La búsqueda y salvaguarda de lo más propio e identificativo de nuestra cultura sobrarbense es lo que nos ha movido a rehabilitar el viejo Molino y acondicionarlo para convertirlo en un próximo MUSEO ETNOLÓGICO, cuya temática abarcaría todo el “mundo” -proceso, materiales agrícolas, etc...- hasta la llegada del grano a la misma muela del molino.
Con el Museo intentamos acercarnos al pueblo en su vida cotidiana; hermanándonos con las gentes de la comarca, porque el hombre no sólo se comunica con palabras, sino que tiene un lenguaje mas rico y mas vivo en los objetos y en el contacto con la naturaleza. Queremos que quede constancia, en una pequeña sala, de la vida que giraba en torno al molino harinero, de los hombres y mujeres de Sobrarbe, retratada con la mayor objetividad, que nos abra los ojos y nos haga reflexionar sobre una realidad compartida y sentida. Así, queremos que nuestra obra sea el reflejo fiel de la vida de esos hombres y esas mujeres que tienen y han tenido, como cada uno, sus preocupaciones cotidianas. Todo esto ambicionamos plasmarlo y enseñarlo en el MUSEO.
El Molino es actualmente propiedad de Raúl Giral Palacio, quién en fecha 2 de enero de 1998 cedió el uso del mismo a la Asociación de “Amigos del Santuario de la Nuez” para hacer con él un Museo Etnológico; también nos cedía el uso del tejar y arnal anejos para su rehabilitación.
Las primeras obras de rehabilitación se realizarón del 1 al 9 de agosto de 1998 en un Campo de Trabajo que a tal efecto organizamos los “Amigos del Santuario de la Nuez”. El grupo de jóvenes que participó en este Campo de Trabajo eran provenientes de los Grupos Jaire de los Escolapios aragoneses de Zaragoza. Las obras consistieron principalmente en la rehabilitación del interior del molino, quitándose el hogar, se repicaron los enfoscados quedando la piedra a cara vista, rejuntandola posteriormente; se protegieron y pintaron los maderos del techo, se pintó el techo, también se restauró y trató el maderaje de la maquinaria del propio molino, de la puerta y ventanal; se sanearon los alrededores y se reconstruyeron los tabiques y muro sur de la cuadra pegada al molino.
No obstante, ya en 1996 su dueño Raúl Giral, ante el inminente riesgo de ruina por el pésimo estado de la cubierta, rehabilitó la misma, salvando así el edificio de su seguro destino.
Una vez finalizada con la “ardua” tarea de recogida y elaboración de los materiales etnológicos para su posterior exposición, y editado el correspondiente e imprescindible Catálogo del Molino Etnológico de Pedro Buil, el pasado mes de julio de 2002 procedimos a la inauguración oficial de las instalaciones, si bien cotidianamente y desde hace mucho tiempo lo estamos enseñando a quien nos lo pide.
Aunque la idea última es mucho más ambiciosa; como he adelantado, también Raúl nos cedía el tejar y arnal anejos, siendo nuestra intención tener el conjunto totalmente rehabilitado, incluido el puente cercano, creyéndolo de un gran interés etnológico y cultural, y poder mostrarlo junto al referido Museo como un conjunto que conoceremos como “O marguinazo de Pedro Buil”.
Resumiendo: llevar a cabo este sueño de crear un MUSEO ETNOLÓGICO, consiste en abarcar en su totalidad, si es posible, todo lo que rodea la vida del molino y del grano desde que nace hasta que se recoge y lleva a moler, la vida de una comarca, o, mejor dicho, de unos hombres y mujeres, que son parte integrante de la naturaleza dentro de este marco magnífico y único que lo constituye el parque Natural de la Sierra y Cañones de Guara.
Se trata de una construcción antigua que ha sido remozada varias veces a lo largo de su historia. Siempre ha pertenecido a la casa de Pedro Buil de Sarsa de Surta, de ahí su nombre, quienes lo han regentado hasta que en 1990 adquiriera su propiedad Raúl Giral Palacio, de Paúles de Sarsa. Con anterioridad, en 1971, el molino dejaba definitivamente de funcionar.
Su construcción no se diferencia apenas de las casas de los pueblos que lo circundan. Sólo la boca del cárcavo señala al viajero que el edifico que observa tras el río es un molino.
Si tenemos en cuenta detalles arcaizantes como la rueda motriz o rodete que es totalmente artesanal, es fácil adivinar que se trata de un molino mucho más antiguo de la fecha que aparece en la puerta adintelada de acceso -1786-, posiblemente atribuible al siglo XVI, por comparación con otros similares de fecha de construcción conocida remontados a esa época.
Se trata de un molino de volumen escaso, apenas 35 m2 de superficie útil, de los que 7 m2 ocupa la maquinaria propiamente dicha y 4,6 m2 un pequeño hogar, testigo de prolongadas jornadas que exigían de trabajo continuo, dada la irregularidad del río Vero. El hogar se suprimió, debido a su pésimo estado, en las primeras obras de rehabilitación organizadas por la asociación en 1998.
Para clasificar y diferenciar al Molino de Pedro Buil de otros, cabe decir de él, a grosso modo, que es molino de cereales, hidráulico -la fuerza que lo mueve es el agua del río Vero-, siendo un canal cerrado el que lleva el agua a la rueda matriz o rodete horizontal (de eje vertical). El depósito de agua del que parte el canal que va a la rueda era una balsa.
Al ser una zona en la que el curso de agua no tenía rapidez o caudal suficiente para hacer funcionar el molino, se recurrió a la construcción de represa y de caída de agua con objeto de conseguir la necesaria potencia del chorro de agua que debería hacer girar el rodezno. Pocas veces el caudal de agua era lo suficientemente importante permitiendo no dejar de moler, por lo que solo se molturaba durante el tiempo que duraba el vaciado de la balsa, o como en los meses mas secos, en los que al ser nulo el caudal del río, simplemente no se molía.
El final del trabajo en el molino tuvo lugar en la década de los sesenta y principios de los setenta del siglo XX, siguiendo los pasos de los mismos pueblos que lo rodeaban, que por entonces se despoblarían. Pero antes de este final drástico ya el molino trabajaba poco, las harineras se habían hecho dueñas del mercado de la harina. En los últimos años ya no molía harina, sólo se empleaba para piensos.
CUERPO INFERIOR DEL MOLINO:
Consta de un solo cárcavo, la bóveda en la que hallamos el rodete, que además servía para desaguar de nuevo al río Vero el caudal que había caído sobre los álabes, mediante un pequeño desagüe cubierto que la conducía al mismo. La boca del cárcavo es de bóveda de medio cañón de mampostería.
Presenta en la cúpula tres orificios: el más amplio y central por donde pasa el árbol (eje que transmite el movimiento al rodete), y dos más pequeños laterales por los cuales van los hierros que sirven para regular el caudal del agua y para subir o bajar el rodete.
El rodete es la rueda horizontal que recibe en sus álabes el empuje del agua que llega por el canal. Este al girar transmite por medio de su propio eje el movimiento a la muela sin necesidad de engranaje alguno. Está formado por 28 álabes, o palas, radios curvos -alveolados- de madera de pino donde golpeaba el agua.
También aquí encontramos la botana, que es el extremo inferior del canal cerrado por donde discurre el agua desde la balsa al rodete. Es un modelo antiguo, de madera reforzada con cercillos de hierro. En su extremo dispone de un marco metálico en el que encaja la tajadera metálica que abre y cierra el paso del agua. El control de la botana lo manipulaba el molinero desde la planta superior.
CUERPO SUPERIOR DEL MOLINO:
Al cuerpo superior se accede por una puerta adintelada que lleva la fecha 1786. En este piso, sobre la bóveda del cárcavo, se hallan las piedras de moler. Estas se sitúan sobre una bancada de obra y madera. Se protegen mediante una caja de madera circular, que se conoce como guardapolvos. Sobre él se encuentra la tolva (depósito en el que se echaba el trigo que había de molerse), de madera, como las tradicionales, y con forma de tronco de pirámide invertida.
El cereal caía de la tolva, se colaba por el orificio central de la piedra superior o volandera y se introducía entre las dos muelas, que al girar lo molían. La harina era despedida hacia el exterior de las piedras y se iba recogiendo en un canalillo que la enviaba al harinal, que es el recipiente de madera donde se acumulaba para, desde allí, pasarla a los sacos o talegas.
Junto a las piedras la cabria o "cabra". Una sencilla grúa de madera empleada para levantar con facilidad las piedras cuando habían de picarse. El eje de la cabria se apoya en la bancada que sostiene las piedras y en un madero en el techo.
Asimismo en esta sala encontramos el aliviador o levador, el mecanismo que permite levantar o bajar un poco el rodete, el árbol y la muela. Su finalidad es la de aumentar o disminuir el espacio que queda entre la piedra fija y la que gira según las necesidades de la molienda. El mecanismo de funcionamiento del mismo es mediante gruesos tornillos en los que se enrosca una tuerca con un volante que, al girar, elevan el rodete, el árbol y la piedra. El "volante", colocado junto al guardapolvos y cerca del píe de la cabra, permite realizar este trabajo con sólo girar la rueda metálica.
Existen dos piedras antiguas del país, de conglomerado, que están reutilizadas como parte de la pavimentación del suelo. Las que descansan bajo el guardapolvos son más modernas, de las francesas llamadas de La Ferté. Estas están constituidas por trozos de piedra de dureza, densidad y estructura homogéneas, unidos con un cemento especial que les daba una calidad excelente.
En estos valles prepirenaicos de extraordinaria belleza, dentro del término municipal de Sarsa de Surta, hoy dependiente del de Aínsa-Sobrarbe, integrado en el Parque Natural de la Sierra y Cañones de Guara, a mitad de camino entre Paúles de Sarsa y Sarsa de Surta -a 1.5 km. de distancia de ambos lugares, aproximadamente-, por la pista que une Paúles de Sarsa con Las Bellostas, a unos cien metros del Puente y en la orilla derecha orográfica del río Vero, se encuentra el molino harinero de Pedro Buil.
Como ya hemos avanzado, y se desprende del propio inventario de la colección etnográfico arriba reflejado, la temática del museo es muy concreta y puntual, monográfica del lugar donde se sitúa, un molino harinero, abarcando el "mundo cerealístico -en concreto del trigo-", proceso, materiales agrícolas, etc.., hasta la llegada del grano a la misma muela del molino, y la posterior transformación de la harina en el horno en pan; las herramientas imprescindibles para el desarrollo cotidiano y diario de la vida, del trabajo, de la economía, unos modos vitales y económicos claramente destinados a la autosuficiencia, el autoabastecimiento, a producir y obtener lo necesario para la familia, para la casa, estando interrelacionados con el medio natural circundante.
No podemos dejar de nombrar a quienes nos han donado o cedido la mayoría de las piezas allí expuestas: RAÚL GIRAL PALACIO, ABEL GIRAL PALACIO, PILAR BARBANOJ OLIVERA, AMADO ARILLA OLIVERA, Mª CARMEN GIRAL COSCULLUELA y MAITE PACO ESCUDERO, y a otros tantos anónimos que de una manera u otra han dado su aporte generoso.
El Museo Etnológico Molino de Pedro Buil, después de cuatro largos años de restauración, limpieza, fichaje, inventario y clasificación de las piezas, ya es una realidad, una nueva oferta que la asociación brinda a la ciudadanía, con el mensaje último de conocer para conservar.