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José Carlos
Carrillo Martínez
La narrativa
La narrativa o épica, entendida como la atención que el
escritor presta a lo que ocurre fuera de él para intentar transmitirlo de la
manera más objetiva posible, con más o menos imparcialidad, es uno de los
géneros literarios, junto a la lírica, la dramática y el ensayo, que conforman
cada uno de los distintos grupos en que pueden ser clasificadas las obras
literarias atendiendo a determinadas características comunes.
La épica o narrativa suele presentarse en prosa (salvo casos
como los romances o los cantares de gesta, escritos en verso), sobre todo en los
últimos tiempos.
Subgéneros narrativos en prosa
Los más importantes son:
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El cuento: suele ser un relato breve, con pocos personajes, una única trama y
una complejidad menor que en la novela. No podemos establecer los límites
exactos del cuento. Cuando hablamos de brevedad, nos referimos a que su
extensión es menor que la de una novela. Por ello, contamos con un subgénero
híbrido entre el cuento y la novela: la novela corta, con una extensión
intermedia entre lo breve y lo muy extenso. Tradicionalmente los cuentos se han
transmitido de manera oral de generación en generación. Estos cuentos populares
solían contar con un final didáctico o moralizante (por ejemplo, El conde Lucanor, de don Juan Manuel, siglo XIV). A partir, fundamentalmente, del siglo
XIX, algunos autores comienzan a escribir relatos breves con finalidad
artística, aunque sin pretensiones moralizantes. La mayoría de estos cuentos
literarios (sin tradición popular) están dirigidos a un público adulto y cuentan
con una gran concentración de la acción y los personajes (por ejemplo, los
cuentos de Edgar Allan Poe o las Leyendas de Gustavo Adolfo Bécquer).
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La novela: suele tener una extensión y complejidad mayores que el cuento. Se
caracteriza por la libertad: este subgénero no tiene límites y puede contener
desde diálogos con clara intención dramática o teatral hasta fragmentos líricos
o descriptivos. Los subgéneros novelescos son numerosísimos: novela histórica,
de aventuras, rosa, policíaca, de acción, negra, psicológica, de caballerías, de
amor, de tesis, social... La única condición es que esté escrita en prosa y que
en ella intervengan unos personajes sobre los que se nos diga algo. Actualmente,
la novela es el principal de los subgéneros literarios. La mayoría de los
lectores sólo leen novelas, lo cual se ve favorecido por un potente mercado
editorial que en los últimos tiempos se ha volcado con esta modalidad literaria.
La acción
Por acción entendemos la historia que se va desarrollando ante nuestros ojos a
medida que leemos la novela. En una narración se suelen suceder varias acciones
a la vez, las primarias y las secundarias, que, entretejidas entre sí, forman el
cuerpo de la novela o argumento. Es importante que las acciones sucesivas sean
verosímiles o creíbles, es decir, deben desarrollarse dentro de la lógica
interna de la novela. Asimismo, el autor debe cuidarse de no caer en
contradicciones argumentales para que la acción avance sin problemas. El orden
de la acción, desde un punto de vista clásico, suele responder a la siguiente
estructura interna:
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Planteamiento: es la presentación de los personajes y el establecimiento de la
acción que se va a desarrollar. Además, se expone el marco temporal y espacial
en que se situará la historia.
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Nudo o desarrollo: la situación expuesta en el planteamiento comienza a
evolucionar, es decir, se desarrolla el conflicto en el que se verán inmersos
los personajes. En la novela suele haber un conflicto principal y otros
secundarios que dependen, en mayor o menor medida, de aquél.
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Desenlace: es la resolución del conflicto y el final de los sucesos que se han
planteado. Puede ser positivo y alegre, neutro, o negativo y desgraciado.
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De todos modos, y sobre todo desde la renovación de la novela a partir de
mediados del siglo XX, es habitual que esta estructura se vea truncada:
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In medias res o principio abrupto: consiste en iniciar la acción cuanto esta
se encuentra en pleno desarrollo, sin haber presentado previamente a los
personajes.
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Estructura inversa: el autor adelanta el desenlace de la novela en las
primeras páginas de la misma, y posteriormente se dedica a contar cómo los
acontecimientos evolucionan hasta llegar a ese final.
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Final abierto: la historia no termina de resolverse, ni positiva ni
negativamente, de manera que el lector percibe la sensación de que la acción se
extiende más allá de los límites de la novela.
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El tiempo
El desarrollo argumental de una narración suele evolucionar a través del tiempo.
Este tiempo de la novela no tiene por qué presentarse de manera lineal u
ordenada, sino que puede ser alterado libremente por el autor con finalidad
estilística, argumental o estructural. Esta técnica consistente en alterar el
orden lógico de la narración se denomina temporalización anacrónica, y cuenta
con dos recursos:
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Analepsis o retrospección (flash-back): es un salto hacia atrás en el tiempo
de la historia.
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Prolepsis o anticipación (flash-forward): el autor adelanta acciones que aún
no se han producido en el relato primario de la novela, es decir, se trata de un
salto hacia delante.
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En relación con el tiempo en la novela no podemos olvidar el concepto
duración. Un
acontecimiento puede durar lo mismo en una narración que en la vida real, pero
también puede ser resumido de manera que, por ejemplo, varios años transcurran
en pocas páginas, o dilatado en el tiempo, y así un hecho mínimo puede ser
descrito y analizado con detenimiento abarcando un gran número de páginas.
El espacio
La situación física en que se encuentran los personajes es uno de los recursos
principales que los autores utilizan para contextualizar las historias
narrativas. Una novela se puede desarrollar en un lugar o en varios, en espacios
interiores o exteriores, rurales o urbanos, con los siguientes fines:
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dar credibilidad a la historia,
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contextualizar a los personajes,
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producir efectos ambientales y simbólicos.
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Los novelistas se suelen valer de la técnica de la descripción para presentar
los espacios. Durante el movimiento literario realista del siglo XIX la
descripción y el análisis de los espacios alcanzaron prácticamente la misma
importancia que la historia narrada. En la literatura actual se muestra el
espacio a través de los ojos de los personajes o del narrador.
Los personajes
Los personajes son las personas, reales o ficticias, que desarrollan la acción
narrada por el novelista. Los personajes principales o centrales son denominados
protagonistas, mientras que los demás son secundarios. Es fundamental que el
narrador ofrezca al lector una caracterización de los personajes, que puede ser:
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Física: se describe el aspecto y el modo de vestir.
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Psicológica: cómo piensan, qué opinan ante la realidad circundante, cómo se
comportan.
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Mixta: es una mezcla de las dos anteriores. Esta técnica se denomina retrato.
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En una novela hay varios tipos de personajes:
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Agente de la acción: lleva el peso del desarrollo argumental y es el centro de
atención de la historia narrada.
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Elemento decorativo: no aporta nada fundamental a la acción, sino que su
función se limita a dar credibilidad a las acciones que le suceden al
protagonista. Suelen formar parte de las escenas de grupo.
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Portavoz de la ideología del autor: a través de un personaje, que puede ser
protagonista o secundario, el narrador se introduce intelectualmente en la
acción y aporta su punto de vista personal al desarrollo argumental.
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Los personajes de una novela se pueden presentar ante el lector de distintos
modos:
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Por sí mismos. Este recurso suele aparecer en las novelas autobiográficas.
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A través de otro personaje.
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A través del narrador.
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De forma mixta, combinando las tres formas anteriores.
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El narrador
Por narrador se entiende la voz que cuenta lo que sucede en la novela. El autor
puede narrar los hechos directamente, o bien elegir a un personaje que, con más
o menos protagonismo, vaya contando desde dentro la historia. Además, en una
misma narración puede haber distintos tipos de narradores, es decir, voces
diversas que aportan puntos de vista distintos. Veamos más detenidamente cada
uno de los tipos de narrador que hemos mencionado:
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Narrador omnisciente: suele corresponderse con la voz del autor, que nos
cuenta todo lo que los personajes hacen, dicen o piensan. El narrador
omnisciente no justifica por qué conoce todos los datos que aporta, y el lector
acepta esa voz que todo lo sabe como la voz del autor.
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Narrador personaje: en ocasiones, la historia es narrada por uno de sus
personajes, aunque hemos de diferenciar entre el narrador-protagonista y el
narrador-secundario. En el primer caso, la narración suele ser autobiográfica,
ya que el narrador-protagonista se sitúa como centro de la acción y relata los
hechos desde su propio punto de vista. En el segundo caso, el
narrador-secundario es espectador de la acción, y la presenta según su mayor o
menor proximidad a los protagonistas. Estos narradores-personajes no suelen ser
omniscientes, sino que sólo cuentan aquello que conocen por experiencia propia o
por conocimiento ajeno.
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A partir de la renovación de la novela a
mediados del siglo XX, cada vez son más frecuentes las novelas en las que
intervienen distintas visiones de los personajes que están involucrados en la
acción, en lo que puede denominarse narración colectiva. Un mismo hacho es narrado por varios personajes distintos, con lo que el
lector obtiene una visión completa y diversa de la historia, enriquecida por
puntos de vista diferentes.
En ocasiones, el autor de una novela no dirige su historia directamente al
lector, sino a un personaje de ficción. Este personaje recibe el nombre de
narratario.
José Carlos Carrillo Martínez:
josecarloscarrillo@hotmail.com
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