos de don Manuel que entonces tenía 37
(capítulo 1)
-Pasa 5 años en el colegio y vuelve con 15, suponemos que se trata de un período
vacacional (capítulo 2)
-Con 16 años abandona el colegio y regresa al pueblo para quedarse
definitivamente; es decir, que don Manuel tendría 43 años cuando ella se
convirtió en su hija espiritual (capítulo 3)
-En el capítulo 4 Ángela dice que tiene 27 años, don Manuel tendría entonces 54.
-A partir del capítulo 7, hasta el 9, las referencias temporales son vagas e
indirectas: iba corriendo el tiempo (capítulo 7), al llegar a la última Semana
Santa (capítulo 8)...
-En el último capítulo Ángela tiene más de 50 años, don Manuel ya ha muerto;
suponemos que escribe estas memorias en fecha reciente a la muerte del párroco,
pero no podemos saber exactamente a qué edad murió don Manuel.
LUGARES
La acción transcurre en un único espacio apenas descrito: el pueblo de Valverde
de Lucerna. Se cita Renada que parece ser la ciudad más próxima, adonde va a
estudiar Ángela y donde vive el obispo interesado en la beatificación de don
Manuel.
La idiosincrasia del pueblo es la típica de una zona rural: su medio de vida
parece ser la agricultura, se cita la temporada de la trilla en las eras, hay
cuadras, reses y cabreros, se celebran bailes los días de fiesta, se usan
motes...
Sólo se describe el entorno del pueblo: una montaña alta y nevada, la Peña del
Buitre; un lago y las ruinas de una antigua abadía de monjes cistercienses a
orillas del lago.
TÉCNICA NARRATIVA
La narradora es Ángela Carballino que escribe estas memorias tomando como
referencia las notas que escribió su hermano Lázaro el cual, a su vez, se basó
para escribirlas en el breviario de don Manuel. Luego, a todas estas notas se le
suman las impresiones y comentarios de los hermanos y todo este compendio es el
documento que supuestamente recibe Unamuno.
La composición del texto habría pasado, pues, el siguiente proceso:
Breviario de don ManuelNotas de LázaroMemorias de ÁngelaDocumento o novela de
Unamuno
Narrador
-Encontramos la figura del personaje narrador; la novela se presenta como una
memoria narrada por uno de los personajes, por lo que aparece escrita en 1ª
persona. Pero al ocupar don Manuel y Lázaro todo el protagonismo de los
recuerdos de la narradora, es el uso de la 3ª persona el que domina en casi todo
el texto.
-El narrador es testigo, sólo cuenta lo que presencia o intuye: ¿Qué pensaría
allí nuestro don Manuel?; las únicas reflexiones que conocemos son las Ángela,
aunque valora las de los demás. Sabemos de los sentimientos de don Manuel
gracias a las conversaciones que mantenía con los hermanos.
Estructura narrativa
En la narración de hechos se utiliza la técnica del flash back ya que se
comienza por el final y se retrocede al inicio. En el primer capítulo nos hablan
de la muerte de don Manuel y del interés por su proceso de beatificación; a
partir de ahí surgen las evocaciones narradas por orden cronológico.
Diálogo
Predomina el diálogo directo; coloquios breves, densos y simbólicos, pero
también aparecen algunas intervenciones más largas en boca de don Manuel:
conversación con Lázaro paseando por el lago, despedida del cura ante sus
feligreses...
LENGUAJE Y ESTILO
Destaca la sencillez, con un estilo casi informal no exento de lirismo; son
frecuentes las expresiones poéticas, libres de artificio; el autor conjuga lo
coloquial y poético en un mismo diálogo que surge espontáneo de la boca de los
personajes.
A-Lenguaje coloquial
Léxico del ámbito rural: espejado (reflejado), abroquelada (empeñada), yerba,
laña (grapa), morriña (nostalgia), huideras (huidizas), mocerío, zagala,
chiquillería, comadrerías.
Expresiones populares:
-¡Ni por pienso! (don Manuel al considerarlo Ángela un doctor de la iglesia)
-A lo hecho pecho (don Manuel)
-¡A mi edad, cambiar de aguas! (la madre de Lázaro cuando éste le propone irse a
Madrid)
-A seguida (conector de enumeración: después)
-La Simona.
-La Rabona (mote)
-Todo su hipo era que don Manuel convirtiese a Lázaro (su deseo)
-A mí no me la da (Lázaro)
-Tomó huelgo (se acomodó)
-España de calzonazos (dice Lázaro)
-¡Sois como las gatas! (Lázaro a su madre y hermana)
-Se había perdido (se había quedado embarazada)
-Era Blasillo el bobo el que con más cuajo lloraba.
-Hasta nunca más ver (don Manuel despidiéndose de Ángela y Lázaro)
Diminutivos y aumentativos, con connotaciones afectivas o como usos coloquiales:
Marisabidilla, doctorcilla y corderilla (apelativos cariñosos con los que don
Manuel se dirige a Ángela), vinillo (en la boda), versillo, muertito de frío (un
niño), caudalillo (que trajo Lázaro de América), mujerucas y hombrecillos (que
iban al lago en la noche de San Juan), Blasillo, Angelita, Angelina, hijito,
mocita, pobrecillo, criaturita, cronicón, cincuentona...
Verbos. El empleo de tiempos verbales del subjuntivo como el pretérito
imperfecto y el futuro, confieren cierto estilo arcaizante a la novela.
-Y como yo le preguntara una vez qué es lo que con eso quería decir.
-Y como una vez...le preguntara el padre del suicida.
-Y como hubiera en el pueblo un pobre idiota.
-Piensen los hombres como pensaren y como obraren.
-Aquí queda esto y sea de suerte lo que fuere.
-Uso del adjetivo posesivo con valor de refuerzo expresivo para sugerir relación
estrecha con las personas y los elementos del discurso; la narradora parece
hablar de un microcosmos en el que la posesión individual es sustituida por un
sentido comunitario de pertenencia: nuestro don Manuel, nuestra Valverde,
nuestra Peña del Buitre, nuestro pueblo, nuestro lago; visitaba a sus enfermos,
a nuestros enfermos; mi san Manuel, mi Lázaro; en nuestro mundo, en nuestra
aldea...
-Encontramos dos leísmos “de cosa” en boca de Ángela, inusuales en un castellano
normativo; recordemos que Unamuno era vasco y en esta zona es frecuente el
empleo del pronombre le(s) para el complemento directo.
-¿Le hay? (Infierno)
-¿Le tenía él? (el contento, la felicidad)
-Dile que encontrará al lago y a la montaña como les dejó- dice don Manuel. En
este caso podríamos considerar que el leísmo no es “de cosa” puesto que el
referente, los sustantivos lago y montaña, parecen estar personificados.
B-Figuras y recursos retóricos. La mayoría de las figuras son metáforas y
símiles que recurren al lago, la montaña y la nieve como términos imaginarios de
la identificación o la comparación.
Metáfora
-Había en sus ojos toda la hondura azul de nuestro lago.
-El pequeño rescoldo de inteligencia que aún quedaba en el bobo.
-Su canto...iba a quedarse dormido sobre el lago y al pie de la montaña.
-Sentía en mis entrañas el jugo de la maternidad.
-Me contó una historia que me sumergió en un lago de tristeza.
-Las ruinas, vestidas de hiedra.
-La nieve cubre con su toca a la montaña.
-Toda la negrura de la sima del tedio de vivir.
-En las lágrimas de don Manuel se bañó temblorosa la lumbre de la luna llena.
-En el río cabrilleaban las razas de la luna llena.
-Don Manuel en su vejez iba adquiriendo una solemnidad de religioso ocaso.
-Empiezan a blanquear con mi cabeza mis recuerdos.
Símil
-Él al mirarnos parecía, traspasando la carne como un cristal, mirarnos al
corazón.
-Ahora se me pierden como un sueño de madrugada en la lejanía del recuerdo (los
cinco años que pasó Ángela en el colegio)
-Los más no querían morirse sino cogidos de su mano como de un ancla.
-Aquellos años pasaron como un sueño.
-Era un varón tan cotidiano...como el pan que a diario pedimos en el padre
nuestro.
-Estaba tan blanco como la nieve de enero en la montaña...y...temblando como
tiembla el lago cuando le hostiga el cierzo (Don Manuel al dar la comunión a
Lázaro)
-La verdad de don Manuel la define Lázaro a través de un símil y una antítesis:
amarga como el mar a que van a parar las aguas de este dulce lago.
-Cuando don Manuel pide la absolución a Ángela, ésta se siente como penetrada de
un misterioso sacerdocio.
Aliteración y Onomatopeya
Sentí como una callada confesión suya en el susurro sumiso de su voz, percibe
Ángela en su segunda confesión.
Sinestesia
-Empezaba el pueblo a olerle la santidad.
-¡Qué cosas nos decía! Eran cosas, no palabras.
Sinécdoque. Expresando el sentimiento de unidad y comunión religiosa del que
participaba el pueblo.
-Ya toda ella (Valverde) era don Manuel (el todo por la parte)
-Mi pueblo vivía en mí (el todo por la parte)
-Cuando rezábamos todos...hechos pueblo (la parte por el todo)
-Como conocía a todos...vivía en ellos (la parte por el todo)
Preguntas retóricas
Son frecuentes a lo largo de la obra; Ángela recurre a ellas en sus pensamientos
acerca de las contradicciones que va descubriendo en don Manuel, o ante el
cambio de actitud de su hermano, o cuando sus dudas la asaltan: ¿nosotros
pecadores?... ¿Por qué no me engañó entonces como engañaba a los demás?
En el último capítulo las reflexiones de Ángela se amontonan en una retahíla de
preguntas sin respuesta: ¿Es que sé algo?... ¿Es que creo algo?... ¿Es que
pueden pasar estas cosas?... ¿Es que todo esto es más que un sueño...?
Alegoría con el lago, la montaña y la nieve que estudiaremos en un apartado
especial dedicado al análisis de símbolos.
Antítesis, Oxímoron y Paradoja. Estas figuras que juegan con el significado
contrario, contradictorio o aparentemente contradictorio de las palabras son,
quizá, las más acertadas para exteriorizar el pensamiento inefable que supone el
planteamiento de la existencia de Dios, o el metafísico sobre la verdad de la
existencia. Aparecen con frecuencia a lo largo de toda la obra:
-Dice don Manuel a Lázaro que su religión consiste en consolarme en consolar a
los demás, aunque el consuelo que les doy no sea el mío.
-La alegría imperturbable de don Manuel era la forma temporal y terrena de una
infinita y eterna tristeza.
-Ángela ante los sollozos de don Manuel en confesión piensa: quiero creer que se
acongojaba porque no podía engañarse para engañarme.
-¡Yo no podría soportar las tentaciones del desierto! -dice don Manuel.
-Dice Lázaro que don Manuel vivirá en el recuerdo de Ángela hasta que un día
hasta los muertos nos moriremos del todo.
-Piensa Ángela de su hermano muerto que era ya uno de nuestros muertos de vida.
-En la reflexión final Ángela cree que don Manuel y Lázaro se murieron creyendo
no creer lo que de verdad nos interesa, pero sin creer creerlo, creyéndolo en
una desolación activa y resignada.
-Reflexión de Ángela sobre don Manuel: se ganó a Lázaro con la verdad de muerte
a la razón de vida.
-Reflexión de Ángela sobre don Manuel y Lázaro: Dios...les hizo creerse
incrédulos.
-Reflexión de Ángela sobre sus memorias: ¿Es que todo esto es más que un sueño
soñado dentro de otro sueño?
-Unamuno en el epílogo: en este relato no pasa nada; mas espero que sea porque
en ello todo se queda.
-Hipérbole
-Fue un chaparrón de lágrimas entre todos.
-Estaba cantando con una voz más fresca que las aguas de éste (lago)
-Hasta de noche la nieve alumbra.
Ironía
-Don Manuel apela varias veces a la autoridad de la Santa Madre Iglesia Católica
Apostólica Romana para contener las preguntas de Ángela.
-Ante otra duda de Ángela don Manuel responde: a eso, ya sabes, lo del
Catecismo.
-Considera don Manuel a Calderón como un gran doctor de la Iglesia Católica
Apostólica Española.
-Don Manuel dice a Ángela que sus preguntas sobre los misterios divinos están
instigadas por el Demonio, ella le dice en una ocasión: hoy vuelvo yo, la
endemoniada, a dirigirle otra pregunta que me dicta mi demonio de la guarda.
-Nuestro don Manuel, tan afamado curandero de endemoniados, no creía en el
Demonio.
SIMBOLISMO
Unamuno utiliza varios símbolos recurrentes, de sencilla interpretación: el
lago, la nieve y la montaña; con los que jugará continuamente en la obra
identificándolos con los sentimientos de los protagonistas, pues todos ellos
acuden a esta simbología en sus diálogos y pensamientos.
Intentaremos interpretar también otras expresiones y citas de la obra que
albergan algunas connotaciones simbólicas. Son frecuentes las que hacen alusión
a citas o personajes bíblicos.
A-Título. Las 4 palabras que componen el título sintetizan la existencia del
protagonista: la tragedia personal como acto individual y el reconocimiento
colectivo, popular y eclesiástico, hacia el santo.
SanSanto, es reconocido y santificado por la Iglesia.
ManuelNombre de pila; uno de los nombres de Cristo; de origen hebreo,
“Emmanuel” o “Emanuel”, en la biblia se cita a Jesús de Nazaret con este nombre,
significa “Dios está con nosotros”. Don Manuel simboliza la figura de Cristo.
BuenoEl adjetivo actuando como sobrenombre o apellido es el reconocimiento del
pueblo por los actos bondadosos del cura.
MártirComo Aposición; mártir por el sacrificio que se impuso en su vida.
B-Los nombres de los personajes
Don Manuel; ya comentado.
Lázaro; figura que aparece en la Biblia, lo resucitó Jesús tras permanecer 4
días muerto. Lázaro estaba espiritualmente muerto hasta conocer a don Manuel;
así, reconoce: Él me hizo un hombre nuevo, un verdadero Lázaro, un resucitado.
Ángela; del griego “aggelos”, significa “mensajero”. Ángela es la narradora que
transmite la historia.
-Blasillo; Blas es un nombre de origen griego que significa “el que balbucea”; y
Blasillo apenas habla, sólo repite de forma inconsciente las ya citadas palabras
del Evangelio que pronunció Jesús en la crucifixión.
C-Lugares y elementos de la naturaleza (¡Cómo siente, cómo anima don Manuel a la
Naturaleza!)
-el lago Simboliza la duda; la cual proviene de la razón y origina la
fragilidad espiritual: razón duda sufrimiento
-la montañaSimboliza la voluntad de creer; la cual proviene de la ignorancia y
origina la consistencia espiritual: ignorancia voluntad felicidad
-la nieveSimboliza la fe; la cual cuaja en la montaña (apta para la creencia) y
se deshace en las aguas del lago (tendencia a la incredulidad)
-Valverde de Lucerna. “Valle verde de la luz”, podría ser la traducción
simbólica. Valverde se convierte en una especie de comunidad religiosa, de
recinto sagrado y bucólico; dice Ángela: volví del colegio de religiosas de
Renada a nuestro monasterio de Valverde de Lucerna.
Las referencias al lago son constantes para expresar la tristeza de don Manuel,
sus miedos, sus dudas o la debilidad del suicidio. Pero también acuden a él
Ángela y Lázaro para manifestar decepción, dolor y sufrimiento. Las alusiones a
la montaña, en cambio, siempre conllevan connotaciones de paz y evocan un
sentimiento apacible:
-Había en sus ojos toda la hondura azul de nuestro lago.
-Celebrando una boda dice don Manuel: ¡Ay, si pudiese cambiar el agua toda de
nuestro lago en vino, en un vinillo que por mucho que de él se bebiera alegrara
siempre, sin emborrachar nunca!
-Lázaro pregunta a don Manuel si había acabado por creer celebrando misa; él
bajó la mirada al lago y se le llenaron los ojos de lágrimas.
- Ángela dice que la historia de don Manuel la sumergió en un lago de tristeza.
-Don Manuel casi ordena a Ángela que crea en los preceptos de la iglesia, pero
ella vio en él no sé qué honda tristeza en sus ojos, azules como las aguas del
lago.
-Don Manuel renuncia a una brillante carrera eclesiástica para convertirse en
párroco de aldea porque su misión era convertirse en un broche entre el lago y
la montaña que se mira en él.
-Comenta don Manuel a Lázaro: ¿Has visto, Lázaro, misterio mayor que el de la
nieve cayendo en el lago y muriendo en él mientras cubre con su toca a la
montaña?
-El lago sueña al cielo.
-La brisa mueve las aguas del lago, don Manuel dice a Lázaro: ¡Mira, el agua
está rezando la letanía y ahora dice: Ianua caeli, ora pro nobis, puerta del
cielo, ruega por nosotros!
-Lázaro anda perdido tras la muerte de don Manuel, Ángela teme por su vida, lo
expresa así: No mires tanto al lago; Lázaro le contesta: No hermana, no temas.
-Rezando en la iglesia: Y al llegar a lo de “creo en la resurrección de la carne
y la vida perdurable” la voz de don Manuel se zambullía, como en un lago, en la
del pueblo todo, y era que él se callaba. (El lago amortigua sus palabras
incrédulas)
-Cuando don Manuel rezaba el Credo con los feligreses parece sentir ese estado
de felicidad contagiado por la fe del pueblo simbolizada otra vez en la montaña:
Y no era un coro, sino una sola voz, una voz simple y unida, fundidas todas en
una y haciendo como una montaña, cuya cumbre perdida a las veces en nubes, era
don Manuel.
-Don Manuel, a través de Ángela, manda un mensaje a Lázaro que está en América:
dile que encontrará al lago y a la montaña como les dejó. Todo sigue igual en el
Viejo Mundo, incluso la fe y la duda enquistadas.
En el capítulo 6 don Manuel expresa su idea del suicidio a través de una
alegoría con el agua y el lago:
¡Y cómo me llama esa agua con su aparente quietud-la corriente va por
dentro-espeja al cielo!... Aquí se remansa el río en lago, para luego, bajando a
la meseta, precipitarse en cascadas, saltos y torrenteras...junto a la ciudad, y
así remansa la vida, aquí, en la aldea. El agua estancada simboliza la
mansedumbre e ignorancia de la aldea, que no cuestiona la fe; las aguas en
movimiento aluden al espíritu inconformista e incrédulo de la ciudad.
Continúa:
Pero la tentación del suicidio es mayor aquí, junto al remanso...que no junto a
las cascadas que dan miedo. La paz y la tranquilidad hacen ociosa a la mente e
incitan al suicidio más que la necesidad y el miedo, que provocan instinto de
supervivencia; cuando las necesidades básicas están cubiertas las espirituales
quedan al descubierto: el tedio de vivir...es mil veces peor que el hambre.
D-Nogal matriarcal. El nogal bajo cuya sombra se sentaba don Manuel cuando era
niño puede simbolizar la verdadera vida, relacionada con el seno materno y la
infancia; con este nogal compartió su inocencia infantil, y lo acogerá también
en el seno de la muerte; ambas son formas de vida para don Manuel: la infancia
por ser un estado de inconsciencia en el que no se cuestiona la fe, la muerte
por la liberación de la consciencia adquirida posteriormente.
El adjetivo matriarcal aparece también al principio de la novela refiriéndose
Ángela a don Manuel como varón matriarcal; esta expresión contradictoria es
válida para enfatizar ese amor puro, maternal, que generosamente daba don
Manuel.
E-Citas bíblicas. Son frecuentes en las conversaciones de don Manuel; incorpora
citas textuales que le resultan apropiadas para el discurso o las entremezcla
con sus propias palabras. A veces surgen como forma natural de la narración:
cantó un gallo- dice la narradora cuando Lázaro recibe la comunión.
-La obra aparece encabezada por una cita de San Pablo.
-Se citan a personajes bíblicos como Moisés, Aarón, Josué...
-¡Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? (San Mateo, 24, 46). Palabras
pronunciadas, según Ángela, por nuestros dos Cristos, el de esta Tierra y el de
esta aldea. Están muy presentes en la obra, las dice don Manuel en misa y
Blasillo por la calle.
-¡Hijo mío! (San Juan, 19, 25). La madre de don Manuel.
-No juzguéis para no ser juzgados- dice don Manuel.
-Dé usted, señor juez, al César lo que es del César, que yo daré a Dios lo que
es de Dios- dice don Manuel al juez.
-Mi reino no es de este mundo.
-En tus manos encomiendo mi espíritu (San Lucas, 23,46). Dice don Manuel a la
madre de Lázaro cuando ésta muere.
-Mi alma está triste hasta la muerte (San Mateo, 26, 38)
-Mañana estarás conmigo en el paraíso (San Lucas, 24, 43)
-El que le ve la cara a Dios...se muere sin remedio y para siempre (Éxodo, 33,
20)
NOVELA NOVENTAYOCHISTA
El espíritu, temas y estilo de la generación del 98, a la que pertenecía el
autor, están presentes en la obra:
•El problema existencial, que se convierte en el núcleo temático de la novela,
concretado en el conflicto entre fe y duda.
•Personajes agónicos, incapaces de encontrar sentido a la existencia por lo que
establecen una lucha íntima que desembocará en un sentimiento trágico. En esta
novela es don Manuel el que encarna esa vida dramática.
•Hombre de acción, don Manuel es un personaje espiritualmente agónico, pero se
enfrenta a la vida con una actitud vital y quijotesca a través del trabajo y la
entrega. Para él la verdadera enfermedad de muerte es la vida ociosa. Ha
rechazado la vida contemplativa y ha optado por la activa; así, aconseja a
Ángela que no razone tanto y que se case para que se le curen esas
preocupaciones. Bien es cierto que la vida retirada tampoco es compatible con su
carácter porque tiene miedo de quedarse a solas con sus pensamientos, no hubiera
podido llevar una vida de anacoreta; así reconoce: a ellos les dio el Señor la
gracia de la soledad que a mí me ha negado.
•Sencillez en el estilo y huida del retoricismo. Lo hemos estudiado en el punto
de Lenguaje.
Por otro lado, el pensamiento y preocupaciones personales de Unamuno dejan
constancia en la novela:
• En la expresión de su obsesión personal sobre el tema de la inmortalidad.
Unamuno sufrió una crisis religiosa y la pérdida de la fe; para él la religión
es una solución al sinsentido que adquiere la vida por ser finita; la fe
garantiza la inmortalidad del alma y por tanto la felicidad.
• En el tema de la intrahistoria, término acuñado por Unamuno que después
suscribiría el resto de la generación; se refiere a la vida tradicional,
sencilla, anodina y anónima del pueblo, sobre cuya base se asienta la Historia
escrita con mayúscula. Escribía Unamuno en su ensayo En torno al casticismo,
1905: “Esa vida intrahistórica, silenciosa y continua como el fondo mismo del
mar, es la sustancia del progreso, la verdadera tradición, no la tradición
mentida que se suele ir a buscar en el pasado enterrado en libros y papeles y
monumentos y piedras”. Varios episodios de la novela hacen referencia a este
concepto:
-La villa sumergida en el lago simboliza la intrahistoria: Esa villa
sumergida...es el cementerio de las almas de nuestros abuelos, los de esta
nuestra Valverde de Lucerna... ¡feudal y medieval! o La villa sumergida en el
lago espiritual de nuestro pueblo.
-La niña que canta sobre una roca; don Manuel dice a Lázaro: Esa zagala forma
parte, con las rocas, las nubes, los árboles, las aguas, de la Naturaleza y no
de la Historia.
-Las ruinas de la abadía de los monjes cistercienses, a quienes ha sepultado en
el olvido la Historia.
-Contrapone la religión en la Historia con la religión en la intrahistoria al
pedirles a Ángela y Lázaro que mueran: en el seno de la Santa Madre Católica
Apostólica Romana, de la Santa Madre Iglesia de Valverde de Lucerna, bien
entendido.
-En el epílogo expresa Unamuno el sentimiento intrahistórico de la religión, el
pueblo se mueve por impulsos, no entiende de pensamientos teológico: Para un
pueblo como el de Valverde de Lucerna no hay más confesión que la conducta. Ni
sabe el pueblo qué es fe, ni acaso le importa mucho.
-Al final de la obra Unamuno concluye diciendo que todas las santas almas
sencillas se cobijaron en lagos y montañas, en la naturaleza fuera de la
historia, en divina novela.
•Las huellas calderonianas. La relación conflictiva entre la realidad, el sueño
y la ficción convergen en el epílogo de la novela. Como en La vida es sueño de
Calderón, Unamuno asimila el sueño a la vida en cuanto sentimientos vividos y
vívidos, indistintos por tanto; y en la expresión de este pensamiento enlaza con
su obra Niebla: “Cuando un hombre sueña algo, ¿qué es lo que existe: él como
conciencia que sueña, o su sueño?” (Niebla). Ángela comenta al final ¿Es que
esto es más que un sueño?
De igual manera Unamuno plantea la analogía existente entre realidad y ficción,
entre la vida y la novela, y recuerda en este epílogo a Augusto Pérez,
protagonista de Niebla que niega ser un ente de ficción y se rebela contra su
creador: ¿Sé yo si aquel Augusto Pérez, el de mi nivola!* Niebla, no tenía razón
al pretender ser más real, más objetivo que yo mismo, que creía haberle
inventado?- reflexiona Unamuno.
CONCLUSIÓN Y COMENTARIOS
El tema de la novela es la crisis de la fe, y el ansia de Dios y de la
inmortalidad.
Don Manuel encarna un complejo sentimiento en el que se aúnan la duda y la
necesidad de la fe, simbolizados en el lago y la montaña; el azul de sus ojos
hace sospechar que es la duda la que impera en su alma, pero duda no es lo mismo
que incredulidad; como el reflejo de la montaña en las aguas del lago, Dios es
un reflejo, un atisbo frágil y tambaleante en el alma del cura. Don Manuel
parece decirnos que Dios está, sólo que él no lo siente. El protagonista, como
Unamuno, no soporta la idea de la finitud, ésta es la tragedia; la razón dicta
que no existen garantías de una vida después de ésta, así que es la fe la única
que ofrece la solución a la inmortalidad del alma. Y don Manuel la desea.
Sacrifica así su vida para legar a los demás esa fe de la que él carece, para
hacerles que se sueñen inmortales ante la verdad mortal, convirtiéndose en un
silencioso “caballero de la fe”* que abandera toda mentira útil cuya
consecuencia sea la felicidad: “el opio religioso”, la superstición, la creación
de sindicatos, la lectura de novelas, la alegría del espectáculo... cualquier
cosa que reinterprete la realidad o la evada.
Don Manuel aprovecha la sumisión que da la ignorancia de la aldea para conseguir
su objetivo; sabe, como Lázaro, que el pueblo cree sin querer, por hábito, por
tradición. Valverde, como tantas zonas rurales que no han contraído “la
enfermedad” de cuestionar las grandes verdades, y sin intelectuales progresistas
ni doctores de la Iglesia que puedan contaminarla, le parece el sitio ideal para
llevar a cabo su plan. Quizá por eso pide la absolución a Ángela en nombre del
pueblo, y pide perdón en su despedida ante los feligreses por el daño moral que
pudiera haber hecho con su mentira piadosa...pero el fin justificaba los medios.
Su intención está muy clara en la novela, lo que nos interesa es saber lo que
hay en el alma insondable de don Manuel; sabemos que cree en la mentira útil,
sabemos que cree y admira a Jesucristo; pero, ¿no cree en Dios? Cuando Ángela le
hace esta pregunta nunca contesta, incluso llora, pero jamás lo niega, ¿por qué
tiembla su mano al entregar la comunión a un ateo como Lázaro?, ¿lo considera un
acto sacrílego, una traición?
Parece evidente que Lázaro es ateo, sus móviles para simular la fe son
altruistas; pero nada más, no se cuestiona a Dios, para él no está. Ángela
también colabora en la misión de don Manuel, pero ella, a pesar de algunas
dudas, cree. Es don Manuel el que está a caballo de los dos porque aunque no
cree tiene una enorme necesidad de hacerlo. Nos preguntamos: ¿cómo se puede
desear tanto aquello en lo que no se cree?, ¿cómo puede hacer sufrir lo que no
existe?, ¿por qué llora tantas veces don Manuel?... ¿Quién abandonó a don
Manuel?...porque se siente un abandonado que sólo puede dirigir llamadas de
socorro a Ángela pidiéndole que rece por él, incluso por Jesucristo, otro
abandonado. Don Manuel le ha visto la cara a Dios, y Dios es un sueño, una
ilusión; a Dios no hay que verlo, hay que sentirlo sin mirarlo a los ojos, hay
que soñarlo; no verlo es vivir, verlo, morir. Si Dios es un sueño y los sueños
existen, Dios es el sueño que don Manuel hubiera querido soñar.
La concepción religiosa de don Manuel se entrevé en las palabras que Lázaro,
convertido en su predicador, dice al cura sustituto: Poca teología, ¿eh?, poca
teología; religión, religión. Religión y teología no parecen muy avenidas en el
pensamiento de don Manuel. La verdadera religión es intrahistórica, entendida
como actos de vida y voluntad de vivir, que son el consuelo del pueblo; frente a
esta noción está la teología, sustentada por la Historia y los eruditos de la
Iglesia; don Manuel rechaza el análisis al que la ciencia teológica somete a la
religión, rechaza por igual a los doctos intérpretes de las Sagradas Escrituras
las cuales debieran leerse con la diafanidad con la que se aborda una novela.
Nos quedamos con lo que puede ser el pequeño enigma de la novela: la clavellina
seca y la cruz con una fecha que encuentra Lázaro en el breviario de don Manuel.
Resulta difícil creer que este detalle no tenga alguna conexión significativa en
el entramado simbólico de la obra. Quizá sólo se trate de una nota íntima de don
Manuel, un recuerdo marchito de su pasado. O quizá sea la fecha de su nacimiento
a la vida, que para él era la muerte... O quizá sólo fuera el epitafio del día
en que murió su fe, enterrada con el candor de una humilde clavellina.
Y todo queda ahí, esta y cualquier historia, real o ficticia, protagonizada por
almas felices y trágicas, bajo la tutela de lagos y montañas, los centinelas
guardianes de la intrahistoria compuesta por todas esas vidas asentadas más allá
de la fe y la desesperación.
NOTAS
1. Orden del Císter. Orden religiosa fundada en Francia a finales del siglo XI.
Se dedicó con igual empeño al trabajo manual y a la contemplación ascética,
poniendo en práctica el lema benedictino Ora et labora, reza y trabaja.
2. Es posible que estas palabras pronunciadas por la madre de don Manuel evoquen
el sufrimiento de la Virgen María y el que sintió Concha, la mujer de Unamuno,
la noche en que estalló la crisis religiosa que éste venía padeciendo desde
hacía tiempo. Así lo contaba el autor a su amigo Jiménez Ylundain en una carta
fechada el 3 de enero de 1908: Me cogió la crisis de un modo repentino y
violento...y comprendí la vida recogida, cuando, al verme llorar se le escapó a
mi mujer esta exclamación viniendo a mí: ¡Hijo mío! Al día siguiente Unamuno lo
abandonó todo e ingresó en un convento de benedictinos en Salamanca donde
permaneció tres días.
3. El caballero de la fe. Es una figura que aparece en la obra Temor y temblor
(1843) del filósofo danés Kierkegaard, el cual tuvo gran influencia en el
pensamiento unamuniano. El caballero de la fe simboliza a Abraham, renuncia a
todo y se erige en una especie de Quijote cuya misión es la de encontrar a Dios.
4. Nivola. Neologismo creado por Unamuno para referirse a un nuevo tipo de
novela que rechazaba los principios de la novela realista; en esta nueva
concepción predomina la idea sobre la forma, los personajes planos y poca
ambientación. El término aparece por primera vez en el prólogo de Niebla. En
este sentido algunos sectores de la crítica consideran San Manuel una nivola.